Capítulo 11
Los mayores empiezan a hacer acto de presencia.
Mi madre no tardó mucho en aparecer. Aparcó su coche detrás del mío y se bajó corriendo. Me abrazó durante un rato que me pareció demasiado largo para que no estuviera ocurriendo algo peligroso, y cuando fue a soltarme me llenó de besos la cara y volvió a abrazarme.
—Vale, mamá. Estoy bien. Estamos bien, este es Erick.— Le dije señalando a mi compañero de aventuras.
—Ya le conozco, corazón. Hola Erick, cariño, gracias por cuidar de mi hija.— Se acercó a él y le dio otro de sus abrazos.
—Hola, Sarah, no pasa nada, es un placer.
Pero estamos algo asustados, mi hermana y nuestras amigas han desaparecido de repente.
Hemos estado investigando y he visto algo que no me ha gustado nada.
Pero antes de decirle lo que creo que es prefiero que lo vea.
Por si me equivoco, soy principiante en esto de la magia.
—Pues vamos allá.— Se dio la vuelta y se dirigió a la casa.
Entramos detrás de ella, no sabía en qué monstruo estaba pensando Erick. Si es que era uno como tal, yo no había mirado mucho ninguno de los libros de criaturas que Luján nos había recomendado. Cosa de la en ese momento me arrepentí porque me sentía algo inútil.
Mi madre recorrió más o menos el mismo camino que hicimos nosotros antes, pero ella había utilizado un hechizo revelador nada más pasar por la puerta.
Aparte de eso, llevaba algo en las manos, una vara de madera, más tarde tendría que preguntarle para que la estaba utilizando.
Vi de nuevo la mancha de la pared, no sé qué sería pero daba un repelús de la leche.
Mi madre se acercó a ella y la olisqueó, cosa que me pareció algo extraña, pero no abrí la boca.
—Bueno, creo que esto no es bueno. Por lo que parece, aquí ha estado un desgarrador. Espero que solo viniera para llevarse a vuestras amigas porque no me gustaría que haya hecho su trabajo.
—¿Un desgarrador? No sé qué criatura es, pero dime que estarán bien.— Miré a mi madre y a Erick, y sé que mi cara no era precisamente de calma.
—Eso me temía que fuera. No soy experto, pero por lo que he estudiado no era buen presagio. De todas formas está herido, eso quiere decir que sí lucharon, aunque toda la casa está impecable.— Me dijo tocando mi brazo como para consolarme.
—Sí, a ver, está herido, pero esas criaturas se recuperan con rapidez, a no ser que lo hayan hecho con un hechizo de magia ancestral. ¿Tenéis alguna bruja que tenga visiones o pueda predecir el futuro? Ella podría lanzar magia así.
—Almu, ella puede hacerlo.— Miré a mi madre esperanzada.
-Cierto, te he escuchado alguna vez hablar con ella.
—¿Nos escuchas a escondidas?— No me lo podía creer.
—Si lo hubiera hecho no estaríamos así, te hubiera contado antes todo esto. Fue el otro día que estaba en el salón y entrasteis hablando de ello sin daros cuenta de que estaba yo allí. Pero eso ahora no tiene importancia.
—¿Qué podemos hacer Sarah? Tenemos que salvarlas. Por cierto, ¿dónde se las ha llevado? Y ¿por qué?
—Pues tenemos dos opciones, una es que esté controlado por alguien que lo haya utilizado para sus fines y estén donde esa persona le dijera que les llevara.
Y dos, puede que este bicho estuviera fuera de su área, acabara aquí porque sintió magia en esta casa y se las haya llevado a su guarida.
Entre las dos, sinceramente no lo sé, si vosotros tenéis alguna idea adelante, os escucho.
— Nos miró a ambos alternativamente y se sentó en el brazo de un sofá.
—Verás, ¿recuerdas aquella chica que te dije que estaba molestándonos?— Ella asintió con la cabeza.— Pues quizá no lo tengamos tan controlado como te dije que lo teníamos.—Miré a Erick en busca de ayuda.
