Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 25
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Capítulo 25

Estrategia .

No sé cómo había convencido mi abuela a los del ayuntamiento para que le dieran los planos del instituto, pero allí estaban, extendidos encima de la mesa central de la biblioteca de su casa.

Cuando entré vi a Artemisa inclinada sobre ellos señalando algunos puntos que enseñaba a las personas que estaban a su alrededor, entre ellas mi abuela, Luján y la madre de Elena.

De mis amigas no había ni rastro todavía, había sido la primera en llegar esa mañana.

Artemisa durmió en casa de mi abuela, que insistió en que se quedara allí.

Habían hecho buenas migas y creo que debieron de pasarse toda la noche trabajando.

Entré sin hacer demasiado ruido y me coloqué al lado de Luján preguntándola con la mirada qué estaban haciendo.

Me contestó con un gesto que estuviera atenta a lo que se decía.

Nadie quería interrumpir a Artemisa, sería diosa de la caza pero desde luego que servía también para diosa de la guerra si hacía falta, porque tenía unas ideas que no se me hubieran ocurrido a mí en la vida, está claro que no servía para general.

Había leído que era una gran estratega, pero verla así de entregada en vivo y en directo era algo para guardar en la memoria.

Al poco llegaron las demás y se unieron a nosotras observando cómo explicaban los accesos, lo que podíamos usar para atacar, a ver, que éramos catorce personas, entre brujas jóvenes, adultas, guardián y diosa para luchar contra esa chica medio bruja medio demonio, muy mal se nos tenía que dar.

Aun así, todas estábamos nerviosas, se notaba en el ambiente.

Por lo que luego me contó mi abuela cuando Artemisa salió a entrenar con Erick, entre las dos habían estado organizando la ofensiva.

Me reí para mis adentros de ver lo emocionada que estaba de tener a esa mujer allí.

Al menos habían estado media noche despiertas, y según me dijo era buena, no solo en el conocimiento que tenía, si no en que era amable.

Esa tarde nos reunieron a todas en el salón y colocaron los mapas en una de las paredes para explicarnos bien todo lo que habían decidido, ya que antes habíamos ido llegando poco a poco y estábamos perdidas en ciertos puntos.

Artemisa se sentó entre nosotras y dejó que fuera mi abuela quien explicara la situación.

—Bien, antes de nada, agradeceros estar aquí hoy.

Sé que algunas de vosotras os habíais retirado del aquelarre pero habéis contestado a nuestra llamada sin pensarlo.

Así que, gracias. También a Diana por su cooperación, sus ideas, su visión.

En fin, empecemos. Lo primero, el instituto, tiene varias entradas como sobre todo las pequeñas conocéis.

— miró a Luján y las demás.— Sí, sé que vosotras también, pero puede haber cambiado algo desde los años en que estudiasteis allí.

Vamos, que lo normal es la entrada principal, la trasera, la de la zona de las clases de prácticas, la del gimnasio, la que utilizan el profesorado y bedel, y creo que no se me escapa ninguna.

— Había ido señalando cada una según las iba nombrando.

Nos miró y preguntó.— ¿Vosotros sabéis de alguna más que no sepamos y no aparezca en este plano?

No sé, algún sótano que tenga entrada directa, por ejemplo.

—En principio no, a no ser que esté oculta. Tampoco hemos sido muy de investigar las salas del instituto.— Miré a las demás que asintieron a mi afirmación con la cabeza.

—Esperad.— intervino Erick.— Puede que sí que haya una puerta más.

Es la puerta de la caseta que está en el patio, donde guardan los utensilios para el jardín, las decoraciones de las fiestas, no sé si sabéis a cuál me refiero.

— Giró la cabeza para mirarnos.— Es que, en teoría se entra por la puerta del patio, pero a veces he visto al bedel salir de allí sin haber entrado antes.

Vamos que le he visto dentro del instituto y de repente salir por esa puerta cuando no podía haberme adelantado sin haberlo visto yo en el pasillo. Siempre me ha parecido raro eso.

