Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 16
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Capítulo 16

El despertar de la visión.

—¿Qué ocurre? Esa cara no es buena señal. ¿Qué ha pasado esta noche?— dijo Erick mientras entraba y me miraba preocupado.

—Tranquilo, lo cierto es que no es nada malo. Logré contactar con Adríades y me ha dicho que despierte mis sentidos en este plano y que el hierro no me mata. Que las historias no son tan certeras. Y también que viviré mucho tiempo.- Bajé la mirada al decir esto último.

—Bueno, entonces si tus sentidos se despiertan es algo bueno, y lo del hierro la verdad que no se me había ocurrido pensarlo.— Se llevó una mano a la cabeza.— Menudo guardián estoy hecho, anda que si te hiero con una de las armas con las que debo protegerte, vaya fallo.— Se le veía algo triste.

—Somos nuevos en esto, no lo sabíamos. Yo tampoco había pensado que fuera así.— Me acerqué a él y le acaricié el brazo para consolarlo.

—Ya, pero no dejo de pensarlo. Y eso de que vivirás mucho tiempo, ¿qué quieres decir?— Me miró con los ojos entrecerrados.

—Pues, siempre y cuando no me mate nada antes, no envejezco como vosotros.— Volví a bajar la vista y suspiré. Me senté en el brazo de uno de los sillones.— Vamos que mi parte ninfa a partir de ahora no me dejara tener arrugas en unos cuantos años.

—Entonces, cuando yo tenga setenta años, si es que llego, tú tendrás la apariencia de cuarenta o algo así, ¿no?

—Creo que no, mi madre tiene trescientos cincuenta y dos años y su apariencia es de unos treinta, si llega. Aunque tengo parte humana, pero no sé si eso contará para algo. Por lo que me ha dicho seguiré aparentando veinte bastante tiempo, y cuando digo esto me refiero a unas cuantas décadas.

—Ostras. Vale.— Se acercó a mí y me cogió la mano sentándose en el sillón de enfrente.— Bueno, no pasa nada, seguiré a tu lado aunque parezcas mi nieta, y las demás también seguro.

—Pero nunca podré tener una vida normal, una pareja, siempre destacaré y la gente hablará y tendré que cambiarme de ciudad.— Había empezado a hablar tan deprisa y tan nerviosa que no podía parar, mis mejillas se llenaron de lágrimas en segundos.

—Espera, espera. Frena un poco.— Erick se levantó corriendo de donde estaba sentado, se arrodilló frente a mí y cogiéndome la cara con las manos me dijo con voz dulce pero firme a la vez.

— Mira, lo primero, claro que vas a tener una vida normal, destacarás porque eres una mujer increíblemente inteligente, guapa y maravillosa.

Si la gente habla, que hable, eso no debe de importarte.

Sí es cierto que igual te tienes que mudar, pero es lo que tiene no envejecer, en eso las pelis de vampiros nos han enseñado algo.

Y desde luego, te aseguro que no te vas a librar de mí hasta que me muera, si es que tú quieres claro.

— Acercó su cara a la mía y dejó un tierno beso sobre mis mejillas húmedas.

— Eres la chica más bonita que he conocido nunca, tienes algo muy especial que te hace desprender una luz increíble.

Cuando decoré el arco me viniste a la mente como algo que tenía que ser así, no había otra opción ni la habría nunca.

—Esto es muy complicado. Yo quería una vida normal, enamorarme del hermano de mi amiga es algo que suele ocurrirle a la gente,— Me eché a reír mientras seguía llorando, desde luego que este chico si seguía ahí conmigo con la pinta que debía de tener, le gustaba mucho.

— pero todo lo demás, me está sacudiendo los planes que tenía, la universidad, no sé, ahora todo es diferente, todo ha cambiado.

—Bueno, eso tampoco es algo malo. Y eso que has dicho de enamorarse del hermano de tu amiga, creo que es lo más bonito que has dicho hoy.

- Se acercó más a mi todavía y me besó. Fue un beso delicado y con sabor a lágrimas que aún corrían por mi cara, pero desde luego que fue el mejor beso de mi vida.

Apoyé mi frente en la suya y me reí mirándole a los ojos, le acaricié la cara y le abracé, sintiendo como sus brazos me rodeaban.

Me sentía segura en ellos. Inspiré profundamente y comencé a calmarme.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por saber siempre qué decir.

—No creas, mi don no es la palabra, solo te he dicho la verdad. Además, hay algo ventajoso, la gente me va a tener mucha envidia cuando vea a un tío de cuarenta con una chica de veinte.— Se echó a reír haciendo una mueca.

