Herederos de Cenizas (Valtremix 1) 30. #2
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30. #2

Ewald asintió, aún horrorizado por el cuerpo frente a él.

Presintió que era la primera vez que veía morir a alguien.

Claro, sin contar con el que había eliminado frente a la celda y el que gritó.

Seguramente pensó que solo estaban dormidos.

Qué inocente . Pensó con ternura. Ambos llegaron corriendo con Franz y se largaron.

Esta victoria tenía que celebrarla, y pronto, lo harían con el trono en sus manos.

El bosque lucía tenebroso en la noche comparado con los paseos qué solía tener. Se habían alejado lo suficiente de la base como para poder hablar en paz. —¿Estás bien?

Ewald asintió levemente mientras seguían su camino.

Darcee lo miró. —¿Cómo te atraparon?

Ewald suspiró. —Eran demasiados guardias, no... no podía hacer nada —él apretó sus labios y vio coraje en sus ojos.

Pudo presentir que odiaba perder una pelea, pero su frustración se debía a que no sabía cómo usar sus poderes. ¿Cómo lo hacen? Se preguntó a sí mismo, pero Darcee lo escuchó en su mente.

—No te preocupes. La próxima vez te enseñaremos cómo auto rescatarte —Ewald le lanzó una mirada juzgona, mientras ella sonreía complacida. Ahora sabía que eso le molestaba, pero entre Darcee y Thomas no tenían secretos ni pensamientos reprimidos.

—¿Siempre va a ser así? ¿Muertos a cada rato? —preguntó con un temblor en la voz y las pupilas llenas de incertidumbre.

—Ahora estamos en guerra, Ewald. Eso es lo que pasa —su rostro se tensó. —Mira, tú… creciste sin una familia, sin nadie que velara por ti —usó el tono más suave que pudo para no sonar tan fría. —¿Sabes cuándo vi a alguien morir por primera vez?

Ewald la observó con más detenimiento.

—El día que perdimos el reino, tenía doce años.

Lord Dominik Gottfried —Darcee guardó un silencio y miró el cielo.

Era el padre de Knut, Franz y Gretel, su hermana menor.

—No conoces el miedo de perder a alguien que amas frente a ti y no poder hacer nada —su voz tembló por un segundo, no solo hablaba por ella, Franz la escuchaba desde atrás en silencio.

—Por eso hago lo que hago, para mantenernos a salvo.

Ya te fallé una vez y no lo volveré a hacer .

—¿Una vez? —preguntó curioso.

Darcee lo miró con sentimiento y suspiró. —Ese mismo día, una familia noble, los Flade, te llevaban de camino al refugio, el Agujero. Los soldados de Friedrich alcanzaron a la pareja y, en su último intento, la señora Flade te ocultó en el hueco de un tronco.

—¿Cómo sabes eso?

—Yo te... estaba buscando, usé mis poderes para localizarte.

Después, mandé a unos guardias por ti. Lograron encontrarte, pero.

.. no pudieron llegar a tiempo—. Guardó otro silencio, uno más largo, mientras el trío seguía caminando bajo la luz de la luna y el viento soplaba entre las hojas de los árboles en sinfonía.

—Los siguientes cinco años, tu madre los pasó contigo en la superficie.

Intentamos traerlos al Agujero, pero ella insistía en probar que podíamos vivir en paz y con dignidad. Claro, eso jamás sucedió.

—¿Y qué pasó después? —preguntó con ansias.

—Un día, Friedrich anunció su muerte. Lo último de los Valtre. Desde entonces, los pocos seguidores que quedaban en la superficie tuvieron vidas más tranquilas. Sin las tantas restricciones que antes tenían —dijo volteando hacia Ewald.

—Y entonces, ¿dónde quedo yo? —preguntó angustiado.

—Esa es la parte que no sabemos. Nunca vimos el cuerpo de Abigail. Pensamos que te había asesinado. Algo debió haber hecho para que no te matara.

—¿Borrar mi mente? —preguntó, levantando una ceja.

—Tal vez sea la única explicación de tu pérdida de memoria. Tú dijiste que tienes pesadillas, visiones…

—Sí, pero, ¿cómo explicas eso? Se supone que un Valtre no puede controlar a otro —él reclamó extendiendo sus brazos.

—Hay ciertas cosas que se pueden hacer… y otras que no—.

Darcee contestó con calma, a pesar de que Ewald alzó el tono, y no lo podía culpar.

Su frustración ardía con el misterio que rodeaba su vida.

—Tu madre era muy poderosa. Tal vez, te mostró sus memorias, o te enseñó a usar el poder, pero no creo que sea posible.

Ewald se mantuvo callado durante unos segundos. —¿Cómo era ella?

Darcee sonrió. Tenía muy buenos recuerdos de su tía Abigail.

La última vez que la vio, tenía veintiocho años, igual que ella.

—Era amable, comprensiva, divertida, hermosa.

Pasaba mucho tiempo con ella. Me enseñaba a usar mis poderes.

Jugaba conmigo y Knut, me contaba historias de mi padre.

.. Tu madre… era como mi mejor amiga. Mi hermana mayor.

Si no fuera porque era hija de la reina, cualquiera podría jurar que yo pasaba por su hermanita.

Ewald sonrió. —La verdad me sorprendió ver que me parezco mucho a ti. Es como si Thomas fuera el extraño de la familia.

Darcee soltó una carcajada. —Sí, es el que menos se parece a los Valtre—. Física y emocionalmente.

