Capítulo 26
Pasamos al ataque.
Abrí los ojos con el primer sol de la mañana, sintiendo cómo su calor me despertaba al día que nos esperaba.
Me vestí y fui a buscar a mi madre que ya me esperaba en el salón.
Fuimos las primeras en llegar a casa de mi abuela, las demás no tardaron demasiado.
Todas preparadas, nerviosas pero listas para la lucha.
Cuando estuvimos reunidas en el salón, se repartieron los tres grupos.
En el primero, Artemisa dirigiría a Almu, Manuela, Luján, una de las brujas que fue ayer con nosotros, Clara y al dios Cernunnos, que había aparecido en el último momento.
En el segundo, dirigido por mi madre con los poderes de Mielikki, la madre de Elena, la otra bruja que fue conmigo, María, y otras dos de su edad.
En el tercero, con mi abuela al mando, iríamos Erick, Elena, y otra de las brujas de la edad de mi madre. Seríamos uno menos, pero no pasaba nada.
Partimos hacia allí en tres coches, les dejamos en la calle donde aparcamos el día anterior, nos bajamos de ellos y nos echamos hechizos de silencio para que no nos escuchara llegar.
Al menos intentábamos todo lo posible para pillarla con la guardia baja, si es que esta muchacha alguna vez la tenía así.
Nos dispersamos, yo seguí a mi abuela por el camino hacia la puerta de atrás, dispuse mis sentidos extras, pero aún no había nada.
Alcanzamos la puerta del instituto sin problema.
Estaba cerrada, pero habíamos estado practicando con ganzúas para abrirlas sin hacer ruido.
Podríamos haber usado un hechizo pero mi abuela se opuso, no quería desperdiciar magia, pues íbamos a necesitar toda la energía que tuviéramos.
Erick nos miró y nos hizo una señal en cuanto estuvo abierta, se puso delante de nosotras con la espada preparada y nos indicó que le siguiéramos.
Entramos a un pasillo que conocíamos bastante bien, pero ahora, sin las luces encendidas, solo con la luz que entraba por las pocas ventanas que había, parecía otro lugar completamente distinto, daba reparo estar allí.
Era como si estuviéramos en un sitio que no quisiera que estuviéramos.
Seguimos caminando, yo miraba a Elena de vez en cuando y creo que ella sentía lo mismo que yo.
Dimos un pequeño rodeo por asegurarnos de que no había nada que nos sorprendiera, pero estaba todo en un silencio algo extraño.
Mis sentidos no escuchaban nada aún, pero podía ser que estuvieran en otra zona y no llegara a sentirlo desde allí.
Llegamos a la sala donde en teoría estaba la puerta oculta y mi abuela nos hizo señas para que nos dispersáramos para buscar.
Me acerqué a una de las paredes, Erick no se separaba de mi lado, juntos íbamos revisando cada esquina, cada saliente.
Seguíamos buscando mientras llegaron los otros dos grupos, no habían tenido ningún encontronazo y se pusieron a buscar con nosotros.
Era una sala grande, con asientos, escenario, y lugares oscuros ya de por si cuando actuaban.
Después de un rato buscando, Manuela y yo coincidimos en un trozo de pared, la toqué el brazo y desplegando su poder sentimos que había corriente de aire.
Nos miramos emocionadas y nos abrazamos.
Avisamos a las demás y nos reunimos todas en ese lugar.
Intentamos abrir de varias formas distintas, empujando el trozo de pared, buscando algún resorte escondido en el quicio de la madera que la rodeaba, lo típico.
Pero fue Elena quien, al apoyarse en la butaca que había justo al lado, posó los pies en una palanquita que apenas se distinguía, y la puerta se abrió.
Miramos dentro, un pasadizo oscuro que se adentraba en la tierra a través de unas escaleras algo estrechas.
Fuimos pasando una a una, siguiendo unas luces que había convocado mi madre.
Aquel pasadizo se ensanchaba al acabar las escaleras, y vimos que seguía un solo camino pero que, al poco tiempo, se bifurcada.
Una de las brujas se metió por el ramal de la izquierda y al poco volvió, había dado con una puerta que, al abrirla, le había llevado a lo que parecía un almacén.
Dedujimos que sería el camino que conducía a la caseta del patio por donde vio Erick salir al bedel.
El otro ramal, el de la derecha, debía de ser el que nos llevaría hacia el centro cultural y esperábamos que Valeria estuviera allí.
Caminamos durante lo que a mí me pareció más distancia de la que había entre un edificio y otro por la superficie, y mientras, no vimos más que paredes a nuestro alrededor.
Nada de puertas o algún otro camino. De repente sentí una presencia, de nuevo esa sensación de algo que se arrastraba, las paré a todas y coloqué mis manos en las paredes.
Venía desde nuestra espalda, algo nos seguía pero no sabía si nos habría escuchado o simplemente estaba haciendo la guardia de un lado al otro del túnel.
