CAPÍTULO 2
El día de la reunión llegó. Eva se vistió con un sastre color hueso y zapatos de tacón alto un tono más oscuros, se aplicó su perfume de siempre y se maquilló de forma suave.
Dominic, que ya estaba instalado en su nueva casa, pasó a recogerla, se encontrarían con John y Kim en la recepción de las oficinas de Joyerías Diamond.
Elevó una plegaria cuando se bajó en el aparcamiento del edificio y sintió que le faltaba el aire mientras el elevador ascendía hasta el piso donde estaba la oficina de Brandon King.
“Eres una guerrera”.
“Eres una guerrera”.
“Eres una guerrera”.
Repitió el mantra dos veces más.
—¿Eva? —la saludó un atractivo hombre, al salir del ascensor.
—¡Nathan! —Era uno de los hermanos King, el del medio, un año mayor que ella.
Eva sintió que el estómago se le encogía al ver el parecido con Brandon, aunque era mucho más alegre y efusivo que su hermano, quien, al ser el mayor y el responsable del negocio, siempre había sido muy serio.
Demasiada gente dependía de él, decía, y no tenía tiempo para divertirse como lo hacían sus hermanos. Era muy sobreprotector con ellos.
El joven la abrazó encantado.
—¡Qué me aspen! Mírate… Estás preciosa.
Los acompañantes observaban el intercambio con gesto curioso.
—Gracias, tú también estás muy guapo.
El hombre mostró una sonrisa que debía ser la perdición de muchas mujeres y que la llevó por el sendero de los recuerdos.
—¿Brandon sabe de tu visita?
Eva aferró su maletín más de lo necesario.
—Espero que sí, tenemos una reunión de negocios.
Nathan levantó las cejas y con un brillo peculiar en sus ojos la miró de nuevo de arriba abajo.
—Quisiera estar allí, llevaría palomitas de maíz para tu equipo y para mí. —Negó con la cabeza varias veces—. Van a ser días muy interesantes, lo volverás loco, espero que sigas siendo aquella chica que lo retaba.
Eva no le contestó y le presentó a su equipo.
Mientras Nathan saludaba, ella observó la recepción de la oficina, con su mesón en mármol oscuro y brillante.
El aviso en letra dorada, reluciente. Las paredes mostraban fotografías de las joyas más emblemáticas de la marca, las sillas eran amplias y cómodas.
Los ventanales daban al río Chicago. La empresa destilaba un lujo que hablaba de dinero y progreso.
De manera inconsciente, se sintió orgullosa de lo logrado por Brandon.
—Mucha suerte.
—Gracias —contestó ella sonriéndole—. La necesitaré.
—Oye, si algún día quieres salir a tomar una copa… recordar viejos tiempos…
Eva sonrió y blanqueó los ojos.
—No has cambiado.
El hombre frunció los hombros, le obsequió otra de sus matadoras sonrisas y se metió las manos en los bolsillos.
—Tenía que intentarlo.
Le guiñó el ojo y se fue silbando una tonada en dirección opuesta a la de ellos.
Se anunciaron con la recepcionista y se sentaron un par de minutos a esperar.
En cuanto los llamaron a la sala de juntas, el peso en el estómago de Eva casi le impide levantarse de la silla.
Se obligó a ponerse de pie, de no ser por todo lo que había en juego, hubiera dado media vuelta y corrido hasta el ascensor. Dominic la miró curioso.
—No me dijiste que conocieras a los King —comentó mientras caminaban por el largo corredor.
—No creí que importaría.
—Cualquier dato sobre ellos es importante, no sé por qué lo ocultaste.
Eva se adelantó unos pasos sin contestarle y fue la primera en entrar a la sala de juntas. Dejó de escuchar a Dominic, tampoco escuchó el saludo de Brandon, lo único que podía percibir era el errante latido de su corazón que sonaba como timbal en su oído mientras solo lo miraba a él.
Una lluvia de recuerdos se coló en su alma y en su cuerpo: el primer beso, la primera vez, las peleas, las reconciliaciones, el sexo, su olor, sus platillos favoritos y cuando iban a bailar.
¿En serio podría trabajar para él sin recordar lo vivido, lo ocurrido?
Y con ese cuestionamiento llegaron los recuerdos de los malos momentos, que le brindaron las armas para enfrentarlo.
Se ajustó su máscara y se dispuso a entrar en batalla.
Brandon se había blindado mentalmente para el encuentro, pero nada lo preparó para lo que sintió en cuanto tuvo a Eva James frente a él, mirándolo con indiferencia, como si alguna vez no hubieran sido todo el uno para el otro.
“Oh, Dios mío”, caviló.
Quedó paralizado en cuanto la saludó con la mano, las otras personas eran simples manchones, solo ella estaba en la habitación, y se cuestionó enseguida el haberlos convocado habiendo empresas con las mismas credenciales en el sector.
—Señorita James…
—Señor King.
Eva sintió encogerse su corazón ante el calorcillo emanado del roce de su piel y el tono ronco y áspero con él que pronunció su nombre.
