Capítulo 21
El elfo me da una idea.
Al día siguiente cuando Erick vino a buscarme para acompañarme al bosque a hablar con el elfo, sentí algo que no me gustó nada al abrir la puerta.
Mi madre había puesto protecciones en la casa, pero aun así, notaba el mal acercándose, no sé definirlo de otra manera.
Le hice entrar corriendo y cerré de golpe.
Mis padres ya se habían marchado a trabajar y no tenía nada más que mi fuerza y la de Erick.
Cogí mis cosas y le hice salir por la puerta de atrás para que a lo que fuera que nos vigilaba no le diera tanto tiempo de atacarnos.
Yo le miraba divertida mientras caminábamos.
—¿Qué pasa?— dijo mientras me pasaba un brazo por encima del hombro.
—Nada, que me hace gracia verte así, lleno de armas, como en una película de aventuras. Y que además la gente no te mire raro ni te pare la policía es todo un logro.
—Mujer, ellos no lo ven. ¿No te enteraste del hechizo de tu abuela?
— Al ver la cara que puse se dio cuenta de que no y me explicó lo que pasaba.
— Vale, las armas tienen un hechizo de invisibilidad, solo puedo verlas yo y cualquier persona que yo esté protegiendo en ese momento.
Y tú, claro, tú las ves siempre. Eres mi mayor conexión, mi vida es para ti.
— Me dio un beso en el pelo y posó su cabeza en la mía unos segundos.
—¡Qué cosas dices!— Apreté el brazo con el que le agarraba y le acerqué aún más a mí.— Pero eso del hechizo es muy buena idea, más que nada porque, si no, para poder moverte con eso iba a ser un poco complicado.
Llegamos al bosque y empecé a llamar al elfo. Tardaba en salir, así que nos sentamos en el claro a comernos algo de picar que había llevado. Al poco tiempo le vi aparecer saltando de ramita en ramita, me levanté y me dirigí hacia él.
—Vaya, ¡cuánto tiempo! ¿A que debo tu visita?
—Hola, Blady, la verdad es que no es una visita de placer. Vengo a contarte lo que hemos averiguado de esa bruja oscura que nos acecha.
—Algo me dijiste, y lo cierto es que sentimos que una magia muy mala anda cerca, pero no acabamos de ver de dónde procede.
—Hay una chica que es medio bruja oscura medio demonio. Esa es la razón de que no sepas muy bien qué es. Debe de estar escondida, pero no la hemos encontrado todavía, por eso también quería pedirte que si tienes alguna noción de dónde puede encontrarse me avises para estar preparada.
—Eso que me dices es muy malo, nunca nos hemos enfrentado a algo así.
Avisaré a mi pueblo y si sabemos algo contactaré contigo, pero ya te digo que es muy probable que abandonemos este bosque.
Hay veces que la lucha entre brujas nos afecta de una manera que no nos merece meternos en medio.
Nos sale mejor huir y buscar cobijo en otro lugar, como ya te comenté.
—Lo sé, y realmente me da mucha pena que por culpa de una lucha que no es vuestra, tengáis que dejar un hogar donde vivís tranquilos desde hace tanto tiempo.
—Tranquila. Gracias por avisarme. Nunca olvidaré que tuviste en cuenta a mi pueblo.
Te diré algo, en este bosque existen más criaturas aparte de elfos y ninfas, si buscas bien, seguramente alguna os pueda ayudar a vencer a ese ser y de una manera que no se espera.
— Me guiñó un ojo sonriente.— Ha sido un honor conocerte, princesa. — Hizo una reverencia y desapareció.
—¡Espera!— Grité, pero ya era tarde, el elfo se había ido.— ¿Cómo sabía que era princesa?-—Hablaba para mí sola, pero sentí que Erick se acercaba por detrás, me tomaba de la cintura y se agachó para hablarme al oído.
—Eres un ser extraño que habla su idioma y no sabe por qué, o no lo sabías la primera vez que lo viste. Imagino que el elfo también quisiera indagar en quién eras.
—Tienes razón. Bueno, ya está avisado. No podemos hacer más por ellos que luchar y vencer a esas cabronas que quieren destruir todo a su paso.— Le conté lo de la criatura que me había dicho el elfo.
—No sé si será buena idea ponernos a buscar nosotros solos. No sabemos a qué se refería, ni si podemos hacernos entender con ella. No quiero ponerte en más peligro del que ya estás.— Me acarició la cara con cariño y preocupación.
—Llamaré a mi madre, a Adríades me refiero, y le preguntaré a ella antes de hacer ningún movimiento arriesgado. Seguro que me podrá decir si existe y qué es.
—Buena idea. ¿Tienes lo necesario?
—Sí, vuelve al coche que en un rato estoy contigo de nuevo.
—¿No prefieres que me quede?— Me miró deseando que le dijera que sí.
—Ve tranquilo, de verdad que no me va a pasar nada. Estoy en mi elemento y en parte de mi ser.
—De acuerdo. Pero si ves que me necesitas no dudes en gritar.
