17.
Darcee salió por la única entrada real que tenía el Agujero.
Estaba escondida en un cementerio abandonado, lejos del reino y cerca del río que corría por el Castillo Real.
Esta parte del túnel tenía escalones y antorchas colocadas a cada lado.
Fue reconstruida tiempo después de la rebelión, cuando los soldados de Friedrich dejaron de patrullar por esa zona.
En el cementerio, algunos miembros de la familia Gottfried lanzaban bolas explosivas sobre pilas de madera y piedras caídas de criptas.
Probando qué químico sería más corrosivo.
Se sorprendió al no ver al pirómano de Knut ahí, supuso que necesitaba una buena siesta después de su excursión al castillo.
Otros cargaban en carretillas rocas hechas pedazos que servirían para moldear la base de la bomba. Su gente se había armado de energía para trabajar.
Heiner subió apresurado, tomándola de la muñeca. —Déjame acompañarte.
Ella lo miró. —No necesito que vengas, amor —dijo como si lo lamentara mientras le tocaba la mejilla. Le causó gracia su expresión indignada y se enderezó.
—Evelyn se sentirá más segura si voy yo.
—No hace falta que confíen en mí, solo en mi dinero —Darcee le dio la espalda y subió las escaleras .
—Darcee, por favor —Heiner la siguió hasta el cementerio intentando rogarle.
Ella se giró y lo observó de pies a cabeza. Por alguna razón, le gustaba cuando le suplicaba, aunque sabía que su tono trataba de sonar todo lo contrario.
—Ambrose vendrá. Tú te quedas. Les pagaré con oro y gratitud cuando tengamos el trono.
No te preocupes—. Darcee se acercó a él y plantó un beso en su mejilla.
Heiner se quedó quieto, viéndola, y una pequeña sombra roja apareció en sus mejillas, ella sonrió con maldad.
Se dio la vuelta y caminó hasta Ambrose, quien los observaba desde su sitio con los brazos posados sobre la cadera.
Él le ofreció su brazo amablemente. —¿A dónde vamos hoy?
—A visitar unas viejas amigas tuyas —dijo con una débil sonrisa en sus labios.
—Mmm —Ambrose la miró con una media sonrisa, tratando de adivinar de quién hablaba.
Le dio las direcciones en su mente y empezaron a caminar.
El bosque de Valtremix los rodeaba con los sonidos de la naturaleza, el soplido del aire en las hojas de los árboles, los pájaros cantando melodías que solo ellos sabían.
La luz del día atravesaba las nubes y alcanzaba a distinguir otros sonidos a lo lejos.
Solía hacer esto seguido con Ambrose cuando era más joven. Era una de las pocas distracciones que tenía fuera de los problemas del Agujero. Aunque ahora podía pasear sola, Ambrose nunca la dejaría irse sin su protección. Siempre estaré ahí para ti, pequeña ave. Solía decirle cuando tenía miedo.
—¿Sabías que hay un túnel secreto por aquí? —preguntó Ambrose mientras miraba el paisaje. —Está separado de los demás, lo hicieron como una ruta de escape alternativa para el rey.
—¿Supongo que ya lo has visto antes? —dijo desinteresada.
—Fue el túnel que usé para escapar del castillo cuando Friedrich lo quemó —dijo Ambrose e hizo una pausa. —Sus soldados habían seguido a los demás por los túneles. Yo me quedé al final, intentando proteger a tu padre. Esperaba llevarlo a él por ahí, pero…
—Nunca me habías contado eso —ahora tenía su atención.
—Probablemente habría muerto a su lado, pero tenía que marcharme. Me lo ordenó. No podía dejarlos solos, a ti, Thomas, Knut… Ewald, eran sólo niños. Después de ver lo que Friedrich hizo con tus padres.
Sabía lo que le había pasado a su madre, fue la primera en morir en medio del gran salón. El suelo pintado de rojo con su sangre y la de su próximo heredero derramada en vano. La gota que derramó el vaso cuando se acercaban a la paz.
Pero, no sabía a qué se refería con su padre. —¿Qué le hizo a mi padre? Dijiste que no lo viste morir —cuestionó advirtiendo.
—Mentí —contestó Ambrose con simpleza.
Sintió que se le calentaba la sangre. ¿Cómo es posible que Ambrose me haya mentido con algo tan importante? Darcee le lanzó una mirada prejuiciosa.
—Jamás quise decirte. No había necesidad de sembrar más odio.
—No es que me haga falta. Sabes que puedo entrar en tu mente —dijo con rencor.
—Sí, pero no lo harás —él se giró hacía ella después de evitar su mirada.
