HERMANOS KING CAPÍTULO 2 #3
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CAPÍTULO 2 #3

—Esto es serio, vas a tener que decirme lo que tienes entre pecho y espalda, no se me dan bien las adivinanzas.

—Eres una mujer lista, y a estas alturas ya debes saber de lo que hablo, todo en esta vida se sabe.

Eva se asustó ante la acusación implícita en su tono de voz.

Pero no, no podía ser que él supiera lo ocurrido después, nadie lo supo nunca, ni siquiera Janeth, solo su hermana y sus padres.

Y entonces, ¿de qué diablos hablaba Brandon?

Parecía ser de algo concerniente a la empresa, necesitaba saber que más había en el tablero.

Brandon se quedó mirándola. Respiraba con dificultad, observó la línea de su cuello, hasta llegar a sus pechos, que tanto le gustaban.

Su cuerpo respondió al instante. La evocó desnuda sobre las sábanas de su cama, sus manos en su cabello, en su sexo.

Podía escucharla gritar su nombre en una letanía sin control, mientras él golpeaba duro contra el cabezal de la cama.

Se reprendió por tonto al ver el ceño de ella fruncido y el rictus severo de su boca.

Necesitaba ponerse en la misma longitud de onda.

—¿Qué diablos crees que le hice a tu empresa? —insistió con los dientes apretados—. No tengo idea de lo que hablas, si es otra triquiñuela de Ryan o de…

Respiró tratando de calmarse. No iría allí.

—No me creas idiota —le dijo él con frialdad, obligándose a pensar con claridad, dejando el deseo a un lado.

—Tú no nos vas a dar la consultoría, me citaste a este encuentro para humillarme. Por una retorcida venganza de lo que crees que te hice me vas a obligar a trabajar a tu lado y después me despacharás, y si es así, me niego, no pienso ser tu juguete.

—No te creas tan importante, la empresa en la que trabajas es prestigiosa, sé dónde invierto el dinero, pero no tendrás la certeza de mi decisión si no trabajas conmigo durante esta semana.

—Me dices que no me crea tan importante, pero estás dejando una decisión empresarial de gran relevancia en mis manos.

—En tus manos no, en las mías.

—Necesito algo más, Brandon, no me estás dando nada.

Él negó con la cabeza.

—¿Lo tomas o lo dejas?

—Ya te lo dije, no voy a ser tu juguete, Brandon King, mi tiempo vale y no voy a perderlo contigo.

El rostro de Brandon reflejó cierta sorpresa y Eva se dio cuenta. Se alegraba de verlo descolocado, aunque fuera una vez.

—Yo no lo tomaría tan a la ligera. Y, además, te conviene trabajar conmigo.

¿Qué mierda hacía convenciéndola? Solo le faltaba rogarle.

—No vas a poder embaucarme —le advirtió ella—. Ni tú ni tu familia.

—La embaucadora fuiste tú.

Pensó en sus compañeros antes de enviar todo al diablo: en Dominic, que necesitaba el trabajo ya que estaba con su pareja en trámites de adopción de un bebé en China; en Kim, con las cuentas de hospital de su madre, y en John, que cuidaba de su esposa que padecía un alzhéimer temprano.

Brandon King no era el primer cliente conflictivo al que asesoraba; la historia compartida los hacía irascibles, pero tendría que ponerse por encima de la situación y tolerarlo una maldita semana.

Además, suscitaba su curiosidad, si había algo más de lo ocurrido esa noche, algo que la involucraba directamente a ella, tenía que averiguarlo.

El muy cabrón había jugado sus cartas y había ganado, la miró como si supiera de antemano su respuesta. Fue difícil aceptar.

—Está bien, trabajaré esta semana contigo y que sea lo que Dios quiera, pero no voy a tolerar triquiñuelas de parte de tus cercanos —le aclaró Eva con dureza, para que le quedara claro.

La vida la había vuelto una mujer más fuerte. Brandon la había abandonado, dejándola sola y humillada, y aquello le había forjado el carácter.

Él sonrió.

—Casi me convences con tus aires de mujer indignada.

Eva apretó los dientes, tendría que verle el rostro a Cassandra.

Esa pécora estuvo toda la vida enamorada de Brandon y por lo visto se había salido con la suya, la odiaba y Eva estaba segura de que tuvo mucho que ver con lo ocurrido.

En cuanto a Anne King y su hijastro Ryan Winthrop, no valía la pena enfrentarlos si Brandon no la creía.

Él, con el brillo de la victoria en los ojos, continuó.

—Soy ante todo un hombre de negocios, si tienes talento y buenas credenciales, me aprovecharé de eso. Las segundas ya las tienes, lo primero es lo que voy a averiguar. —La miró de arriba abajo con mirada punzante.

—Espero que a tu novia no le moleste nuestro acuerdo.

Quiso decirle que la mantuviera lejos de ella, pero eso sería darle poder a Brandon, a Cassandra y a los sentimientos que, sabía, verlos juntos le iban a ocasionar.

Brandon necesitaba desquitarse de alguna forma de lo ocurrido años atrás y esto era un comienzo.

—Cassandra estará bien.

—¿En serio, Brandon? ¿Ella? —Sonrió burlona y luego negó con la cabeza—. Aunque pensándolo bien, son tal para cual.

Por la mente de Brandon pasaron sin querer toda una serie de recuerdos, los buenos y los malos.

—Cassandra no te ha hecho nada. —Se obligó a defender a su novia.

—¿Loba disfrazada de oveja o mejor serpiente disfrazada de qué? ¿De conejo?

—Cualquiera diría que estás celosa.

Eva se obligó a soltar una carcajada que esperó no hubiera sonado tan fingida como ella la percibió. Lo miró en silencio unos segundos.

—Para estar celosa tendría que estar interesada y eres el último hombre al que le daría una oportunidad. Ni siquiera el último.

—No me interesan las oportunidades. Tengo algunos recuerdos de ti nada agradables.

—Ambos vemos la situación desde perspectivas diferentes —dijo, seria de repente—. En algún momento tendremos que volver al pasado.

—Haz tu trabajo y veremos, Eva James, el pasado dejémoslo donde está, es una época que no se repetirá. He cambiado mucho estos años, ya no soy el imbécil de antes.

—Es bueno saberlo, porque si tú cambiaste, yo ya no cometo los mismos errores de antes. —Se levantó de la silla, dispuesta a tener al menos la última palabra de esa contienda.

Eva salió de la oficina de Brandon sin despedirse.