—Sí, pesado.— Le di un empujón en dirección al coche riéndome.
Me agaché en el borde del claro, medio apoyada en uno de los maravillosos árboles que poblaban el bosque, y comencé a llamarla.
Hice lo que ella me enseñó para hacerlo mientras estaba despierta, apoyé las manos en la tierra respirando profundamente, dibujé dos círculos concéntricos, me pinché en el dedo con una rama y puse una gota de sangre en el medio de los círculos, respiré y dije una frase en su idioma que no sé ni cómo me salió.
No tardó ni diez segundos en aparecer delante mío.
—Hola, mi niña. Veo que aprendiste bien la manera de hablar conmigo. Estaba observándote y sé que habéis descubierto.
—¿Has escuchado todo?— Mi cara de sorpresa le hizo gracia y se puso a reír.
—Todo no, pero la mayor parte de lo interesante, sí. Piensa que es para protegerte, así sé en qué momento me necesitas y tengo que acudir en tu ayuda. Es por algo bueno.
—Ya, si tú lo dices. Entonces habrás escuchado al elfo lo de que existen criaturas que pueden ayudarnos.
—Sí, y sé a lo que se refiere. Te ayudaré a encontrarlo, pero tienes que tener mucho cuidado, no es precisamente buen humor lo que predomina en su forma de ser.
Intenta que ese chico tan guapo que has dejado allí— dijo señalando el coche donde estaba Erick—, te acompañe.
Entre los dos y con unas palabras mías espero que consigas hacer que os ayude.
—Pero, ¿qué criatura es?- Pregunté haciendo caso omiso a la referencia que había hecho a Erick. No quería que se metiera en mi vida privada, aunque por lo que parecía eso iba a ser complicado. Ya hablaría con ella en otro momento sobre esa cuestión, ahora teníamos cosas más urgentes.
—Verás, no es que sea criatura en sí. A lo que se refería el elfo es una diosa.
—¿Perdona? ¿Una diosa?— Creo que no me esperaba eso, aunque ya no sé qué más podía escuchar que me siguiera sorprendiendo.— ¿Y de quién se trata?
—De Mielikki.— Se quedó esperando una reacción por mi parte, pero aparte de sonarme de algo el nombre, quizá por leerlo de pasada en algún libro, no sabía exactamente quién era esa diosa, así que negué con la cabeza para darle pie a que me lo explicara.
Suspiró y asintiendo continuó.— Está bien, veo que tengo que enseñarte más cosas sobre este mundo de las que pensaba.
Conozco la ubicación de varias deidades, no me mires así, que en mi larga vida me ha dado tiempo a ver muchas cosas.
En este bosque en concreto se encuentra Mielikki, diosa de los bosques, que huyó de su tierra, habitualmente se la ubicaba en los bosques finlandeses, pero al dejar de ser venerada, su ser comenzó a visitar otros lugares y decidió quedarse aquí.
—Pero, has dicho que huyó. ¿Acaso la persiguieron o algo así?
—Algo parecido. No tengo la información exacta sobre lo que ocurrió, pero no debió de ser bonito y por eso no la gusta hablar de ello.
No es que sea muy afable y dicharachera, pero creo que si la convencemos entre los tres os ayudará.
Al fin y al cabo siempre ayudaba a cazadores y protegía bosques, es su razón de ser.
—Vale. ¿Qué hacemos para convencerla? ¿Tenemos que hacer algún ritual de sacrificio o algo así?
— No tenía ni idea de que era lo que hacían antes, pero siempre había escuchado que los dioses paganos requerían sacrificios de sangre.
Basando mi conocimiento en películas y series claro está que no es algo muy serio.
—Algo así, aunque no creo que lleguemos a necesitar sacrificio de sangre.
Al menos no humana. No te preocupes, intentaré hablar con ella y ponerla sobre aviso de lo que le espera al bosque si no os ayuda, también es su casa y creo que no la apetece buscarse otra ahora mismo.
Más que nada porque ya no quedan tantos bosques como antes, una lástima por cierto, y otras deidades ya están escondidas en otros.
No creo que quieran compartir sus dominios.
—¿Qué más deidades conoces? ¿Podrán ayudarnos también?
—No creo. Sé dónde para Artemisa, que no sería mala opción ya que su arco es el más certero que he conocido en mi vida. Pero creo que su carácter también es algo más arisco y no va a salir de su escondite por ayudar a unas brujas.
—Artemisa.— Repetí asombrada, a esa diosa sí que la conocía. Me parecía increíble que fuera verdad todo lo que estaba escuchando.
—Bien, también se dónde está Cernunnos, antes de que preguntes, es un dios celta con la misma función protectora que las anteriores.
— Me reí porque ya me iba conociendo las expresiones de incertidumbre.
— Pero creo que tampoco querrá entrar en vuestra lucha.
De todas maneras intentaré ponerme en contacto con ellos por si acaso estuviera equivocada.
