Capítulo 18
El relato de la abuela.
Así lo hicimos. Cuando llegamos a casa de mi abuela estaba ocupada con Luján enseñándola a observar entre planos como la había dicho que haría. Mi madre no había ido y la de Elena tampoco.
—Bueno, ya era hora de que llegarais.— Mi abuela, su carácter siempre sería recordado sin duda.
— Venga, el tiempo es oro en situaciones así.
Tenéis que poneros al día de muchas cosas.
Tú, coge ese arco tan bonito que te hiciste, el hacha, y la espada.
Te he preparado en el jardín un lugar para que te entrenes como es debido.
—Pero la espada aún no me responde. El día que probé a usarla es cuando ocurrió el ataque a Elena, bueno uno de ellos, y ya no volví a pensar en cómo hacer que sea mía. No puedo utilizarla como la que me dejaste para ir contra el desgarrador.
—Mal hecho por tu parte y por la de todas.
Deberíais estar más atentas a todo lo que atañe a vuestro guardián, pues si un arma no le es fiel en la batalla no podrá protegeros y eso podría ser fatal.
Por muy buenas que seáis lanzando magia, de vez en cuando un arma con buen filo es de más ayuda.
— Todas agachamos la cabeza asintiendo, y parece que mi abuela lo consideró como una buena reacción.
— Bien, déjame verla.— Alargó la mano para que colocara la espada en ella, cosa que Erick hizo enseguida.
— Parece que el hechizo que usaron es bastante poderoso, pero nada que no se pueda romper.
Déjamela y mientras vete a seguir entrenando con los demás.
Erick salió al patio y le escuché gritar emocionado. A los pocos segundos volvió a asomar la cabeza por la puerta y miró a mi abuela.
—¡Muchísimas gracias! Me siento como en una película. Chicas, me ha montado una sala de entrenamiento flipante, tenéis que verla.
—No solo verla me temo, aunque también utilicen hechizos tenéis que aprender a defenderos como seguramente ya os habrá comentado Luján.
Así que venga, ella está preparada para crear monstruos bastante reales, utilizad todo lo que sepáis y luego a hacer ejercicio físico, que no os veo yo muy duchas en ese tema.
— Nos miró una por una con cara de reprobación.
— Menos mal que sois jóvenes y estaréis listas enseguida.
Fueron saliendo una detrás de otra siguiendo las órdenes de mi señora abuela que cada día parecía más un general que una bruja.
Yo me quedé algo atrasada y con disimulo le indiqué a Luján que necesitaba hablar con mi abuela a solas.
Se disculpó diciendo que tenía que ir a por unos libros que necesitaba y salió por la puerta que daba a la biblioteca de mi abuela.
Sí, como lo oís, tenía una biblioteca de magia, increíble.
Me acerqué a ella con algo de temor, inspiré hondo, y cuando fue a abrir la boca se me adelantó.
—Pregunta lo que quieras, ya sé que tendrás muchas dudas que resolver y me imagino que los inútiles de tus padres se hayan negado a responderte.
—Bueno, lo cierto es que le pregunté solo a mi padre, según estaba mi madre de cabreada ayer ni siquiera lo intenté. Pero vamos, sí me gustaría saber algo más, al fin y al cabo, creo que vuestra reacción quiere decir que esto es peor de lo que nos lo hacéis ver.
—En realidad no es tan horrible. Ven, siéntate conmigo, que una ya va siendo mayor para estar todos el día de pie, mis piernas ya no son lo que eran.
—Abuela, no sé si he visto a nadie con más vitalidad que tú.— Me reí porque era cierto, nos ganaba a todas en energía aun sacándonos unos años.
—Todo es fachada, no te creas todo lo que ves.
— Me guiñó un ojo sonriendo, se sentó en el sofá y dio unos golpecitos con la mano a su lado para que me sentara allí.
— Muy bien, empecemos por el principio. El aquelarre estaba formado por mis amigas y por mí en un principio, pero cuando nuestras hijas comenzaron a desarrollar sus poderes, en lugar de crear ellas otro aquelarre propio como habéis hecho vosotras, se unieron al nuestro, con lo que se convirtió en un grupo bastante grande.
—Pero, ¿eran todas vuestras hijas? Mi padre, ¿también era hijo de alguna de tus amigas?
—Sí, su madre también estaba dentro del grupo, lo que pasa es que él se unió al convertirse en guardián, no antes.
Entraron todas, los padres de Elena y Erick, su padre por si no os lo he dicho es otro guardián, era el mejor amigo de tu padre.
La madre y la tía de Almudena y Manuela, su padre no, él no era del grupo, le conocieron después y no tenía magia.