Cuando escuchó su voz musical, con una nota única que él siempre relacionaba con la pasión, Brandon tomó aire y se obligó a centrarse. Ya no era el imbécil de años atrás, así que disimuló como pudo el malgenio y la turbación, y se dirigió a los otros, invitándolos a tomar asiento.
—Bienvenidos —saludó con voz espesa debido a la sequedad en la garganta.
A él lo acompañaba su equipo de marketing.
Se sentó a la cabecera de la mesa, mientras los integrantes de ambos equipos conversaban sobre el clima y el tráfico antes de entrar en materia.
La mente de Brandon se desconectó, a su memoria llegaron los recuerdos de ella y él años atrás, negó con la cabeza y se limitó a observarla con disimulo.
Continuaba teniendo el cabello de color claro con sus miles de matices, y sus ojos, de ese color aguamarina que se oscurecía cuando diversas emociones la asaltaban y que había esperado no volver a ver jamás.
Los labios llenos, de un rosa intenso, labios que Brandon había disfrutado en todas las partes de su cuerpo.
“No pienses en ello ahora”, dijo para sus adentros, furioso por su reacción.
La reunión dio comienzo en cuanto Eva se levantó para iniciar la presentación, elegante y elástica como una pantera.
La miró de arriba abajo, evaluando cada curva y cada detalle, como las pecas de la nariz que trataba de cubrir de manera infructuosa con maquillaje y que él había besado una a una…
Todo el resentimiento de lo ocurrido la tarde en que terminaron bulló sobre él como si acabara de beberse un licor de pésima factura. Quiso maldecir por lo bajo.
No pudo reprocharle absolutamente nada de la presentación, hubiera sido un necio de haberlo hecho.
La mujer sabía de lo que hablaba, le estaba presentando la consultoría perfecta y en otras circunstancias ya tendría decidido que era la empresa con la que deseaba comerciar para hacer el estudio exhaustivo de su compañía.
Pero los antecedentes de Eva lo tenían en el limbo, nada en su historial, que había investigado hasta la saciedad, le decía lo que deseaba saber.
¿Por qué? La investigación solo hablaba de una trayectoria laboral impecable, de un excelente desempeño profesional y muchos logros; los elogios de los ejecutivos de las diferentes empresas a las que les había brindado el mismo trabajo le decían que estaba ante una persona brillante e íntegra, como le confirmó su jefe de seguridad en su investigación.
A lo mejor la juventud o la inmadurez la llevaron en aquella ocasión a…
Se reprendió por estúpido mientras se alisaba la corbata, ya lo estaba ablandando y no llevaba ni diez minutos en su presencia.
Su idea fue rechazarlos de plano, pero antes había querido escucharlos y…
volver a verla. Necesitaba convencerse de que todo había sido un embrujo tonto de juventud.
Pero ahora, con Eva frente a él, hablándole con competencia, amén de otras cosas, se dijo que les daría una oportunidad.
Sin embargo, no les iba a hacer las cosas fáciles.
—Señores, por favor —interrumpió—, no tengo tiempo para detalles de procedimiento ni para guardar consideraciones a nadie.
—Eva levantó la ceja. Brandon continuó—: No me están ofreciendo nada diferente a otras empresas del sector, los invité porque deseo ganar más dinero del que ganará la competencia y por el pequeño detalle de la expansión.
—Esto último lo señaló con un deje de cinismo, ya que era el tema más importante a tratar en la consultoría.
—Señor King —dijo Eva y el tono de voz en el que pronunció su apellido lo llevó de manera inevitable por una senda que no deseaba recorrer en ese instante. Apretó más los labios—, somos la mejor empresa del sector.
—Necesito garantías, señorita James, sé muy bien cuáles son los problemas de la empresa, los necesito para que me informen qué estoy pasando por alto, y hasta el momento no veo que me vendan eso.
—No vamos a poner toda la carne en el asador con una primera presentación, señor King —aclaró Eva, firme—. Sé muy bien qué es lo que usted no ha visto, pero hasta que no tengamos un cheque en el bolsillo me temo que tendrá que esperar hasta que nuestra competencia se lo aclare.
Dominic la miraba pasmado.
—No creo que su empresa pueda darse el gusto de perder este negocio, señorita James —retrucó, pronunciando el nombre en un tono que evidenciaba cierta molestia—. Necesito algún estímulo.
Brandon fijó la mirada en los pechos de la joven y después se extendió en una diatriba que parecía más bien una clase de economía y negocios. Dominic lo interrumpió en dos ocasiones.
—Señor King, no hallará estos precios con la competencia —insistió Eva.
—Yo no descarto nada que no esté seguro de poder reemplazar. —Llevó su mirada a Eva con intención.
Ella enrojeció de repente y lo miró, indignada.
—La lealtad también es muy importante.
Brandon soltó una risa carente de humor, solo ellos dos estaban en la sala, enfrentados en un duelo verbal que mostraba una energía oculta que amenazaba con explotar.
—Esa palabra no es la adecuada viniendo de usted.
Dominic se levantó, dispuesto a defender a Eva, pero Brandon lo silenció con un gesto de la mano.