Capítulo 12
Preparándonos para el rescate.
Llamamos al timbre de fuera y nos abrieron sin preguntar.
Cruzamos la verja, mi abuela tenía una casa con bastante seguridad, ahora empiezo a entender por qué, subimos las escaleras de la entrada y no tuve tiempo de poner un pie dentro cuando salió a darme un abrazo tan fuerte que un poco más y me hubiera ahogado allí mismo.
—Abuela, ¿cómo estás?— Le pregunté cuando conseguí recuperar el aire.
—Cielo, ¡cuánto me alegro de verte!— Me pasó una mano por la cara en modo cariñoso.
— Tu madre me ha dicho que ya has despertado a la magia.
Menos mal, estaba deseando hablar contigo de tantas cosas.
Y tú debes de ser el guardián.— Le dijo mirando a Erick.
A mi madre le había dado tiempo a hablar mucho.
—Sí, señora, eso creo. Aunque no he servido de mucho hoy para protegerlas.— dijo un poco cabizbajo. Esperaba encontrarlas bien o Erik no se lo perdonaría en la vida.
—No te fustigues, no siempre estamos atentos a todo lo que ocurre, y mucho menos al principio, cuando todavía no tenemos la sabiduría del tiempo y la práctica. Te pareces muchísimo a tu padre, ¿te lo han dicho alguna vez?— Le comentó mientras nos hacía pasar al interior de la vivienda.
—Me lo dicen bastante, sí. ¿Conoce usted a mis padres?— Se giró para mirarla mientras le hacía la pregunta.
—Pues claro, cielo También pertenecían a mi aquelarre. Una pena que se fueran alejando de aquí. Aunque por lo que veo, no les ha servido de mucho.
Entramos en el salón y tomamos asiento en el sofá mientras que mi abuela se sentó en un sillón cerca de mí.
Nada más hacerlo apareció mi madre con una bandeja llena de tazas y una tetera.
Había algo en unos platitos que aún sin saber que era, agradecí en el alma porque no había tomado nada en bastante tiempo y estaba famélica.
—Bueno, lo primero de todo es saber quién se ha llevado a vuestro aquelarre, porque lo habéis formado ya ¿no?— Nos miró alternativamente a uno y a otro.
—Sí, abuela, ya estamos unidas.
—Perfecto, pues eso es bueno. Puedes sentirlas.
— Se levantó y cogió un libro de la estantería, una vela de la mesa alta que tenía al lado y un mapa de los alrededores.
Creo que eso no me lo esperaba.— No me mires así, los de vuestra generación creéis que con la tecnología lo solucionáis todo.
Ya puedes hacerte con mapas en papel si quieres hacer hechizos de seguimiento en condiciones.
— Se sacó un péndulo del bolso de la chaqueta y encendió la vela.
— Acércate que lo vas a hacer tú, eres la que mejor las va a poder encontrar.
Me levanté de donde estaba sentada, algo temerosa.
Ya había realizado hechizos antes, pero nunca con mi abuela.
Ella tenía una reputación según mi madre, y desde luego imponía más que la prima de Almu.
Me acerqué a ella y al colocarme a su lado me cogió la mano, me hizo un pequeño corte con un cuchillo que no la había visto coger, hizo que cayeran un par de gotas de sangre en el mapa y me dio el péndulo.
Encendió la vela y señaló la página por la que tenía abierto el libro.
—Recita lo que está escrito ahí. Nosotras te acompañaremos para darte fuerza.— Hizo un gesto a mi madre para que se acercara.— Es un hechizo de seguimiento más potente que los que te habrá enseñado Luján, por eso vamos a hacerlo contigo aunque tú serás el ancla que guíe.
Asentí a lo que decía mi abuela sin estar convencida de saber lo que iba a hacer ni si iba a funcionar.
Comencé a recitar y en la segunda línea sentí como, primero mi abuela y después mi madre, comenzaban el cántico.
Repetimos varias veces mientras miraba atenta la sangre que había en el mapa.
Al principio no se movía y me hundí un poco pensando que no funcionaría, bajé el tono de voz pero mi abuela me dio un apretón en la mano para hacerme ver que tenía que intentarlo con más fuerza.
Así que le hice caso y puse todo mi empeño en que saliera bien.
De repente, la sangre comenzó a moverse lentamente y vi cómo se dirigía hacia un lugar concreto en las afueras.
