29.
Todos en el Agujero se preparaban para el último asalto, la base militar entre el Castillo Feuer y el Castillo Real. La más importante de todas si querían ser exitosos mañana.
Thomas había estado en los cuatro asaltos, aun vistiendo con el uniforme gris y vino de los soldados de Friedrich. Debía admitir que el estilo militar le sentaba muy bien, aunque fuera del enemigo.
La base del castillo era la segunda más grande, tenían que cubrir un mayor rango del campo y ser el doble de precavidos.
Tres parejas cubrirán cada zona; Ambrose iría con un miembro de la familia Frognein, Noah, de unos veintitantos años.
En otro grupo, Paul Terwult y el joven Xavier Dotzel irían juntos.
Estaban bien equilibrados, alguien que podía callar a los guardias, y otro para entrar en combate.
Thomas buscó a Knut entre el panorama del Agujero, aún llevaban las últimas piezas explosivas a sus lugares. Knut apareció con su mirada frenética, avanzando entre la gente. Notó que se cargaba una preocupación cuando se quedó callado con los ojos bien abiertos. —¿Qué sucede?
—Es Ewald —Knut volteó alrededor. —Hace rato fui al castillo y escuché que Friedrich puso una orden de arresto. Me dijeron que Ewald salió volando de la torre de su oficina. ¿Lo puedes creer?
¿Cómo qué salió volando? Se rascó la cabeza confundido y vio un poco más dentro de la mente de Knut. —¿Estás seguro? —sintió su ansiedad en sus propios huesos.
—Si, todos en el castillo hablaban de eso y la cantidad de guardias patrullando ha aumentado. Están buscando a Ewald.
—Si lo están buscando, significa que habrá menos soldados en la base. Ven, hay que decirle a Darcee.
Ambos se dirigieron apresurados al cuarto entre el mar de gente y el tiempo contado. Darcee hablaba algo con Heiner, pero no tuvo tiempo de entrometerse en sus asuntos.
—Darcee, Ewald está en problemas —dijo sin rodeos, en el momento que Knut cerró la puerta.
—¿Qué sucedió? —ella se levantó de su asiento, echándole una mirada a su ropa con desprecio.
—Los guardias de Friedrich están detrás de él. No sabemos por qué, ni dónde está —contestó caminando acelerado a ella.
—Se perdió desde medio día —Knut añadió mientras protegía la puerta como si alguien fuera a derivarla.
—¿Qué hacemos? No podemos dejarlo solo — Thomas exclamó.
—Ustedes váyanse, yo me encargo —Darcee lo miró con determinación.
—Darcee, conoces tus límites —Heiner le advirtió precavido.
—¿Recuerdas lo último que sucedió cuando mandé a dos guardias buscar a Ewald?
Nunca regresaron. No cometeré el mismo error otra vez, Heiner —Darcee lo observó profundamente hasta que lo vio asentir suspirando.
—Ninguna palabra a Ambrose, si se entera, tratará de atarme a mi silla, ¿entendido?
—Darcee observó a cada uno, alzando su dedo índice hacia todos.
Los tres asintieron brevemente. —Si te enteras de algo, me avisas.
—Claro, ten cuidado.
—Ustedes igual —dijo Darcee cruzando sus brazos.
Thomas y Knut salieron del cuarto y se dirigieron a la puerta transportadora.
Ya iban tarde y apresuraron el paso lo más que pudieron.
Recitaron el hechizo que los llevaría a la superficie.
—Derterra —con un impulso del aire, sus cuerpos se elevaron, creando un agujero en la tierra por encima de sus cabezas.
Ya era de noche y la luna iluminaba el bosque. Corrieron entre la vida nocturna que el bosque de Valtremix ofrecía; árboles de caoba, pinos y cerezos. Las ramas y arbustos se atravesaban en su camino y escuchaban distintos animales cantar en armonía. El pasto crujía bajo cada pisada.
Poco a poco, se acercaron al primer punto de reunión.
Tres personas los esperaban para entregar las últimas bombas que se repartieron en dos morrales que llevaban sobre sus espaldas.
Dejaron atrás a sus ayudantes y se dirigieron al siguiente punto sin decir una palabra.
Ya podían ver a lo lejos el campo boscoso, iluminado con antorchas, cabañas de madera y algunas carpas de tela tendidas en medio del campo.
Los soldados vestían con el uniforme gris y vino, algunos cargaban con sus porras de electrochoques, espadas estandarizadas y dagas que colgaban desde sus cinturones de piel. Thomas y Knut se acercaron al grupo de Ambrose escondidos entre los arbustos.
—Disculpen la demora —Thomas se hincó junto a Ambrose.
Ambrose los fulminó rápidamente y volvió su mirada al campamento.
—Ya saben sus posiciones. Cuando terminen, regresen inmediatamente al Agujero.
Si los siguen, desháganse de ellos. No puede haber testigos.
¿Entendido? —comandó en voz baja. El sigilo era algo raro en su línea de trabajo, pero necesario si no querían ser descubiertos.
Los demás asintieron en sincronía. Ambrose les dio luz verde y comenzaron a separarse en parejas.
Ellos tomarían el norte, tenían que rodear todo el campamento por su lado izquierdo.
