Capítulo 23 #2
A la mañana siguiente me sentía mejor, pero aún tenía algunos dolores y desde luego que tenía el cuerpo que parecía que me hubieran pegado la paliza de mi vida.
Mi abuela seguía trayéndome frasquitos que yo me bebía sin apenas preguntar, y Erick continuaba pegado a mi cama, aunque ahora ya daba alguna cabezada medio apoyado a mis pies.
Las chicas no aparecieron hasta después de comer, creo que aunque estaban abajo, no las dejaron subir hasta que no estuviera algo más recuperada.
Primero escuché sus voces al subir la escalera y me incorporé un poco para que no me vieran peor de lo que estaba.
Elena asomó la cabeza algo asustada pero cuando la dediqué una sonrisa se relajó y entró corriendo a darme un abrazo.
—¡Hiedra! Me has asustado mucho, bueno, a todas.— dijo mirando a sus dos acompañantes.
—Yo también me he asustado, no creas. Esto de no saber qué es lo que te ocurre y dejarte llevar no está mal, pero cuando empiezas a sentir dolores como si te clavaran cuchillos por todo el cuerpo ya es otro cantar. Espero que no vuelvan a envenenarme nunca, ni a vosotros, desde luego.
Pasé la tarde bajo el cuidado de mis amigas y de mi familia, no podía estar en mejores manos.
A la que más eché en falta fue a mi abuela, que solo pasaba para ver si había mejorado y darme algún otro brebaje que me pudiera servir para hacerme sentir mejor.
Según me dijeron cuando pregunté qué estaba haciendo, parece que estaba enfrascada en la búsqueda de alguna fisura en la barrera.
No debió de sentarle muy bien que fuera atacada en su propia casa.
Esa noche también la pasé allí, y le insistí a Erick en que se marchara a casa a descansar, o que durmiera en alguna otra cama si no quería dejarme sola, pero lo único que conseguí es que se acomodara en un colchón en el suelo a mi lado.
Que durmiera ya era otro cantar. La segunda noche ya fue más llevadera, pude dormir varias horas del tirón y creo que él también pudo descansar.
Al menos le tuvo que vencer el sueño de alguna manera, porque dos días sin pegar ojo no es sano.
Por la mañana me sentía más segura y me levanté sin hacer ruido pues le vi tan dormido que me dio pena despertarle.
Caminé de puntillas y bajé la escalera despacio.
Todavía no había movimiento en la casa, el sol despuntaba por la ventana del salón donde vi esparcidos toda clase de papeles y utensilios varios.
Fui hacia la cocina para coger agua, tenía una sed que me moría, creo que el veneno me había secado los órganos o algo así porque me sentía completamente deshidratada, cuando noté el agua cayendo por mi garganta tuve una sensación de éxtasis increíble.
Salí al jardín y sentí la llamada de Adríades, ese característico tirón con el que me trasladaba a su reino.
—Hiedra, pensé que te perdía— dijo atrayéndome hacia ella y dándome un abrazo.— De repente sentí como te desvanecías y luego tu energía no se recuperaba. No podía llamarte porque no sabía si resistirías el cambio de plano y no podía conectar con las demás para informarme.
—Lo siento, me debieron de envenenar, pero aún no sé con qué.
Por lo que recuerdo traspasaron las barreras de mi abuela para introducir un plato con veneno entre los platos de la cena.
Pasó desapercibido y comí de él, debí de ser la única.
Y ayer pasé toda la noche sufriendo dolores horribles, esta noche ha sido más leve y hoy ya me encuentro mejor.
Creo que para introducir el plato de comida utilizaron el hechizo que ellas usaban para dar de comer a la bruja que tienen retenida en la cueva.
— Dije esto último más para mí que para ella, pues no creo que tuviera esa información.
—Vale, lo primero, creo que yo puedo saber cuál ha sido el veneno y creo que no comiste tú sola, pero eres a la única que afectó.
Y lo segundo, esa técnica de encerrar a una bruja en una cueva durante años y años no me parece algo digno de un aquelarre como el de tu abuela.
Además, si no hubiera sido por esa bruja tú no estarías aquí hoy, así que no me parece demasiado acertado.
Es muy poderosa, deberían haberla dejado en otro lugar donde no fuera tan fácil que la encontraran.
—A ver que me aclare, me estás queriendo decir que te parece poco lo que hicieron o al revés, porque no te he entendido del todo.
—Me parece poco teniendo en cuenta que alguien la iba a encontrar en algún momento, es de lógica, pero me parece demasiado tenerla ahí tantos años, pues es poderosa, y una persona sola se vuelve loca cuando se encuentra en una situación así, con lo que si sale en algún momento no va a ser divertido, y eso tu abuela lo tenía que haber pensado.
—Bien, y en cuanto al veneno, ¿por qué dices que las demás comieron pero no les ocurrió nada?
—Porque pienso que solo iba dirigido a ti, cielo.
Y con esto damos por sentado que tu enemigo sabe de tu doble naturaleza, con lo cual seguro que se lo ha contado la bruja encarcelada, y por esto te decía que tu abuela tenía que haberlo pensado mejor.
Por tu seguridad. Las ninfas tenemos una debilidad que si no se trata a tiempo puede ser mortal como ya has comprobado, pero aun así nos hace pasarlo muy mal.
Es la planta de kale. Puede haberla puesto en la comida que fuera, no da un sabor muy diferente al plato, pasa desapercibida y por eso no te diste cuenta.
—Tengo que volver para contarle esto a mi abuela, puede que siga teniendo resto de ese plato en la casa. Según la veo tiene que estar estudiándolo como si estuviera en un laboratorio.
—Seguramente, pero dila de mi parte que no va a encontrar nada si no sabe lo que busca. A ella la puede parecer un ingrediente más. Por cierto mi niña, ¿hablasteis de lo que comentamos el otro día?— Me dijo refiriéndose al tema de los dioses.
—Sí, es verdad. Tenía que habértelo comunicado ayer pero con todo esto no he podido.
Mi madre acepta ser el recipiente de Mielikki, me ha dicho que cuando la digas que tiene que venir para aprender a utilizar sus poderes lo hará.
Y en cuanto al tema de Cernunnos, Luján se quedará como «invitada» en su reino durante un año.
Yo no estoy de acuerdo con esa decisión, pero es suya.
Esto lo hace por ayudar en todo lo que puede al aquelarre y aunque no me parece justo, la entiendo porque yo haría algo así.
—Perfecto, pues en cuanto sepa algo de Mielikki te aviso y traemos a tú madre. Recupérate del todo mi niña, te va a hacer falta.— Me dio un beso en la frente y desapareció, dejándome sola en el jardín.