Capítulo 22
Las condiciones.
Al día siguiente esperamos a que estuvieran todas reunidas y así no tener que repetir lo que tenía que contar.
Yo pensé que para las mayores no sería tanta sorpresa, pero nada más lejos de la realidad.
Aunque sospechaban de su existencia, nunca habían visto ni oído de nadie que hubiera conocido a una deidad, cualquiera que fuera.
Mis amigas tuvieron caras de asombro un buen rato antes de atreverse a hablar siquiera.
—¡Venga ya! Esto es lo último que me esperaba. Vale que me digáis que existen criaturas extrañas, pero dioses de varias culturas, no sé, es algo que no me esperaba.— Elena fue la primera en reponerse del shock inicial.
—Ya os digo que aún no podemos contar con todos de seguro, antes hablará Adríades con ellas para ver si acceden a ayudarnos.
—Y no podemos desaprovechar esa ayuda.— Mi abuela intervino para cortar las reacciones que pudieran tener el resto.
— Si lo hacen, no podemos defraudarles, tenemos que estar a su altura.
Sé que es difícil, pero somos buenas brujas, muy buenas, y podemos llegar a tener una dominación de nuestros poderes espectacular.
Será un camino duro, entrenaremos más de lo que ya lo hacíamos, estudiaremos todos los libros que caigan en nuestras manos hasta no tener que recurrir a ellos para nada.
Pero no podemos perder esta lucha y menos teniendo a seres tan antiguos de nuestro lado.
Por muy fuerte que sea ese demonio, nosotras podremos con ella.
Todas nos quedamos durante unos segundos en silencio total, no se escuchaba ni el sonido de una mosca, hasta que una de las mayores comenzó a aplaudir el discurso de mi abuela y las demás la seguimos.
Después de eso, la casa se volvió un caos, en cada sala había gente con libros de la mano practicando hechizos, la magia volaba de un lado a otro y teníamos que tener cuidado de no cruzarnos en el camino de nada ni nadie.
Si antes nos lo habíamos tomado en serio, ahora se había vuelto algo personal.
Estuvimos tres días sin saber nada de Adríades hasta que una tarde sentí un tirón extraño como si algo intentara llevarse mi cuerpo de donde estaba. Al principio me resistí, pero me tranquilizó llamándome y diciéndome que era ella.
—Hiedra, hola cariño. Perdona por sacarte así de tu plano, sé que es algo doloroso pero no quería perder tiempo esperando a la noche para entrar en tus sueños.
—No pasa nada, es que no sabía que eras tú. Me has asustado, aunque por tu urgencia parece algo preocupante. Cuéntame.— Le dije extendiendo los brazos animándola a hablar.
—Pues verás, me he puesto en contacto con los dioses de los que te hablé, y he tenido que sacar toda mi pericia para poder convencerles de que era algo bueno luchar por esta causa.
Y ya tengo varias respuestas. La primera es de Mielikki, ella accede a ayudar ya que se preocupa por la naturaleza, pero no la hace ninguna gracia que el demonio la tenga localizada.
Adora este bosque y no quiere que su vida cambie ahora mismo.
No quiere ser encontrada, así que ha propuesto una idea, no sé si os gustará, ella transmitirá sus poderes a una de las brujas del aquelarre y luchará a través de ella.
— Me lanzó una mirada intensa por lo que iba a decir a continuación.
— Como tu madre, te recomiendo que no te ofrezcas voluntaria para esto, pues tienes ya varios poderes diferentes en tu ser y el poder de una diosa sería demasiado para aprender a controlar.
Aunque por otra parte serías la que mejor lo aguantara por tu naturaleza inmortal, pero si puede ser que otra sirva de recipiente, mejor.
Tiene que ser una persona fuerte y con un poder marcado para poder sobrellevar el de Mielikki.
—Vale, creo que puedo tener una idea de quien querrá hacerlo. Nunca pensé que pudiera pedir algo así, pero mientras nos ayude por mí perfecto. ¿Y los demás?
—Bien, Diana, o Artemisa como prefieras, no ha puesto mucho problema.
Yo pensé que sería la más complicada de convencer, pero lleva tantos años escondida en el bosque sin nada que hacer, que ha dicho que sí en cuanto se lo he planteado.
Esta aburrida y una lucha de este estilo es perfecta para salir de su rutina.
—Perfecto, me sé de uno que estará emocionado por conocer a esta diosa en concreto.— dije pensando en Erick.
—Y por último Cernunnos tiene algún que otro requisito para que os ayude. A ver, me ha pedido que una de vosotras se tiene quede con él como invitada en su corte durante un año humano.
—¡¿Qué?! No, eso no lo permitiré. Si tenemos que pasar sin su ayuda no pasa nada, ya nos apañaremos con todo lo que tenemos. Las otras dos diosas han aceptado, con eso es suficiente. Si ni siquiera contábamos con su ayuda, esto ha sido un regalo.
—Cielo, piénsalo. Al menos coméntalo con las demás y puede que a alguien no le importe.
Tampoco es algo malo, no es estar encarcelada ni nada así.
