Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

Escogí una de las sendas y caminé por ella.

Tenía que hacer algo con las alas, si alguien me veía así podría pasar cualquier cosa.

«No te preocupes, estás en otro plano, los humanos no pueden verte si tú no eliges que te vean.

» Me paré en seco. Estaba en otro plano, pero ¿cómo había llegado allí?

. «Es muy sencillo. Eres medio ninfa medio humana, con lo que tienes la capacidad de cruzar entre planos más fácilmente.

Ahora que ya se te han despertado tus encantos de ninfa puedes elegir estar en un lugar o en otro, siempre con cuidado de acordarte donde despiertas, no te caigas de una rama.

También si me permites deberías aprender a utilizar esas alas para volar. Te va a encantar.»

Intenté hacerla caso y batir las alas. Me resultó complicado al principio, yo no era pesada, aun así levantar cuarenta kilos no era tarea fácil.

Pero cuando le cogí el truco y me relajé, fue increíble.

Volé por el bosque, admirando árboles, animalillos, y de repente vi algo extraño, unas especie de construcciones que no eran edificios en sí como estaba acostumbrada a ver, era una especie de cuevas cubiertas por vegetación y cristales, a la vista eran algo digno de contemplar, así que descendí y me acerqué a uno de ellos.

Caminé observándolo todo, y justo cuando iba a tocar lo que parecía ser la puerta de entrada, esta se abrió y salió una delicada mujer vestida con finas telas, largo cabello rizado bellamente decorado con hojas, una sonrisa en su rostro y unas alas muy parecidas a las que yo ahora tenía.

Me analizó un momento, tomó mi mano sin decir palabra alguna y me indicó que la siguiera dentro.

La voz de mi cabeza me animó a que la siguiera, «no temas, no te hará daño. » De modo que me fíe de ella y entré.

Esperé a que mis ojos se acostumbraran a la penumbra, pues no había más que tres velas iluminando la sala donde me encontraba.

Cuando por fin pude vislumbrar lo que tenía alrededor, quedé impresionada.

Nunca me hubiera imaginado algo tan hermoso.

Era una estancia sencilla, pero las paredes estaban labradas dentro de los propios árboles, lo que yo creía piedra viéndolo desde el exterior, realmente era madera.

Cubiertas las paredes con hojas, tenían grabados símbolos que yo tenía por celtas, o eso me parecían debido a mi educación humana.

Los muebles que había, una mesa y un par de sillas, también tenían grabados algunos de esos símbolos.

En un rincón se encontraba una especie de cama hecha con telas y algo mullido.

Y en otro extremo una especie de armario en el que imagino, guardarían algo de comida, y el cual también les serviría para poder cortar o cocinar.

La mujer me llevó hasta la mesa y me indicó que me sentara, algo que al no estar acostumbrada a tener alas me resultó extraño al principio, luego vi cómo ella se sentaba de lado y la imité.

Me preguntó de donde venía y la contesté como pude, ya que no sabía ni donde me encontraba exactamente, así que se lo pregunté yo a ella.

«En la Ciudad de Hiedra» me contestó. El nombre era precioso, pero nunca había escuchado hablar de ella.

Me explicó que los humanos no podían verla, la magia la ocultaba de ellos, pues tenían la costumbre de destrozar todo lo que se encontraban a su paso.

La naturaleza no les importaba, solo sus altos edificios y esas fábricas de las que salía humo y tóxicos.

Le conté lo que me había pasado, que yo era humana y bruja, pero no entendía por qué estaba allí, y mucho menos por qué ahora tenía alas, unos sentidos más desarrollados y una voz extraña en mi cabeza.

Ella se rio y me contó que era tan solo medio humana, por eso me había pasado esto, la magia había despertado totalmente en mí, y todavía me quedaba mucho por descubrir, por eso estaba allí, la magia me había llevado hasta ella, era mi madre.

