Herederos de Cenizas (Valtremix 1) 23.
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23.

El sol se puso sobre el horizonte del bosque, iluminando las nubes con rayos rojizos y morados. Emma salió a recolectar unas especias en el jardín trasero de su hogar. La poción se recogería esa noche.

El cuarto de alquimia estaba al lado de la cocina, tenía un ventanal con una alcoba semi redonda.

Varias plantas y flores se balanceaban en macetas con el aire fresco.

En el centro, se ubicaba una gran mesa ovalada de madera, con todo tipo de recipientes y utensilios, desde morteros hasta calcinadores profesionales.

Emma se puso sus lentes y tomó las especias moliéndolas con destreza. Su madre entró al cuarto inspeccionando el caos que había alzado sobre la mesa.

—¿Me puedes avisar cuando lleguen, por favor?

—¿En serio, te dieron un día? Ni siquiera te dio tiempo para probarla —reprochó su madre.

—Eso no es del todo cierto, mamá —Emma apuntó con su mirada hacia unas pequeñas jaulas con ratones. —No es tan difícil hacer esta poción.

Evelyn observó las jaulas de cristal. Emma siguió trabajando, añadiendo gotas diluidas de las especias al recipiente que preparaba. La llama del fuego debajo del calcinador se levantó provocando una pequeña explosión de humo .

Emma vertió una parte de la poción en un gotero y colocó una lágrima sobre una vasija de agua. El ratón sediento, bebió el líquido desesperadamente. —Tengo tres versiones. Solo necesito saber cuál es más efectiva.

—¿Está durmiendo? —preguntó su madre un poco decepcionada.

—¿Qué esperabas? ¿Un veneno letal? —se dirigió de nuevo a la mesa para recoger su desorden. —Pensé que no estabas de acuerdo con matar al rey.

—No estoy de acuerdo con que te involucres con ellos —corrigió Evelyn.

—Entonces… —sintió la mirada peligrosa de su madre antes de abrir la boca. —¿Podrías observarlos mientras me cambio?

Evelyn asintió suavizando sus facciones y se quedó vigilando a los ratones. Emma salió del cuarto para ir a su armario.

Después de dos horas, su última poción fue la que tuvo más duración. Las demás mezclas servían, pero supuso que a Darcee Valtre le gustaría una con más efecto. Calculó la cantidad que debía ingerir una persona para una taza de té, tomando como referencia la lista de notas de su libreta.

Cinco mililitros de porción:

Primera poción: quince minutos.

Segunda poción: treinta minutos.

Tercera poción: sesenta minutos .

Continuó formulando otras cantidades durante varios minutos, hasta que escuchó a su abuela Kaitrin, empujar las telas que cubrían la entrada hacia la cocina.

—Emma, ya están aquí, cariño —dijo su abuela y se volvió por donde entró.

Darcee Valtre y el general Ambrose Dotzel la esperaban en la sala. Esta vez, Darcee vestía con un saco largo de color negro y el General llevaba un abrigo gris.

—Es bueno tenerlos de vuelta. ¿Les ofrezco algo de tomar? —preguntó su abuela amablemente con su voz ronca.

—No, gracias, Lady Kaitrin. Solo venimos por la poción —contestó Darcee.

Su abuela siempre ha tenido un gran respeto a los Valtre. Emma no sentía ninguna devoción a ellos, era neutral. Sin embargo, no olvidaba que tenía que esconderse gracias al rey Friedrich. Su madre, por otro lado, despreciaba tener que ver con alguien relacionado con el Agujero o los Valtre.

Ellas vivieron los primeros años allí, refugiadas de la guerra que le arrebató la vida a su padre, el coronel Roger Harth. Emma solo tenía unos cuantos meses de nacida. La realidad era que no lo recordaba y tampoco lograron rescatar fotos de él.

Muchos de ellos abandonaron el Agujero, y algunos se fueron hacia el continente de Sdreem, en busca de fama y fortuna.

Su madre y su abuela fueron las últimas en irse de ese lugar horrendo.

Aunque no tenían mucho, lograron construir una choza fuera de los límites del reino con la ayuda de la familia del general Dotzel.

No sabía si debía hacer una reverencia la primera vez, pero al ver la sencillez de Darcee, supo que no era necesario. —Señorita Valtre —dijo un poco insegura.

—Puedes llamarme Darcee, querida —contestó con toda la tranquilidad del mundo .

De pronto recordó el poder de los Valtre, no sabía si notó sus nervios al presentarse o si eran bastante obvios para cualquiera. —Pueden acompañarme al laboratorio, por aquí —extendió la mano hacia la cocina.

Darcee sonrió y miró rápidamente al general. Ambos caminaron hacia la entrada del laboratorio. Emma y Kaitrin los siguieron desde atrás y Evelyn los estaba esperando. Emma se acercó a la mesa de pociones. Darcee y el General, se colocaron del otro lado.

