Capítulo 15
Conversación con Adríades.
Dormí como un bebé, toda la noche del tirón, y me desperté al sentir los rayos del sol entrando por la ventana y acariciando la cara.
Inspiré sonriendo y abrí los ojos pensando que estaría en mi habitación, cual no fue mi sorpresa cuando lo que vi a mi alrededor fue la casa donde conocí a Adríades la primera vez.
—Hola, hija mía. Creo que querías hablar conmigo.— Me dijo mientras me miraba sonriente desde una silla.
—Hola, Adríades, o mamá, no sé si prefieres que te llame así. ¿Cómo sabes que quería verte?
—Puedes llamarme como quieras, no tengo problema en que me llames por mi nombre, es el que me pusieron al nacer.
Y en respuesta a tu pregunta, pusiste eneldo en tu mesilla antes de dormir, esa es una de las maneras de contactar conmigo.
Hay otras que puedes utilizar sin necesidad de sumergirte en el sueño, pero esta es la más sencilla si no tienes prisa por verme.
—No lo sabía, ha sido casualidad que colocara el eneldo. Me pareció buena idea, pero quizá algo en mi interior me dijo que eso serviría. Eso sí, tienes que decirme las demás por si alguna vez necesito verte con urgencia.
—Desde luego. Pero ahora dime, ¿qué necesitas de mí?
—Bien, intentaré ser breve. Hay una chica de nuestra edad que está convirtiéndose en bruja oscura, no sabemos quién la está entrenando pero, según mi abuela, es peligrosa.
Esta muchacha ha intentado matarnos varias veces, pero hemos salido bien paradas, si no hubiera sido así hubiéramos muerto.
No sabemos cómo pararla, hasta ha intentado llamar a un desgarrador que se llevó a mis amigas, no debía de ser uno real, más bien una transformación de otro ser, pero el efecto fue parecido.
Nuestros familiares ya están al corriente de la situación y están buscando qué hacer para librarnos de ella, para que no nos haga más daño y no se lo haga a ella misma o a alguien más.
No sé si tu podrías ayudarnos en esto, si sabes alguna forma de detenerla o de ayudarme a mí a dar forma a algún poder que tenga y no conozca.
Adríades me observó con mirada calmada desde su asiento en la mesa, yo me había incorporado y estaba sentada en la cama, bastante más nerviosa que ella.
Esperé durante un rato a que contestara, pero no hacía más que mirarme como taladrándome con sus ojos.
Tenía la sensación de estar siendo juzgada y a la vez era como si me sintiera desnuda.
—Está bien, veo que es cierto esto que me cuentas. No puede ser bueno para nadie que siga así, y por supuesto no me gustaría que matara a mi hija. Aunque he de decirte que no es tan fácil como crees, tu doble naturaleza te da un punto a tu favor muy fuerte. Dime, ¿cuántos años crees que tengo?
—Pues, no sé calcular muy bien pero, unos treinta más o menos.
—No, hija mía, tengo trescientos cincuenta y dos años humanos.
— Mi cara de shock debió de ser para enmarcarla porque se echó a reír y continuó la explicación mucho más alegre.
— No te lo dije la vez anterior, pero somos eternos.
Bueno, no exactamente, pero podemos vivir muchísimo tiempo.
Matar a una ninfa, o medio ninfa en tu caso, no es sencillo.
Has crecido a ritmo humano hasta ahora, pero una vez despertado tu poder, tu envejecimiento se ha ralentizado.
Te mantendrás joven durante muchos años, y cuando digo muchos, son muchos.
Por eso cuando llegue el momento, estoy segura de que preferirás quedarte en este plano más a menudo que en el humano.
No daba crédito. Nunca esperé algo así, no digo que no hubiera imaginado una vida larga pero esto, me iba a estallar la cabeza con tantas cosas nuevas que asimilar.
—Bueno, pues está bien saberlo. Entonces si conozco a alguien, envejecerá mucho más deprisa que yo claro.— pensaba en Erick, no podía evitarlo.— Tengo que replantearme muchas cosas. Y tienes que decirme como pueden matarme, por si las moscas intentaré evitarlo lo más posible.
—Tienes el punto a tu favor de que nadie conoce nuestro pequeño secreto, solo tus padres y nosotras. Bueno, y tu aquelarre según he visto. Debes tener cuidado de no decírselo a nadie más. El hierro puede dañarte, ojo, no matarte como cuentan las historias. Para eso hace falta algo más.
—¿En serio? Los cuentos que me contaban mis padres cuando me iba a la cama eran ciertos, o al menos una parte, pero podría basarme en ellos para ciertas nociones básicas que no tengo aún ¿verdad?— Mi cabeza seguía dando vueltas como una peonza.
—Puede, pero ten cuidado. Ya te he dicho que no es totalmente verídico.
Esas historias las escribieron algunos humanos que tuvieron contacto con brujas generalmente, pero también con algún que otro ser que decidió revelar más de lo que debía.
Lo bueno es que no fueron muy bien recibidos y con el tiempo y el boca a boca las historias cambian y se matizan de otra forma.
En este caso mejor para nosotras, pues aunque nos hieran no nos matan.
—Vale. Y ahora que tengo claro que mi vida será más larga de lo que pensaba, dime, ¿puedes ayudarnos de alguna manera?
—No debería meterme en asuntos humanos, pero tengo intereses propios aquí.