Por eso también el padre de Almudena, al morir su madre se resistió a continuar en ese mundo y pensó que protegería mejor a sus hijas sacándolas de él.
—Eso nos lo contó sí, o más bien a ellas claro. Nos envió con Luján porque su abuela tiene demencia. ¿Ella era una de tus amigas
—Sí, Adela era mi mejor amiga. No tiene demencia exactamente.
Cuando su hija murió, todo su mundo se vino abajo, aun estando sus nietas no pudo soportarlo y se encerró en sí misma.
Intentó hacer un hechizo para borrarla de su memoria, yo la dije que no lo hiciera, intenté convencerla, pero un día que no estaba con ella lo realizó.
Y salió mal. No borró solo los recuerdos de su hija, sino todo lo que había sido su vida.
Busqué un contrahechizo que pudiera traerla de nuevo los recuerdos, pero no encontré ninguno.
Todas las semanas voy a verla para ver si hay algún cambio en ella, pero no hay nada que hacer.
— Vi como a mi abuela se la rompía el alma al recordar lo que la ocurrió a su amiga.
Miré al jardín buscando a las chicas, no sé qué haría si les pasara eso a alguna de ellas.
—¿Ellas no lo saben, verdad?— Pregunté señalando a Almudena y Manuela.
—No creo que su padre se lo haya dicho. Tampoco la causa de la muerte de su madre.
Ellas eran muy pequeñas, no creo que recuerden nada, pero no fue una muerte natural.
La persona que nos atacó fue a buscarla cuando pensábamos que ya estaba calmada y no haría nada malo, la pilló por sorpresa estando sola y Sofia no resistió el ataque.
Cuando llegamos no pudimos hacer nada por ella.
— Mi cara revelaba la sorpresa ante lo que me estaba contando mi abuela.
— No sé si deberías contárselo a tus amigas.
Su padre las ha mentido todos estos años diciéndolas que murió en un accidente, y quizá debería ser él quien las contara la verdad.
—No creo que haga eso nunca. Ha tenido la oportunidad cuando fueron a preguntarle y no lo ha hecho. Será mejor que se lo cuente yo, creo que deben saberlo.
—Yo también lo creo, pero hazlo con tiento, hay muchas cosas que no sabíais y las estáis descubriendo todas de golpe, tú misma eres un ejemplo de ello.
— Me cogió la mano y me dio un apretón cariñoso.
— Bueno, lo que te iba diciendo, al ser nosotras las mayores tomamos la empresa de enseñarles, pero ellas mismas intentaron investigar por su cuenta y riesgo.
Aparte de las que te he dicho también estaban otras dos chicas que no eran hijas de ninguna del aquelarre, si no sobrinas de una de ellas.
Su tía se había hecho cargo de las niñas al morir su hermana y como no parecían malas chicas las aceptamos y entrenamos como a las demás.
— Mi abuela miraba al infinito recordando aquella época, perdida en su memoria según me iba relatando lo que vivió.
— No sé qué hicimos mal, las tratamos como a nuestras propias hijas, les enseñamos a defenderse, a luchar, a preparar pociones, hechizos, etc.
Pero todo desde un lugar pactado con la naturaleza, acorde con los elementos, respetando a los demás.
—Es lo que nos estáis enseñando a nosotras ahora ¿verdad?
—Sí, aunque tú ya lo llevas más asumido, pero sí.
Aprendían rápido, todas se convirtieron en brujas poderosas enseguida, pero estas chicas querían más, decían que no podía haber solo esto, que si existían monstruos como los de los cuentos también habría magia como la que usaban en ellos.
— Suspiró mientras negaba con la cabeza.
— En ese momento teníamos que habernos dado cuenta de lo peligrosas que podían llegar a ser.
—Pero, abuela, eso no lo podías saber.— intenté animarla, pues la sentía una pena que no imaginaba que pudiera tener.— Ellas decidieron.
—Lo sé, pero fueron marchitándose por dentro sin darse cuenta.
En algún momento encontraron un par de libros oscuros, no sé dónde ni a quién pertenecían en el pasado, pero los estudiaron como si fuera lo más importante del mundo.
Probaron los hechizos que venían y no siempre les salió bien, intentaron que sus amigas las siguieran para probar lo que estaban haciendo y al principio lo hicieron.
Hasta que se dieron cuenta de lo que significaba aquello.
—Entonces mis padres también jugaron con magia oscura, por eso discutías con mi madre.
—Bueno, si te soy sincera no solo porque juguetearan con ello. Tú has visto esos libros, pero aún no tienes la capacidad suficiente para entender todas las lenguas de las brujas.
—Son aquellos que te enseñé de la biblioteca ¿verdad? Vi tu cara cuando te mostré las copias y se lo dije a Erick, sabía que les conocías.