Ambrose y Noah irían al sur por la derecha, mientras que el dúo de Paul y Xavier terminarían el lado opuesto de la base.
Se acercaron a las primeras cabañas en las orillas, vigilando que ningún soldado los viera. Knut tomó el camino más cubierto, mientras que él optó por los pasillos más descubiertos. Con su poder se escondería de la vista de los demás, aunque no debería tener problemas por su uniforme.
Caminó por uno de los pasillos de tierra que dirigían al centro del campo, sólo vio un soldado patrullando la zona y empezó a dejar piedras a lo largo de su trayectoria.
Lentamente, avanzó invisible frente a ellos y en cuestión de minutos terminó su tarea sin molestias, pensó en ayudar a los demás, pero sería algo peligroso amontonarse entre los pasillos y provocar un enfrentamiento innecesario.
Se volvió a dirigir al norte, a una pendiente que le permitía tener una vista completa del campo y sus residentes.
A lo lejos, Knut se movía suavemente entre las cabañas, deslizándose como un roedor de noche. Al parecer no había tenido problemas, después de todo, él era un experto en entrar y salir de lugares indeseados. En unos minutos más, Knut ya estaba a su lado en cuclillas.
—Necesito asegurarme de que los demás hayan terminado. Sé que Ambrose nos dijo otra cosa, pero… a mí y a ti nadie nos verá.
—De acuerdo.
Ambos se movieron por la orilla del campamento. Paul y Xavier habían finalizado cuando los vieron alejarse entre los árboles a unos metros de ellos .
Siguieron rodeando hasta la zona donde Ambrose había cubierto. Thomas trepó por un árbol tratando de tener una mejor vista, mientras que Knut se acomodó en el suelo vigilando.
—¿Ya los viste? —preguntó.
—Aún no, espera —se acomodó sobre el grueso tronco y concentró su mente en el campamento. Encontró soldados deseando terminar su turno. Otros bebían en sus descansos, pero no había señal de Ambrose o Noah. Tal vez ya se habían retirado.
Después de unos minutos, escuchó el grito agónico de alguien a lo lejos, cerca de las orillas del campamento. Buscó rápidamente y encontró a un soldado temblando incontroladamente, podía sentir su frustración crecer por todos sus nervios. Maldición, Noah . Thomas bajó del árbol deslizándose.
—¿Quién fue? —Knut preguntó mientras se paraba.
—Noah, congeló a alguien.
—Excelente. ¿Y eso es bueno? —preguntó confundido.
—No, si no quieres que se enteren —contestó molesto y empezó a caminar hacia el campamento. Knut lo siguió.
Al entrar a las orillas, vieron el cuerpo sin vida de un soldado congelado, su piel llena de fragmentos de hielo que se pegaban como espinas transparentes. A Thomas le dieron escalofríos pensar en cómo se sentiría morir así.
Ambos se ocultaron entre las cabañas y vieron a Noah esconderse de una soldado que venía hacia él. Cinco pasos, cuatro pasos, tres pasos más, la mujer estaba a punto de doblar en la esquina.
Thomas levantó su mano hacia ella, su mente se conectó y le ordenó.
Sigue caminando . La soldado obedeció sin reacción alguna y pasó por al lado de Noah sin darse cuenta.
Él se alzó lentamente, pero dirigió su otra mano hacia él.
Quédate dónde estás . Sus piernas temblaron y Noah cayó sobre su trasero. La soldado siguió su camino habitual.
Ahora, estaba a unos pasos de ellos. No quería dejar rastros o cadáveres. Ella pasó y escuchó unas pisadas apresuradas venir detrás.
—Oye, el comandante me acaba de contar que atraparon al mocoso —la llamó un soldado entusiasmado, era tan sólo unos años más grande que Thomas y tenía una voz chillona detestable.
—¿El que salió volando por la ventana? —preguntó la mujer de unos treinta años mientras alzaba sus perfectas cejas.
—Si, que loco, ¿no? Nunca había escuchado que alguien pudiera volar —podía sentir sus nervios florecer frente a ella y se deslizó por un momento al cerebro del joven. Si esas son su tipo, quién soy yo para juzgarte. Pensó para sí mismo.
—¿Y sabes dónde lo capturaron?
—Si, al sur —el joven frunció el ceño frente a ella. Mierda . —¡Oye, tú, ven acá! —gritó desenfundando su espada y la mujer volteó alarmada.
Thomas se tensó y se desconectó de su víctima. Noah salió de su escondite. Quiso saber más de Ewald, pero tenía que lidiar con este desastre. Los soldados corrieron detrás de él. Knut se adelantó y lanzó una daga al hombro del joven.
No maten al hombre, lo necesito vivo. Su voz habló en las mentes de sus acompañantes. Un cerebro muerto no podía revelarle información.
El joven cayó de rodillas y la mujer se volteó hacia Knut. Ella juntó sus manos y lanzó un hechizo que destelló hacia Knut, lanzándolo al suelo y revolcándose en la tierra.
Desde atrás, Noah tomó el cuello de la mujer y la paralizó. Sus ojos se abrieron saltándose de su cara y cayó al suelo temblando.
El joven sacó la daga de su hombro y se levantó forzosamente hacia Noah. Levantó su mano para lanzarla, pero Thomas paralizó sus movimientos dejándolo con la punta del cuchillo en el aire.