Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 13
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Capítulo 13

Nuestra primera lucha.

Emprendimos camino en mi coche, le dejé conducir a Erik ya que era el único que conocía el lugar.

Mi madre y mi abuela iban detrás para tener sitios donde traerlas cuando las rescatáramos.

Cuando estuvimos cerca nos avisó de que iba a parar algo antes para que no se notara tanto un coche estacionado enfrente, ya que alrededor sí que había más por la gente que estaba todavía trabajando, pero en esa en concreto no.

Así que aparcó dos fábricas más atrás, y al bajarnos dimos la vuelta para ir por la zona trasera.

Se escuchaban ruidos de los demás lugares, una de ellas era de hierro, no sé exactamente que hacían, pero sí que el sonido era más fuerte que el resto, cosa que para esconder un secuestro le tenía que venir al pelo a Val.

Dudaba de que nuestras amigas se hubieran estado calladitas.

Fuimos con todo el cuidado posible, pero aun así vi como mi abuela nos miraba, hacía un gesto con la mano rodeándonos y pronunciaba lo que a mi entender era un encantamiento de insonorización.

Esto a veces puede ser muy útil. Erick señaló una pared donde vimos la puerta trasera que decía.

También había un par de ventanas alargadas no muy altas, lo suficiente para alzarnos y entrar por ellas si hubiera necesidad, aunque deberíamos comprobar si estaban abiertas antes de hacernos ilusiones.

—Muy bien, Hiedra, tú comprueba si está abierta la puerta, si es así, ten cuidado, lanza el hechizo que te enseñé antes para incrementar los poderes, creo que nos vendrá bien a todos. Entraré yo primero para enfrentarme a los monstruos que puedan estar protegiendo el lugar.

—No, no voy a permitirlo, ya he descuidado mis obligaciones una vez, no volveré a hacerlo. Usted entre detrás de mí.

No sé cómo, pero mi abuela cedió, cosa que no suele hacer, pues es muy cabezota según mi madre.

Así que giré el pomo de la puerta y me sorprendió que se abriera con tanta facilidad.

Dejé pasar a Erick, quien al entrar me susurró «deben de estar esperándonos» a lo que asentí pesarosa pues habíamos perdido el factor sorpresa.

Había visto muchas series policíacas, que queréis.

Avanzamos por un pasillo estrecho y no demasiado largo desde el que no veíamos más que el frente y unas puertas a cada lado que, al comprobarlas, vi que estaban cerradas.

Agudicé el oído y escuché una especie de respiración pausada y pesada, como de algo muy grande.

Tengo que decir que eso me acojonó un poco, pero cuando lo viera seguro que sería peor.

Erick iba delante con el hacha en una mano y la espada que le había dejado mi abuela en la otra, preparado para lo que pudiera atacarnos.

Cuando llegamos al final del pasillo dimos a una de las partes grandes del lugar, y atadas a unos ganchos del techo vi a mis amigas.

Amordazadas y cabizbajas, desde aquí no distinguía si estaban despiertas o no.

Lo que sí veía bien era la criatura que las guardaba, una especie de perro gigante, bueno, era una mezcla entre el cuerpo de un canino con la cabeza de una hiena extraña.

También tenía unos colmillos que daban miedo solo verlos.

Y unas protuberancias extrañas que parecían cuernos le salían de los laterales de la cabeza.

No era agradable de ver. Erick me cubrió con un brazo apartándome de la visión de la bestia.

Su cuerpo estaba tenso, preparado para atacar, nunca le había visto así.

Cuando entrenaba en casa estaba relajado, pero ver a su enemigo delante le había transformado en lo que realmente era.

—Eso es un desgarrador.— Dijo mi abuela, confirmando las sospechas que teníamos.

— Estad atentos por si hay más. Va a ser complicado, son fuertes y rápidos, ten mucho cuidado, Erik.

Nosotras te ayudaremos con algún hechizo, pero tienes que centrar tu atención en la lucha, recuérdalo.

Mientras estás peleando con él intentaremos desatar a las chicas.

Y una cosa, cuando salgamos de aquí tenemos que hablar muy en serio de todo esto.

—Bien, allá voy.