Cuando paró la sangre dejamos de recitar y mi abuela apagó la vela enseguida.
—Cuanto más tiempo estés conectada a ellas, más probable es que se den cuenta de que estamos buscándolas y las muevan de sitio.
—Ha funcionado.— Miré a la abuela con la pregunta en mis ojos aun sabiendo que así había sido.— Están ahí, tenemos que ir a buscarlas.— Dije señalando el mapa.
—Espera, no corras tanto. Tenemos que estar preparados. ¿Conocéis el lugar? ¿Sabéis de quien puede ser?
—Creo que yo sí.— Erick se acercó al mapa.
— Me parece que pertenece a la familia de Val.
Es un almacén que usa un primo suyo cuando quiere montar una fiesta.
Son primos lejanos, o eso dice él, creo que no le cae demasiado bien la chica.
Pero el almacén pertenece a los padres de ese chico y lo mismo se lo han dejado.
—Esa chica no es de por aquí, ¿verdad?— Al ver que negamos con la cabeza tanto Erick como yo, dudó un poco antes de seguir preguntando.— Pero, entonces, ¿tenía familia aquí? Si dices que eso pertenece a un primo suyo, debe de ser así.
—Pues en teoría se trasladaron aquí hace unos años, tres creo, pero no sabía que tenía algún familiar, nunca hablaba de ellos.— Estaba tan sorprendida que no conseguía recordar ni una sola vez que los hubiera mencionado.
—Eso no es bueno, quiere decir que tiene recursos. Yo no conozco a esa familia y eso tampoco es bueno. Conozco a todo ser mágico que viva en mis alrededores, simplemente por seguridad. Y estos se me han pasado, no me lo puedo creer.— Mi abuela estaba preocupada.
—En serio mamá, deberías actualizar tu radar sobrenatural. Tampoco te has dado cuenta de que estas chicas han hecho un aquelarre, o de que han despertado a la magia simplemente. Y una de ellas es tu nieta.
—Tienes razón, tengo que averiguar qué ha pasado. Y buscaré algún daño en mis defensas también, por si acaso. Pero de momento, lo primero es lo primero. Hay que prepararnos para una operación de rescate.
—Lo dices como si estuviéramos en una peli de espías. Me encanta esta mujer, ¿por qué no habíamos venido antes a verla?— Erick se giró para mirarme con una sonrisa sincera en los labios por primera vez desde que vimos que las chicas habían desaparecido. Lo cual me hizo sonreír a mi también.
—Película de espías o no tenemos que buscar algo para distraer al desgarrador, que me imagino que pueda seguir allí, o si no es así, seguramente tendrán algo guardándoles.
Nos tenemos que preparar para cualquier cosa.
Si lo que dice tu madre es cierto, no podemos ir sin más.
Esa chica es poderosa, tenemos que alejarla de allí antes de entrar o no podremos con todo.
—Pero abuela, según mamá, tú eres muy poderosa también, más que ella imagino, pues llevas toda la vida siendo la líder de un aquelarre.
—Sí, mi niña, pero no soy una bruja oscura.
Si esa chica lo es, tendrá aliados poderosos dentro del mundo de las sombras y hay veces que, desde el principio, es complicado ganarlas.
Por eso no hay que dejar que llegue a hacer daño.
Pero es muy complicado si su alma esta corrompida.
Y por lo que veo aquí ya es posible que lo esté.
— Me acarició el pelo infundiéndome ánimos, pero se notaba la pena que había en sus palabras y en su mirada.
—Venga, entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo nos preparamos?— Me dispuse a estar con más ánimo para que no decayéramos. Miré a Erick y le dediqué una sonrisa.
—Bien, Hiedra, tú tienes que aprenderte algunos hechizos de este libro.
— Me pasó el tomo que habíamos utilizado antes para el hechizo de seguimiento.
Me indicó varias páginas.— Este sirve para aumentar tus poderes en una situación crítica, no dura mucho pero te vendrá bien.
Este otro incrementa tus sentidos, todos.
Y los demás que te he marcado tienen una utilidad que nos vendrá bien.
Bueno, tú vete estudiando que lo irás viendo por ti misma.
Cogí el libro y me senté en el sofá a memorizar todo lo que me había dicho a la carrera. Creo que ni en todo lo que llevaba de verano había aprendido tantos hechizos, aunque como tenía los libros podía buscarles. Pero esto era otra cosa. Tenía que centrarme para no cometer ningún error.