Me pareció extraño no haberlo visto al principio, pero igual no nos dimos cuenta de que estaba cerca.
Apuramos el paso, preparados aun así por si teníamos que luchar con ese ser.
Unos pasos más adelante vimos otra bifurcación, no nos daba tiempo a enviar a nadie a investigar así que nos dividimos, la mitad hacia la izquierda y la otra mitad por la derecha.
Mis amigas, mi madre, la madre de Elena, y Erick escogimos el derecho y vimos una puerta después de unos tres metros.
Estaba cerrada, pero Almu lanzó un hechizo silencioso para que se abriera.
No tuvimos suerte, pues debía de tener otro hechizo protegiéndola, así que probaron con otro más fuerte que rompiera el que ya había.
Esta vez sí que pudimos entrar. No lo pensamos y en cuanto se abrió, pasamos.
No esperaba encontrar una sala como esa allí abajo por mucho que me hubiera dicho mi abuela.
Las paredes eran como las del túnel que habíamos estado siguiendo, pero con columnas alrededor y algunos puntos oscuros que parecían tener salientes en las paredes de los que pensé que podía salir cualquier cosa.
Del techo, abovedado, pendía una lampara con algunas velas que daban algo de luz, delante de nosotras había un altar como el de una iglesia pero a la vez, totalmente distinto, pues en él se encontraban dos candelabros con velas negras, el esqueleto de un animal presidiendo, aunque no tengo claro qué animal era todavía, y un libro antiguo abierto por una de sus páginas.
Sin atrever a acercarnos, observamos a nuestro alrededor, pero no vimos que hubiera nadie más allí dentro.
Por señas, les dije que no podíamos quedarnos paradas, deberíamos escondernos por algún sitio, así que nos repartimos entre las columnas y los salientes para poder observar si llegaba a entrar aquella cosa.
Estuvimos esperando un rato, y al poco apareció.
Traspasó la puerta como si fuera algo que no estuviera allí.
Le distinguí por el movimiento que hacía al arrastrarse, pero estaba tan camuflado con la pared que si hubiera estado quieto no le hubiera visto.
Por eso pensé que quizá sí que estaba en el túnel cuando entramos, pero no le pudimos distinguir porque estaba tan inmóvil que pasó totalmente desapercibido.
Dejé de respirar mientras veía cómo se acercaba al altar, y parándose delante se transformó en una mujer.
Esperaba en mi mente que fuera Valeria, pero aunque se parecía, no era ella.
Ésta tendría algunos años más, pero tampoco era la bruja que vimos encerrada en la cueva.
Miré a mi madre, pues desde donde estaba escondida sí que llegaba a verla a ella, y vi en su cara que la había reconocido.
¿Quién sería? ¿Quizá la otra hermana? Pero, según mi abuela había muerto.
Dejaría eso para averiguarlo más tarde, ahora lo importante era que no nos descubriera.
Vi como daba la vuelta al altar, tocaba el libro y sonreía.
Pero no salían palabras de su boca, simplemente se quedó ahí unos minutos, pasó un par de páginas y volvió a la forma de babosa gigante con la que había llegado.
Salió por la puerta de nuevo y continuó su ronda.
Esperamos un tiempo prudencial para salir de nuestros escondites, y cuando lo hicimos, fui derecha a mi madre.
—No puede ser ella.— Me dijo antes de poder preguntarle quién era esa mujer.— Es la otra hermana. Pero hay algo extraño, no puede hablar.
—Lo sé. He notado esa intención en ella y la sensación de rabia al no poder hacerlo. Pero, la abuela me dijo que había muerto.
—Sí, y así creíamos que era. Pero al verla ahora no tengo muy claro lo que ocurrió.
Puede haber varias opciones, como que Valeria la haya traído de vuelta convertida en esa cosa, o que su hermana le hiciera algo y aunque creímos que murió, solo se fuera a otro plano como una babosa gigante.
Tengo que hablar con mi madre, esto es muy raro.
—Vayamos a buscar a las demás, deben de estar preocupadas.— Erick abrió la puerta vigilando antes de dejarnos salir de aquella sala.
Cuando llegamos a la bifurcación tomamos el camino que habían tomado las demás y no tardamos en encontrar otra puerta, pero esta vez el ramal seguía.
Nos miramos antes de intentar abrirla, pero antes de poder decidir si hacerlo o continuar, salieron de esa sala donde ellas se habían escondido.
Y, según pude apreciar al echar un vistazo dentro, había toda clase de víveres para poder sobrevivir y una cama donde descansar.
—¿Qué ha pasado? ¿Estáis bien?— nos preguntó mi abuela rápidamente.
—Sí, vimos a una de las hermanas convertida en una especie de babosa gigante, pero no nos vio. Nos escondimos bien.— Mi abuela me miró y luego giró la cabeza hacia mi madre para confirmar que lo que había dicho era cierto.