30.
La base principal se ubicaba entre Nuevo Feuer y el bosque camino a Hoch Valley. La más grande del reino, llena de cabañas y una torre de vigilancia de piedra donde encarcelaban a los ladrones y criminales que atrapaban. Ewald no era ninguno de ellos, pero seguramente lo tendrían retenido ahí.
Su plan era simple y solo necesitaba a Franz con ella.
No deseaba poner en riesgos innecesarios a más personas ni llamar tanto la atención.
Bueno, tal vez solo un poquito. Ambos caminaron agachados entre los arbustos.
Franz iba delante usando uno de los uniformes de soldado que hurtaron y se detuvieron en una zona donde se veía la entrada a la torre.
Espera mi señal. Darcee le ordenó y Franz asintió mientras se alejaba de él.
Darcee caminó rápidamente sin que notarán su presencia. Sus pasos eran ligeros y cuidadosos, no podían verla, escucharla, ni olerla. Lo único que la podía delatar eran las pisadas marcadas en el césped, pero dudaba que alguien las notara, muchas personas pasaban por ahí.
En la entrada había un mostrador y un mural donde se colgaban las llaves numeradas de todas las celdas. A los lados, se extendían pasillos hacia otras habitaciones que desconocía. Darcee se escabulló hasta una de las puertas sin chocar con nadie y entró en un almacén de armas y municiones .
Se ocultó detrás de la puerta y vio pasar una tropa de soldados que se dirigía a un nuevo turno.
Cuando el último de ellos salió, sólo quedaban dos guardias: uno sentado en el mostrador con las llaves colgadas detrás de él, y el otro cuidando la entrada y los pasillos que conducían a otras partes de la torre.
Darcee dejó azotar la puerta de la habitación y se escuchó el golpe seco contra el marco. Los pasos se dirigieron al cuarto y giraron la perilla. El soldado que vigilaba entró y escuchó la voz de su compañero desde el exterior —¿Todo bien?
Siguió caminando hasta el centro de la habitación.
Darcee estaba a unos pasos de él. Tenía dominado el arte de entrar a las mentes y robar información en tiempo récord, algo en lo que siempre vencía a Thomas.
Piso cinco, celda quinientos cuatro, las llaves se acomodan por pisos.
Darcee comandó el cerebro del soldado. Todo bien .
—Todo bien —contestó, mientras se daba la vuelta hacia los pasillos.
Ella soltó una de las riendas de su mente mientras seguía ocultando su figura ante sus ojos. Observó el tablero con todas las llaves y registró cada espacio. Las llaves de la celda quinientos cuatro no estaban. Perfecto .
Buscó más información con el soldado obeso que se sacaba la mugre de sus uñas con un tenedor. La General Friedrich tomó las llaves y subió con dos soldados. Maldita sea. Esperó que no fuera tan tarde. Si la mendiga hija de Friedrich le hacía algo a Ewald, la mataba en ese mismo instante.
Darcee entró por el pasillo que dirigía a las escaleras de caracol, iluminadas débilmente con gemas de magia blanca.
El silencio estaba a su favor. Si escuchaba un ruido, todos sus sentidos estarían en alerta.
Subió escalón por escalón, de la manera más silenciosa posible.
Eran cinco pisos y el pasillo era demasiado angosto para que dos personas pasaran a la vez.
Revisaba cada piso fijándose que nadie interviniera y asegurándose de no ver a Ewald o Dorle Friedrich.
Pensó en los seguidores que habían desaparecido hace semanas.
¿Estarán aquí atrapados o los han asesinado?
No tenían tiempo de averiguarlo por su cuenta.
Tal vez mañana enviará a alguien a revisar antes de destruir este lugar.
El quinto piso era el último. Escuchó la voz de una mujer madura a lo lejos. Vio a dos soldados de pie y miró a través de sus ojos. Dorle Friedrich trataba de sacarle información a Ewald.
A sus espaldas, había una ventanilla donde corría el aire fresco del bosque. Darcee sacó una bola envuelta en tela café del bolso de su vestido, que guardaba un carbón con líneas doradas.
Lanzó la piedra por la ventanilla y escuchó un tronido. Bum . Una luz resplandeció desde abajo, iluminando el campamento en rojo y naranja. Cortesía de Franz Gottfried . Él se aseguraría de que el fuego no se apagara, rociando un líquido que haría el fuego incontrolable para darles tiempo.
Uno de los soldados se dirigió hacia ella por las escaleras.
Darcee quiso ganarle el paso, pero tuvo que apretarse contra la pared curvada para que no la tocara.
El hombre le rozó el brazo, y Darcee se desequilibró, sosteniéndose con la pared antes de que pudiera golpearlo.
Una ola de escalofríos recorrió su cuerpo y, una vez que se alejó, caminó por el pasillo dejando solo a Dorle Friedrich y uno más que controlar.
El piso estaba solo, no había más prisioneros, solo Ewald.
Eso no era normal a menos que... quisieran que algo malo le sucediera.
Se colocó detrás del soldado y lo notó muy calmado.
Buen chico . Ahora él estaría inmóvil, sin alguna expresión que lo delatara. No hay nadie aquí.
Darcee se asomó y vio a Ewald. —No te creo, sé que ocultas algo y si no quieres hablar por las buenas…
será por las malas —Dorle se acercó más a él y extendió los brazos esposados hacia ella.