—Vale, tú, vamos a enseñarte a usar el hacha en condiciones.— Dijo señalando a Erick y saliendo por la puerta del patio.
Él me echó una mirada entre sorprendida y temerosa mientras la seguía y desaparecía de mi vista. Mi madre se acercó a mí y se sentó a mi lado. Traía con ella otro libro y lo miraba con cariño y pena a la vez.
—Este es mi grimorio. Lo dejé aquí cuando decidí apartarme de este mundo por si lo encontrabas y me empezabas a hacer preguntas siendo demasiado pequeña para que pudieras entender el alcance de mis respuestas.
—Pero mamá, podías haberme contado algún cuento o algo que no implicara que tuvieras que desprenderte de él.
—Lo sé cariño, pero en ese momento lo decidí así y no creas que no me he acordado muchas veces de él.
Cuando una bruja inicia su camino, este libro que comienzas a escribir se convierte en tu mejor aliado y desprenderte de tus investigaciones, tus vivencias, tus descubrimientos, llega a ser muy duro.
—Tienes que llevártelo de nuevo a casa contigo.
Y yo tengo que conseguir un libro así de guay.
— Le dije divertida señalando el tomo que tenía entre sus manos.
— Estoy apuntando todo en un cuaderno cutre y en el teléfono, no parezco una bruja.
Quizás una de tiempos modernos, pero en esto prefiero el plan antiguo.
—¿Me estás diciendo en serio que no tienes grimorio como tal?
No, eso hay que solucionarlo. Algún día heredarás el de tu abuela y el mio, pero antes de eso debes crear el tuyo propio, sin ser notas en el móvil.
En serio, los adolescentes de hoy en día no sabéis lo que es la satisfacción de oler un libro, de crear algo tan preciado.
En fin, ponte a estudiar que si no veo que perdemos el tiempo y no nos sobra.
Te ayudaré con lo que no entiendas, y te aseguro que para comprender la letra de tu abuela vas a necesitarme.
Nos echamos a reír y nos pusimos a intentar descifrar y aprender.
No fue tarea fácil, como mi madre me había avisado, entre la letra de mi abuela y que eran hechizos más complicados que los que había visto antes, tardé bastante en sentirme preparada para intentar lanzar uno sin sufrir ninguna desgracia.
Le comenté cómo habíamos descubierto todo esto y lo de los grimorios de la biblioteca y se quedó pensativa.
Dijo que luego debía consultar alguna cosa con la abuela.
Cuando llevábamos casi dos horas entretenidas volvieron a entrar en la casa, Erick con cara de orgullo y agotamiento.
—Veo que ha sido provechoso el rato que habéis estado practicando.— Les dije al verlos.
—Tu guardián es muy capaz, tiene dotes para la lucha sin armas, y el arco se le da muy bien.
El hacha y la espada era lo que menos preparado estaba, pero creo que lo hemos solucionado.
Además los hechizos no tiene pinta de que le reboten.
Por cierto, el arco es una preciosidad, si estuviéramos en la edad media sería muy cotizado para tallar madera.
—Me va a sacar los colores.— Vi cómo se ruborizaba ante los comentarios de mi abuela.— Pero sí, gracias a usted estoy más preparado para ir en busca de las chicas y protegerlas. ¿Cuándo nos ponemos en marcha?
—Yo también estoy preparada.— Dije ante la mirada inquisitiva que me lanzaron.— Podemos irnos. ¿Algún plan para entrar?
—Bien, entonces iremos en cuanto nos digas como es el sitio.— Mi madre miró a Erick que era el único que había estado allí.
—Es una nave normal, tiene una entrada bastante grande para que puedan pasar los camiones a cargar, tipo cochera, y luego una puerta pequeña por donde pasa la gente.
Están juntas en el mismo lado, en lo que sería el frente de la fábrica que da a la calle principal de ese polígono.
Pero creo recordar que había una salida trasera, que en teoría deberían tener por si ocurriera algo ¿no?
O eso me pareció, porque no la usaba más que el primo de esta chica.
Los demás entrábamos por la principal, no recuerdo si había alguna ventana, ahí ya me pilláis.
—Haberlas seguro que sí, pero a la altura que estén ya es otro tema. No pasa nada, vámonos, cuando lleguemos allí miramos si podemos entrar por la trasera y si no buscaremos otra manera. Desde luego que no lo van a poner fácil.