—Creo que cada vez es más fuerte. Hace unos días intentó ahogar a mi hermana con un hechizo. Sin estar presente— En este punto, la cara de mi madre había pasado de estar preocupada a estar histérica. Él no la conocía como yo, pero estaba a segundos de ponerse a gritar.
—Sí, y por eso queríamos deshacernos de ella. Aunque no sabemos cómo todavía, habíamos estado valorando desterrarla muy lejos de nosotras.— Esperaba que tener una ligera idea la calmaría, pero no fue así.
—¡Estáis mal de la cabeza! ¿Cómo podéis pensar que vosotras solas vais a poder enfrentaros a una bruja que ya sabe lo que hace?
¿Y decís que teníais ayuda? Ni de broma, esa mujer no se ha enfrentado a algo así nunca, es imposible que os pueda ayudar.
Tenías que haberme avisado, al menos podríamos haber evitado esto.
Ahora veremos si podemos recuperarlas sanas y salvas.
Llamaré a tu abuela ahora mismo para ver si ha notado algo en las vibraciones de los campos sensoriales.
— Los dos nos quedamos mirándola como tontos hasta que Erick se atrevió a preguntar.
—Perdona, tengo que preguntarlo, ¿campos sensoriales?
—Sí, este ser se mueve por nuestro mundo a través de campos de energía, y eso se puede llegar a notar si eres buena y tienes bastante práctica en intentar buscar cosas.
Mi madre, por suerte, lleva toda la vida usando sus poderes para ello, es una rastreadora aparte de la mejor bruja que he conocido, y son unas cuantas.
—Vale, eso está guay ya que no la he visto hacer magia nunca. Otra cosita mamá, ¿tú conoces a la mujer que vive aquí?
—Claro que la conozco, era de mi aquelarre.
Luego me desvinculé y ya no tuve más contacto con ella, pero tu abuela me dijo que Luján también lo había dejado, no pudo soportar unos de los primeros ataques que tuvieron y escondió su magia.
No del todo al parecer, pues si no, no hubiera podido enseñaros nada de esto.
—Entonces también conocías a la madre de Almu y de Manu desde hace años. ¿Por qué no dijisteis nada?
—Porque si lo hacíamos el secreto se destaparía y no podíamos poneros en peligro.
Ni a ti ni a ellas.— En ese momento me acarició la cara de una manera muy dulce.
— No sabía cómo actuaría ella con sus hijas, si las contaría lo de sus poderes algún día o las educaría poco a poco en un mundo donde la magia fuera algo normal para ellas.
Pero, por desgracia, no llegué a saberlo nunca porque murió demasiado joven y su padre las aisló de la familia materna.
Cosa que me pareció un acierto en su día y de lo que ahora ya no estoy tan segura. — Nos miramos la una a la otra.
—Tranquila mamá, fue una decisión para protegernos, está bien. Solo que ahora tenemos que hacer un curso exprés de cómo perseguir a un, ¿cómo le has llamado?
—Un desgarrador, Hiedra. Tenía que haber entrado con mi hermana, las podría haber protegido. Esa es mi función ¿no?— Erick estaba comenzando a ponerse nervioso. Le puse la mano en la espalda para intentar calmarlo.
—No te machaques, seguramente se las hubiera llevado igual. Todavía no estás bien entrenado, pero estoy segura de que te vas a convertir en un guardián espectacular.— Mi madre le sonrió para tranquilizarlo.
—Mamá, has dicho algo de un ataque, que por eso Luján dejó el aquelarre, ¿qué pasó?
—Yo ya no estaba, pero me lo contó la abuela.
Una criatura intentó cruzar de plano, ya sabéis que algunas de ellas están en este plano donde vivimos nosotros, pero existen muchos otros y algunas se mueven entre ellos.
Pues esa en concreto cruzó y calló en el bosque donde estaban haciendo un ritual.
Persiguió a algunas a las que dio caza, pero otras consiguieron salir de allí con vida.