¿Qué te parece? A mí me acojonó un poco, y más cuando al despertar y mirarme al espejo, tuve que comprobar si seguían allí las alas, no me juzgues, vi un par de hojas entre mis cabellos.

Esto no era normal, si fuese solo un sueño no me hubiera traído parte de él.

Tenía que llamar a las chicas enseguida.

Quedamos en casa de Luján, pues así también estaría presente y me sentiría más segura de que ella me supiera dar una respuesta a esto. Iba nerviosa en el coche y aunque intentaron sacarme algo esperé hasta llegar para contarlo todo.

Una vez estuvimos sentadas en el salón con un café en la mano, no sé las demás, pero yo lo necesitaba con urgencia, empecé a contarles mi sueño.

Según iba narrando me fijaba en sus caras, que iban pasando de la intriga al nerviosismo y luego a la emoción.

Aunque al acabar todas sonreían, Almudena y su prima tenían un brillo algo nervioso en los ojos. Las miré directamente a ellas.

—Y bien, ¿qué opináis?

—Sinceramente, no te puedo decir nada cien por cien seguro, pero esto tiene que ver con lo que te dijo el elfo, perteneces al bosque y por eso podías entenderlo. Increíble.

—¿Me estás diciendo que es real, que soy medio ninfa?

— Miré a Luján con los ojos como platos, porque una parte de mí pensaba que descartaría el sueño como algo tipo sonambulismo y las hojas serían de tumbarme en el jardín de atrás.

— No me lo creo, tiene que ser una broma. Bruja y ninfa, no puede ser.

—No es algo malo, si fueras medio ogro estaría más preocupada, aunque las pelis de dibujos nos enseñan que los ogros son buenos.— Manuela quería poner su granito de arena para levantarme el ánimo. En parte se lo agradecí y mi cara se levantó en una sonrisa.

—Bueno, entonces, si admitimos que tengo parte humana, bruja, y parte ninfa, ¿qué narices hago?

—Nada más que aceptarlo. Y si quieres, deberías hablar con tus padres, o al menos con tu padre, porque lo de que tu madre sea una ninfa eso es que tu parte bruja no te viene de la parte materna.— Luján se quedó un poco pensativa.

—Tienes razón, tengo que hablar con él, al menos saber que ha pasado.

—Y otra cosa Hiedra.— Elena se levantó y se acercó a mí.— ¡Tienes que enseñarnos las alas! ¡Por favor di que sí!

Se puso a saltar a mi alrededor y las demás también se acercaron emocionadas.

—Vale, vale, chicas, pero pensad que no tengo ni idea de cómo hacerlas salir. Además eso de los planos no me acabo de enterar mucho de qué va.

—En cuanto a eso, no sé si yo te podré ayudar, tendrás que irlo descubriendo poco a poco.— Luján puso cara de angustia al decírmelo, como si sintiera que me estaba abandonando a mi suerte. Me acerqué a cogerla las manos.

—Tranquila, ya has hecho demasiado por nosotras, no podemos pedirte que tengas la solución a todas las preguntas.— Le di un achuchón, le había cogido mucho cariño a esta mujer.

—Estoy emocionada, nunca había imaginado tener a una ninfa como amiga.

— Elena estaba radiante. Todo esto le había llegado en un momento que estaba un poco perdida y hundida, y desde luego que le había animado hasta el punto de ver la vida con otros ojos.

Con una alegría desbordante que nos contagiaba a todas nosotras.

—Bueno, pues chicas, creo que deberíamos ponernos a trabajar un poco. Esta noche hablaré con mis padres y mañana os cuento.

Dicho esto, nos pusimos manos a la obra.

Todavía necesitábamos encontrar la manera de desbloquear la espada de Erick y desarrollar un plan para deshacernos de Val.

Y todo mientras seguíamos practicando y aprendiendo para poder sacar el máximo partido a nuestros poderes. Desde luego teníamos trabajo.