—Pero, estás queriendo decir que existe una especie de pasadizo entre ese almacén y el edificio principal, ¿no?- preguntó mi abuela.

—Sí, exacto. Siempre lo he pensado pero nunca llegué a investigarlo.

—Eso en el plano no está.— Mi abuela se quedó mirando el plano intentando averiguar desde donde podía salir el pasadizo.— Ven, dime desde dónde le viste dentro, para así hacernos una idea de donde podría estar esa puerta oculta.

Erick se acercó a la pared y buscando, señaló una de las salas que se usaban para algunos actos generales, como obras del club de teatro.

—Aquí, es donde le vi justo antes de salir yo de allí, ir por este pasillo que da directo al patio donde está el almacén y verle salir a él de esa caseta.

No me entretuve casi nada, un minuto en lo que saqué un libro de la taquilla, pero por mucho que mirara dentro, es imposible que no le viera adelantarme porque el pasillo estaba medio vacío ese día.

Y después de eso, me le volví a encontrar otro día haciendo lo mismo.

—Perfecto, eso quiere decir que desde esta sala hay una puerta que lleva a un pasadizo hasta aquí, pero que puede ser más largo, eso no lo sabemos. Bien pues tendremos que investigarlo. Quizá allí abajo existan salas ocultas y no solo caminos.

—Y eso, ¿cómo lo hacemos sin que nos sienta o nos vea? Porque seguro que estará allí abajo, no creo que se arriesgue a ser descubierta si va alguien al edificio.

—Muy fácil.— Me dijo mirándome.— Tu madre te ha enseñado a usar tus poderes de ninfa, los usaremos.

— Me sonrió al acabar la frase. Yo pensaba que lo de «enseñar» no había sido tal, sino más bien despertarles y soltarme en el mundo humano para volverme un poco loca hasta que conseguí controlarlos, pero en fin.

— Irás con Erick y otras dos brujas, os quedaréis a una distancia prudencial, pero la suficiente para que puedas sentir si debajo del suelo hay algo.

—Vale, no es mal plan. Pero no podré asegurar el recorrido, solo más o menos si siento el túnel, y si continúa hacia el centro cultural cercano.

—Eso estaría bien, pues puede que sea así.

Bien, mañana a primera hora iréis hacia allí para no perder tiempo.

Maria y Clara irán con vosotros. La idea era entrar por varias de las puertas, ahora visto donde está la entrada del túnel, al menos la que sabemos que hay, lo más lógico sería hacerlo por la del patio de atrás, la principal, y la de la zona de prácticas que son las más cercanas.

Nos dividiremos en tres grupos para ir barriendo terreno y juntarnos en la entrada del túnel.

— En este punto miró a Artemisa que asintió.

—Podemos ir ahora, así tenemos la información antes.

—No cielo, la oscuridad es más poderosa de noche, y no quiero que os sienta allí.

Prefiero esperar a mañana, es más seguro.

Llevaremos todo lo que tengamos para luchar, no sabemos cómo podemos matar a un ser medio bruja medio demonio, pero usaremos tanto hechizos, pócimas, polvos, armas, todo lo que sea necesario para pararla.

—Perdona Angélica, ¿vamos a matarla?— Elena preguntó lo que todos teníamos en mente.

—Pues mira, la brujería no se usa para el mal, o al menos no es lo que se debe de hacer.

Matar a una persona no es apreciado por la naturaleza.

Pero creo que en este caso concreto no le importará.

Y después de que hayamos permitido hace años sobrevivir a una bruja oscura, la cual ahora está ayudando a esta muchacha, me duele decirlo, pero creo que deberíamos eliminarla. Quizá a las dos.

Todas nos quedamos observándola, pues es cierto que lo decía con pena, pero también con sabiduría, porque el riesgo que corríamos si no las quitábamos de en medio podía ser demasiado alto. Nadie habló durante unos momentos, hasta que Artemisa se levantó y tomó la palabra.

—Mirad, en todos mis años he visto muchas guerras, muchas muertes injustas por parte de humanos, brujas, y toda clase de seres.