Dicho esto, salió disparado contra el animal que en ese momento estaba dando una vuelta de rutina y estaba de espaldas hacia donde nos encontrábamos nosotras.

Se montó en su espalda de un salto increíble, cosa que me sorprendió bastante, y cuando el bicho intentó subir la cabeza para darle con unos de los cuernos, Erick aprovechó para clavarle una estocada con el hacha.

La pena fue que no le traspasó bien, pues la piel del animal debía de ser bastante dura y no acabó de cortarle.

Tuvo que agarrarse bien para no caerse de la embestida que pegó para intentar quitarse de encima la amenaza que tenía.

En el proceso había dejado caer la espada pues necesitaba una mano para sujetarse, pero no perdió un segundo en intentar rajarle la garganta.

De repente el animal lanzó unos pinchos que debía de tener escondidos entre el pelo de la cabeza que Erick esquivó de pura chiripa.

Reconozco que contuve el aliento sin pensarlo.

Sentí a mi abuela tirar de mi brazo, cosa que no hizo precisamente con delicadeza.

—Vamos, tenemos que aprovechar el tiempo que nos está dando. Hay que sacarlas de aquí.— Cada una de nosotras se acercó a una de ellas, cogimos nuestras manos y alzamos un hechizo para romper las cadenas que las unían a la viga donde estaban. O romper la viga, eso daba igual, lo que antes cediera.

Se rompió la madera, con gran estrépito.

Estaban agotadas pero se las veía bien, aunque tuvimos que sujetarlas para que se sostuvieran en pie.

Yo no hacía más que mirar la lucha que seguía manteniendo Erick.

Al parecer había conseguido tirarlo y ahora estaban los dos en el suelo, intentando sobrevivir al otro.

Erick había recogido la espada y ahora luchaba con ambas armas, cosa que para la bestia, aun siendo muy rápida, no debía de ser bueno, pues a cada movimiento que hiciera tenía una de ellas haciéndole un tajo en el cuerpo.

Erick había conseguido traspasarle la piel y ya había perdido bastante sangre con lo cual no creía que estuviera mucho tiempo más peleando.

Pero me resultaba duro dejarle ahí mientras nosotras salíamos.

Parece que me leyó la mente en ese momento.

—¡Corred! ¡Corred!

Pero antes de que llegáramos al pasillo sentimos la voz de Val desde atrás como si fuera un megáfono.

—¿Dónde os creéis que vais?

Me giré para mirarla pero no vi más que un holograma suyo flotando por encima de los restos de la viga. Miré a mi abuela y a mi madre pero estaba ocupadas observando esa figura.

—¿Eres tan cobarde como para no estar aquí? Creo que mi nieta no merece todos estos problemas que la estás dando.

—¡No tienes ni idea! Esa chica es mala persona, no dejó que yo brillara por encima de todo el resto. Y encima me dejó sola, sin escudos que me protegieran. ¡Tiene que pagar por ello!

—Creo que no sé muy bien de que estás hablando.— Le dijo mi abuela, que parecía haberse convertido en la voz cantante de mi grupo.— Pero desde luego que nadie merece morir. Te aconsejo que las dejes en paz. No sé quién eres, pero creo que no sabes dónde te estás metiendo.

Sinceramente, esta chica no lleva bien las amenazas, ni siquiera las que son un poco veladas, le tenía que haber advertido antes de venir.

—Me da igual lo que me digas, no vais a salir de aquí con vida. Mi bestia os destrozará.— Se echó a reír como si fuera la mala de un cuento de Disney.

Mientras, Erick había empotrado contra la pared del fondo al animal y se disponía a clavarle la espada en el corazón y acabar de una vez por todas con ella. Cuando lo hizo, un sonido desgarrador salió de Val, la cual se comenzó a desvanecer. Pero antes de irse nos amenazó.

—¡Pagaréis por esto! No sabéis lo que habéis hecho.

Nos miramos unas a otras sin saber muy bien qué había pasado.

Recorrimos el pasillo con ellas en brazos, Erick ayudando a Luján.

Al salir se desplomaron en el suelo y me dispuse a lanzar un hechizo que las devolviera a su ser.

Aparte de liberarlas de las cadenas que seguían teniendo atadas a las muñecas.