Ewald se agitó, poniendo atención en su siguiente movimiento y alzó la vista en frente.
Darcee subió un dedo a su s labios y él abrió los ojos alterado. Solo Ewald podía verla.
Detenla . No podrá hacerte nada .
Ewald tragó saliva mientras miraba a Dorle. Ella lo jaló de las muñecas, arremangándole las mangas. —Mírate, ni siquiera sabes cómo usar tus poderes —dijo con pena.
Dorle presionó sus pulgares contra su piel. Sus tendones se sobresaltaron y Ewald jadeó, tratando de separarse de ella. Su pálida piel se ponía roja, no gritó, no quería darle el gusto a esa arpía.
Ewald giró sus manos en un movimiento impulsivo y tomó las de Dorle. —¿Quieres sentir dolor? —preguntó Ewald con una voz temblorosa y siniestra. Dorle lo observó indignada. —Como lo sintió tu padre —la voz de Ewald se elevó y Darcee pudo ver el momento donde sus ojos brillaron verdes.
Dorle soltó un grito agónico y se retorció ante el poderío que Ewald ocultaba en su interior. Hambriento y fugaz. Darcee quiso saber a qué se refería con eso, pero se lo preguntaría más tarde. Ahora, estaba orgullosa de él.
Ella presionó la mente del soldado, haciendo que cayera inconsciente al suelo con un simple movimiento de su muñeca. Dorle saltó ante el golpe y quiso voltear, pero Ewald no se lo permitió. La tenía bajo su mando, sufriendo como debía.
Darcee entró tentativa en la celda, acercándose a la espalda de Dorle y puso las manos sobre sus hombros, sintiendo como la tensión iba en aumento.
—¿Qué estás haciendo? ¡Ayúdame! —exclamó, pensando que su guardia seguía protegiéndola. Darcee le pateó las piernas y cayó arrodillada frente a Ewald.
—Aquí no hay nadie que te ayude —Darcee suspiró en el oído de Dorle, incapaz de verle la cara. —Quiero que le digas al estúpido de tu padre, que sus horas están contadas, igual que las tuyas, querida.
Darcee se alejó de sus hombros y se puso de pie disfrutando del momento, un Friedrich sobre sus rodillas.
¡Qué tentador! ¡Qué maravilla! —¿Sabes qué es peor que un Valtre?
—susurró ansiosa, sacando su daga lentamente.
El cuerpo de Dorle temblaba, no podía soportar más el dolor que Ewald le causaba y sus respiros eran profundos e inquietantes.
—Dos Valtre juntos —Darcee sonrió y encajó la daga en su espalda.
Dorle jadeó con fuerza. Darcee enterró el hierro un poco más, disfrutando verla sufrir. Desgraciadamente, aún no podía asesinarla, tenía planes para la hija de Friedrich. Ewald se echó para atrás aturdido, no se esperaba que hiciera eso. Sin embargo, nunca soltó las riendas de control sobre Dorle.
Darcee le arrebató las llaves a Dorle de su hermosa armadura. —¡Deja eso, malditos Valtres! ¡Vamos a ir por ustedes, los mataremos a todos! —Dorle gritó enfadada, aún inmóvil y temblorosa.
Ewald se puso de pie. —No creo que puedas hacer nada de eso desde tu celda.
Darcee se burló al escuchar ese tono en Ewald, le quedaba perfecto. Ella aventó a Dorle al suelo y salió junto con Ewald, empujando la puerta y la cerró con llave. Y de paso, la dejó inconsciente en un sueño aterrador.
—¿Les dejamos las llaves? —Ewald se liberó y Darcee las arrojó por la ventana más cercana.
—Deja que se compliquen la vida. Así es más divertido —lanzó su cabello por un lado cayendo con gracia.
Ewald sonrió. Gracias por no abandonarme . Su voz en agradecimiento estremeció la mente y alma oscura de Darcee .
Vamos, antes de que alguien nos vea. Ella guiñó el ojo y sonrió.
Ambos salieron por las puertas de la torre. La mayoría de los soldados habían salido a tratar de apagar el fuego, y los pocos que prestaban atención eran aludidos a no observar nada sospechoso, como dos intrusos escapando de la cárcel.
Corrieron sigilosamente entre las cabañas y el humo, podía ver las sombras de los soldados a lo lejos.
—¡Prisioneros! —gritó alguien desde atrás. —No dejen que ejh —el hombre se trabó y llevó las manos a su garganta. Darcee alzó las manos y lo ahorcó cortando su respiración de golpe.
Ewald esparció una nube oscura de sombras que se combinó con el humo, haciendo aún más difícil la visibilidad. Darcee buscó a Franz y lo vio donde habían acordado, pero escuchó a Ewald jadear detrás de ella.
Un soldado había chocado con él y se abalanzó sobre Ewald, rodeando su cuello pálido con las manos. Darcee alzó sus manos e hizo lo mismo con el soldado. Soltó a Ewald de inmediato y puso sus propias manos en su cuello, ahorcándose y cortando su respiración hasta que ya no pudo más.
Ewald se paró rápidamente espantado y Darcee lo tomó del brazo. —Más vale que te vayas acostumbrando. Cuando todos quieren matarte, solo tendrás dos opciones. Una, si quieres vivir.