Darcee trató de tranquilizarse. Lo respetaba demasiado como para adentrarse en su mente. Jamás lo había hecho, y aunque la curiosidad la mataba, no se atrevería a romper ese lazo de confianza ciega que tenía hacía su cuidador. Más que su cuidador, se había convertido en su figura paterna.
—Bien, ¿algún día me lo dirás? —preguntó resignada.
Ambrose negó con la cabeza. Tal vez debía aceptar que, por alguna razón, él se había prometido jamás decirle.
De cualquier forma, nada cambiaría. Su padre estaba muerto y Ambrose era el único testigo.
Por las palabras que dijo, Friedrich lo habría asesinado.
Darcee prometió que, cuando el momento llegara, Friedrich tendría una muerte muy lenta y dolorosa.
Por toda la sangre que tomó de su familia .
A su paso, visualizaron una cabaña oscura de madera. Rodeada de un jardín terroso con trampas, jeroglíficos escritos con sangre y colgantes en varas de madera. Claramente decían a la vista. Sea bienvenido, sírvase un té .
Las ventanas estaban protegidas con barrotes de metal, y el lugar parecía abandonado. A excepción de un jardín situado al lado este de la casa, tenía distintos tipos de ingredientes, plantas y hongos.
—Este lugar está hechizado con magia oscura —Ambrose puso un brazo frente a ella.
—Lo sé, tenemos mentes muy brillantes por aquí.
No me sorprende que se hayan ido del Agujero —Darcee dio unos pasos adelante, analizando cada rincón del lugar.
Ella alzó sus manos a la cabeza, tratando de comunicarse con cualquiera que la escuchara.
—¿Hay alguien en casa? —su voz retumbó en su mente.
Alcanzó a ver que alguien abría y cerraba rápidamente la cortina.
—Creo que no hay nadie, o no quieren recibirnos —Ambrose la miró aborrecido .
—Paciencia.
De pronto, vio que se abría la puerta y apareció una mujer mayor.
Vestía con una túnica bordada con flores carmesíes.
Los observó por unos segundos y alzó su mano, radicando un poder oscuro sobre el campo minado.
—Entren —dijo la voz rasposa de la mujer.
La mujer volvió hacia la puerta. Darcee y Ambrose caminaron por el terreno, observando cada detalle de la casa.
La mujer los recibió con una mano extendida.
Por fuera, era una casa terrorífica, pero por dentro, era muy acogedora.
Había colgantes para ahuyentar las malas vibras, formando círculos y figuras con hilos de fibras naturales.
Las macetas decoradas se situaban junto a las ventanas cubiertas con una tela traslúcida.
Tenían distintas plantas y flores para disponer de ingredientes.
La casa no era muy grande, era de un solo piso y estaba débilmente iluminada. La sala se situaba a un lado de la entrada, decorada con colchones de figuras ornamentadas. Junto a las ventanas con macetas, estaba una pequeña cocina de leña abarrotada hasta el tope de ollas.
—Reconozco muy bien al General Dotzel, pero usted, señorita, debe ser la hija del rey Marcus Valtre —dijo la señora dirigiéndose a ella.
Su pelo era completamente plateado y peinado en una cebolla.
Caminaba con cojera y su mirada transmitía paz a cualquiera que la atravesara.
Darcee asintió con gusto. La mujer mayor le devolvió el saludo.
—Me llamo Kaitrin Flade. Para servirles.
—Darcee Valtre. La recuerdo cuando vivíamos en el castillo, Lady Kaitrin —dijo saboreando el dulce sonido de su nombre con elegancia. Ambrose lo notó y soltó una carcajada ahogada.
Kaitrin sonrió al escuchar su título nobiliario. —Lo sé, te conocí cuando eras una bebé. Te has convertido en una mujer bella. Dime, ¿cómo está mi nieto? —preguntó con nostalgia .
—Está bien. Quería venir, pero tenía otros planes —sonrió apretando los labios.
Podía sentir su nostalgia. Heiner no hablaba mucho de ella después de la guerra.
Su madre y su abuela Kaitrin estaban destrozadas por la muerte de su padre.
Neff seguía siendo un niño cuando sucedió, no tuvo más opción que mantenerse fuerte cuando la crisis llegó, alguien debía alzar la voz por su familia.
—¡Lo siento! Los años me han vuelto muy sentimental. No les pregunté el motivo de su visita —Kaitrin vio sus manos tristes y luego dirigió su mirada a Darcee.
—Necesitamos disponer de los talentos de su nieta. Una poción —dijo Darcee al notar que alguien se acercaba por la puerta de la cocina.
—¿Hicieron un encargo? —una mujer cruzó las tiras de tela que cubrían el paso del cuarto. Evelyn Novack . La hermana del difunto padre de Heiner. La familia Novack se caracterizaba por su gran estatura y palidez. Evelyn tenía el mismo cabello liso que Heiner, solo que el suyo era oscuro.
