Capítulo 27 #2
Vi cómo se escapaban un par de lágrimas de los ojos de su madre, y realmente me asusté, porque podía ocurrir algo muy malo.
Quise intervenir, pero no sabía cómo hacerlo para que la soltara sin que cayera y se diera un buen golpe contra el altar.
Miré a Elena y a su hermano, a mi madre y a mi abuela, y comprendí que debía atacar.
Hice una señal a Manu para que cuando consiguiera que la soltara creara un viento que la frenara un poco el golpe.
Asintió con la cabeza, se preparó y me dejó hacer.
Comencé a mover mis manos formando círculos y formas que vinieron a mi cabeza sin conocerlas pero de las que mi instinto me decía que eran las apropiadas.
Mis labios acompañaron a mis manos con una letanía en el idioma de las ninfas, primero muy suave después ganando volumen.
Y mientras hacía esto, vi como Valeria se retorcía sobre sí misma y perdía concentración, lo que hizo que soltara a la madre de Elena.
Manuela estaba preparada y la recogió con una ráfaga de viento que la dejó en el suelo sin más problema que algún que otro cardenal.
Sentía como Valeria se cabreaba por momentos, y la vi dibujar con sus labios algo, una especie de llamada.
No tardó en aparecer el ser que habíamos visto antes, su tía con la apariencia de babosa gigante.
Nos apartamos a las paredes, pues aunque tenía una forma que no podía ser demasiado peligrosa al ser tan grande, se movía con una ligereza para atacar bastante aceptable.
Tenía unos dientes de los que caía una especie de saliva verde que no debía ser muy sana.
Sentía a Valeria reírse al ver como intentábamos huir del monstruo.
—Para los que no la conocéis, os presento a mi querida tía.
Mi madre tuvo la grandiosa idea de lanzar su cuerpo a otro plano cuando murió, con la suerte de que acabo en uno algo extraño donde enterraron su cuerpo para utilizarle de nuevo siendo la mitad del tiempo humana sin comprensión más allá de las órdenes que le puedas dar, y la otra mitad una babosa como la que estáis viendo.
Cuando mi madre me dijo lo que había hecho la traje a este plano, así me aseguraba un guardián perfecto. — Sonrió, pagada de sí misma.
Esta familia tenía unas ideas algo raras sobre lo que era quererse. No me extrañaba que estuviésemos luchando con ellas. Erick se aproximó con el hacha hacia la mujer-babosa.
—Dejádmela a mí. Esto es mi terreno, vosotras luchad para acabar con la bruja. Esto lo tengo controlado.— Levantó el hacha, sonrió mirando a la babosa de frente y se lanzó a por ella.
Me volví para ver cómo soltaba un golpe por la derecha, pero la babosa se retorció y le esquivó con una facilidad que nunca hubiera pensado que tendría.
Erick se dio la vuelta antes de que le alcanzaran sus fauces, rodó en el suelo y desde abajo le clavó, esta vez sí, el hacha.
Se apartó y cambió el hacha por la espada, se acercó de nuevo a ella, que intentó darle una dentellada, le rozó el brazo pero no llegó a clavarle a fondo ningún diente.
Erick trazó un arco con la espada y le hizo un corte en el lateral del cuello a la bestia, de él manó una sangre verde como la del golpe anterior.
La babosa se estaba poniendo nerviosa al verse acorralada y empezó a moverse para huir, pero él no le dejó, hizo una voltereta en el aire y volvió a hacerle un tajo en el cuello.
Pero la criatura era dura, seguía manteniéndose en la lucha, intentó morderle pero volvió a fallar.
Erick se subió a su lomo de una cabriola y con toda su fuerza clavó la espada en su cabeza.
La criatura cayó a plomo sobre el suelo y ya no se levantó más.
Vi como Erick jadeaba sonriendo, bajó de la bestia y perdió pie.
Fui corriendo a ayudarle y vi como el rozón que tenía en el brazo se estaba poniendo de un color muy raro y se le extendía.
Me giré hacia mi abuela que se acercó deprisa y me tendió una poción de su mochila.
Se la di para que la bebiera y quedé un poco para ponérselo directamente en la herida.
Lentamente vi cómo remitía y se curaba. Respiré profundamente para tranquilizarme y le sonreí.
Todo pasó en segundos, y estaba tan centrada en ayudarle que no me había dado cuenta de que a Valeria no le había sentado demasiado bien que matara a su perrito guardián.
