Herederos de Cenizas (Valtremix 1) 36. #2
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36. #2

—Lo siento, no pude hacer nada —dijo Amalie con su voz quebrada. El rey Arnold Friedrich también se había acercado con su cara seria y enojada. Tal como Ewald lo describe siempre.

Hans volteó desalentado hacia su abuelo y Amalie lo siguió sin soltarlo. El rey se acercó a un paso lento a la familia y tocó el hombro del padre .

—Siento mucho su pérdida, señor Schulz —dijo con la voz ronca. —Sé lo doloroso que es perder a un hijo, y no hay palabras que puedan remediarlo.

Amalie volteó hacia Hans, y él apretaba los labios para no llorar más.

Adlar se agachó hacia el suelo, mostrando respeto por primera vez.

Los padres de Lea lo siguieron y colocaron el cuerpo con cuidado en el pasto.

Su madre tomó su cabeza y la puso sobre sus piernas.

Adlar se separó de ellos, dándoles espacio, y se acercó a Kirsten y Carie.

—¿Qué sucedió? —preguntó en voz baja la señora Schulz, pero lo suficientemente audible para todos.

Kirsten se giró hacia Amalie y Carie siguió su mirada en cuestión. Es hora de la verdad . Volteó de nuevo hacia Hans y él la miró, dándole fuerzas para enfrentarse a lo más difícil. Amalie lo soltó y encaró a la familia.

—Yo —habló, pero volvió a sentir las lágrimas inundar sus ojos.

—¿Alguien la apuñaló? —preguntó Adlar, pero su tono se había vuelto suave y no molesto como solía serlo.

Amalie asintió con la cabeza y apretando los labios. —Fue un accidente —dijo con la voz débil. Hans la tomó del hombro en apoyo.

—¿Fuiste tú? —preguntó Carie en tono acusatorio.

—¡No, no! Yo no fui —dijo mirando al suelo y luego hacia arriba.

Volvió a ver la imagen en su mente. Fue un accidente . —Él no quiso hacerlo.

—¿Quién? —Carie estaba desesperada.

Amalie suspiró profundamente. Les vas a decir y me van a culpar . Las palabras se le escaparon. Su voz apenas se escuchó —Evald .

Kirsten tragó saliva y sus pupilas se abrieron incrédulas. Carie lloró con cierta ira. Adlar se conmocionó y, por primera vez, se quedó callado.

—¿Evald? —preguntó Hans detrás de ella con la voz quebrada. Amalie no se dio cuenta en el momento que dejó de tocar su hombro, era la última persona que pensó que la cuestionaría. —¿Evald lo hizo?

Su tono fue tan claro que la madre de Lea pudo escucharlo. —¿El chico con el que salía? —preguntó incrédula.

—¡No es lo que creen! —exclamó Amalie.

—¿Y dónde está ese tal Evald? —gritó el señor Schulz furioso. No podía culparlo, si ella fuera él, sentiría la misma rabia.

—No lo sé, se fue.

Un soldado de los que usaban el uniforme café llegó corriendo hasta el rey. Estaba lleno de tierra, heridas y sangre en su ropa. —Majestad, lo he buscado por todo el campo.

El rey se sorprendió al ver a su soldado en tan deplorable situación. —Habla rápido, hijo —contestó el rey.

—Atentaron la base militar antes de la explosión, ¡usaron sus malditos túneles para matarnos! —el rey, por primera vez, lució mortificado. —Y también… secuestraron a la General Friedrich —dijo mientras tomaba bocados de aire bruscamente.

—¿Secuestraron? —Hans alzó la voz confundido.

—¿Quién hizo todo esto? —cuestionó el padre de Lea.

El rey se giró hacia el grupo, su tristeza se había vuelto en rabia. —Los Valtre —dijo con la voz aún más ronca. —Los hijos de los Valtre —corrigió en voz baja. Todos lo miraron confundido, menos Amalie, ya sabía parte de la verdad de Ewald.

El rey se volteó hacia Hans y Amalie. —¿Qué más sabes, señorita? —preguntó el rey. —Me advertiste qué detuviera el torneo, pero no dijiste por qué. ¿Qué te dijo Evald? —presionó caminando hacia ella.

Las palabras se congelaban en la punta de la lengua.

—Yo no, él —el rey se acercó más y se sintió aterrada por un segundo.

Su cara se había arrugado ferozmente. —Él solo me advirtió que huyera al bosque —la mirada del rey la forzó como un latigazo con tan sólo verlo.

—No me dijo por qué. Ya se lo había dicho —respiró profundamente.

Hans la abrazó por detrás y la alejó del rey. La duquesa Alese había escuchado todo desde atrás y se veía más pálida de lo normal.