Lucharon y al final le enviaron de vuelta, pero eso desestabilizó el aquelarre.
No todas somos tan fuertes como otras, y en estos casos acaban dejando la magia.
—Vaya, sí que debió de ser horrible. ¿No teníais guardián?
—No, Erick, no lo tenían, creo que yo me casé con el que estaba destinado a serlo, pero, al desvincularme del aquelarre antes de que ocurriera aquello, no las pudo proteger.
A veces nuestros actos nos llevan a algo que no podemos controlar, y en este caso retiré la protección a mis hermanas sin saberlo.
—Menuda historia, mamá. Bueno, creo que tienes que enseñarnos muchas cosas, pero ahora llama a la abuela porque deberíamos ir a rescatar a mis amigas.
—Tienes razón. Y por cierto, esa chica a la que os enfrentáis, es muy poderosa, o eso, o ha encontrado quien la guíe, y no es demasiado bueno por el tipo de magia que utiliza. Deberíais apartaros de ella.
—Es lo que intentamos Sarah, es ella la que no deja en paz a las chicas.— Erick le dijo a mi madre, quien respiró hondo, sacó el teléfono y se dispuso a pedir ayuda a la bruja más poderosa que conocía.
Cuando mi madre colgó el teléfono, la cara de póquer que tenía me dio bastante miedo, por mis amigas más que nada. No me atreví a preguntarle que había dicho mi abuela, así que Erick se me adelantó.
—¿Qué podemos hacer? ¿Te ha dado alguna solución?— Se notaba el ansia en su voz.
—Pues la verdad es que no, solución como tal no. Sí que había notado algo, como os he dicho antes, tiene mucho poder. Pero creo que tenemos que ir a verla. No me ha dejado claro nada ahora mismo más que si queremos encontrarlas necesitaremos ayudarla.
—Pongámonos en camino entonces.— Erick giró la cabeza hacia mí y me preguntó mientras salíamos de la casa.— ¿Dónde vive tu abuela?
—No muy lejos de aquí. O eso recuerdo. ¿Mamá?— Le hago la pregunta porque como no tengo muy claro ahora si todo lo que sé es real, prefiero asegurarme.
—Está aquí al lado, la verdad. Si queréis llevar el coche tardaremos diez minutos como mucho.
—Prefiero, sí, por si hay que salir corriendo a algún otro sitio. Que si el día ha empezado así, veremos cómo acaba.
—Venga, nos vemos allí entonces.— Mi madre se subió a su coche y le vimos arrancar y torcer la calle.
—¿Estás bien?— Erick se acercó a mí y me dio un abrazo.
—Creo que soy yo la que debería preguntarte, tú tienes a tu hermana desaparecida.— No me deshice de su abrazo, me sentía más calmada con él.
—Lo sé, y estoy intentando calmarme a mí mismo y decirme que todo va a salir bien. Pero tus amigas, las que han estado contigo toda la vida, también están con ella, y son una parte muy importante. Aparte, claro, de todo lo que te ha dicho tu madre antes, que menuda historia.
—Oye, no la hemos preguntado por tus padres. Igual ella también les conoce. Al fin y al cabo vosotros dos habéis heredado la magia.— No me había dado cuenta de ello hasta ahora.
—Tienes razón, luego la debería de preguntar.
Y tampoco estaría mal que interrogara a mis padres, que tampoco lo he hecho.
No es una conversación que me apeteciera y además he estado tan centrado en aprender que al final he dejado pasar el tiempo.
Lo que me resulta extraño es que Elena no les haya dicho nada.
—Pues sí. Pero bueno, vamos a ver a mi abuela y luego ya pensaremos en todo esto.— Subí la cabeza para darle un beso en la mejilla que le dejó sorprendido. Abrí el coche y nos metimos dentro, en dirección a casa de mi abuela.
Tal y como dijo mi madre no tardamos nada en llegar. Fuimos en silencio hasta allí, no sé en qué estaría pensando él, pero desde luego yo no podía quitarme de la cabeza que tenía que buscar una forma de rescatarlas.