Capítulo 27 #3
Artemisa corrió a luchar contra ella seguida de Erick y Cernunnos.
Ellos se encargarían mejor que nosotras de lo que fuera que fuese eso.
Nos centramos en dirigir nuestros ataques a Valeria.
Fuimos haciendo como un baile, mientras una abría camino otra le lanzaba algo.
Intentamos seguir el método que habían usado antes Manuela y Elena, pues parecía haber funcionado, al menos habían conseguido darle.
Así que mientras ella creaba un hechizo para lanzarnos a nosotras que le dio a Clara y la dejó fuera de juego al instante, no la mató de eso me aseguré, Almudena creó una torre de agua que lanzó hacia ella y yo impulsé mi energía como antes, más controlada y enviando dentro de la descarga una bola de fuego de Elena que impactó de lleno contra Valeria de nuevo.
Sin dejarla recuperarse, mi madre y Luján la atacaron con varios hechizos de nuevo, mi madre la rodeó de lianas y lianas que salieron de todas partes y ella se defendió intentando cortarlas con sus propias manos.
Cada vez estaba más nerviosa, no mantenía la cabeza fría para atacar, cosa que su ira la impedía.
Era algo que siempre había visto en ella, pero ahora estaba más marcado aún.
Creo que era lo que su madre intentaba hacerla ver, que debía controlarse para vencer, pero no es fácil y menos para una persona como ella.
Intentó atacar a mi abuela, gran error, pues era de las personas más fuertes de la sala y mejor que ella no sabíamos defendernos ninguna.
Al no poder y desviar mi abuela su ataque, cogió a Luján del cuello, la levantó hasta que sus pies dejaron de tocar el suelo y puso su mano cerca de la frente de Luján.
Todo lo que llegué a ver antes de que apareciera Almudena y la embistiera, fue cómo intentaba meterse dentro de su cabeza.
Pero mi amiga corrió en socorro de su prima con una fuerza increíble.
Lancé una bola de energía para ayudarla a que no se volviera a acercar a nadie.
La fuimos acorralando en un lateral de la sala, pues en el otro seguían luchando contra la bestia sin nombre a la que parecía que iban venciendo.
Tenía clavadas varias flechas de Artemisa en los ojos de una de sus cabezas, y algunos tajos de la espada de Erick en varias partes de su cuerpo.
También habían conseguido cortarle la cola y sangraba bastante.
Por lo que vi, ninguno de ellos estaba herido, menos mal.
Nos acercamos a Valeria, sin dejar de lanzarla hechizos para que no se recuperara y nos atacara de nuevo.
Las demás se unieron a nosotras en varios de los cánticos que salían de nuestros labios.
Los hechizos la mantenían sujeta con unas cuerdas invisibles, se retorcía intentado escapar.
Sus ojos nos miraban con fuego y un odio visceral.
Sentí que si no acabábamos con ella en ese momento no sobreviviríamos.
Esa furia que la estaba inundando, si estallaba, no saldríamos de allí, y dudo que no fuera algo mucho más grave que solo nuestra muerte con esa explosión de poder. Le sentí en su interior.
Tomé las manos de las brujas que tenía más cerca, era mi abuela la que estaba a mi izquierda, y Elena a la derecha, y entre las tres, mientras las demás continuaban pronunciando los hechizos, nosotras nos acercamos a ella como había hecho mi abuela antes con su madre.
Esta vez, fui yo la que absorbí el poder de las dos, cerré los ojos, eché la cabeza hacia atrás, respiré hondo, y sin apenas tocarla lancé mi energía hacia ella, sintiendo como su rabia y su odio desaparecían poco a poco, a medida que de su cuerpo se perdía la vida.
Cuando acabó, abrí los ojos y vi su cuerpo allí, tumbado medio de lado, inerte, y sentí que me abandonaban las fuerzas.
Elena corrió a mi lado para sujetarme justo antes de que mis piernas se doblaran para evitar que cayera a plomo y me hiciera daño.
Acababa de matar a una persona. Tenía que asimilarlo, tenía que hacerme a la idea, por mucho que se lo mereciera, que fuera ella o nosotras, había quitado una vida.
Miré hacia el portal, que al morir Valeria no se mantenía del todo, y mi abuela se apresuró a cerrarlo con ayuda de Luján.
Después giré hacia la otra lucha, y vi cómo en ese momento Erick le clavaba la espada al monstruo en el pecho con un golpe mortal.
Cayó a plomo sobre el suelo y ya no volvió a levantarse.
Erick me miró, agotado intentado recuperar la respiración, y me dedicó una sonrisa.
—Se acabó. Hemos acabado con ellas.— Mi abuela se sentó a mi lado y me acarició la cabeza.— Lo has hecho muy bien, cielo. Eres toda una luchadora.
—Pero no hemos sobrevivido todas.— Señalé con la cabeza el cuerpo de la bruja que había caído al principio.
—En una batalla todos perdemos algo o a alguien, es inevitable. Lo lamento mucho, pero solo doy gracias por no haber perdido más vidas. Podía haber sido una masacre.
—Es verdad, pero aun así me siento mal.— Erick vino hacia mí y se sentó a mi otro lado.
Estaba cubierto de la sangre de las dos criaturas que había matado.
— Eres todo un campeón con la espada, has conseguido matar a dos seres que podían habitar perfectamente en un mundo de pesadillas.
Por cierto, ¿Qué era eso último que ha salido del portal?
—Sinceramente, creo que no sale en ninguno de los libros que he estudiado. Pero entre los tres, hemos podido con él, es lo que importa. Aunque sí añadiré una entrada en mi cuaderno con la descripción de esa criatura y cómo se la mata.
—Eso es muy inteligente, me gusta cómo piensas.— Mi abuela sonrió mirándonos a los dos.— Tienes un buen guardián Hiedra, me gusta este chico. Y ahora creo que deberíamos pensar en salir de aquí. Pasaré antes por la otra sala para recoger el libro que usaban ellas.
—¿Qué harás con él? ¿Y con el cuerpo de Valeria?
—No lo sé. Está visto que por más que le han escondido ha seguido saliendo a la luz y llevando por mal camino a brujas que podían haber sido muy buenas.
Seguramente le destruya. En cuanto al cuerpo, lo quemaremos en el bosque, no estoy tranquila si lo enterramos, tanto por la posibilidad de que lo encuentren como porque pueda despertar, vete a saber.
Nos levantamos y utilizando un par de hechizos de levitación llevamos los cuerpos de las dos, tanto de la bruja caída como el de Valeria, con nosotras. Entre mi madre y yo los envolvimos en plantas, enredaderas para Valeria y flores para nuestra compañera.
Todas salimos de esos túneles en silencio, como si hablar habiendo perdido a una compañera fuera un sacrilegio.
También estaba el hecho de que estábamos agotadas.
Necesitábamos una buena ducha y algo de descanso.
Pero antes de eso, cuando aparecimos de nuevo en el instituto, cogí el brazo de mi abuela para hacerla saber que no iría sola al bosque como pensaba hacer.
Pusimos un hechizo de invisibilidad a los cuerpos, pues por mucho que les hubiéramos cubierto de flores, se distinguía lo que había dentro de la crisálida, y no creo que la gente con la que nos cruzáramos pensara que era algo normal. Mejor no llamar la atención.
Tomamos la dirección del bosque donde había conocido al elfo, y en ese claro, dispusimos un par de pilas de madera rectangulares. Colocamos un cuerpo encima de cada una y con una pequeña antorcha prendimos mi abuela la de su compañera de aquelarre y yo la de Valeria.