Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 20
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Capítulo 20

Rompiendo hechizos.

Estuvimos toda la tarde entre páginas antiguas marcando algunas de las opciones que nos parecían posibles dentro de que no teníamos nada muy seguro.

Mi madre, la de Elena y Luján hicieron frente común para ver si conseguían evocar como fue aquella época, pero había algo que las impedía recordar, pues se dieron cuenta de que tenían lagunas extrañas en las que no podían llegar a alcanzar sus recuerdos por mucho que esforzasen su mente.

Eso era extraño y pidieron ayuda a mi abuela para ver si habían sido víctimas de algún hechizo.

Se reunieron con las demás y nos pidieron que observáramos, pues era algo que también deberíamos aprender.

Colocaron a las tres brujas en el centro, mi abuela se posicionó justo enfrente de ellas con las demás miembros del aquelarre a su alrededor cogiéndose de las manos, comenzaron a recitar un cántico con los ojos cerrados y vimos como que se desprendía algo parecido a un humo de un color extraño de las que estaban situadas en el centro.

Mi abuela abrió los ojos y al ver aquello paró en seco de cantar, se deshizo de las manos que la agarraban y comenzó un hechizo dirigiendo su energía a las tres mujeres.

Tocó el cristal que llevaba colgado al cuello, recogió un par de cuencos que había en una mesa cercana y echó encima de ellas su contenido.

Vi como las tres se agachaban sujetándose la cabeza con gestos de dolor, pero mi abuela no paró de recitar.

Miré a mis amigas y estaban tan absortas en lo que estaba ocurriendo que ninguna me devolvió la mirada.

Al poco tiempo, mi abuela terminó y la habitación se quedó en silencio.

Mi madre fue la primera en levantarse, todavía agarrándose la cabeza pero con una mirada totalmente sorprendida. La siguieron las otras dos con expresiones similares y mi abuela las guio al sofá para que se sentaran y nos contaran lo que habían visto. La madre de Elena fue la primera en hablar.

—Madre mía, no sé cómo pudimos hacer eso. O al menos aprobar formar parte de ello.

—Lo sé, yo también me siento mal. No debimos dejarnos engañar así.— Luján también tenía una cara de pesar y malestar increíble.

—Creo que aunque no hubiésemos accedido nos hubieran obligado.

De hecho no tengo muy claro que no lo hicieran.

Porque una cosa está clara, necesitaban más personas para hacer el ritual que querían y solo tenían una opción, que nosotras las apoyáramos.

Pero nuestros gestos eran muy mecánicos, al menos en mis recuerdos, y el que nos borraran la memoria después no tiene mucho sentido si hubiéramos accedido a ayudarlas sin más.

—Tienes razón Sarah. No podemos inculparnos ni flagelarnos por aquello.— La madre de Elena, sentada en el medio de las tres, cogió la mano de mi madre y la de Luján.

—Bueno, ya vale. ¿Podéis contarnos por favor, qué es lo que pasó?— Mi abuela se estaba despertando.

—Está bien, mamá. Cuando descubrieron ese libro de invocaciones se pusieron muy contentas, más de lo normal.

Comenzaron a probar trayendo seres de otros planos, al principio cosas sin mucha importancia, se quedaban aquí un rato haciendo lo que ellas les ordenaban y luego les enviaban de vuelta.

Pero aquello dio pie a que sus mentes volaran más alto de lo que debían, y que se las ocurriera llamar a seres más poderosos.

Nosotras— dijo señalando a las dos personas que tenía sentadas a su lado—, no quisimos ir más allá, al principio nos parecía algo curioso pero cuando vimos cómo evolucionaba aquello no nos gustó.

Entonces se volvieron malas. Hablaron con un ente extraño, y les dijo que quería descendencia para poder pasar sus poderes, los cuales eran muy fuertes, y traerles a este plano, y que la que se ofreciera a ser la madre de la criatura tendría también muchas ventajas que la favorecerían en un futuro no muy lejano.

Ellas debieron de echar a suertes quien sería el recipiente y salió Idoia.

Aunque eso era de esperar, pues siempre era la que llevaba la voz cantante.