Una vez hecho esto, miré a Erick. Estaba como si le hubiera pasado un camión por encima, pero se le veía satisfecho de haber protegido y salvado a su aquelarre.

Me acerqué a él para ayudarle con mi magia pero no me dejó.

—Espera, no lo hagas. Siento que debo recuperarme yo solo, es una manera de pagar por el sufrimiento que ellas han pasado al no haber estado preparado y atento como debería.

—Pero no tienes que fustigarte con eso. Ahora están a salvo gracias a ti, has matado a la bestia.

—Bueno, vosotras las habéis sacado de allí. Ha sido un trabajo en equipo.— Me guiñó un ojo mientras me lo decía.

—Sí, claro. Es lo mismo luchar contra una cosa así que lanzar un hechizo para romper una viga.

—Habéis necesitado el poder de vosotras tres así que, ha tenido que ser duro, no me engañes. Y ahora vámonos, que estar aquí me recuerda que acabo de matar a un animal que ni sabía que existía hasta hace unas semanas.— Me agarró de los hombros para sujetarse mientras caminábamos hacia el coche.

Volvimos todas a casa de mi abuela, pues teníamos que descansar y hablar del tema según me había dicho antes. Una vez todos acomodados con nuestra infusión y unos sándwiches, atrajo nuestra atención y comenzó a hablar.

—Vamos a ver, lo primero de todo, esa chica es un mal bicho.

Si hace todo esto por venganza de algo que ella cree normal que es destacar por encima del resto y ser adorada, está mal de la cabeza.

Y con gente así no deberíais juntaros.— Nos miró una a una.

— Y por otro lado, creo que lo del desgarrador era un truco.

—¿Cómo que un truco? Todas lo hemos visto y Erick ha luchado con él.

—Sí, no digo que no. Pero creo que no era un desgarrador auténtico.

Tenía pinta de haber convertido a algún animal doméstico en esa cosa.

Por dos razones, no creo que ella sola sea capaz de invocar a una de esas criaturas todavía, y fijaos que digo todavía, con el tiempo será capaz de eso y de mucho más.

Y por otra es que es más sencillo comenzar por un hechizo así y ver qué pasa.

Esas criaturas son muy volubles y aunque lo invoque ella, se la puede volver en su contra.

No creo que quisiera que la ocurriera eso.

—Pero, ¿Qué podemos hacer abuela? Nos hemos intentado alejar de ella, pero está obsesionada. Elena ya ha sufrido lo suyo, nosotras algo menos, pero no podemos seguir así.

—Esa chica está como una cabra.— Manuela se pasó las manos por la cara.

—Bueno, vamos por partes.— Mi madre intentó calmar los ánimos.— Lo primero es que descanséis, que aunque os hayamos lanzado hechizos de recuperación lo necesitáis. Mientras, mi madre y yo tendremos una charla con Luján para ver que sabéis y cómo os ha entrenado.

—Pero mamá, estamos bien.

—No, Hiedra. La magia desgasta mucha energía, ya lo iréis aprendiendo. Ahora subid, tengo habitaciones de sobra para todas. De momento es preferible que os quedéis aquí en lo que os recuperáis.

Fuimos subiendo una detrás de otra, Erick también.

Sí es cierto que me costaba hasta levantar la pierna para ponerla en el siguiente escalón, pero intentaba disimular lo más posible.

Nos fuimos repartiendo los cuartos, hermanos y hermanas en los de invitados y el antiguo cuarto de mi madre, que es donde yo me metí.

Me quedé dormida nada más en la cama. Abrí los ojos cuatro horas después al sentir gritos en la planta de abajo.

Me asusté y me levanté corriendo. Al abrir la puerta a punto estuve de estamparme contra Erick que iba a despertarme.

Puso el dedo índice sobre sus labios indicándome que guardara silencio.

—Tranquila, creo que mis padres se han enterado de todo lo que está pasando y no les hace demasiada gracia.

—Y, ¿tu hermana y las demás?— Dije mirando las puertas cerradas de las otras dos habitaciones.

—Deben de estar bastante cansadas. Elena sigue dormida, y me imagino que ellas también.— Señaló la puerta de Almu y Manuela.