—Tengo tres fórmulas distintas, algunas más potentes que otras. Los efectos causan sueño y fatiga inmediata. Necesito saber en qué piensan mezclarla para darles la fórmula exacta.

—Pensaba en verterlo en un barril de licor. Tengo gente que puede hacer llegar el vino hasta la copa de Friedrich.

—¿Y no sería más fácil envenenar la copa?

—Más fácil, más peligroso —admitió con tono cortés.

Emma bajó la vista hacia su libreta y se ajustó sus lentes. Reformuló las opciones. Darcee se acercó a los recipientes curiosa.

—¿Por cuánto tiempo quieres que duerma?

—Quince minutos, debe verse como una siesta —Darcee levantó su mirada hacia ella.

Emma asintió y calculó la cantidad. Usaría la sustancia más potente, más por menos , no quería exceder el barril de líquido por discreción.

Doscientos mililitros para un barril de ciento sesenta litros .

Tomó un pequeño frasco de cristal con un listón azul y un corcho de la alacena. Luego, vació cuidadosamente la cantidad exacta. Se aseguró de cerrarlo, girando el recipiente de un lado a otro.

—Asegúrense de mezclarla bien —dijo, extendiendo el frasco hacia la mano de Darcee, y lo tomó cuidadosamente.

La observó como si fuera un pequeño juguete. —¿Cuánto te debemos, querida?

—Diez oros —contestó cruzando los brazos sobre el pecho, algo inconforme.

Darcee volteó hacia el general Dotzel y le extendió una bolsa con monedas hacia la mesa. Emma se acercó y se sorprendió al ver más de veinte monedas en el pequeño saco.

—Esto es más de lo que pido —dijo sorprendida.

—Considéralo una cortesía.

—Nadie es tan cortés porque sí, Darcee —contestó su madre. —Hay algo más que quieres.

Darcee soltó una carcajada. —Me da lástima que no puedas apreciar una muestra de caridad.

Pero, si realmente quieres saber por qué, Evelyn —Darcee se enderezó y caminó frente a su madre.

—Prefiero que tu hija y tú, tomen el poco oro que tenemos a que un asqueroso guardia de Friedrich se lo robe.

Además, si ganamos, tendremos más de veinte oros para disponer de las riquezas que el usurpador nos quitó.

Su madre se burló y negó con la cabeza. —Yo no me creo ese cuento, Darcee. A tu familia solo le interesa el poder.

—¿Crees que fue mi culpa todo lo que pasó?

Tanto tú como yo, querida, fuimos víctimas de una guerra que no empezamos.

Huiste como los demás miembros de tu familia, culpándome de los errores de mi padre.

Mientras que yo, y mi primo, nos hemos encargado de cuidar nuestra gente, darles alimento, mantenerlos con vida.

Tú trabajas en un puesto clandestino de comida que, por cierto, nos suministra a nosotros, esperando a que tu hija haga el trabajo duro y traiga el dinero a casa —Darcee dio un paso adelante más cerca de Evelyn.

—Así que dime, Evelyn. ¿A ti qué te importa?

Su madre parecía paralizada con un enojo evidente. El cuarto quedó en silencio. —Me importa mantener lejos a mi familia de ti —contestó con un tono seco, pero sabía que había herido su orgullo.

Darcee esbozó una pequeña risa y miró de pies a cabeza a Evelyn.

—Veo que haces un excelente trabajo —se alejó y le dio la espalda paseándose en la habitación.

—Solo quiero que sepas que, cuando ganemos el trono —se volteó de nuevo.

—Tu familia tendrá un lugar entre nosotros —dijo sonriendo.

—Ahora, si me disculpan, tengo un reino que reclamar —Darcee Valtre salió por las cortinas del laboratorio dramáticamente.

El general Dotzel hizo una reverencia y la siguió a la salida. Kaitrin lanzó rápidamente una mirada desaprobatoria hacia su madre mientras se esfumaba por la puerta. No quería estar ahí cuando la bomba explotara de nuevo.

Al salir, Darcee se volvió hacia Emma en el filo de la escalera.

—Siento haber discutido con tu madre. No fue muy…

cortés de mi parte —dijo tranquila. —Eres una chica talentosa, Emma.

No te desperdicies. Y gracias por la poción —Darcee extendió una mano hacia ella.

Emma tomó su mano en el frío de la noche.

—Espero que nuestra oferta te parezca generosa.

Hasta entonces, nos vemos —Darcee le soltó la mano y se dirigió hacia la oscuridad del bosque. No sabía si la volvería a ver.

—No hay nada más que desee —observó Emma a la pareja desaparecer en la oscuridad. En realidad, deseaba que esta guerra terminara. Deseaba la libertad de caminar sin miedo por el reino. Un feudo que sus ancestros llevaban años peleando, solo la muerte podía acabar esta guerra entre dinastías.