Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 14
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Capítulo 14

Discusiones y culpas.

Nos quedamos al borde de la escalera mientras escuchábamos lo que se estaba hablando abajo.

Sinceramente, me asombraba que la madre de Elena no hubiera sospechado lo que estaba ocurriendo.

Bien es cierto que estuvimos allí sobre todo al principio y ella había muchas horas que estaba trabajando, pero, no sé, creo que ciertas cosas se pueden llegar a notar.

Por lo que se oía, el padre estaba enfadado porque no le hubiéramos dicho que sus hijos estaban en peligro, y mi madre trataba de aplacar el ambiente diciendo que solo éramos adolescentes en pleno descubrimiento, que ellos eran los que tenían que haber estado más pendientes de todo lo que pudiera pasar.

—Creo que esto va para largo. No hacen más que culparse unos a otros y tu madre intentar calmar ánimos.

—Sí, y la bronca va a ser para nosotros fijo.

Si nos lo hubieran contado desde el principio nada de esto hubiera ocurrido, pero no, tenían que ocultarnos todo un mundo de magia porque les daba miedo que pudiera pasarnos algo.

Pues mira, no fue muy buena decisión, al final estamos metidos en un lío de padre y muy señor mío.

—Ya, bueno, no vamos a solucionar nada cabreándonos más.

Lo hicieron así porque creían que era lo mejor.

Han aprendido la lección, menos mal que de momento no ha pasado nada peor de lo que ha ocurrido.

Así que ven aquí.— Me atrajo hacia él y me rodeó con sus brazos.

— Calma esa mala leche, y vamos a bajar para intentar hablar con ellos y buscar una solución a todo este jaleo que tenemos montado.

— Cogió mi cara entre sus manos mirándome con esa sonrisa suya tan bonita, me dio un beso en el pelo y, deshaciendo el abrazo, agarró mi mano y comenzó a bajar la escalera delante de mí.

Al vernos aparecer las voces fueron bajando de tono hasta crearse un silencio tenso. En la sala estaban mi madre y mi abuela, la madre de Elena y el que imaginé sería su padre, la tía de Almu y un hombre que seguramente fuera su padre. Mi madre caminó hacia mí con una sonrisa.

—¿Cómo estás cariño? ¿Te has recuperado? El sueño es muy reparador.— Me dijo mientras me rodeaba los hombros con un brazo.

—Sí, estoy mejor. Gracias mamá. Las chicas siguen durmiendo.— dije un poco al resto de gente.

—¿Por qué no me contaste lo que estaba pasando? ¿Tú crees que esa es manera de proteger a tu hermana?— El padre de Erick se había acercado a él rompiendo esa tensión.

—Papá, no pensamos que fuera a ser tan peligroso.

Creímos poder hacernos cargo de ello. De todas maneras, todo esto era nuevo y no sabíamos nada, nunca nos hablasteis de ello, ¿qué iba a hacer?

Decirte mira, tu hija ha sido atacada por una bruja, sí, existen, y por cierto, tu hija y sus amigas también lo son y yo soy su guardián. Pensarías que estaba loco.

—¿Cómo iba a pensar eso? ¡Tu madre también es bruja!

—Sí, gracias por la información. Pero eso yo no lo sabía, ¿recuerdas?

—Vale, chicos, parad.— La madre de Elena se metió en medio y separó a su hijo y a su marido que cada vez estaban más cerca.

— Está claro que la desinformación no fue buena idea.

Tenemos que asumir nuestro error también, Jaime.

Y en cuanto a ti— Giró la cabeza para mirar a su hijo—, tenías que haberme dicho lo que ocurría.

Tanto si creía que era una locura como si no.

Cuando la familia está en peligro, y más después de lo que le pasó a tu hermana en aquella fiesta, tu obligación como hermano mayor era contármelo.

—En serio, tengo que preguntarlo, ¿nunca pensaste que pudiera ser algo así?— Sé que igual me metía donde no me llamaban pero tenía que saberlo. Mi madre me echó una mirada rara.

—Sinceramente no, Hiedra. Estaba tan convencida de que apartándome de ese mundo mis hijos estaban protegidos que no llegué a darme cuenta.

Él no despertaría la magia si no ocurría algo malo, y ella, bueno la verdad que no vi indicios nunca, su magia no debía de ser poderosa, seguramente pasaría desapercibida.

Pero me equivoqué y lo siento mucho.— Atrajo a su hijo hacia sí y le abrazó.

—Bueno, siento romper estos momentos pero tenemos que pensar qué hacer con esa chica.

No podemos dejar que siga haciendo magia libremente, ya no solo porque les haga daño a ellas, sino porque seguramente al final se lo haga a sí misma.