—Evald está con los Valtre, pero no durarán mucho tiempo cuando los matemos —el rey se dio la vuelta y caminó fuera del grupo.

—¿Los matemos? —susurró angustiada, llevándose la mano a la boca.

—¿Por qué Evald está con los Valtre? —preguntó Hans, pero él ya sabía la respuesta, quería que el rey lo admitiera frente a todos.

—El poder de Evald… son las sombras, no la magia negra como todos pensaban, y… los Valtre necesitan a un Schatten para entrar a su castillo y activar sus defensas —afirmó el rey con enojo.

—¡Qué! —exclamó. —¡Dijiste que los Schatten estaban muertos! —gritó el padre de Lea. El rey se giró hacia el señor Schulz que se levantaba del suelo.

—Tuve mis razones para mantenerlo con vida. Solo era un bebé cuando todo sucedió —dijo, mientras miraba rápidamente hacia la duquesa sin expresión.

—Y mira lo que costó. ¡Lo que nos costó! —gritó el señor Schulz. —¡Si tu no pudiste hacerlo, yo me encargaré de asesinarlo!

—¡Estoy de acuerdo con él! —dijo Adlar. —Ese huérfano nunca me dio buena espina.

—¡Él tiene que enfrentar las consecuencias! —exclamó la señora Schulz llorando. —¡Esto no es justo!

—¡Pero fue un accidente!

—¡Explícate! —exigió la señora Schulz.

—Lo siento, pero no tenemos tiempo para explicaciones. Incendiaron una de nuestras carpas. El reino explotó, y el castillo se ha ido. Tenemos que encontrar a los Valtre —exclamó el rey. —¡Ahora!

—¿Dónde, señor? —preguntó el soldado.

El rey se volteó hacia él. —Dirige a todos hacia Hoch Valley. Si los Valtre están detrás de esto, tiene que estar allí. Y, una vez que lleguen, encuentren al chico y mátenlo, no podemos permitir que active la fortaleza del castillo.

—¡Yo iré! —dijo Adlar.

—¡Yo también! —contestó Kirsten.

—Bien, necesitaremos toda la ayuda posible —dijo el rey. —Tomen lo necesario y vayan juntos. No hay tiempo que perder.

El rey se marchó con el soldado, Adlar y el señor Schulz lo siguieron, y Kirsten soltó a Carie. —Quédate con tu madre —Kirsten se fue con el grupo. Hans también caminó hacia ellos cojeando .

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Amalie.

El rey lo notó y se dio la vuelta. —Tú te quedas.

—No te pedí permiso —contestó Hans.

—¡Hans, escucha a tu abuelo! —La duquesa se acercó a él.

Hans cojeó hasta el rey con esfuerzo y se paró frente a él. —Me dijiste que un Schatten asesinó a mi padre. ¿Es él verdad? ¿Evald es su hijo?

El rey se le quedó mirando seriamente. —En este momento, importa un bledo de quién sea hijo. Ewald es la llave para entrar al castillo real, y también nuestra perdición si tienen éxito —se volteó, ignorando a su nieto.

Amalie suspiró aterrada, ¿cómo es posible que Ewald sea la perdición de todos? Hans quiso seguir al grupo, pero ella lo detuvo. —Si tú también me dirás que no vaya, de todas maneras, lo haré. Sé que Evald y tú son como… hermanos, pero no puedo dejar pasar esto.

Hermanos . Antes podría jurar que eso era lo que él pensaba de ella, pero después de hoy, de cómo la miró hoy, se dio cuenta que estaba lejos de esa definición. —Déjame acompañarte, estás herido y yo puedo ayudarte a sanar.

—¿Puedes hacerlo ahora? —preguntó intrigado.

Ella sonrió y se arrodilló. Quitó las vendas de la pierna de Hans y revisó la herida. Era algo profunda, pero ella podía cerrarla sin problema. Colocó su mano flotando sobre la pierna y se concentró. La piel empezó a unirse bajo su control. Hans se quejó y, en segundos, la herida se había cerrado.

—Ten cuidado, puede volver a abrirse si haces mucho esfuerzo —Amalie se alzó de nuevo .

—Gracias —asintió Hans. —¿Segura que quieres venir? Entiendo que…

—Creo que no estaría mal traer a un sanador.

—Vamos —Hans movió la cabeza hacia el grupo.

No quería ver a más heridos, especialmente a sus amigos.

Pero también tenía miedo de volver a ver a Ewald, no miedo hacia él, sino por él.

Ahora había una larga lista de personas que lo querían ver muerto.

Tal vez en el camino, podría contarle a Hans lo que realmente sucedió y entendería. Tal vez Hans lo entendería.