19.
Las tenues luces de la mañana atravesaron las finas cortinas color uva de su habitación. Lea bostezó entre las sábanas, sintiendo la luz iluminar su rostro nuevamente. Hoy sería un largo día. Se levantó aún soñolienta y fue a lavarse la cara al baño.
Siempre seguía la misma rutina de embellecimiento. Después, se dirigió a su tocador para cepillarse las ondas rojizas de su largo cabello. Tenía un espejo redondo de piso con adornos y flores artificiales decorando la orilla. Cuando era pequeña, solía decorar su cabello con flores.
Luego, sacó sus utensilios de maquillaje: algo de polvo, lápiz labial rojo, delineador y un enchinador de pestañas que las dejaba perfectamente curvadas. Escogió la ropa adecuada para el día de hoy, tendría combate de magia en el gimnasio, así que vestía ligero.
Normalmente, en la clase, el profesor los ponía a combatir entre ellos de forma ofensiva y defensiva. Como ella no tenía un poder defensivo, entrenaba combate cuerpo a cuerpo. Aunque reconocía que no era muy buena, Charlotte la haría trizas sin duda.
Después de arreglarse y desayunar, salió de su lujosa casa en el bosque hacia la escuela. De vez en cuando, iba en bicicleta para llegar más rápido. Aunque no le gustaba sudar por la mañana, no después de esforzarse tanto en su apariencia vanidosa .
Si tan solo pudiera traer algunos de esos vehículos que vio en la ciudad del futuro, la Ciudad Inevage, llena de maravillas inimaginables.
Algunas cosas serían más fáciles de hacer.
Ese lugar estaba repleto de dispositivos, calles planas, edificios que alcanzan las nubes y esferas de luces flotantes a donde sea que miraras.
Ahí no sufría por el sol y el bochorno de las mañanas.
Era una ciudad fría, ubicada en un archipiélago al noreste del mar de Sdreem.
Solo se podía llegar ahí por medio de portales. En gran parte eso mantenía su secrecía.
Después de las primeras clases de la mañana, Lea se dirigió junto con Kirsten y Amalie al patio para su parte favorita del receso, la hora del chisme.
En una mesa redonda, estaban dos de sus amigas de clases avanzadas.
La musculosa Charlotte, con su cabello tan largo hasta las caderas y piel bronceada que brillaba con el sol.
Una de las mejores atletas de la escuela.
Ella estaba sentada sobre la mesa con las piernas cruzadas y, junto a ella, apoyaba la cabeza sobre su muslo su novia Stefanny, la hermana mayor de Oswin.
Ella era igual de pálida que su hermano, pero con el pelo rubio y rizado.
Ambas vestían a la moda con su propio estilo.
Charlotte usaba un par de mallas ajustadas que resaltaban su figura curvada y sus glúteos.
Encima usaba una chaqueta verde militar, de cuello abierto, con unas mangas ornamentadas y costuras de alta calidad.
Stefanny era ancha y de cara redonda, llevaba una falda de tartán color vino y rayas naranjas que Lea le había diseñado, se unía en dos tirantes que rodeaban sus hombros y una blusa color hueso con mangas sueltas.
—¿Disfrutaron de la fiesta, chicas? —preguntó Lea mientras se sentaba en su lugar. Amalie y Kirsten la siguieron saludando.
—Claro, adore ver cómo le pateaban el trasero a mi hermanito —se burló Stefanny mientras chocaba su mano con la de Charlotte .
—No entiendo cómo Oswin se junta con el idiota de Adlar —negó Charlotte con la cabeza.
—Bueno, entre idiotas se entienden, bebé —ambas rieron al mismo tiempo.
Podía ver que eran como almas gemelas. Hechas para reírse de los chistes de la otra a la vez.
—Oigan, ese chico misterioso fue el que los puso en ridículo.
Nadie sabe quién es. Algunos dijeron haberlo visto ese día en la escuela —mencionó Stefanny, acercándose al grupo desde su lugar.
—¿Vieron sus poderes? ¡Ni siquiera tuvo que tocar a Oswin para detenerlo! —exclamó Charlotte intrigada.
—¿En serio? ¿Lo vieron a él? ¡Ese hombre es tan hermoso que le pediría matrimonio! —Kirsten exclamó, y las chicas rieron de su deseo.
—Yo oí un rumor. Puede sonar absurdo, pero dicen —Stefanny bajo su voz —que puede ser un relativo de los Valtre.
Lea se conmocionó al instante, no había pensado en esa posibilidad. Por las caras que pusieron Kirsten y Amalie, también se habían sorprendido. Charlotte asintió con la cabeza con una sonrisa torcida.
—Pero, si se dieron cuenta de que Evald pudo hacer lo mismo que ese chico —Lea formulaba una teoría en su cabeza. Era improbable, pero le gustaba seguir el hilo.
—Es cierto, puso a Adlar sobre sus rodillas. Amalie, tú eres su amiga, ¿qué sabes sobre sus poderes? —preguntó Stefanny, poniendo la barbilla sobre su mano, esperando una respuesta jugosa.
—Bueno, nunca lo había visto usar —Amalie se trabó y pareció apartarse en sus pensamientos. —Sé que todos piensan que él conjura magia negra, pero es una mentira. Él controla las sombras —Amalie se rascó el cuello confundida .
Claramente lo había visto usar ese poder, pero al parecer, no era capaz de creerlo o admitirlo frente a ellas.
—Está claro que no es lo único que controla, Amalie —dijo Kirsten con una sonrisa burlona a su lado.