Pero para hacer la invocación y el ritual les hacían falta más brujas, más poder.

Así que nos pidieron que les ayudáramos sin explicarnos quién era exactamente ese ser.

Le dijimos que no, o al menos eso creemos, así que nos debieron de hechizar para que las ayudáramos.

Esto fue un par de meses antes de que hiciéramos el ritual para engendrar a Hiedra, y después ya sabéis lo que ocurrió.

Ellas se alejaron un poco del aquelarre al irnos nosotros, y yo pensé que quizá fuera por evitar enfrentamientos al ayudarnos, o que querían relajar el ambiente, pero quizá lo hicieron para poder tener a ese bebé sin que ninguna supiera lo que había pasado.

—¡Increíble! Nunca hubiera imaginado que llegarían hasta ese punto de locura.

— Mi abuela se pasó las manos por la cara.

— Si es cierto lo que me estás contando, esa chica, la tal Valeria, es hija de una bruja pero también tiene los poderes de un ser, o incluso la esencia, y no sabemos quién es ni de lo que puede ser capaz.

Ya podemos prepararnos, porque esto no va a ser fácil.

—Bueno, entonces al menos ya sabemos algo más, que Valeria nos mintió a todas.— Miré a las demás.— Si por algo nos hacia la vida imposible en el instituto, ¡qué cabrona!

—No te hagas mala sangre, no sabemos qué ser tiene dentro, lo mismo la ha envenenado su forma de ser original.

—Elena, no te esfuerces, ya solo con los genes de su madre sería una hija de puta, mira lo que nos hizo a nosotras. Tú siempre pensando bien de todo el mundo corazón.— Su madre se levantó del sofá, se acercó a ella y le dio un achuchón.

—Bien, y entonces ¿por dónde empezamos a buscar? Porque digo yo que habrá que saber a quién invocaron para poder enfrentarnos a él. Aunque yo no tengo problema en luchar con lo que sea que venga a por nosotros.— Erick se había metido bien en el papel de guardián.

—Lo primero que vamos a hacer es mirar en esas fotocopias para ver si os suena alguna de las páginas que tenemos.— dijo mi abuela señalando a su hija y las otras dos brujas que participaron entonces.

Me acerqué a la mesa donde teníamos los documentos y los libros y cogí los que había del libro oscuro. Los repartí entre las tres y se pusieron a observarles con más detenimiento. Ahora que habían recuperado sus recuerdos seguramente verían algo más.

—Vale, creo que tengo algo.— dijo la madre de Elena cuando llegaba por la segunda hoja.

Se la enseñó a mi madre y a Luján para asegurarse.

Vi a mi madre saltarse una respiración y supe que lo que estaban viendo no iba a ser bueno.

— A ver, no es que invocaran a un ser de otro plano como tal, según pone aquí, y estamos las tres de acuerdo en que fue esta la que utilizaron, invocaron a un ser del plano más oscuro, del que ningún alma viva puede retornar, del plano donde todo es árido y caliente, un ser poderoso que gobierna a su antojo su parte del lugar.

— levantó la cabeza, pasó la mirada por las demás personas de la sala, inspiró hondo y lo soltó.

— Un demonio vamos, y no de los normalitos.

Uno con suficiente poder como para poder engendrar un hijo con una bruja.

— Miró compungida a las demás y se llevó las manos a la cabeza. — Chicas, ¿qué hicimos?

—Tranquila, no fuisteis conscientes. Usaron sus poderes contra sus amigas, contra su aquelarre, se merecen el castigo impuesto y mucho más.

Todos estos años me ha carcomido que hubiésemos sido demasiado duras con Idoia, había perdido a su hermana y encerrarla allí sola la habría vuelto loca, pero, ahora veo que la locura se había apoderado de ella mucho antes y que el castigo es pequeño comparado con lo que ha hecho ella.

— Era la primera vez que escuchaba a mi abuela mostrarse vulnerable ante las demás en todos estos días.

—No te martirices mamá, si nosotras no hubiésemos estado con ellas animándolas cuando nos enseñaron el libro, esto igual se podría haber evitado.

Aunque es cierto que tengo que darles las gracias pues si no, Hiedra no estaría aquí.