No soy quién para decidir por vosotras, si queréis encerrarla o ponerle cualquier otro castigo no intervendré, he venido a ayudaros en la lucha y a lo que vosotras consideréis.

Pero si me pedís opinión, viviréis más tranquilas si esa muchacha muere.

Todos nos quedamos en silencio, mirándonos unos a otros sin saber muy bien que decirle, pero pensando que tenía razón. Ese fue el momento elegido por mi madre para volver del otro plano. Apareció por la puerta y sorprendida por esa tensión que se respiraba en el ambiente nos preguntó que ocurría.

—¡Ya estás de vuelta! Perfecto, ven, te mostraremos lo que hemos pensado.— Mi abuela se acercó a ella, la cogió del brazo y le empezó a contar lo que llevábamos una hora hablando.

—Bien, entonces manos a la obra. Mañana iréis vosotros a inspeccionar, y según lo que nos digas.— Me dijo mirándome.— actuamos.

Al día siguiente, después de estar la mitad de la noche sin dormir pensando he intentado asimilar lo que íbamos a hacer, me recogió Erick en casa de mi madre para ir hacia el instituto.

Ya venían las dos brujas que mi abuela había destinado a nuestra protección con él en el coche.

Paramos a un par de calles de distancia y nos fuimos a pie en silencio.

Llevábamos los hechizos necesarios para que no percibiera nuestra presencia.

Desplegué mis sentidos en cuanto me bajé del coche por si acaso sentía algo que pudiera sernos útil.

En principio nada fuera de lo normal, caminamos en dirección a la calle de la puerta principal, seguimos por otra que llevaba a la parte del edificio de prácticas y ahí paré en seco, les hice un gesto con el brazo para que no se movieran y escuché atenta.

Algo se movía justo debajo de nosotros, podía no ser un humano si no algún animal no demasiado grande, algo más que una rata.

Pero lo que era seguro es que había movimiento.

Me centré más en mí misma, me agaché y posando las palmas de mis manos en el suelo de cemento intenté sacar el sonido y la sensación de amplitud que tendría un túnel.

Efectivamente, eso lo noté. No era un pasadizo de alcantarillado, no corría agua por él, sino algo que se arrastraba.

Me incorporé y sin dejar de estar centrada caminé hacia donde me pareció que se dirigía la criatura que había sentido.

Esquivamos un edificio y llegamos a un callejón que nos condujo al centro cultural.

Miré a los demás, pues estaba segura de que la criatura estaba debajo de ese lugar, y aunque entráramos no la veríamos si no quería.

Decidimos volvernos para informar a las demás de que habíamos verificado la existencia de ese pasadizo y también que algo había allí, no solo Valeria.

—Utiliza criaturas, estoy segura. Ha de aprender a convocarlas. Bien, pues mañana al amanecer iremos, encontraremos esa puerta al pasadizo y la atacaremos.— Nos miró a los cuatro.— Gracias chicos, de verdad, buen trabajo.

—Pero, no hemos conseguido localizarla a ella, no la he sentido allí. Puede que sea un laberinto lo que hay debajo y estuviera en otra zona, pero deberíamos saber si está o no.

—No pasa nada. Estoy segura de que la criatura está guardando algo, si no ¿qué motivos tendría para tenerla vigilando?

Y estaría por asegurar que son los libros que encontró su madre o su tía hace años.

Eso no puede caer en malas manos de nuevo.

Tenemos que destruirlos, si les veis, quemadlos.

— Esto último nos lo dijo a todas con intensidad.

Esa tarde estuve con mi madre, pues el día anterior no había podido enseñarme todo lo que Mielikki le había prestado.

Estuvo practicando en el patio de mi abuela, y la verdad es que era bastante poderosa.

Había conseguido dominar sus poderes en poco tiempo y a Adríades le pareció bastante apreciable según me contó.

Estaba claro que eran mis dos madres pero aunque no tenían mucho que en común, eso estaba empezando a cambiar.