Capítulo 24
Ya es hora de localizar su escondite.
No sé el tiempo que había pasado, pero por lo que parecía aún dormían todos.
No era de extrañar con los días que llevaban.
Miré el reloj de la pared al entrar en el salón y vi que eran las diez de la mañana.
No me dio tiempo a llegar hasta la barandilla para subir cuando sonó el timbre, así que me dirigí a la puerta y abrí a las chicas que estaban esperando fuera.
Al entrar se alegraron de verme despierta y en pie.
Las acompañé al salón y las dejé preparándose mientras subía a cambiarme.
Me crucé con mi madre por las escaleras, iba con cara de sueño y algo despeinada, pero siguió su camino porque ahora todas éramos familia y le daba igual no estar perfecta en todo momento.
Cuando llegué a la habitación Erick seguía tumbado en el colchón del suelo, pero se giró desperezándose al verme entrar.
Me dirigió una sonrisa con cara somnolienta y se incorporó un poco.
Me acerqué al colchón, me senté a su lado como pude y le acaricié la mejilla con cariño.
—Muchas gracias por cuidarme tan bien. No te has apartado de mi lado. Gracias.— Me acerqué a darle un beso tierno, él lo recibió pero se apartó un poco, apoyó su frente en la mía y me habló algo triste.
—No tan bien, si hubiera sido así no hubieses estado tan mala. Si no llega a ser por tu abuela no lo cuentas.
—Pues ahí tienes razón, según me ha dicho Adríades.— Y le conté lo de la planta venenosa para las ninfas. Por su cara no le gustó nada lo que oía.
—¿Has estado en el otro plano? Tenías que haber esperado un poco, estás demasiado débil aún.
—Lo sé. Me ha llamado ella y he accedido a ir. Pero no puedes culparla, estaba preocupada por mí. No deja de ser también mi madre.
—Sí, bueno, una madre de la que no has sabido nada hasta hace relativamente poco tiempo. Si no hace ni tres meses que te has enterado de que existe.
—Lo sé, pero ahora es así. Está en mi vida y es normal que lo pase mal. Tú tranquilo que estoy bien. Ya me ves, si podría ponerme a bailar ahora mismo.— Y para confirmar lo que acababa de decir me puse a menear los hombros sonriente. No pudo más que reírse conmigo.
—Eres de lo que no hay, anda, vamos a levantarnos que las chicas estarán a punto de llegar y no quiero estar todavía aquí cuando lo hagan, me gustaría que no me vieran vaguear.
—Pues tarde amigo, porque llevan ya un rato abajo, y tú no vagueas nunca, por un día que te tomes media hora no pasa nada, que llevas dos días sin dormir, mereces un descanso. Y lo saben.
Nos reímos mientras se levantaba, cogía sus cosas y se marchaba a la ducha del pasillo. Yo me metí en el cuarto de baño de la habitación, pues después de dos días en la cama con sudores fríos debía de oler como un caldero cortado.
Cuando bajamos al salón me acerqué a mi abuela y le conté que había hablado con Adríades y que ya estaba informada del tema de los dioses. La vi bastante cabreada.
—Niña, pero, ¿cómo se te ocurre?
—Tranquila, si ya la he dicho yo cuatro cosas por haberse arriesgado estando aún débil.— Ahí, Erick aliándose con mi abuela, ¡qué bien!
—No es para tanto, ya os lo he dicho. Estoy bien.
—Bueno, ahora lo importante es que te recuperes.
Pero también tenemos que trabajar en crear una barrera más fuerte aún mientras estemos en esta casa.
Creo que he descubierto la manera de romper mi seguridad.
— La miramos los dos expectantes, y la gente que había en el salón se giró para ver de qué hablábamos.
— Veréis, si lo piensas es muy sencillo.
Nosotras enviamos la comida a la cueva por medio de un hechizo desde esta casa, ella recibe la comida allí y creo que ha encontrado la manera de dar la vuelta al hechizo y enviar ella algo aquí.
—Pero, para eso, ¿no tendría que tener el veneno en la cueva? ¿Cómo lo ha conseguido?— Luego le diría a mi abuela que no era realmente una sustancia peligrosa para ellas pero de momento tenía dudas más importantes.
—Muy sencillo, Valeria ha debido de romper la barrera suya para poder hacer pasar ella algo también. Y, ya una vez dentro de la sala, Idoia cambiaría el hechizo y enviaría el plato aquí.
—Puede ser, es una manera muy astuta de que no nos diéramos cuenta de que había algo que no cuadraba.
De todas formas creo que nos están observando, pues también tenían que elegir el momento propicio, si hacía aparecer un plato en la cocina cuando no había nadie nos hubiéramos percatado de que algo raro sucedía.
—Tienes razón cielo, tengo una nieta bastante lista.— Mi abuela me miró con cariño, con la expresión relajada por un momento.— A partir de ahora tendremos cuidado con todo lo que ponemos en la mesa, no creo que vuelvan a utilizar esa técnica pero, nunca se sabe.
—En cuanto a eso, el ingrediente solo me afectaba a mí, por lo de mi doble naturaleza, con lo que creo que era su objetivo.