No todo ha sido malo.— Me miró con cariño desde el lugar donde estaba sentada.

— Lo que sí es cierto es que ya sabemos que tenemos que buscar toda la ayuda posible.

Luchar contra un demonio, por débil que sea, nunca es sencillo, con lo que hay que encontrar más personas que puedan y quieran ayudarnos.

- Miró a su alrededor a todas las brujas que estaban allí, y una a una fueron asintiendo con la cabeza para mostrarle su apoyo.

—Y ese libro que robaron, estamos seguros entonces de que fue Valeria claro, ¿quién si no? Decidnos qué podemos hacer nosotras.— Almudena se acercó a mi abuela, siempre era la más resolutiva de todas.

—Sabiendo a qué nos enfrentamos, voy a buscar los hechizos más poderosos que sepamos para aprenderlos, vosotras intentad encontrar y convencer al resto del aquelarre de que nos ayude.

— dijo señalando a algunas de las que habían venido al bosque.

— Y las pequeñas deberíais quedaros en la retaguardia, no me gusta la idea de poneros en peligro, no ahora que sé que puede pasaros algo peor de lo que imaginaba.

—Mira abuela, creo que hablo por todas cuando te digo que no vamos a quedarnos de brazos cruzados, así que danos algo que hacer, al fin y al cabo ese cruce raro va a por nosotras.— De repente se me ocurrió algo. Miré a las demás sonriendo y me giré a mi abuela.— ¡Seremos el cebo!

—¡No! ¡Por encima de mi cadáver! ¡No vais a ser el cebo de nada! Ya se os puede quitar esa idea de la cabeza.— Mi madre se había puesto de pie de un salto al escucharme.

—Mamá, por favor, es la mejor opción para hacerla salir de su escondite. Hemos mirado en su casa varios días pero no aparece. No podemos estar esperando a que prepare un ataque y nos pille por sorpresa.

—He dicho que no. Creo que encontraremos otra manera de dar con ella. Déjanos al menos unos días para pensar y preparar algo.— Miró a mi abuela buscando apoyo.

—A mi no me mires, eso es entre vosotras, por mi parte no me parece mala idea. Estaríamos pendientes de ellas, no las pasaría nada.

—Ya, claro, como tenemos mucha experiencia en que todo salga bien.

—Venga, no podéis seguir peleando. Vamos a ponernos manos a la obra.— Luján se llevó a mi madre del brazo hacia otra habitación. Menos mal, porque esto tenía pinta de acabar mal, no tenía que haber abierto la boca, al menos no tan pronto. Mi abuela se acercó a nosotras.

—Sois muy valientes, no todos se pondrían en peligro para salvar a mucha gente.

Tendré en cuenta vuestro ofrecimiento, pero intentaré buscar otras opciones, en eso haré caso a tu madre, no me gustaría seguir discutiendo con ella, aunque a veces no puedo evitarlo.

— Se echó a reír mientras se giraba para ir a la cocina.

Nosotras salimos al patio con Erick. No sabíamos muy bien qué hacer, había sido un día muy revelador y duro.

Estábamos cansadas mental y físicamente, así que no teníamos mucha conversación.

Ese rato de silencio fue un gran descanso, pues dentro de la casa se escuchaban conversaciones, unas con voces más altas que otras, pero no quisimos entrar para ver qué ocurría.

Me imaginé que algunas estarían llamando por teléfono a sus antiguas compañeras y no tendrían demasiado éxito en el intento de reclutamiento.

Intenté abrir mi sentido del oído para escuchar algo y después de acostumbrarme, todavía me costaba aunque había practicado mucho, básicamente era lo que pensaba.

Las que no habían venido en la primera llamada de mi abuela estaban demasiado asustadas para volver a la lucha, y más cuando les contaban a qué se enfrentaban.

Sinceramente, lo veía normal, no todo el mundo estaba preparado para esto.

En ese momento me di cuenta de una cosa, no había avisado al elfo de todo esto, tendría que acercarme al día siguiente a contarle lo que ocurría, puede que ellos supieran de algo para protegernos que nosotras desconociésemos.