Capítulo 17
¿Les sonsacamos información?
Diez minutos después entrábamos por la puerta de mi abuela mientras mi madre me observaba atentamente y miraba interrogante a Erick como diciendo que qué narices le pasaba a su hija.
Este la miró riéndose y haciendo un gesto de «no preguntes».
Me dirigí al salón donde estaban todas reunidas, para mí que estaban esperando que llegáramos.
Vi que él se había quedado retrasado mientras hablaba con mi madre y mi abuela, que estaba en la cocina y llevaba una bandeja con tazas en las manos.
Me senté en uno de los sillones y Elena vino corriendo a preguntarme cómo estaba.
Sentía las miradas de todas posadas sobre mí.
Erick entró en ese momento y se sentó en el borde del sillón donde yo estaba, me pasó un brazo por los hombros, y me miró sonriendo.
—Bueno, creo que ya hemos avanzado algo.
— Mi abuela se dirigió a todas mientras dejaba la bandeja encima de la mesa.
— Por parte de mi nieta creo que ha despertado su parte ninfa, espero que nos sirva de algo.
— Lo dijo con cierto retintín que me hizo pensar que ella no aprobaba demasiado que mis padres hubieran acudido a Adríades, pero era solo una percepción.
— Por otro lado, mi hija y yo estamos intentando averiguar quién puede estar detrás del entrenamiento de esa tal Valeria, y puede que tengamos cierta idea, pero antes de acusar a nadie debemos cerciorarnos de que sea así.
—Y esa persona, porque me imagino que sea una persona, ¿es tan mala como ella?— Elena miró algo asustada a mi abuela, pero antes de que pudiera contestar, mi madre se acercó a ella y con una voz más dulce, esa que usaba cuando quería consolar a alguien, le intentó dar una explicación.
—Tranquila cielo, puede ser la bruja que pensamos o no, pero lo averiguaremos, y cuando lo hagamos pondremos remedio de la mejor manera que sepamos.
—Sarah, tienes la costumbre de endulzar todo, no puedes seguir haciendo eso.
Estas chicas tienen que aprender a luchar, ya que las ha venido todo de esta manera.
Es una pena, sí, debería haber sido más bonito el crecer aprendiendo el mundo mágico y no así todo de golpe y porrazo.
Pero os recuerdo que de eso la culpa solo la tenéis vosotras.
Tanto tú como las madres de estas otras chicas, porque en su día decidisteis esconderlas del mundo y ahora están pagando las consecuencias de no estar preparadas como deberían.
— Mi abuela estaba cabreada y se la notaba mucho, desde luego que se estaba desahogando y mi madre, aunque normalmente se callaba delante de ella, esta vez no lo hizo.
—Mira mamá, hemos educado a nuestras hijas como hemos considerado mejor para ellas.
Hablo por mí pero también por Sofia y Elisa, ya que eran mis amigas y no están aquí para decírtelo.
— mi madre se levantó de su silla y se acercó hacia mi abuela encarándose con ella.
— Pero en su momento lo decidimos así porque no queríamos que ellas sufrieran lo que nosotras habíamos pasado.
No todo es tan bonito como parece viviendo con magia, y la verdad que si no hubiera pasado todo esto, quizá nunca lo hubieran sabido de nuestras bocas.
—Pues me sigue pareciendo una opción cobarde por parte vuestra, y además, algo que no deberíais decidir vosotras, al menos no llegada cierta edad. A partir de los diez años deberíais haberles dicho algo y no estaríamos ahora en esta situación.
—O quizá hubiese sido peor. ¿No recuerdas lo que nos pasó a nosotras?
Tampoco es que estuviéramos super entrenadas para defendernos, porque con dejarnos descubrir y experimentar como decías entonces, teníamos suficiente.
Pero claro, estabas demasiado ocupada con dirigir el aquelarre como para hacerte cargo de la educación de tu hija.
—Vale, creo que es suficiente.— La prima de Almu se levantó con decisión y se colocó en medio de las dos, que seguían mirándose con un rencor nada disimulado.
— Deberíamos dejar atrás el pasado y centrarnos en lo que tenemos ahora mismo delante de nuestras narices.
Cada una hizo en su día lo que consideró mejor para su familia, ya está, no os peleéis más por eso.
—Está bien. Centrémonos en lo que hemos venido a hacer.
— la primera en dar el brazo a torcer fue mi madre.
Ahora entiendo por qué no íbamos mucho a visitar a mi abuela.
— Cada una de vosotras, a practicar conmigo.
— dijo mirándonos a mis amigas y a mí. Estaba claro que no quería seguir en la misma habitación que mi abuela por ahora.
Me levanté para seguir a mi madre al patio donde ella ya se dirigía, y las chicas hicieron lo mismo sin rechistar.
Escuché como mi abuela le decía a Luján que se pusiera a trabajar con ella, que la enseñaría a buscar entre planos.
Y Erick , al verse solo, se dirigió al patio detrás de nosotras.