—Vaya, no está mal. Mi madre encerrada, permitidme que os diga que no creo que dure mucho más ahí, pero allá penas.
Mi tía muerta. Esperaba bastante menos de vosotras.
Pero no os va a durar la suerte.— Alzó los brazos recitando algo en una lengua que no entendí.
Un tornado se comenzó a formar dentro de la sala, nos agarramos a las columnas como pudimos, y en una de las veces que pude abrir los ojos vi que la cúpula que cubría a su madre se estaba desintegrando.
Intenté lanzar un hechizo pero no conseguí que llegara hasta Valeria, pues el viento que había a su alrededor la protegía.
Esta lucha se estaba haciendo más larga de lo que había imaginado.
Si seguíamos así, no aguantaríamos mucho más, pues aunque no estábamos cansadas, los recursos que usábamos eran parecidos y siempre los esquivaba.
Teníamos que buscar otra manera de actuar.
Usé mi mente para intentar comunicárselo a las demás, no sabía si funcionaría pero al menos lo tenía que intentar.
Se me había ocurrido algo. No quería mandarla al plano de Adríades, pero si a su tía la enviaron a otro, podríamos hacer lo mismo con ella y su madre.
Aunque eso también implicaba arriesgarnos a que pudieran volver en cualquier momento.
Antes de que pudiera hacerles partícipes de mis pensamientos, vi que Elena preparaba en sus manos unas bolas de fuego, miró a Manuela y esta comenzó a mover el viento, lo que logró crear un pequeño agujero en esa barrera por donde Elena aprovechó para lanzar el fuego, que impactó en el cuerpo de Valeria y provocó dos cosas, cabrearla más y que bajara la concentración en el salmodio que decía y así el tornado se suavizó.
Vi que mi abuela, mi madre, la madre de Elena y Artemisa centraron su atención en la cúpula de la que ya no quedaban más que los restos de ramas desperdigados por el suelo.
Allí estaba la mala bruja que había iniciado todo esto, mirándolas con una sonrisa retorcida muy parecida a la de su hija.
Aún mantenía las manos atadas pero no parecía que fuera a durar mucho así.
—No sabéis cuánto he ansiado este momento. El poder destruiros con el aliciente de ver cómo sufrís al ver morir a vuestras hijas, me proporciona un placer indescriptible.
—No cantes victoria todavía, seguimos vivas, y vamos a mantenernos así mucho tiempo.— mi madre le lanzó una especie de hechizo que no la había visto usar nunca. Algo rodeó a la bruja, pero además la envolvió en un halo verde que no sabía muy bien qué era.
—Esperábamos que hubieses recapacitado estos años, pero ya veo que no es así.
Me costó mucho encerrarte, mantenerte con vida en una cueva mientras mi mente daba vueltas y vueltas a si había hecho bien al tenerte allí.
— Mi abuela se acercó paso a paso a ella mientras hablaba.
— ¿Cómo pude ser tan tonta? No vi el monstruo en ti, solo quería creer que entrarías en razón en algún momento.
Se acercó a ella, tocó su frente recitando algo que no llegué a escuchar, y vi cómo una luz salía de sus manos mientras la otra se retorcía de dolor.
Las que estaban cerca de mi abuela se acercaron a ella para prestarle poder, y entre todas la luz se hizo aún más fuerte.
Apenas dejaba ver, creo que solo yo conseguí que mis ojos vieran algo.
Las demás se cubrieron con los brazos de esa luz cegadora.
Cuando desapareció, la madre de Valeria ya no estaba.
Se había desintegrado, o eso creo. No sé si es exactamente así, pero ya no sentía su energía.
—¡No! ¡¿Qué habéis hecho?!— Valeria se llevó las manos a la cabeza, en un gesto de locura y desesperación.- Pagaréis por esto. Ahora vamos a jugar en serio.
Trazo un círculo con sus manos mientras invocaba a algunos monstruos de otro plano.
Mi abuela corrió para apartarnos de esa puerta que había abierto y de la que salió una especie de perro del infierno.
El cuerpo, de perro con dos cabezas, una de basilisco y otra de araña o algo así, solo sé que tenía un montón de ojos. Y para rematar una cola de escorpión.
—Eso os mantendrá entretenidas a algunas. ¡A por ellas!— Gritó dirigiéndose a la bestia.