Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Cuando llegamos a nuestro destino salió del coche disparada, como una niña pequeña buscando a las demás.

Creo que si no me daba prisa en entrar lo iba a contar todo ella, cosa que tampoco me importaba.

Miré a Erick por encima del coche y nos reímos juntos, rodeó la parte delantera y fue hacia mí.

Se apoyó en plan sexy en el morro del vehículo, cruzó los brazos y sacó esa media sonrisa que cada vez me atraía más.

—Si quieres tardar un poco en entrar creo que nadie te culparía.

—Supongo que a ella le encantaría poder contar cómo me convertí en ninfa, está más emocionada que si lo fuera ella misma.

Y con esto quiero decir que no me importa.

Así seguro que la doy una alegría porque disfruta más que yo.

Todavía no me he hecho a la idea, sinceramente, me cuesta pensar que mi familia me ocultó este tema tantos años.

— Me apoyé en el coche a su lado y respiré hondo.

Él me atrajo hacia sí y me rodeó el hombro con un brazo.

—Tranquila, tenían un buen motivo. Es verdad que igual deberían haberte preparado un poco para que no te pillara todo de sopetón, pero si yo te hubiera tenido que proteger y solo me quedara esa manera, desde luego que lo hubiera hecho.

— Levanté la cara y le miré a los ojos.— Es cierto, a veces haces cosas que no pensarías que pudieras ser capaz para proteger a tus seres queridos.

Mira el verano que llevo, aprendiendo a lanzar hachas y flechas.

Dime si no es cierto lo que acabo de decir.

— Se encogió de hombros y nos echamos a reír.

Me besó en el pelo, cosa que me pareció super tierna, y apoyé mi cabeza en su hombro.

—Tienes razón, no soy quién para juzgarles. Estaban asustados y actuaron como creyeron mejor. Menos mal que os he tenido a mi alrededor y entre todos hemos ido averiguando cómo salir adelante. Si hubiera estado sola hubiera sido más complicado.

—Sí, menos mal, porque si yo me voy al bosque y de repente me encuentro de bruces con un ogro creo que me da algo.

—Ostras, tienes razón. Ver algo que piensas que solo existe en los cuentos de hadas, tienes que ser un puntazo.— Me imaginaba que cierta gente acabara intentando defender que los monstruos existían. Aunque lo normal es que nadie les creyera.

—Puede que algunas pelis de miedo hayan nacido de la mente de alguien a quien le ocurrió algo así. Que teniendo la oportunidad de plasmarlo en el cine lo hicieran. ¿Nunca has visto «Trolls»?— Me miró riéndose.— En serio, hay alguna película de ese tema que está bastante curiosa.

—Pues que sepas que sí he visto un par de ellas, y las de animación también.— Le di un topete en el estómago que era lo que mejor me pillaba a mano.

—¡Auch!

—Te lo merecías. Deberíamos entrar, se estarán preguntando dónde estamos.

—O puede que no nos echen de menos, Elena suele ser bastante extensa cuando está relatando algo. Creo que esta chica tendría que estudiar arte dramático, se la daría de vicio.

—Totalmente de acuerdo contigo. Y sí, vamos adentro.— Me levanté del coche y comencé a caminar hasta la casa.

Le sentía caminar detrás de mí, no quería pensar en cómo me sentía a su lado, o al menos no todavía, pero no podía negar que me hacía reír, que mi mente se calmaba un poquito mientras estaba conmigo, que esa sonrisa no se me quitaba de la cabeza.

Pero ahora no tenía tiempo para esto, debía averiguar cómo contactar con mi madre ninfa.

Subí los escalones con la idea de que no habían salido a buscarnos en todo este rato, por mucho que su hermano dijera que Elena se entretenía contando historias.

Algo en el pecho comenzó a ponerme nerviosa, de repente me paré, giré la cabeza y miré asustada a Erick.

—Algo no va bien, lo noto.— Sentí cómo me rozaba la espalda al pasar por mi lado para abrir la puerta y cederme el paso enseguida.

Entramos en silencio, sin apenas respirar para hacer el menor ruido posible.

Nos dirigimos al salón y al entrar vimos que estaba vacío, no había nadie en la cocina ni en el cuarto de Luján que tenía la puerta abierta.

Fuimos hacia la puerta del jardín, seguramente estuvieran allí, era el único sitio que quedaba por mirar.

Pero tampoco había nadie. Recorrimos cada esquina de la casa, cada habitación, armario.

Nada. Se habían evaporado en el aire, porque la única salida era la principal, y habíamos estado nosotros todo el rato mirando hacia la casa.

—Esto es muy extraño, no pueden haberse ido sin decirnos nada. No veo a mi hermana saltando la verja de atrás para caer en el patio del vecino y correr huyendo del perro.

—No, ni a ella ni a las demás. Pero aquí ha pasado algo, y yo todavía no estoy bien preparada para saber qué hacer.— Me estaba poniendo nerviosa por momentos. No podía pensar, estaba bloqueada.

—Ven aquí, mírame.— Me cogió la cara entre las manos.— Hay que calmarse. Lo primero es averiguar qué ha ocurrido, y no somos los más indicados, estamos muy verdes, pero dijiste que tu madre era bruja también, podemos ir a preguntarle.

—Tienes razón, menos mal que al menos a ti te funciona la cabeza.

— Saqué el teléfono y llamé a mi madre. Me lo cogió al segundo tono.

— Mamá, ¿dónde estás? ¿Puedes hablar?— Su respuesta fue que sí, le conté a la carrera lo que pasaba y como no estaba lejos de donde nos encontrábamos colgó y me dijo que en diez minutos estaría allí. — Viene para acá.

—Mejor, estas cosas hay que verlas, no calcula en una llamada telefónica lo que puede haber sido. Vamos a buscar algún rastro, venga, ayúdame.

Me cogió de la mano y nos metimos en la casa de nuevo.

Creo que lo hizo para mantenerme entretenida más que para que le ayudara, porque no estaba sirviendo de mucho.

Pero al menos se me despejó un poco la cabeza, porque estaba como dormida.

Lancé un hechizo que revelara lo que no se podía ver a simple vista y funcionó.

En algunos sitios apareció una especie de rastro de algo morado, no sé lo que sería, pero quizá Erick sí, estaba estudiando las criaturas mágicas. Le llamé para que se acercara.

—Mira esto, ¿tienes idea de qué puede ser?— Se acercó a la pared y levantó el brazo para tocar lo que fuera aquello.— ¡Para! No lo toques, no sabemos qué es y cómo puede actuar.

—No creo que el rastro de esa cosa me haga daño. Si estuviera aquí ya nos habríamos dado cuenta. Es curioso cómo no hay nada fuera de su sitio, como si no hubieran puesto resistencia.

—Tienes razón.— Miré a mi alrededor y era cierto, estaba todo ordenado. No me había dado cuenta de eso antes.— No les dio tiempo de actuar.

—Si eso es así, vamos a esperar fuera a tu madre. Aunque no esté aquí esa criatura puede volver en cualquier momento.— Me empujó fuera de la casa.

—Ya sabes qué monstruo es ¿verdad?— Por cómo me había sacado de allí a la carrera imaginaba que así era.

—Tengo cierta idea, pero quiero hablar con tu madre.