Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 10
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Capítulo 10

Las mentiras de los padres .

Cuando llegué a casa por la noche encontré a mis padres en la cocina preparando la cena. Se reían mientras cocinaban, se complementaban muy bien. Me encantaba verlos así.

—Hola, quería preguntaros algo. Igual os suena a locura, bueno, igual no. Pero me están pasando cosas un poco extrañas. Y no me digáis que es de la edad.— Vi algo en sus caras al decirles esto, en cómo cruzaron una mirada rápida y respiraron.

—Temíamos que llegara este día, no porque fuera malo lo que iba a ocurrir, sino porque no sabíamos cómo decírtelo.— Mi madre me llevó al salón y me hizo sentarme a su lado. Mi padre se acomodó en el reposabrazos del sofá.

—Hiedra, ¿qué es lo que dices que te ha ocurrido?

—Bueno, pues desde principios de verano tengo magia, no os lo he contado todavía, pero soy bruja, parece ser que una bruja verde.

Y mis amigas también lo son. Hemos encontrado a una prima de Almu que nos está enseñando a manejarla.

Ella también lo es, por si os lo preguntáis.

— Las caras de mis padres no habían cambiado demasiado, una pequeña muestra de asombro, pero no sé muy bien si por lo que acabo de revelarles o porque no hubiera acudido a ellos en un primer momento.

— Pero no es eso lo único que quería deciros.

Anoche tuve un sueño muy real, en él aparecía una ninfa que decía ser mi madre y me enseñaba su casa en el bosque, y tenía alas.

Preciosas, pero algo incómodas para sentarme.

—A ver, vamos a contarte la verdad, pero ante todo no nos juzgues.

— Mi padre comenzó a hablar, miró a mi madre para ver si le parecía bien y continuó.

— Tu madre es bruja, bueno, todas las mujeres de su familia lo son.

Aunque desde que naciste apenas ha utilizado sus poderes, pues no queríamos ponerte en peligro, la magia siempre se paga, aun siendo buena, el precio es menor, pero se paga, y no queríamos que te sucediera nada.

Por eso mantuvimos el secreto, aunque llegó un momento en que empezamos a ver tu interés por la naturaleza y supimos que algún día desarrollarías tus poderes.

Por esa parte eres bruja verde, tú madre también lo es.

Por la otra, verás, intentamos tener un hijo pero no llegaba, y el aquelarre de tu madre nos dio una idea.

— Miraba a mi madre según hablaba para coger fuerzas.

— Invocamos a una ninfa del bosque, ellas tienen poderes sanadores y de fertilidad así que le pedimos que nos diera un hijo.

—¿Le pedisteis ayuda a una ninfa?— Luego ya preguntaría por lo de la familia bruja de mi madre. Lo primero es lo primero.

—Sí, pero puso una condición. Ella quería una hija, así que serías también parte suya.

Poseyó a tu madre mientras lo… intentábamos, y así consiguió que parte de sus poderes pasaran a ti.

Así, eres parte ninfa, parte bruja y parte humana.

Ahora imagino que tu otra madre te habrá reclamado para que sepas de dónde provienes, solo espero que no nos dejes para siempre.

— La emoción en su voz me ablandó un poco el enfado porque no me hubieran dicho nada de todo esto.

—A ver, no voy a irme con ella si eso es lo que os preocupa.

En este plano os tengo a vosotros, a mi aquelarre y a mi protector.

Pero, sí me gustaría saber cómo puedo acceder al otro plano, o si tengo mis poderes más desarrollados por ser medio ser del bosque.

Y ya que estamos, imagino que mi nombre está relacionado con todo esto, no con un personaje de cómic como me dijisteis.

No se me ocurren más preguntas ahora. Estoy algo abrumada, la verdad.

—Lo entendemos, cielo. Y en cuanto al nombre, tienes razón, pero te aseguro que ese personaje me gusta.— Mi madre me abrazó.— No te preocupes, sabemos que toda esta información así de golpe no tiene que ser fácil de digerir. Por cierto, ¿has dicho «protector»?

—Sí, el hermano de Elena ha descubierto que es un protector de brujas. Y creo que está unido a mí, a todas en general pero sobre todo a mí. No sé muy bien qué quiere decir eso aún, o si estoy preparada para lo que pueda ser, pero de momento necesitaba tener un poco claras mis raíces.

—Tienes razón. Pero al menos lo de que tengas un protector, y uno bueno, porque siempre ha sido muy buen chico, me queda más tranquila.

— Miró a mi padre con ternura.— Él es mi protector.

Dice que es humano, pero estoy segura que si hubiera desarrollado sus poderes, si nos hubiera ocurrido alguna desgracia o ataque, los hubiera sacado a relucir.

— De repente me miró asustada.— Un momento, si ha sacado sus poderes a la luz eso es que habéis sufrido un ataque, ¿qué ha pasado?

—Tranquila mamá, solo es una chica, Valeria, no sé si te acuerdas de ella, iba a mi clase. Pues nos ha estado molestando un poco. Pero lo tenemos controlado. En cuanto a lo de mi familia bruja, no conozco a nadie, pensé que no tenías más parientes que la abuela. Y ella tampoco me dijo nunca nada.