—Se imaginan, a Euald como un heredero perdido —formuló Charlotte la teoría en alto llevándose la mano a la barbilla.
—Es Evald —corrigió —¿y de los Valtre? —preguntó incrédula Amalie.
—Claro, ¿de quién más? Nombra otra familia que tenga los poderes de los Valtre —Charlotte enumeró sus dedos frente Amalie. —Exacto, no existe.
Las chicas se quedaron en silencio. Kirsten alzó los hombros sin respuesta, mientras que Lea inspeccionaba las expresiones de cada una.
—Bien, oficialmente, aunque no pueda creer lo que voy a decir. Evald se ha convertido en el chico más interesante de la escuela —Stefanny alzó sus enormes palmas golpeando la mesa. —Y el chico misterioso —volvió a palmear la mesa una vez más.
—Y el chico misterioso —repitió Charlotte alzando un dedo al aire.
—Tienes que contarnos todo lo que sabes Amalie. ¡Tienes que saber algo! —Stefanny rogó sin paciencia.
Amalie abrió la boca, pero Lea se adelantó. —No se preocupen, chicas. Acabo de invitarlo a salir —dijo triunfante con su confesión.
—¡Demonios, Lea! A ti no se te escapa ninguno —respondió Charlotte burlona.
Lea le dio un puñetazo en la pierna. Dura . Charlotte era una masa de músculos. —¡Cierra la boca, mole! —exclamó enojada frotando la muñeca.
Charlotte y las demás se hundieron en carcajadas.
—Oye, Lea, ¿significa que puedo salir con el príncipe Hans? —Stefanny llevó ambas manos a su barbilla con esperanza y sus pupilas brillando. Charlotte le dio una palmada amable en la cabeza y se quejó.
—Primero, tendrá que pelear conmigo por ti, amor —Charlotte se inclinó hasta la oreja de Stefanny.
—¡Estoy bromeando, bebé! Aunque me encantaría ver eso —Stefanny le hizo una sonrisa torcida a Charlotte y tocó su mejilla. —Sé que tú ganarías.
—¡Ninguna de ustedes saldrá con Hans! —Lea amenazó.
—¿Por qué? —exclamó Stefanny.
—Creo que Amalie debería salir con él —Lea se sacudió el pelo a un lado.
—¿Yo? —preguntó incrédula, apuntándose con el dedo.
—¿No te diste cuenta de cómo te miraba cuando lo invitamos a la fiesta? —sonrió Kirsten con complicidad.
Amalie se encogió mientras se ponía roja. Las chicas se rieron al ver su expresión. —¿Cómo te fue ayer con Hans? —preguntó Lea sonriendo.
Las chicas se quedaron boquiabiertas y gritaron emocionadas. Amalie abrió sus pupilas. —¿Por eso no querías entrar sola con él? ¿Para llevarme a mí? —preguntó acusándola.
Stefanny suspiró sorprendida. —¿En serio hiciste eso, Lea?
—No te hagas la inocente, Amalie. Sé que se gustan —dijo mientras miraba al pasillo, donde vio pasar una figura conocida pasar.
—Hablando de príncipes perfectos, creo que Lea ya encontró el suyo —sugirió Stefanny con la mirada donde se encontraba Ewald.
Lea volteó hacia las chicas y las vio reír con más fuerza. Ella alzó la mano para pegarle a Stefanny, pero se escabulló antes de que la alcanzara y se escondió detrás de Charlotte.
Cuando volvió a voltear al pasillo, notó que Ewald las miraba. Lea sonrió y Ewald le devolvió la sonrisa. Las chicas canturrearon a un tono desigual y Lea volvió su mirada hacia ellas. No paraban de reír a carcajadas, pero Amalie guardaba una sonrisa tímida.
Lea se volteó una última vez y notó del otro lado del pasillo a Adlar pasar con sus insoportables amigos.
Había visto el intercambio de miradas que tuvieron.
De pronto, estuvieron frente a frente, y Ewald trató de ignorarlo, pero Adlar solo tenía un propósito en mente.
Molestarlo por alguna extraña razón que aún no lograba entender.
—¿En serio, Lea? Por favor, no pierdas tu tiempo con ella —se burló Adlar junto a sus amigos.
Ewald volteó las pupilas y suspiró fuertemente. —¿Algún problema? —preguntó molesto, frunciendo el ceño.
—Ahora te crees más valiente, ¿eh? Te recuerdo que no hemos terminado esa pelea —Adlar se acercó amenazador.
Lea se paró y decidió caminar imponente hacia el grupo. —¡Ve por ellos, Lea! —exclamó Stefanny. No podía permitir que estos dos se pelearan de nuevo, en medio de la escuela.
—Yo pensé que sí, cuando vi tu trasero en llamas en el suelo —escupió Ewald sin rodeos. Uno de los amigos de Adlar hizo una risa ahogada mientras que otro lo calló con un codazo.
Adlar frunció sus cejas y empujó a Ewald bruscamente hacia atrás.
—Pensé que podías leer mentes. ¡Ahora veo que solo eres una farsa! —el tono de Adlar se elevó en el pasillo.
Lea llegó antes de que pudiera acercarse más a Ewald y se puso entre ellos, empujando a Adlar. —¡Ya basta! ¿No tuviste suficiente con destruir mi casa? —lo miró enfadada.
Adlar se burló. —Aw, ya veo que son novios, ¿verdad? No me sorprende, los dos son igual de patéticos.
—Ten cuidado con lo que dices, o puede que se te trabe la lengua —dijo Ewald con un gesto de la mano. Adlar se estremeció levemente y volteó a la dirección de un maestro que pasaba cerca.