— Mi abuela se colocó en el centro de la sala y, como buena líder que era, comenzó a repartir tareas.

— Debemos averiguar quién la guía, y para eso debéis volver a utilizar vuestra magia, lo siento chicas.

— dijo mirando a mi madre y a la madre de Elena.

— Vosotros, traedme esos libros antiguos con los que decís que os habéis entrenado. - Nos señaló a Erick y a mí.

—Solo tenemos fotocopias de algunas de las páginas, los originales estaban expuestos en la biblioteca, pero no sé si seguirán allí.— le dijo Erick a mi abuela.

—Vale, pues vamos. Luján, tú quédate aquí por si despiertan las muchachas, tienen que seguir aprendiendo.

Ese de ahí es mi grimorio, busca hechizos que las puedan servir y haz que los aprendan.

— Giró la cabeza hacia donde estaba mi madre.

— Vosotras dos también deberíais hacerlo, tu libro está ahí, cógelo y recuerda todo lo que escribiste en él.

Erick cogió las llaves de su coche y, seguido por mi abuela y por mí, nos pusimos en camino.

Primero fuimos a la biblioteca para ver si continuaba la exposición, pero cuando llegamos, en la sala ya no estaban esos libros, si no ediciones antiguas de literatura inglesa. Bajé y me acerqué al mostrador.

—¡Hola! Perdona, no sé si me recuerdas. Soy una de las chicas que estaba haciendo el trabajo sobre brujería. He visto que ya no están los libros expuestos. ¿Sabes por casualidad dónde los han llevado?

—¡Hola! Pues mira, en principio su destino era una ciudad aquí cerca, a una hora y algo de camino. Pero hemos tenido un disgusto, y es que han asaltado el camión que les estaba trasladando y han desaparecido.— La mujer tenía cara de pena.

—¿En serio? Pero, ¡eso es horrible! ¿Se llevaron todos?

—Todos, no dejaron ninguno.— dijo la mujer con lástima.

—No me lo puedo creer.

—Ni nosotros. Nunca había pasado algo así y ahora estamos preocupados al poner exposiciones por si volvemos a perder ejemplares tan valiosos.

—Bueno, pero en realidad ha sido fuera de aquí, no pueden culpar a la biblioteca de mala seguridad.

—Lo sé, pero siempre te queda rastro de culpa por si se te ha escapado algo en la seguridad que no has visto. El seguro abrirá una investigación, pero me preocupan algunos puestos de trabajo.— añadió cabizbaja.

—Espero que los encuentren y se mantengan en buen estado. Y por tu situación no creo que te caiga ninguna sanción.— Le dije intentando mostrar mi mejor sonrisa.

Me alejé del mostrador para relatarles lo que había averiguado. Mi abuela puso mala cara.

—No me gusta. No puede ser una casualidad. Enséñame las copias que hicisteis, pero de todas maneras tengo que averiguar qué ha ocurrido. Y ya echaré un vistazo a los planos para ver si hay algo extraño.

Pusimos rumbo a mi casa, le di los papeles a mi abuela y el primer vistazo la sirvió para ver a lo que nos enfrentábamos.

—Muy bien, si esto es en lo que ella se ha basado puedo deciros que es fuerte.

Pero que también alguien la está guiando, porque no es fácil de entender.

— dijo señalando los folios.— Tenemos mucho trabajo que hacer.

De momento creo que tú has descubierto ya tu otra naturaleza, ¿me equivoco?

— Me miró clavando sus ojos de manera extraña, y asentí con la cabeza como contestación.

— Perfecto, pues tienes que contactar con esas ninfas y ver si pueden ayudarnos o hacer algo para destapar más poder en ti.

Y en cuanto a tu guardián- dijo girando la cabeza hacia Erick—, tienes que practicar mucho, chico.

Debes estar preparado para cosas que ni te imaginas.

—Bueno, nunca hubiera pensado que nada de lo que ya ha ocurrido fuera real así que, no creo que me sorprenda lo que pueda venir.

—Uy muchacho, te aseguro que sí. Bueno, llévame a casa que tengo que investigar y necesito mis mapas y mis péndulos.

Erick se ocupó de llevarla a casa y yo mientras me quedé intentando averiguar cómo contactar con Adríades.

Se me podía haber ocurrido preguntar a mi abuela si ella sabía cómo hacerlo, pero se fue con tanta prisa que no me dio tiempo a pensarlo.

Como ya era tarde decidí comer algo y subirme a dormir, mañana sería otro día.

Antes de meterme en la cama puse encima de la mesilla unas hojas de eneldo y un cuenco con agua, para que me ayudaran a descansar y despejar la mente, puede que funcionara para trasladarme más fácilmente al plano de las ninfas.