Capítulo 26 #2
—No te engaña. Era la hermana que creíamos que había muerto. Esa sala tenía un altar donde estaba uno de los libros que fueron usados por ellas hace años. Lo hemos dejado allí por si vuelve, pues parece que es lo que ella guarda.
—Aquí no había nada más que alimentos. Es como un refugio, imagino que lo que Valeria utiliza para descansar. Debemos seguir.
Y así, continuamos por el oscuro túnel que se abría ante nosotras.
No habíamos recorrido mucho más terreno cuando notamos una pendiente al caminar, se adentraba más en la tierra.
Eso nos llevaba a pensar que no podía estar en algún edificio, sino que solo lo utilizaba para acceder a este lugar.
Vimos otra bifurcación y miré a Elena que era la que caminaba detrás de mí.
La vi suspirar y escoger el camino de la izquierda de nuevo.
El de la derecha volvía a tener inclinación, imagino que llevaría a alguna salida, pues no podíamos estar dando vueltas por debajo de media ciudad.
Continuamos y al poco se abría una gran sala delante de nosotras, sin puerta, simplemente el camino acababa en ella.
Era bastante grande, circular, con columnas que sujetaban el techo todo alrededor.
Algunas antorchas se encendieron al entrar nosotras en la sala.
En el centro, otro altar, esta vez con una vasija antigua.
Algo en mi interior me decía que saliéramos corriendo de allí, pero intenté no asustarme.
Dejé a las demás que se esparcieran por la sala para investigar pero agarré a Erick para que se quedara a mi lado.
—¿Qué ocurre?
—Algo no me gusta. Está demasiado tranquilo. Y todo mi cuerpo intenta salir corriendo de aquí.
—¿Crees que es una trampa?— Me miró a los ojos fijamente.
—Puede ser. No sé qué encontrarán las demás, pero aquí no debemos estar. O al menos deberíamos tener cuidado.
—Muy bien.— Empezó a llamar a las demás por gestos para que se acercaran como si hubiésemos descubierto algo.— Chicas, vámonos. Hiedra siente algo malo aquí.
No nos dio tiempo a escuchar lo que pensaban.
De repente, un humo morado oscuro apareció en el centro de la sala.
Las antorchas que había en las paredes desprendieron llamas más fuertes durante un par de segundos y se apagaron dejándonos a merced de lo que fuera que estuviera allí.
Elena actuó y volvió a hacer aparecer llamas a nuestro alrededor, a la vez para protegernos y para ver lo que se nos presentaba.
Todas nos quedamos mirando al frente pues del humo había aparecido Valeria, pero no estaba exactamente igual a como la recordábamos, sino algo distinta.
Su expresión denotaba maldad pura, ira, rabia, y toda clase de emociones y sentimientos que no auguraban nada bueno para esa chica.
Por otro lado había adelgazado mucho desde la última vez que la había visto, las ojeras y los pómulos se le marcaban tanto que le daban una aspecto un tanto siniestro.
Nos lanzó una sonrisa sádica que al menos a mí, me hizo estremecerme.
—Hola chicas. ¿Qué tal estáis? Veo que me habéis encontrado, permitidme que os diga que os ha costado más de lo que pensaba, llevo esperando bastante tiempo. Pero ya estáis aquí, a mi merced, no sabéis lo bien que lo vamos a pasar.— Esa sonrisa otra vez, ponía los pelos de punta.
—No vas a hacer nada a estas chicas, no lo permitiremos.— La madre de Elena se adelantó para protegernos y mi madre la imitó.
—Oh, ya veo. Os habéis traído a vuestras mamás para que os protejan, muy bien, entonces acabaré con todas, al fin y al cabo ellas también tienen algo por lo que pagar.
Encerrasteis a mi madre y matasteis a mi tía, creo que iros de rositas no fue demasiado justo.
— Alzó el brazo y con un leve movimiento de muñeca lanzó a las dos hacia una de las paredes.
El golpe sonó en toda la sala y no pude por más que ir corriendo hacia ellas.
— ¡Quieta donde estás! O iré una por una hasta que veas morir a todas tus amigas y tu familia.
—¿En serio crees que podrás con todas nosotras?— Almu se colocó a mi lado.
—Uy, sí. No sabéis de lo que soy capaz. Y ahora, si no os importa, vais a veniros conmigo.
Tendréis el gran honor de conocer a mi padre.
A mi madre creo que ya la habéis visto, no pensaríais que no se dio cuenta de que estabais allí aquel día.