Estaría con él en su bosque, en este plano claro, al estar aquí no envejecería como si pasara el año en el plano humano.
Quizá eso les venga bien.— dijo guiñando un ojo.
— Pero en serio, puede que no sea tan malo, no es mal tipo.
Un poco extraño, sí, pero no le veo malo.
Monta fiestas, intenta divertirse bastante.
—No sé. Lo voy a comentar con el resto y te digo algo.— Le contesté sin estar muy convencida del todo.
—En cuanto sepas el día que vais a luchar dímelo para avisar a Artemisa, pero sí me gustaría llevarte a conocerla antes, para que habléis del plan a seguir. Y tenemos que traer a la que acceda a acoger el poder de Mielikki para que se lo traspase.
—Sí, perfecto, eso no hay problema. Lo que no me gusta es la condición del otro dios. En fin, ante todo, muchas gracias mamá.— Le di un abrazo respirando su olor. Olía a bosque, a hojas con el rocío del amanecer, y a flores, muchas flores.— Volveré en cuanto sepa algo.
Me desperté tumbada en un sillón del salón de mi abuela. Tenía a Erick y a Elena a mi lado. En cuanto abrí los ojos sentí la voz de ella gritando.
—¡Chicas! ¡Se ha despertado!
Me incorporé despacio para que no me diera vueltas la cabeza. Miré a mi alrededor y vi acercarse asustadas a mi madre, mi abuela, Almudena, Manuela y su tía.
—Cariño, ¿Estás bien?— Preguntó mi madre algo asustada.
—Sí, tranquilas. Solo era Adríades, me ha convocado de forma astral por así decirlo, porque tenía información para nosotras que no podía esperar.— Miré a Erick porque él ya me había visto en este estado cuando me iba al otro plano para preguntarle una cosa.— ¿Cuánto tiempo?
—Tres horas y media. Son las nueve de la noche. Pero no te preocupes, en cuanto vi que te desvanecías entendí lo que ocurría y te traje aquí.— Me miró con un amor que me derretí.
—Entonces, ¿ya sabemos algo de las diosas, o es otra cosa?— Preguntó mi abuela, siempre impaciente.
—Ya tenemos respuestas— dije haciendo un barrido por la habitación con la mirada.
— Pero quiero que me escuchéis atentamente.
No es tan fácil como parece, bueno, con Artemisa sí, se debe de aburrir y ha accedido a la lucha en cuanto se lo ha comentado, pero los otros dos tienen algo que decir.
— Me quedé observándoles a todos, Erick parecía emocionado porque su diosa favorita fuera a luchar con nosotras. El resto estaban expectantes.
—Sigue, no nos quedes con la intriga.— Almudena se había contagiado de la impaciencia de mi abuela.— Ya tenemos una diosa de nuestro bando que, permitidme que os diga, para mi es la más fuerte. Pero ¿qué es lo que piden los demás?
—Bueno, por una parte está Mielikki, que pide que no se descubra su escondite.
Está feliz viviendo donde está, y no quiere que un demonio localice su hogar.
Así que su requisito es que una de vosotras canalice su poder.
— Esperé hasta que asimilaran esta información.
Cuando vi que se miraban unas a otras tuve que intervenir de nuevo.
— Sería solo durante la lucha, o un poco antes para que ella pudiera aprender a controlarlo.
Yo ya tengo más de un poder dentro de mí, por eso tendría que ser una de vosotras.
A poder ser una bruja lo bastante fuerte para así controlar bien el que ella os dé.
—Vale, no me parece una idea descabellada.
Ella nos ayuda, pero con la condición de no perder su anonimato.
Ahora hay que ver quién hace de soporte de su poder.
— Mi abuela miró a las demás.— Creo que debería de ser una de vosotras tres.
— dijo señalando a mi madre, la madre de Elena y a Luján.
— Las jóvenes ya tienen suficiente con aprender a controlar del todo sus poderes, pero vosotras estáis más versadas en ello.
Sois fuertes, sobre todo tú, no es porque seas mi hija, pero es así.
Así que deberías decidir cuál de vosotras lo hará.
Estaba claro que mi abuela estaba acostumbrada al mando del aquelarre, pues no puso en cuestión que alguna de ellas pudiera rechazar sus órdenes.
Vi que mis amigas tenían unas caras de indignación algo marcadas, pero hay que reconocer que mi abuela tenía razón, las mejores opciones eran las que había dicho.
—Déjanos darlo una vuelta y en un rato te daremos una respuesta.— dijo mi madre al grupo.— Pero antes de debatir entre nosotras, dinos qué es lo que pide el otro dios.
—Vale, esto no os va a gustar tanto. Personalmente creo que podemos pasar sin su ayuda, porque pagar ese precio me parece una barbaridad.
— Cogí aire y cuando lo solté lentamente hablé.
— Pretende que una de nosotras se quede un año en su reino.
— Vi las caras de susto de todas las personas que me rodeaban sin excepción.
—No, creo que tienes razón en decir que es demasiado precio.
— Mi madre negaba con la cabeza rotundamente.
