Herederos de Cenizas (Valtremix 1) 8.
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La práctica de hoy con Thomas fue, en términos exactos, productiva.

Aunque conociéndolo, sabría que se regañaba a sí mismo por no alcanzar sus altos estándares.

Heiner no tenía la intención de presionarlo, es decir, no tenía la necesidad de hacerlo.

Las cosas seguían su ritmo habitual y eso lo frustraba.

La gente del Agujero necesitaba un cambio, para bien.

Ambos caminaron por los túneles iluminados con esas magníficas gemas de luz.

Había algo en ellas que lo tranquilizaba.

Entre la humedad del túnel, que se impregnaba fuertemente en su saco de lana, y el olor a viejo que deseaba desaparecer, los rayos de las gemas tenían un brillo celestial.

Y de pronto, aparecieron en su memoria aquellos días en el Castillo Real, cuando el mundo brillaba y nada le preocupaba.

—Sé lo que piensas —habló Thomas apresurado.

—¿En serio? No me sorprende —también pensaba que Tom no podía quedarse callado.

—Ja, ja. Qué gracioso.

—Entonces, dilo de una vez. Yo no puedo ver tu cabeza.

—Seis personas... Podría alcanzar más, pero temo que… podría dejarlos ciegos —dijo Thomas suspirando.

—Lo has hecho bien — afirmó convencido.

Thomas tenía que alcanzar cierta distancia para que la gente no pudiera verlo o detectarlo a simple vista. Era como controlar las ilusiones, pero en este caso, controlar el ojo humano para que no pudieran verlo.

—Si tan solo fuera tan fácil enseñarles a los demás. ¿O no?

A veces le cansaba su actitud pesimista, aunque Thomas no era ese tipo de persona, sabía que estaba exhausto.

Los demás no lograban los avances que él sí conseguía.

Otros se esforzaban lo suficiente, pero al día siguiente, ya no podían conjurar nada de lo logrado.

—Están cansados, tienen hambre. No es fácil entrenar a la gente cuando tienen el estómago vacío.

—No me sorprende que se rindan—. Hubo un breve silencio. —Si tan solo Darcee aceptara nuestro plan.

Heiner se detuvo, y observó a Tom. Deja de hacer eso . Pensó, pero esta vez no lo estaba leyendo. No podía juzgarlo por la situación en la que vivían.

—¿Qué? —Thomas lo observó por un breve momento y suspiró de nuevo.

Heiner se giró y siguió su camino junto a Thomas desde atrás. Sentía sus dedos congelarse y cerró los puños.

En esa época del año, el Agujero empezaba a enfriarse y había partes donde el frío penetraba hasta en los huesos si no estabas lo suficientemente cubierto.

Las zonas más cálidas eran donde dormían y en las áreas comunes, debido al calor corporal de la gente.

Sin embargo, a veces no era tan placentero estar entre la multitud debido a la falta de higiene y prefería huir a la soledad.

—¿Qué pasaría si ella está de acuerdo en algo y yo no lo estoy? —preguntó mientras seguían caminando. Habían entrado en una de las zonas donde la gente solía trabajar o pasar el tiempo.

—Ambos tienen que estar de acuerdo— afirmó.

—Ella será la reina.

—Y tú eres el que carga con la herencia —contestó. Thomas no tenía intención de tomar el trono, si es que existía la posibilidad.

—Pero Darcee también podría pasar la herencia. Ya sé que normalmente se heredan los poderes del padre, pero ¿por qué no los de la madre? —preguntó mientras sus cejas se doblaban en la posibilidad.

—Si la madre es poderosa, puede que sí.

—Cuál sería el caso si Darcee tiene hijos —Thomas sonrió insinuando lo que pensaba.

—¿Con quién? —contestó, satisfaciendo su aburrimiento.

Contigo . Su voz sonó en su cabeza. Heiner se deshizo de ese pensamiento de inmediato. Thomas le dirigió una mirada culposa. —¿Qué debemos hacer? —Heiner miró a otro lado cambiando el tema.

Thomas dejó de sonreír. —Tenemos que convencerla. Tu plan no es malo, solo necesitamos disposición.

—No sabemos de cuántas personas estamos hablando ni a dónde tenemos que ir —el plan era complicado, pero cada pieza estaba en su cabeza.

—Tal vez podamos empezar con la base principal.

—No es suficiente. Necesitamos localizar todas las bases.

—Yo podría hacerlo —respondió dudoso a su propuesta.

—¿Y cómo lo harías? —deseaba escuchar lo que tenía en mente.

—Knut conoce el castillo, él podría guiarme… Por lo que sé, hay pasillos privados para los sirvientes.

—¿Te vestirías como un sirviente? —se sorprendió por su absurda sugerencia. Había cosas más importantes que decir, pero la idea de que un Valtre se vistiera como la servidumbre de los Friedrich le provocaba náuseas.

—Si es necesario —sonaba completamente decidido y forzado.

—¿Y cómo se encargarían de los guardias? Si se dan cuenta de que les han hecho algo, los delatarán.

—Podría dormirlos.

—Sí, pero se darían cuenta de todos modos.

Thomas se quedó pensando mientras caminaban hacia la habitación de Darcee, que se había convertido en el cuartel general. —Podríamos lograrlo... Podrías venir, ver los planos y todo, así no tendríamos que tomarlos.

—O simplemente podrías grabarlos en tu propia memoria.

No me necesitas del todo. Cuando los tengas, podemos usar el orbe de Darcee y yo dibujaré los planos —sus trazos eran indiscutiblemente perfectos.