Por muchos hechizos que lance tu abuela— dijo dirigiéndose a mí.
— Mi madre siempre será más poderosa. Lo que visteis fue una ilusión, lleva tiempo en esta cueva, me ha entrenado para que llegue a ser más poderosa aún que ella.
—No te las vas a llevar a ningún sitio mientras yo esté aquí.— Erick se colocó delante de mí como había hecho mi madre. Intenté quitarle para que no le hiciera nada, pero se mantuvo firme.
—¡Qué mono! Pero por más que lo intentes no vas a conseguir protegerlas.
Lo siento pero soy más fuerte que tú.— Volvió a levantar el brazo, pero antes de que pudiera girar de nuevo la muñeca o lanzar algún hechizo, vi como unas lianas la atrapaban y la sujetaban con fuerza.
Miré hacia el lugar de donde procedían y vi a mi madre controlarlas como una extensión de su propio brazo.
— ¿Pero qué es esto?— Se miró con asombro y en sus ojos apareció una oscuridad que no la había visto nunca.
—No les harás daño. Y me gustaría no tener que hacértelo a ti, pero si no queda más remedio, lo haré.
—Y piensas que con unas simples lianas me vas a parar.— Soltó una carcajada que me heló los huesos.— Ni lo pienses.
Tiró del brazo y se intentó soltar, pero no pudo.
Su cara de cabreo fue creciendo a medida que intentaba liberarse, pero cuanto más fuerza hacía más prietas estaban las lianas.
Mi madre había aprovechado para lanzarlas a su otro brazo y así mantenerla sujeta.
Valeria era impaciente, joven, y su rabia no la dejaba pensar.
Hizo cuanto pudo por arrancarse de la sujeción de mi madre, hasta que de repente sentí una voz, algo que solo oía yo al parecer, que la decía que se calmase y actuara como la había enseñado.
Me quedé mirando a las demás, por sus caras no sabían que había algo más allí con nosotras.
Luego miré a Valeria, que respiró profundamente un par de veces, y comenzó a recitar un hechizo. Avisé a las demás.
—Aquí hay algo que nos observa, tened cuidado, la está guiando.— Les dije en voz baja. Pero aun así sentí que me había escuchado.— Era una voz femenina, puede que su madre no ande lejos.
Todos nos giramos dispuestos para la lucha, buscando a esa rara mujer que habíamos visto encerrada.
Mientras, Valeria consiguió liberarse, pero mi madre, ayudada por la de Elena seguían luchando con ella.
Lanzaron hechizos de inmovilización, de protección hacia nosotras, sacaron pociones que lanzaron al aire donde estallaban y hacían su efecto al caer sobre Valeria.
Mientras, ella contrarrestaba sus ataques arrojándonos algunos a nosotras que estábamos algo más apartadas de ellas, pero la red protectora que habían creado por delante nuestro no dejaba que penetrara nada de lo que lanzaba, al menos de momento, porque alguna fisura se produciría pronto si continuaban así.
De todas maneras, aquí habíamos venido a luchar, no a quedarnos mirando como lo hacían por nosotras.
Pero antes de que nos diera tiempo a ponernos en modo combate apareció una forma en el otro extremo de la sala.
Era una mujer, imagino que su madre, que se puso a luchar también.
Debía de haber estado oculta vigilando como luchaba su hija.
—¿Luchando contra una adolescente? ¡Qué valientes os creéis!
— Y lanzó un hechizo que pilló a mi madre por sorpresa, la pasó rozando y dio en la pared, dejando un agujero profundo.
— Si te llego a pillar te mato. ¿Así me agradeces todo lo que hice por ti?
¡Si no fuera por mi ayuda tu hija no existiría!
— Gritaba de una manera histérica. Tantos años encerrada debían de haberla pasado factura.
—Eso es cierto, no te digo que no. Pero no compensa todo el mal que hiciste. Y tu hija ha intentado matar a la mía, así que, creo que estamos en paz. Ahora, defenderé a Hiedra hasta que no me queden fuerzas.
—¡Te mataré! Y a tu hija también, y a todo tu aquelarre. Os borraremos de la faz de la tierra.— Hablaba con un odio como no había escuchado en mi vida.
En ese momento se pusieron a luchar entre ellas y Valeria concentró todo su poder en romper la barrera que nos separaba hasta que lo consiguió. Nos lanzó un hechizo conjunto de desorientación que pudimos frenar, y entre las cuatro le lanzamos a ella a la pared donde se dio un buen golpe.