— No podemos permitirnos el perder a una de las brujas del aquelarre, ni siquiera aunque ganemos la batalla.
No sabemos lo que puede ocurrir, pero ante todo, no permitiré que una persona acabe prisionera en otro plano solo para obtener la ayuda de un dios.
—Según Adríades, no es un mal tipo, y el tiempo pasado allí no cuenta igual que aquí.
Para que me entendáis, cuando yo he estado antes hablando con ella creía que habían pasado como mucho diez minutos y fueron tres horas y media.
No sería tanto tiempo para la persona que este allí quiero decir.
Pero me parece una locura. Por muchas fiestas que dé y por muy bien que se lo quiera pasar.
— Vi las caras de las demás entre asustadas y preocupadas.
—A ver, está claro que no podemos rechazar una ayuda así porque nos hace falta.
O puede que con las dos diosas tengamos suficiente, no sé.
Pero lo que sí sé, es que no voy a obligar a nadie a irse durante un año, dejar su vida y entrar en el plano de ese dios solo porque a él se le antoje.
— Mi abuela estaba dudando, y la veía las intenciones de algo pero todavía no sabía qué.
— Creo que si aceptamos su condición, debería ser yo quien marche con él.
Al fin y al cabo no tengo que trabajar ni dar explicaciones a nadie.
—No, no lo permitiré. Tú eres la que mejor maneja este aquelarre, no puedes ser tú.
— Luján intervino levantándose de la silla donde estaba sentada.
— Si acaso alguien tiene que ir seré yo.
No tengo un trabajo estable, no tengo pareja ni hijos, dejadme que lo haga yo.
— Miró a mi abuela mientras hablaba pues, aunque lo hiciera en plural, se dirigía a su superior.
—Puede que tengas razón, pero tienes que estar muy segura de esto.
Si en cualquier momento te echas para atrás, no dudes en decírmelo.
Eres muy valiente por acceder a esta locura.
— Se acercó a Luján y le dio un apretón en el brazo.
— Ahora queda ver quién de vosotras dos aceptará a Mielikki.
—Dijo mirando a mi madre y la madre de Elena.
La madre de Elena cogió a mi madre del brazo y salieron al jardín a deliberar entre ellas. Mientras, Almudena y Manuela se acercaron a Luján para abrazarla y darle ánimos. Mi abuela volvió a la cocina y tanto Elena como su hermano se volvieron hacia mí.
—Esto es un jaleo de narices. Yo tenía que estar preparándome para ir a la universidad y en lugar de eso, lo hago para la lucha contra un demonio. Es de locos.
—Hermanita, acostúmbrate. Las cosas han cambiado para no volver a ser lo mismo. Yo por mi parte no tengo queja.— Me miró sonriendo como solo él sabía hacerlo.
—Ya, porque has descubierto el amor y todo eso— dijo haciendo aspavientos con las manos señalándonos a los dos.
— Ojo, que me alegro, más que nada porque antes que la novia de mi hermano eres mi amiga y eso mola.
Pero esto, no sé, además, ¿no os habéis dado cuenta de que llevamos demasiado tiempo tranquilas?
—Sí, esto huele mal. No sé si tomarlo como una buena señal de que está entrando en razón o al revés, que esté preparando un golpe que nos va a dejar tiradas.
—Yo no votaría por su capacidad de hacer el bien, la verdad. Eres demasiado optimista, Hiedra. Después de todo lo que nos ha hecho, ni de coña se ha vuelto una brujita buena y amable.— Elena negaba con la cabeza reafirmando su opinión.
—Tienes razón, veremos que nos tiene preparado.
Solo espero que no nos pille con la guardia baja, no me gustaría perder a nadie.
Tú mirando las cosas en plan fatalista y yo viendo el lado bueno de la gente, ya nos cambiamos los papeles y todo— dije riéndome.
Me encogí en mi sitio recordando lo que nos contó mi abuela de la madre de nuestras amigas.
— No sé vosotros, pero a mí me apetece cenar algo y meterme en la cama, que ha sido un día duro.
—Pues sí, yo también tengo hambre, y creo que por el olor que llega de la cocina tu abuela es lo que pensó hace rato. Me asombra la capacidad de esa mujer para atender a todo el mundo y además liderar el aquelarre.— Erick estaba admirado con la fortaleza de mi abuela.
—Y no solo eso, la manera de tomar decisiones difíciles, así, sin despeinarse.
Yo no sé si podría hacerlo. Ella tiene ese don, son muchos años al mando, también es cierto, pero por algo está ahí claro.
Esto también tiene algo bueno, por fin puedo acercarme más a mi abuela, cosa que mi madre ha intentado impedir desde que nací.
— Erick me rodeó los hombros con un brazo y me atrajo hacia él.
—La cena está lista.— Anunció mi abuela desde la cocina.— ¿Todavía no han entrado esas dos? No creo que cueste tanto ponerse de acuerdo. Al final voy a tener que decidir yo por ellas.— Se dio la vuelta para ir a buscar los platos y nos levantamos corriendo a ayudarla.