La palabra familia sonaba muy prometedora en su voz. Después de tantos años separados, le alegraba que se sintiera acogido y empezara a referirse a ellos con ese término.

El trío llegó a la entrada del cementerio, que lucía abandonado para no levantar sospecha sobre su guarida. La puerta subterránea camuflada como una tumba. Era redonda, como todas las demás del Agujero.

La gente, sorprendida y esperanzada, observó cómo su líder regresaba victoriosa. Aunque ya sentía que Ambrose la iba a reprender como niña chiquita.

La mesa donde había discutido sus planes con su gente aún estaba montada. Al ver todos reunidos y a Ambrose entre ellos, sintió que la tensión en sus músculos se desvanecía, pero nacía un coraje interno en él.

—¿En qué pensabas, Darcee? Irte sin avisarme, sin más refuerzos que un hombre —reclamó Ambrose ronco.

—Se lo dije a Heiner. Ese plan solo funcionaría con un hombre. Además, estamos de regreso, ¿no? —afirmó fríamente.

Él la observó por un momento, arrepentido, y suspiró. —Perdóname —Ambrose miró apenado al suelo y asintió. —Sabes que no me agrada que salgas así.

Darcee se giró hacia Franz y le tomó delicadamente el hombro. —Muchas gracias por ayudarnos, Franz.

Franz asintió, tratando de distraerse por la pequeña pelea que tuvieron.

Ambrose no tenía derecho a reclamar sus decisiones frente a todos.

—No siempre estarás para protegerme, Ambrose.

Debes tenerlo muy claro —ella lo miró con el rostro más comprensivo que pudo.

Su mirada era rígida, pero sus ojos decían la verdad. Ambrose aceptó y sonrió débilmente.

Darcee levantó la pierna sobre la mesa y Heiner se acercó ofreciéndole la mano. Ella sonrió sólo para él, una sonrisa que Heiner devolvió con timidez. Al subir, la gente guardó silencio a la vista de su líder.

Cuando el silencio reinó, Darcee habló. —Mañana, será un día glorioso para todos nosotros. No les voy a mentir, estoy asustada y ansiosa... por tener el reino que nos fue arrebatado ante nuestros pies —alzó la cabeza con orgullo. La gente vitoreó animada.

—Si mañana perdemos a uno de ustedes. Les juro, que haremos la celebración más grande de todas en su honor, por su lealtad, por su perseverancia al esperar todos estos años para este momento —el orgullo recorrió por sus venas y las lágrimas inundaron sus pupilas.

—El trono de Valtremix será nuestro, como siempre debió ser —sintió las miradas glorificadas, el anhelo en el frío aire del Agujero tornarse cálido. Querían un verdadero futuro y lo conseguirían.

—Mañana, todos cumplirán con sus deberes. Háganlo y triunfemos, recuerden... es todo o nada —su voz era hielo, pero sus palabras eran fuego.

—¡Es todo o nada! —la gente canturreó alzando su voz con orgullo y excitación.

—¡Lealtad inquebrantable! —Darcee recitó el lema de su familia para que la siguieran a la victoria.

—¡Lealtad inquebrantable! —contestaron los demás, alzando sus puños al aire. No había palabras que valieran más que otras. Palabras que retumbaban en sus oídos con solo escucharlas. Palabras que no solían ser repetidas en el Agujero.

—Descansen. Mañana, será el gran día —dio la espalda a su público y bajó con ayuda de Heiner, mientras se limpiaba la pequeña lágrima que derramó en su mejilla. La gente se dispersó mientras seguían vitoreando.

—Knut, por favor, encuéntrale una cama a Ewald. Esta será su primera y única noche aquí —dijo dirigiéndose a ambos. Knut levantó las cejas sonriendo. Pensando en el doble sentido de su frase. Ella lo vio frunciendo el ceño y sonrió.

—¿Qué sucedió, Darcee? —Heiner preguntó como siempre. Fijándose en los detalles en qué nadie más veía.

—Tuvimos un pequeño encuentro con la hija de Friedrich. Solo que… no logró nada contra dos Valtres —Darcee alzó sus labios con malicia. Heiner asintió, y Thomas se in trigó por su comentario. Celoso . —Necesito que le expliquen a Ewald lo que hará —dijo, viendo quien se ofrecía.

—No te preocupes. Lo pondré al tanto —contestó Knut guiñando el ojo.

—Perfecto. Si me disculpan, necesito descansar. Todos lo necesitan —Darcee se alejó del grupo, dando la espalda.

Quería desconectar su mente. Después de utilizar su poder durante tanto tiempo, se agotaba mentalmente.

Enfrentarse a múltiples emociones, pensamientos de distintas personas.

Era la razón de su frialdad, para no tener que sentir más de lo necesario.

Y solo mostrar su verdadero ser con la gente que ama.

Ella se dio la vuelta y vio a todos. Knut, hablando sin parar con sus hermanos unidos.

Heiner, tratando de actuar lo más recto y cuerdo posible.

Thomas... una versión más optimista y que hacía chistes para levantar el ánimo en un ambiente sombrío, y Ewald.

.. aún sentía su miedo, pero había nacido un nuevo afecto por su familia disfuncional. Esta es nuestra familia.

El chico tuvo mil oportunidades para rechazarlos y apuñalarlos por la espalda. En vez, salvó sus vidas como un faro de luz en la noche de una tormenta, y los ayudó a todos de una forma que ni él se imaginaba. Ewald Schatten había aprendido el verdadero sentido de la lealtad inquebrantable.