37. #2
Ewald se enderezó, cerró los párpados y se concentró, tratando de llamar a la oscuridad. Nada sucedía.
Necesitaban que Ewald invocara esas sombras para protegerlos, si no, todo su plan habría sido en vano y terminarían muertos. Sus emociones lo afectaron gravemente, y este no era el momento para cometer errores. Tenían que hacer algo. Algo muy desesperado .
—Hay una opción, no quiero obligarte a hacerlo, pero, es lo único que podemos hacer…. para que alejes todos esos sentimientos que te detienen. —Darcee lo miró.
—¡Darcee, no, eso no puede ser, él tiene los poderes! —Heiner interrumpió.
—¡Se puede hacer! Podemos intentarlo. No es del todo Valtre, y tal vez para él, solo vaya a ser temporal —dijo desesperada.
—¿Están hablando de anular sus sentimientos? —preguntó Thomas alarmado.
—Podemos absorberlo, así como podemos sentirnos entre nosotros. Y puede que, con el tiempo, sus emociones vuelvan a surgir, como sus recuerdos —Darcee respiró profundamente.
—No podemos obligarlo —respondió Heiner.
Uno de los seguidores llegó corriendo hasta el grupo. Thomas se interpuso en su camino y se dirigió con él rápidamente. El seguidor se retiró y Thomas miró al grupo.
—Mierda. No es momento de sentimentalismos —Thomas alzó la voz impacientemente. —Ewald, tenemos dos opciones: vivir o morir. Si te niegas, todos aquí moriremos, sin la protección del castillo, incluyéndote. La horda completa de Friedrich ya viene en camino. ¿Acaso quieres morir?
Ewald negó con la cabeza asustado. Thomas tenía una personalidad fuerte cuando el momento lo ameritaba. —Bien, sabes que hacer —Ewald miró a todos y asintió ligeramente, sin decir nada.
Heiner suspiró. —Thomas debe hacerlo, sin ofender, Darcee. Pero, él tiene más control emocional que tú y puede soportarlo —se sintió indignada, pero no era momento de discutir y vio como los demás asintieron, incluso Ambrose.
—Bien, ustedes dos vayan con él —se dirigió a Heiner y Thomas malhumorada. —¡Ahora!
—Vamos, Ewald —dijo Heiner, palmoteando su espalda. Ewald miró a Darcee por última vez. Podía ver que seguía asustado e inseguro que no pudiera lograrlo, pero ella sabía que podría.
—Estarás bien, no dejaremos que nadie se te acerque —apretó su manga con cariño. —Somos tu familia, nos cuidamos entre nosotros, no olvides eso.
Ewald tragó saliva y asintió nervioso. Se dirigió con Thomas y Heiner a la entrada y abrieron la reja.
La niebla oscura parecía aún más espeluznante que nunca, tan solo dieron unos pasos, y lo único que alcanzaba a ver, eran las siluetas de tres figuras hasta que la niebla se los tragó. Darcee se dirigió a su gente lista.
—Escuchen, ha llegado la hora. Friedrich llegará en cualquier momento, tienen que resistir hasta que se activen las defensas —comandó a su propio ejército de monstruos y seguidores leales a ella.
Las tropas de Friedrich se hallaban a unos metros de Hoch Valley.
Alcanzaba a ver las antorchas encendidas en el horizonte.
No eran para iluminar el camino entre la niebla, sino para atacarlos.
Múltiples bolas de fuego cayeron desde el cielo como estrellas fugaces.
Los seguidores se ocultaron entre sus monstruos y las criaturas conjuradas recibieron el impacto.
Era difícil vencerlos de esa manera, así que tendrían que intentar algo mejor.
—¡Ahora! —gritó, y las criaturas cornudas salieron disparadas en llamas y corrieron hacia la horda de Friedrich.
Los soldados y guardias sobrevivientes estaban en primera línea, seguidos de decenas de civiles que venían a luchar por la causa.
Tontos que no sabían lo que les deparaba su destino.
Los hechizos se lanzaron desde ambos lados, destellos blancos, rojos, azules, de todos los colores, iluminaban el pueblo de Hoch Valley, dándole vida.
Darcee se posicionó en las escaleras del portón para tener mejor vista y conjurar su poder.
Cada enemigo que veía caía al suelo retorciéndose, sus pulmones dejaban de respirar y el aire se les escapaba de la boca en el ambiente violento.
Ambrose estaba delante de ella, su deber era protegerla de cualquier enemigo que se acercara.
Finalmente, pudo ver a ese desgraciado abriéndose paso, el viejo Arnold Friedrich. Darcee torció sus cejas y sus labios con enojo. Aún estaba muy lejos y había mucha gente, tenía que acercarse más para poder entrar en su mente.
Los civiles empezaban a hacer su presencia luchando. Los conjuradores de Darcee se mantenían hasta atrás, los peleadores frente a ellos y las aterradoras criaturas protegiéndolos de los ataques aéreos.
Los enemigos empezaron a atravesar la barrera de criaturas, escabulléndose y peleando con ellas. Algunos con poderes, otros con sus espadas y dagas.
En el horizonte, alcanzó a ver a Knut, de alguna manera se había escabullido hasta la zona de las criaturas y conjuró un humo tóxico al frente enemigo.
Muchos de los soldados y guardias empezaron a caer, ahogados por la esencia de la toxina verde.
Knut era inmune a ella y logró escabullirse un poco más.
Minuto a minuto, los seguidores de los Valtre y el frente enemigo se extendieron por el pueblo, manchándolo de sangre y luces fugaces. Aunque pudieran resistir, eran demasiados para ellos. Era hora de traer la caballería.