—Sí, claro, mira que sois asquerosos a veces.— le di en el brazo y me aparté de él un poco.

—¿Dónde vas? Ahora que ya por fin puedo abrazarte sin que te comas la cabeza no te vas a escapar tan fácil.

—¿Y tú por qué piensas que me comía la cabeza cuando me rozabas?— Le miré indignada porque me leyera tan bien la mente.

—¿No es lo que hacéis todas las adolescentes cuando el chico que os gusta os mira, habla, o roza el brazo?— Me dirigió una mirada de sorpresa exagerada.— Además, es lo que me pasaba a mí cada vez que te veía en casa.— Me puso esa sonrisa que me derretía.

—Anda, si es que no puedo enfadarme contigo.— Me deshice de sus brazos y me giré antes de que pudiera volver a interceptarme.— Voy a lavarme la cara, que debo de estar maravillosa.

—Te espero fuera. Voy arrancando el coche, que estarán las chicas subiéndose por las paredes.

—Sí, sobre todo tu hermana.— Me eché a reír.— Ahora salgo.

Entré en el baño y metí la cara debajo del grifo.

El agua fresca me sentó de maravilla, era una sensación tan agradable.

Después de secarme con la toalla me miré en el espejo.

Me vi diferente, más feliz, quizá el hablar con Erick tuviera algo que ver, pero aparte de eso me vi a mí misma.

Como humana, como bruja y como ninfa. Cada parte de mí se entrelazaba a la perfección con las demás, era como si fuera un puzle extraño en el que cada pieza supiera dónde tenía que estar colocada.

Inspiré hondo, cerré los ojos y volví a abrirlos lentamente.

Entonces vi, y no me refiero a una visión normal, si no a la visión de ninfa.

Los colores eran mucho más intensos, todo era mucho más nítido, y mi reflejo era diferente.

En el veía mi parte ninfa, mis orejas picudas, mis ojos más alargados, las facciones que en las películas y en los cuentos suelen tener esas clases de seres aparecían en mi rostro.

Me asombré al verme así, pero era hermoso, me parecía a Adríades.

Giré la cabeza y me mareé al tener una visión tan detallada de todo lo que tenía alrededor, así que cerré los ojos y los volví a abrir mientras caminaba despacio hacia la cocina, donde vi algo extraño.

Era como una mancha encima de la encimera que antes no estaba allí, y que se extendía hacia la nevera por el aire.

Deduje que mi madre había usado magia para dejar la nota en el frigorífico y que eso era el rastro que se veía de la magia.

Como estaba tardando en salir, Erick entró de nuevo a la casa preocupado por si me había pasado algo.

—¿Estás bien?

—Sí, tranquilo. Creo que he conseguido aceptarme a mí misma y los poderes están despertando en mí. Una pregunta, ¿cómo me ves?

—Pues te veo que estás flipando como si te hubieras metido un ácido, pero aparte de eso bien, ¿por qué?

—Vale, si, la verdad que nunca he tomado eso, pero tiene que ser algo parecido por lo que cuentan. Pero te preguntaba por si me ves orejas picudas y demás, o simplemente humana.

—Decididamente estás teniendo un viaje raro. No te veo orejas picudas, no. ¿Por qué? ¿Las tienes? ¡No fastidies! Qué pena no verlas.

—Sí, las tengo. Al abrir la visión me he mirado al espejo y ahí estaban. Parezco algo entre Galadriel y Campanilla, pero pelirroja.

—Mola.— Se echó a reír.— Anda, vámonos.

Salimos de mi casa en dirección a la de mi abuela, que al final se habían reunido todas allí, hasta la prima de Almu.

Erick me sujetó del brazo al salir porque estaba algo abrumada, era una sensación tan extraña que andaba super lento sin darme cuenta.

Quería absorber todo lo que veía, pero lógicamente, mi cerebro tenía que asimilarlo a su ritmo.

—Creo que no va a hacer falta que las cuentes lo que te ha pasado, simplemente con ver el viaje que llevas se van a dar cuenta.— Erick no hacía más que reírse, debía de parecerle súper divertido. Y vale que debía de serlo, no digo que no. Pero era muy extraño.

El viaje en el coche fue alucinante. Si ya me costaba caminar a velocidad normal para intentar absorber lo que veía, no os imagináis como fue ir a más velocidad.

Me sentía en una máquina del tiempo, con fogonazos de luces de colores pasando a mi alrededor.

Tenía que dominar esto como fuera, pero desde luego que esta experiencia no se me olvidaría jamás.