Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 24 #3
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Capítulo 24 #3

—No te preocupes, así enseño a mi hija a hacerlo.

— Se puso manos al obra, enseñándome los gestos y las palabras que estaba utilizando para que una barrera de ramas y hojas subiera desde el suelo hasta cubrir por completo las figuras de mi madre humana y de Mielikki.

Solo dejó un pequeño agujero para que pudieran salir cuando el ritual estuviera completado.

— Yo me quedaré aquí con ellas, vigilando para que no ocurra nada malo.

No es necesario que estés aquí, puedes regresar al otro plano para así continuar con lo que tuvieras que hacer.

Me gusta tenerte conmigo pero, creo que ahora mismo debes descansar y coger fuerzas.

—Puede que tengas razón.— dije mirando algo preocupada a la cúpula que acababa de hacer.— Cuando esté lista, ¿la enviarás a mi plano?

—Sí, no te preocupes. Tú marcha que en cuanto salgan de ahí con los poderes controlados traspasará al humano de nuevo.

—Gracias.— Me acerqué a darla un beso de despedida.

—Esperad, iré contigo.— Me dijo Artemisa justo antes de que cruzara.— Así podré entrenar con vosotras unas horas en lugar de llegar y pelear. También necesito conocer la estrategia y demás. Una lucha no es solo llegar a lo loco y lo que salga.

—Me parece buena idea.— Adríades no nos dio tiempo a más, agarró mi mano y la de Artemisa y nos envió de vuelta al jardín de mi abuela.

Cuando abrí los ojos sentí que me observaban. Esta vez no tenía a todas preocupadas pues ya sabían que iba a ocurrir y nos habían sentado en las sillas de terraza que tenía mi abuela allí colocadas. Lo que no esperaban es que despertara solo yo y además volviera con otra persona.

Erick, que era el que estaba en el patio entrenando y sintió nuestra vuelta, se había acercado con cuidado hacia nosotras. Le miré y vi en su cara que había reconocido a la mujer que tenía sentada al lado.

—Hola, Erick, te presento a Artemisa, o Diana como prefiere que la llamemos.— Ella se levantó del asiento y fue a saludarle.

—Creo que eres el luchador, según me ha contado la reina ninfa. Tienes dones para controlar armas mejor que el resto. Me gustaría que me enseñaras lo que sabes hacer.— Me reí interiormente porque no se podía decir que esta diosa no fuera directa al hablar.

—Es todo un honor estar en su presencia.

— Vi como Erick hacía una medio inclinación que bien podía ser una reverencia y caí en la cuenta de que igual esta mujer estaba acostumbrada a esas cosas.

Yo simplemente le había hablado respetuosamente pero no se me había ocurrido que hace siglos le dedicaban hasta sacrificios.

—No necesito reverencias, trátame como a una igual entre vosotros. Estoy aquí para luchar como una más. Si sois tan amable podemos comenzar a entrenarnos.

—Quizá debería presentaros antes a mi abuela.

— Intervine porque sabía que no la haría gracia salir al jardín y encontrarse a una diosa luchando sin haber pasado antes por su presencia.

Por muy diosa que fuera, estaba empezando a conocer a mi abuela.

— Es la jefa del aquelarre y la que lleva el plan de lucha.

—Sí, cierto. Pasemos entonces a verla.

Mi abuela se acercó en cuanto nos vio entrar al salón, la vi respirar hondo antes de decir nada, estaba nerviosa. No todos los días una diosa visitaba tu casa.

—Veo que eres la que dirige a todas estas mujeres, me pongo también a tu servicio, dime donde puedo serte útil y allí iré.— Artemisa inclinó un poco la cabeza en señal de respeto a mi abuela, y creo que eso la gustó.

—Artemisa, te agradezco infinitamente tu ayuda en estos tiempos que no nos son agradables.

Estoy intentando trazar una plan de ataque y si pudiera tener tu opinión sobre ciertos puntos me vendría muy bien— dijo mi abuela señalando la biblioteca y comenzando a caminar hacia allí.

— Después si querría que las vieras entrenar y dieras tu visto bueno.

—Perfecto, pues vayamos entonces y me cuentas.

Me dejaron en el salón a mi sola, así que di la vuelta y salí de nuevo al patio.

Me di cuenta de que ni siquiera había preguntado por mi madre, pero imagino que eso ya pasaba a otro momento.

Erick me miró esperando que detrás saliera Artemisa, pero por la cara que puso se desilusionó al ver que no me seguía.

Nos sentamos en las sillas donde había estado tumbada antes y me preguntó cómo había sido este viaje.

—Extraño, eso como mínimo. De repente aparecimos delante de esas tres mujeres, porque una cosa te digo, las diosas son bellas, pero mi madre, la reina de las ninfas, no se queda atrás.

Fue algo intimidante, la verdad. Pero al final resultaron más cercanas de lo que pensé que fueran.

Mi madre está allí con Mielikki y Adríades está cuidando el círculo donde están para que nada las perturbe. No creo que tarde mucho en volver.

—Eso es bueno, así cuanto antes esté aquí antes atacaremos a Valeria.

—Sí, espero que salga bien. No sabemos cómo reaccionará, no es solo una bruja y los otros poderes que pueda tener aún no les conocemos.— Le dije nerviosa.

—No pasa nada. Nosotros también tenemos ases en la manga, no solo contamos con los poderes de bruja.

Tenemos a una diosa, a una bruja con los poderes de una diosa, y te tenemos a ti, medio ninfa.

Ya es más de lo que pueda conseguir ella sola, te lo aseguro.

— Me dio un beso suave en la frente y me atrajo hacia él.

Me quedé allí en su hombro un rato en silencio, pensado cuanto había cambiado mi vida para llegar a tratar con diosas que ni siquiera sabía que pudieran existir.