— dijo mirándome con intención.— Por lo que te daré nociones para que actives tus poderes de ninfa aunque estés en el plano humano.
Eso te ayudará a ver con más claridad, ya te has dado cuenta de que tu visión aumenta cuando estás aquí.
Tus sentidos en general se agudizarán, puede que te sientas algo abrumada así que iremos poco a poco. Primero la visión y luego el resto.
—Y entonces, si abro mis sentidos podré prevenir ataques imagino. Vamos que ese día que casi ahoga a Elena podría haber visto lo que era antes y haber actuado mejor.
—Es uno de los beneficios, sí. También puedes ver los rastros de la magia.
Cuando se hace un hechizo siempre queda un rastro, pero aunque queráis, no podéis ver que ha pasado ahí si llegáis tarde, por ejemplo.
En cambio, nosotras podemos verlo. También mientras se está utilizando magia contra ti como me dijiste en el caso de Elena, o si van a atacaros lo sentirás antes de que eso ocurra.
—No está mal, puede sernos bastante útil. Es lo que me dijo el elfo que vi en el bosque entonces.— Dije recordando como Blady me había dicho que sentía la energía antes de que llegáramos.
—Algo así, sí. Pero aparte de sentirla, nosotras podemos ver el rastro que deja, como si fuera un camino.
Eso en cuanto a la visión. Los demás sentidos aportan una experiencia mucho más intensa.
Escucharas a mucha más distancia y cosas que normalmente te pasan desapercibidas porque el oído humano no está capacitado para ello.
Sentirás como un escarabajo sale de la tierra, el latido de un corazón a cierta distancia, cosas así.
—Eso sí que es aumentar la audición, madre mía. Creo que tendré que acostumbrarme.— Me imaginé las películas de vampiros cuando les convertían y empezaban1 a escuchar cosas que antes no podían, esas escenas me encantaban, curioso.
—Puedes notarlo ahora mismo, estás en este plano y al ser algo natural no te das tanta cuenta, pero si pones atención veras como puedes escuchar al pájaro que está dando de comer a sus polluelos en aquella rama.— me dijo señalando por la ventana un árbol a unos veinte metros de distancia.
—¡Tienes razón!— Me había concentrado tal y como ella me dijo y era una pasada.— No me puedo creer que no lo hubiera notado.
—Ahora solo tienes que aceptar en el plano humano tu naturaleza y podrás activar tus sentidos. Con algo más de práctica podrás hacerlo mejor y desactivarlos cuando no los necesites para descansar un poco, ya que agota la mente.
—Bien, y eso ¿cómo se hace? Lo de aceptar mi naturaleza digo, porque creía que ya lo había hecho.
—No, mi niña, aún estás algo en shock por todas estas revelaciones y no acabas de verte como eres.— me sonrió con dulzura justo como haría mi madre humana.
—Sí, la verdad es que me está costando tanto cambio. Me gusta mucho, pero todo a la vez es complicado de digerir. ¿Y qué puedo hacer? Una cosa, aparte de activar mis sentidos, ¿puedo hacer algo más para ayudar a mi aquelarre?
—De momento acepta quién eres, activa tus sentidos y luego ya veremos qué más puedo enseñarte. Tenemos poder en la naturaleza, no lo olvides. Fuera de ella nos es más complicado llamarla pero, en nuestro terreno no tenemos rival. Por eso también logramos sobrevivir tanto tiempo.
—Vale. Entonces poco a poco.— Mi cara debía de ser triste porque se levantó de la silla, se acercó a mí y me acarició la cabeza.
—Ten paciencia y ya verás como todo sale bien.
Yo estaré vigilando desde este plano, y cuando quieras hablar conmigo ya sabes, eneldo en la mesilla o, si prefieres cruzar estando despierta, cierra los ojos, respira hondo, agáchate y toca el suelo con las dos manos para llamar a la tierra, haz dos círculos concéntricos con ambos brazos y coloca en el medio un trozo de ti, un mechón de pelo, una pestaña, una gota de sangre, algo así servirá.
Después invoca a las ninfas con una frase en nuestro idioma.
— La miré con cara de susto.— Tranquila que está en ti, en ese momento te saldrá solo.
La frase no es algo que tengas que aprender tampoco, simplemente di lo que te salga del corazón en ese momento, y el portal se abrirá.
—Gracias, espero acordarme de todo.
—Es sencillo, está en tu ser, no te será complicado. Lo de poner eneldo lo demuestra. Y ahora, debo irme, y tú también, el sol ya ha salido en tu otro plano y debes prepararte para la lucha.— Me dio un beso en la frente como despedida y todo cambió.
Desperté de nuevo en mi cuarto, corrí las cortinas y un sol espléndido me dio en los ojos.
Cogí las cosas y entré directa a la ducha.
Una vez lista, bajé para desayunar y encontrarme con mi madre, pero ya se había ido, una nota en la nevera decía que estaba en casa de la abuela, por si quería ir.
Escribí a las chicas para ver los planes de hoy y a Erick.
Quería hablar con él antes que con ninguna de ellas.
Iba a contarles a todas lo que me había dicho mi madre ninfa, pero no sé, tenía la sensación de que a él le debía decírselo a solas.
Le esperé en mi casa, pues en la suya estaba su hermana que todavía no había salido.
Cuando llamó abrí la puerta algo seria y eso ya no le gustó nada.