Las demás estáis a salvo por ahora.— Todas me miraron preocupadas.
— No pasa nada, en cuanto Adríades me avise nos prepararemos para la batalla.
Mientras, debemos encontrar a esa perra.
—Estoy de acuerdo con eso. Todas a trabajar para localizarla. Visto lo visto, no vamos a perder ni un segundo más.
Sacaron mapas, los extendieron sobre las mesas y se armó un revuelo considerable. Era como estar en la oficina de una película de policías cuando se vuelven locos buscando a algún asesino. Aunque en este caso éramos brujas buscando a un ser demasiado malo para ser solo un asesino.
Tardamos un par de días, pero al final hubo alguien que gritó emocionada.
—¡Lo tengo! Al menos eso creo.— Luján fue corriendo hacia mi abuela para que comprobara con ella uno de los hechizos que había lanzado al mapa que tenía delante. Cuando ella observó un momento y asintió, continuó hablando.— Creo que es donde está. Venid, seguro que reconocéis el sitio.
Nos acercamos todas deprisa, estábamos nerviosas deseando que llegara este momento para poder ir a por ella.
—Mirad, el hechizo no es exacto, tiene un radio de dos kilómetros, pero más o menos podemos localizarla si pensáis un poco.
En las calles donde el péndulo cae está el instituto, la biblioteca, y un centro cultural.
¿Podéis decirnos si os llama la atención alguno, ya que vosotras habéis estado con ella algún tiempo?
—Pues partiendo de que son lugares que en verano están menos transitados o incluso cerrados seguramente ha montado su cuartel en alguno de ellos— dije bastante segura.
— No creo que sea la biblioteca, pues es donde más gente puede haber, pero tanto el instituto como el centro cultural están cerrados en verano, el centro es un edificio que pertenece al instituto y lo utilizan solo durante el curso, aunque no sea un edifico anexo a él.
—Bueno, pues ya cerramos un poco el círculo.
Eso es mejor que lo que teníamos hasta ahora.
Debemos ponernos en marcha, Hiedra, avisa a la ninfa, debe entrenar a tu madre cuanto antes.
— Que buen general había perdido el ejército con mi abuela.
— Los demás, preparad todas las pociones que podáis de esas que apunté en la pizarra, entrenad los últimos hechizos, y mantened la guardia alta, pues no sabemos que ocurrirá.
Y ante todo hay que darse prisa, llevamos tanto tiempo usando hechizos de localización que seguramente ya nos sienta en su nuca.
Por otro lado, iré al ayuntamiento para ver si me pueden proporcionar información sobre esos edificios, pues no creo que esté en la primera sala que nos encontremos.
Tienen que tener algo, un subterráneo, una especie de búnker debajo de ellos, no sé, pero me enteraré.
Me senté en el patio para llamar a Adríades y pedirle que avisara a Mielikki.
Fue una conversación rápida, volví enseguida a practicar y avisar a mi madre, pues en cuanto estuviera lista, mi madre ninfa tiraría de nosotras, por lo que debería tener a mi madre al lado para sujetarla en cuanto sintiera el tirón para que pasara de plano conmigo.
Mi abuela se acercó a nosotras con unas bebidas.
—Todo va a salir bien, ya lo veréis. Tomad, son refrescos con una pequeña ayuda de mi cosecha.
— Nos dio los vasos guiñándonos un ojo.— No voy a decir que me guste esto, pero si no hubiera sido por lo que está pasando no hubiera tenido a mi familia conmigo de nuevo.
Sois mujeres fuertes, brujas poderosas y valientes, estoy orgullosa de vosotras.
Solo lamento haberme perdido tantos años en los que solo os veía de pasada y no compartía todos los momentos importantes.
— Nos dio un abrazo a las dos, nunca había visto a la abuela tan sentimental.
— Recordad que os quiero mucho. Vamos a salir de esta más fuertes aún.
Se alejó de nosotras sonriendo y volvió a seguir preparando todo lo necesario. Sonreí a mi madre y tomé un trago de lo que nos había llevado mi abuela. Sentí como bajaba por mi garganta como hielo, pero estaba rico. Miré como ella también bebía y se echó a reír.
—Creo que tu abuela quiere que vayamos alegres al otro plano, ¡madre mía! Recuerdo que a ella la gustaba el vodka, pero no pensé que nos serviría uno antes de irnos. También está enmascarado el sabor de una poción de protección, quizá lo haya hecho por eso.
—¿En serio? ¿La abuela nos da un cubata para que no sepamos que nos intenta proteger?— No podía parar de reírme, no sé si era por el alcohol, el efecto de la poción, la situación tan extraña o todo a la vez.—Pero lo podía haber puesto en un café, o habérnoslo dicho. Es entendible que se preocupe.
—Sí, pero ya la irás conociendo, siempre prefiere hacer las cosas a su manera. Y en el café notaríamos el sabor, es bastante amargo, por eso el vodka.
—Bueno, pues salud mamá.— dije chocando mi vaso con el suyo y dando otro trago al brebaje.