—Ambrose, ¿cómo estás? —preguntó mientras se recargaba sobre el marco de la cocina.
—Envejeciendo, igual que tú —le lanzó una mirada juzgona. Sabía que ellos eran buenos amigos en sus tiempos, pero no pasó por desapercibido su insulto.
—Mira quién lo dice —se quejó Kaitrin mientras se sentaba cuidadosamente en el sofá.
Evelyn dirigió su mirada hacia ella. —Mi querida Darcee Valtre, supongo que necesitas a mi hija para tus maquiavélicos planes.
Ninguna palabra salía de su boca sin lanzar veneno, sintiéndose superior a los demás, solo por tener el mejor conocimiento que alguien vivo podía darse el lujo. Aunque francamente, no le interesaba un bledo lo que pensara de ella. —Así es, necesito que Emma prepare algo para mí.
Evelyn soltó una carcajada. —No creo que supieras su nombre. A menos que Heiner te lo haya dicho, o acabas de descubrirlo por ti misma.
La irritaba demasiado. Es obvio, cualquiera de las dos opciones. No hay necesidad de mencionarlo . Exclamó en su propia cabeza mientras seguía sonriendo. —La conocí cuando aún vivían en el Agujero, por si no lo recuerdas —admitió cortante.
Evelyn sonrió forzadamente. Alguien más entró a la habitación desde la cocina.
Emma Harth . Los Harth eran una familia muy respetada en Valtremix desde sus inicios.
Junto con los Valtre, fundaron el reino.
Sus poderes residen en la magia oscura en su máximo esplendor.
No había nada que pudieran hacer mal cuando se trataba de lidiar con los planos del inframundo, que podían convocar a su antojo para condenar a sus enemigos.
Estaba segura de que ella colocó las trampas de la casa.
Si tan solo lo deseara, podría convertirse en un arma peligrosa.
Emma lucía de la misma edad que Ewald, y cree recordar que ambos nacieron en el mismo año, justo antes de que estallara la rebelión.
—¿Qué están discutiendo? —preguntó mientras se acercaba. Era la copia reencarnada de su madre. A excepción de su cabello ondulado, su estatura baja, y sus intensos ojos como el café agrio. Solo esperaba que no fuera tan insoportable como ella.
—Emma, querida, ellos son…
—Se quiénes son, abuela. Los escuché al entrar —Emma contestó con una voz tan suave que era imposible enfadarse con ella. Miró directamente a Darcee mientras se dirigía a la sala. No la culpaba por desconfiar.
—Entonces, ya sabes por qué estamos aquí.
—¿Qué necesitan? —Emma se paró frente a ella.
—Necesito una poción que deje lo suficientemente inconsciente a alguien por un breve tiempo. Claro, de la forma más discreta posible —miró hacia los ingredientes colgados en las ventanas, examinando el contenido de cada uno.
—¿Para quién sería? —preguntó Emma, curiosa.
—Es mejor que no sepas —Darcee alejó la mirada de Emma.
Emma resopló. —Necesito saber para quién la preparo, para que reaccione en contra de su poder. Algunos son inmunes a ciertas sustancias.
Como Knut . Él era inmune a cualquier veneno. Darcee la miró brevemente y comenzó a pasearse por la habitación. —Arnold Friedrich.
Evelyn soltó una carcajada. —¡Estás loca!
—Pensaba verterlo en un vino para su reserva, sin embargo, no tengo intención de asesinarlo de esa manera —siguió dando círculos mientras toda la atención se dirigía a ella.
—Debo admitir que sería un honor para mí —Emma sonrió con maldad.
—¡Ahora me entiendes, querida! —Era lo mejor que había escuchado todo el día.
—¡Emma! —Evelyn exclamó frunciendo el ceño.
—¿Qué? Gracias a él tenemos que escondernos aquí. Si esto ayuda a lo que sean que planeen para ser libres, haré la poción —Emma tenía la misma desidia de su madre. Evelyn la miró completamente enfadada. Al parecer, alguien tendrá que pasar por una discusión más tarde por esto .
—No te preocupes, la paga valdrá la pena.
—¿Me pregunto de dónde vendrá ese oro? —dijo Evelyn.
—Mientras sea real, no importa de dónde venga —Darcee extendió su mano hacia Emma y la otra la posó sobre su cadera.
Emma extendió su mano y observó a Darcee a los ojos. —Hecho.
Darcee sonrió en respuesta. La primera promesa, el primer ladrillo del gran plan. Friedrich caerá ante nosotros, cueste lo que cueste.