—Muchísimas gracias, mamá. De verdad que no sabes cómo te agradezco la ayuda que nos estás prestando.— le dije emocionada.
—De nada, cielo. Por cierto, veo que ya controlas más o menos los poderes de ninfa. Me alegro, pero sigue practicando. Cuando vea que estás preparada te llamaré a mi presencia para enseñarte algo más, pero aún no. Y en cuanto sepa algo de cualquiera de los dioses que hemos dicho te lo haré saber.
—Gracias, de verdad.— No me dio tiempo de acabar de decir esto y ya había desaparecido como volatilizada en el aire. Me tomé unos segundos para asimilar todo lo que había dicho, apunté los nombres de los dioses en el móvil para que no se me olvidaran y me dirigí hacia el coche.
—Hola, princesa.— Me recibió Erick con una sonrisa preciosa que marcaba un hoyuelo increíblemente sexy.- Ya pensé que tendría que ir a buscarte.
—¿Por qué? No he tardado mucho, y tengo información alucinante.
—Hombre, si por no tardar mucho te refieres a dos horas y cuarto.— Dijo mirando el reloj que llevaba en su muñeca riéndose.— Pues la verdad es que no sé el día que tardes bastante cuanto será.
—¿En serio? ¿Llevas aquí esperándome tanto rato?
Cuanto lo siento, de verdad. El tiempo en el mundo feérico pasa demasiado rápido, por eso ella me dijo «en años humanos» cuando hablamos de edad—dije por fin entendiendo algunas cosas.
— Siempre la he visto dormida, y en sueños me parece menos, porque al levantarme y ya ver que ha sido el sueño de esa noche no me da por pensar en que me he pasado horas dentro de su mundo.
—No pasa nada. Al ver que no venías me he estado dando un paseo y entrenando un poco aquí en el claro. Así aprovechaba el tiempo. Y ahora cuéntame que es lo que has averiguado que me tienes en vilo.
—Vale, pero mientras vamos a algún sitio y te invito a comer algo, porque no sé tú, pero yo estoy famélica.— dije riéndome.
—Acepto encantado.
Pusimos rumbo a una cafetería con platos combinados y mientras esperábamos que nos sirvieran le relaté todo lo que me había dicho Adríades.
No me esperaba que conociera el nombre de Mielikki, pero la cara de sorpresa que puso al contarle todo esto fue tan graciosa que le tuve que hacer una foto.
Intentó quitarme el teléfono para borrarla pero fui más rápida que él y la mandé al grupo de las chicas con el texto «esta es la cara que se os va a quedar cuando os cuente lo que he averiguado».
—Te vas a arrepentir, esta te la devuelvo.
— Me dijo riendo.— Vale, bueno, pues habrá que coger aire y pensar que todo es real.
Y practicar mucho, que soy vuestro guardián, el que controla las armas, tengo que quedar bien ante ellas, no puedo parecer un simple humano que no sabe ni por dónde se anda.
—¿Estás nervioso?— Le pregunté riéndome.— No me lo puedo creer, ¡estás como un flan!
—¿Cómo no voy a estarlo? Esas diosas, al menos Artemisa, que es a la que más he estudiado, es la diosa de la caza, su arco es legendario, nunca falla, siempre da en el blanco.
Y los demás pues, son protectores del bosque, tu deberías estar algo nerviosa en cuanto a que eres una princesa ninfa medio bruja de la naturaleza.
—Vale, acabas de ponerme algo nerviosa. Tienes razón, no dejan de ser deidades. Pero piensa que igual no vienen todos a ayudarnos. O puede que ninguno. Primero tenemos que convencerlos y esto va a ser complicado.
—Si Adríades es persuasiva, que por lo que parece lo es, y luego tú les muestras lo que puede llegar a ocurrir si dejamos que una bruja-demonio campe a sus anchas por el mundo, seguro que dicen que sí, ya verás.
—Eso espero. En fin, vamos a comer que me muero de hambre y esto se va a enfriar.
Esa tarde nos la tomamos para nosotros, sé que puede sonar egoísta teniendo en cuenta la situación en la que estábamos, pero también es necesario un poco de relajación de vez en cuando para no colapsar.
Así que después de comer nos dedicamos a pasear un poco por la ciudad, tomarnos unas cañas y ver una película en el cine.
Al día siguiente ya tendríamos tiempo de contar a las demás todo lo que sabíamos, que al no tener algo seguro tampoco era mucho.
Disfrutamos del momento sin pensar en que seguramente tendríamos a alguien en nuestras nucas vigilando cada movimiento.
Paseamos cogidos de la mano como dos personas corrientes, enamoradas, mirando al otro con dulzura cuando creía que no nos veía.
Por una tarde me sentí una adolescente más, sin otra preocupación que disfrutar del verano con su novio.
Me sentía feliz, pero es cierto que echaba de menos la inquietud de no saber qué va a pasar, la emoción por aprender todo un mundo que desconocía.
La verdad es que no cambiaría una cosa por la otra, prefiero encontrar un equilibrio para poder convivir con mis dos mundos.