Su poder le permitía guardar cualquier pieza de información o imagen sin tener que volver a preguntar, ese era el poder de la familia Novack.

A cambio, un Valtre podía proyectar las memorias a otras personas, pero, si llegaran a olvidar alguna, les resultaría difícil recordarla hasta llegar a un punto de meditación interna. Claro que cuenta con que Thomas no olvidaría algo tan importante, si es que llegaran a realizar ese plan.

—Bien, sin tan solo Knut tuviera acceso a la oficina, no sería tan complicado —murmuró quejándose, mientras abrían la puerta del cuarto .

Knut estaba sentado en una de las sillas del comedor, cubriendo su frente con un trapo mojado. Darcee revisaba sus heridas en el brazo. Al parecer, se había metido en una pelea y salió con bastantes raspones. Heiner se adelantó para revisar a Knut.

—¿Qué te pasó? —preguntó Thomas mientras cerraba la puerta.

—¡Me atacaron unos mocosos! —dijo Knut con la voz rasposa de manera dramática.

Thomas soltó una risa ahogada. —¿Y por qué te atacaron?

Knut le lanzó el trapo a Thomas a la cara. Nadie más se atrevería a tirarle algo en la cara a un Valtre más que Knut, entre ellos, su relación era de hermanos.

—¡No es gracioso, Tom! —Knut le protestó mientras Thomas se partía de risa.

—¿O es que alguno de ellos te gustó tanto que no pudiste atacarlo? —preguntó riéndose. Knut frunció el ceño aún más.

Darcee se levantó y fue a tomar una copa de vino que había dejado sobre su escritorio, no tenía la paciencia para soportarlos. Heiner se levantó y consiguió unas vendas de un cajón de la alacena del cuarto, ignorando la discusión que explotó entre estos dos y regresó enseguida.

—Knut, ignóralo. Cuéntanos desde el principio, por favor —dijo Heiner mientras caminaba hacia el grupo y esperaba que ambos cerraran la boca.

—Estaba espiando a Friedrich. Este chico me vio y traté de seguirlo —dijo con rabia. —Quise traerlo aquí, pero...

—¿Le ha dicho algo a Friedrich? —preguntó Thomas.

—No sé, pero me amenazó con decírselo.

Heiner empezó a vendar el brazo de Knut. Tenía una cortada de daga, golpes en la espalda y raspones. Darcee se había encargado de curar el chichón de su frente.

—Y, ¿has descubierto algo? —preguntó Heiner mirándolo.

—Sí, Friedrich trata de encontrar los túneles, como siempre, pero ahora —Knut miró alrededor para cerciorarse de que la puerta estuviera cerrada. —Quiere atrapar a los seguidores y ofrecer víveres a cambio de información.

Darcee lo miró indignada y cruzó los brazos —Imposible. Nuestra gente es leal a nosotros —su voz sonó aún más cortante.

—Tal vez, pero la gente muere de hambre. Crees que no nos traicionarían por salvarse —Heiner la cuestionó y ella se quedó pensando. Sabes que tengo razón . Por su cara, podía ver que no quería aceptarlo.

—Tenemos que hacer algo —murmuró Thomas, mirando a los ojos de Darcee para ver su reacción. Tenemos que poner en marcha el plan de una vez por todas . Podría ser bueno descifrando sus pensamientos con solo ver sus miradas.

—Antes de eso… El chico —Darcee miró a Knut.

—¿El chico? El que vio a Knut en la oficina. ¿Qué hay con él? —Heiner preguntó.

—Cierto, podría ser un peligro para nosotros —dijo Thomas con nerviosismo.

—Diles lo que me dijiste —Darcee siguió mirando a Knut seriamente.

¿Qué te dijo que fuera tan importante ? Heiner se preguntó, poniendo atención a Knut.

—El chico… po día controlar las sombras, o bueno, más bien ellas lo protegían a él.

¿Qué? Sintió un nudo en el estómago. Las sombras, imposible. Tal vez esa era la razón por la que Darcee no había hablado mucho.

—Y no solo eso —dijo ella con asombro llevando su puño a su boca.

Knut la vio y supo qué tenía que decir. —Podía escuchar a Darcee. Incluso mencionó su nombre. ¡Podía ver mi mente! —exclamó asombrado.

—¿Qué? —Heiner dejó escapar la palabra de su boca. Ahora sí que era verdaderamente imposible.

—Hoy lo confronté y… no sé cómo, pero se metió en mi mente, me paralizó y me dejó dormido en el bosque —Knut sonó angustiado y miró al suelo derrotado. No le gustaba perder.

Thomas seguía sin captar lo que había dicho Knut. Darcee se dirigió a su escritorio, tomó el orbe de cristal y la trajo hasta la mesa donde Knut se sentaba.

—No conozco a otra familia que pueda controlar la mente, aparte de los Valtre —sonó inseguro. A pesar de que podía cargar con tanto conocimiento en su mente, le aterraba no saber la verdad.

—Están los Verlas —sugirió Thomas.

—No digas tonterías, Tom. Dudo que tengamos un bastardo de los Glanverla en Valtremix —Darcee se rio incrédula. —Ellos son monarcas con amor a las playas.

—Y las piñas coladas —añadió Thomas alzando el dedo.

—Y… sus poderes son los glamours. Se meten en tu ca beza para saber lo que más deseas, no te mandan a dormir —añadió Heiner.

—¿Y si lo que más deseas es una siesta? —Thomas siguió.