—No la dejé hacerlo. No la culpes a ella, rompí toda conexión con el aquelarre por lo que pudiera ocurrir. Si ahora empiezas a hacer magia entenderás por qué lo hice. Si algo saliera mal en un hechizo contra alguien puede rebotarnos y las consecuencias pueden ser nefastas.

—Espera, ¿los hechizos pueden rebotar?

—Sí, aunque sean por una buena causa, que estés siendo atacada y solo lances un hechizo de defensa, se te puede dar la vuelta. Así que ten mucho cuidado con lo que haces. Por cierto, si quieres ir a ver a tu abuela y contarle que ya has desarrollado tu magia estará feliz de verte.

—Gracias, lo haré. Y bueno es saber lo del rebote, porque estamos intentando averiguar cómo deshacernos de Val, sin matarla lógicamente, pero no tenemos una idea muy clara aún.

—Tened mucho cuidado, si necesitas ayuda dímelo, algo podré hacer aunque esté muy desentrenada.

Y en cuanto a la otra parte, tienes que aprender a manejar como cambiar de plano, pero en eso yo no puedo ayudarte.

Seguro que Adríades puede enseñarte. Pero si quieres llamarla no sé si necesitas un aquelarre para hacerlo o al ser tu madre tienes conexión directa con ella.

—Lo intentaré, y si veo que no puedo acudiré a las chicas. Seguro que entre todas lo conseguimos. Además me hice amiga de un elfo el otro día, puedo preguntarle.

—¿Un elfo? Ten cuidado, a veces son un poco retorcidos. Pero no está mal para llevar solo un par de meses con la visión. Estoy muy orgullosa de ti, cielo.

—Aunque reconoce que deberíais haberme informado antes, que me hubiera ahorrado más de un susto.— Miré a mi madre y después también a mi padre con cara de «lo habéis hecho mal» como si estuviera echándoles la bronca.

—Te pido perdón, cariño.— Bajó del brazo del sofá y nos dimos un abrazo los tres. Tengo que reconocer que adoro a mis padres, aunque a veces no les cuento todo lo que me pasa (¿qué adolescente lo hace?), y ellos tampoco a mí, visto lo visto.

Me acuesto feliz de haber hablado con ellos y expectante por si vuelve, ¿cómo la ha llamado antes mi madre? Adríades, es verdad. Bueno, tengo preguntas para ella, con que, ojalá.

Me levanto al día siguiente como si no hubiera soñado nada, desde luego al plano de la ninfa no he ido, pero al menos he descansado porque lo que sí es cierto, es que tenía la sensación de llevar días despierta. Así que me preparo para irme a recoger a Elena mientras tarareo una canción.

Al llegar allí me encuentro con su hermano, al que no había vuelto ver desde el susto que tuvimos con Elena y el hechizo de ahogamiento de Val. Siento su mirada posada en mí antes de abrir la verja de la casa. Está muy guapo, hay que reconocer que esa sonrisa derrite hasta el corazón más frío.

—Hola, Hiedra, ¿cómo estás?

—Hola, Erick. Bien, ¿te han contado las nuevas noticias sobre mis poderes?

—Algo me ha dicho Elena. Pero creo que todavía no sabes mucho de ello si no me equivoco, y ella estaba tan emocionada con que tuvieras alas que no ha sido de gran ayuda.— No pude evitar reírme imaginando a su hermana como una moto anoche sin poder dormir.

—Pues sí, soy medio ninfa, o al menos una parte, ahora os cuento en el coche. ¿Vienes a casa de Luján con nosotras?

—Sí, estaba esperándote fuera porque mi hermanita está tan acelerada que no hay dios que la aguante. Estoy pensado en llevarme mi coche.— Se pasó la mano por la cara en señal de desesperación. Yo me eché a reír.

—Vamos, no será tan malo.— Me arrepentí de decirlo en el mismo momento en que acabé de pronunciar esas palabras, pues Elena salió por la puerta como un cohete.

—¡Hiedra!— Se tiró a mis brazos y casi nos caímos las dos al suelo.— ¡Qué bien que estás aquí! Cuéntame la conversación con tus padres. ¿Qué tal fue? ¿Se cerraron en banda o te contaron lo que necesitabas saber?

—Bueno, fue algo extraña y acabé casi con más dudas de las que llevaba, pero algo sí que me dijeron. Ahora cuando lleguemos os lo cuento a todas.

—¡Ni de coña! Nos lo cuentas de camino, estoy deseando oírlo, ya se lo dices luego a las demás.

Al final no pude esperar porque Elena, cuando quiere, puede llegar a ser muy insistente.

Y la cara de su hermano rogándome que la hiciera callar también tuvo algo que ver.

Así que pasamos de ruegos a sonidos de contener el aliento cada vez que decía una frase y medio chillidos en ciertas partes.

Yo me reía al verla porque era una persona totalmente distinta desde que comenzó el verano, se la veía alegre, divertida, feliz.

Antes estaba tan cohibida que no dejaba salir su personalidad, y eso es una pena porque es maravillosa.