El ambiente estaba algo caldeado así que no pregunté a mi madre qué era aquello tan grave que había ocurrido para que se escondieran.
Yo tenía entendido que habían atacado el aquelarre pero que algunas de ellas se habían ido antes de que eso pasara.
Tomé nota mental para que no se me olvidara tener una conversación con mi madre, o con mi padre si ella no me lo quería contar.
Nos pasamos el día practicando conjuros defensivos y así Erick podía hacer magia con nosotras a la vez que ir dirigiendo movimientos con el hacha.
Les avisé de que el hierro podía dañarme, ya que con todo el jaleo de antes no les había hablado de nada.
También aproveché para contarles un poco lo que me había dicho Adríades.
Mi madre se quedó bastante sorprendida con lo de que no envejecería de forma humana, pero creo que en general lo llevaron bastante bien.
Elena y su hermano decidieron tener una charla con su madre para ver si les contaba algo más de su pasado.
Creo que esa noche todas nos sentamos con nuestros padres para intentar que soltaran la lengua.
Algunos tuvieron más suerte que otras, y al día siguiente quedamos los cinco antes de ir a casa de mi abuela o de Luján para poner en común la información que nos habían dado.
Yo fui la primera en llegar y al poco apareció Erick por una esquina del parque.
Vi que sonreía al verme y eso me alegró para todo el día.
Se acercó a mí y me dio un beso suave en los labios.
—Buenos días, mi pequeña princesa.— Me acarició la cara y puso un mechón de pelo detrás de mi oreja de una manera super dulce.
—Hola, caballero de reluciente armadura. Vienes muy solo, pensé que Elena llegaría contigo.
—Ahora vendrá. Se le han pegado las sábanas, con lo dormilona que es no me extraña nada.
Por cierto, no la he dicho que estamos juntos, por si no querías que se enteraran todavía.
— Se sentó en el respaldo del banco justo detrás de mí, así que yo me apoyé en una de sus piernas mientras él me acariciaba el pelo.
—Creo que ayer no les quedó mucho atisbo de duda, al menos a las chicas. Pero con la discusión y la tensión que hubo después, no se atreverían a decirnos nada. Hoy seguro que alguna lo hace. Mira, por allí viene tu hermana.— dije señalando hacia el lugar por donde había aparecido él.
Elena al vernos se acercó corriendo, frenó justo delante de mí y me abrazó como pudo.
—¡No sabéis lo contenta que estoy de que por fin estéis juntos! Ayer casi me da algo de tanto morderme la lengua para no decir nada, que según estaba tu madre cualquiera hacia un comentario fuera de lo que estábamos entrenando.
—Gracias, corazón. Sí, mi madre es muy buena, pero tiene la mala hostia de mi abuela, menos mal que no la saca mucho.
—La verdad es que ayer se pusieron un poco duras la una con la otra. Se nota que tienen ese algo sin resolver.
—Espero que todo lo que está pasando las sirva para unirse un poco, pero al menos a mí me ha servido para entender por qué mi madre evitaba las visitas a mi abuela lo más posible.
Solo la he visto cuando venía ella a mi casa.
— Suspiré con pena pensando en todo lo que me había perdido, mi abuela podía haberme enseñado muchas cosas si me hubieran dejado con ella algunos días como hacen otras familias.
—Ey, no te hagas mala sangre. Como dices, esto las va a servir para estrechar lazos.— Erick me giró la cara para que le mirara mientras me decía esto con una sonrisa de las suyas y me besó.- ¿Conseguiste hablar con tu madre?
—Bueno, más que con ella, intenté hablar con mi padre cuando llegué a casa aprovechando que mi madre se metió a la ducha. La veía demasiado alterada y no quise molestarla más.
—Normal, estando así no creo que te hubiera querido contestar a nada que le preguntaras. Mi madre ya estuvo a la defensiva cuando le abordamos al llegar, y no venía de una discusión.
—Mirad, ahí vienen estas chicas.— dije mientras veía acercarse a Almudena y Manuela.
—Enhorabuena chicos, ya era hora.— comentó Almu cuando llegó a nuestra altura.— Bueno, ¿qué sabéis? Porque nuestro padre no ha querido hablar mucho, básicamente lo que nos dijo la otra vez.
—Pues lo cierto es que mi padre me ha dicho que sí estaban metidos en el aquelarre, que él sí había desarrollado su poder de guardián, pero que la idea de la invocación a Adríades no fue del agrado de muchos de los miembros, así que decidieron salirse.
Lo que conllevó quedar al aquelarre sin nadie que le protegiera.
Que es cierto que ya entonces estaban luchando contra una fuerza oscura, pero no me ha querido especificar mucho más.
Bueno, más bien no tuvimos tiempo pues mi madre bajó enseguida a cenar y mi padre no quiso seguir hablando.
—Pero, entonces, ya sabían que algo les amenazaba antes de irse, normal que muchos se enfadaran al quedar desprotegido el aquelarre.— Almu me miró entendiendo el punto de vista de mi abuela.