Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 9
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Capítulo 9

Sustos y revelaciones.

Al día siguiente estábamos todas buscando cómo retirar la protección.

Teníamos cosas que hacer, pero sin dudar nos pusimos a ayudar a Erick.

Habíamos sacado los libros que trajo Luján de la tienda de ese hombre tan extraño para ver si sacábamos algo en claro también.

En esas estábamos cuando de repente, Elena comenzó a llamar nuestra atención.

No podía respirar, algo la estaba impidiendo la entrada de aire en los pulmones.

Nos levantamos asustadas y fuimos hacia ella que estaba sentada en la mesa del salón.

Miré alrededor para ver si había algo que se hubiera tragado o vete a saber, pero no vi nada, y de todas formas ella me vio las intenciones y negó con la cabeza como pudo.

Se estaba empezando a poner muy roja y no sabíamos qué hacer.

Llamé a Luján que estaba en el patio preparando un set de entrenamiento para Erick. Entró corriendo al escuchar las voces.

—¡¿Qué está ocurriendo?!

—¡No lo sabemos! No se ha tragado nada pero no puede respirar. Es como si algo no la dejara.

Elena se agarraba el cuello con las manos y tiraba de algo invisible. Las demás estábamos super asustadas sin saber cómo ayudarla, porque no había nada que sacar de la garganta. Almu quiso llamar a urgencias, pero Luján no la dejó.

—No, no llames, esto no es algo natural.

Tiene pinta de que vuestra querida amiga está intentando algo muy malo.

Dejadme probar algo.- Respiró hondo y le puso las manos en la cabeza a Elena.

La escuchamos murmurar durante lo que nos pareció una eternidad y poco a poco vimos cómo Elena volvía a respirar de nuevo.

Tosió un poco y la cara seguía colorada, pero ya estaba bien.

—¿Qué has hecho?— Le preguntó Manuela exteriorizando lo que pensábamos las demás.

—Simplemente un hechizo de protección para que no pudiera entrar en su ser.

Gracias a la Diosa que esa chica aún no tiene desarrollada toda su magia, porque si no, no hubiera sido suficiente.

— Acarició el brazo de Elena con cariño.

— Vale, chicas, esto se está poniendo serio.

No sé qué narices le pasa por la cabeza para intentar matar a alguien, pero hay que frenarla.

Hablar con ella está descartado por lo que me dijisteis, así que tendremos que buscar otra solución.

Pero de momento hay que protegerse. Al no tener una magia fuerte, con unos hechizos protectores como el que he puesto ahora en Elena estaréis seguras una temporada.

Pero después tendremos que buscar algo más seguro porque no será suficiente.

—Entonces, que me quede claro, ¿cómo vamos a pararla? Porque matarla no es una opción.

—Por supuesto que no lo es, Almudena.— Su prima estaba algo asustada pero se giró hacia ella con una mirada penetrante.

— La magia se utiliza para cosas buenas, nunca debéis utilizarla como está haciendo Val.

Si hacéis eso, el universo querrá un pago, y no suele ser agradable.

Pensad que la magia siempre tiene consecuencias.

Y aparte, no se mata a nadie, no veáis tantas pelis de brujas.

—Lo siento, pero es que no sé qué vamos a hacer si no. Esta chica no tiene pinta de dejarnos en paz nunca.

—Hay más opciones, no os preocupéis. Ahora, lo principal es protegeros. Sabéis usar un hechizo como el que yo acabo de hacer, así que adelante, protegeros unas a otras. Si a Elena se lo volvéis a echar no pasa nada, así practicáis.

La hicimos caso y nos colocamos una enfrente de otra.

Las hermanas juntas y yo con Elena. Comenzamos a recitar nuestros hechizos protectores mientras tocábamos la cabeza de la otra.

Mientras estábamos unidas sentí una energía muy bonita ir de un lado a otro, salir de nuestros cuerpos y envolvernos.

Cuando abrí los ojos nos estaba rodeando.

Era precioso, terminamos todas sonriendo.

—Muy bien chicas, estáis avanzando un montón. Acordaros de repetir esto una vez a la semana de momento, hasta que podáis realizar uno más fuerte y no haga falta hacerlo tan a menudo.

—Tenemos que proteger a mi hermano también. Luego cuando llegue dejadme contarle a mí lo que ha ocurrido. Se asusta mucho cuando me pasa algo.

—Eres su hermana pequeña, es normal. A nosotras nos pasa y estamos casi siempre juntas.— Manuela miraba a Almu mientras decía esto.

—No te preocupes, no le diremos nada. Vamos a seguir con lo que estábamos y además pensar lo que vamos a hacer con esa chica.

Agradezco que se pusiera en nuestro camino, pues si no hubiera sido por ella, igual no habíamos llegado a esto.

— Dije abriendo los brazos y señalando tanto a mis amigas como a los libros y aparatos que nos rodeaban.

— Pero en serio, a veces la mandaría al culo del mundo para no pensar en ella y en el daño que nos puede llegar a hacer.

—Oye, me has dado una idea, Hiedra. Tengo que estudiarla bien pero algo se me ha encendido, no llega a ser bombilla si no una vela pequeña.— Luján se reía mientras decía esto.

—¿La quieres mandar a Siberia? Porque yo no tengo problema.— Elena ya estaba más animada. Me acerqué a ella porque vi algo extraño.

—¿Qué es eso que tienes en el cuello?

—Serán las marcas de sus manos, porque aunque la hemos protegido el daño ya está hecho.— Le dijo Luján.

Elena se tocó el cuello y se acercó al espejo del salón. Vio las marcas que tenía que, efectivamente, parecían de manos al agarrarla y su cara pasó de la angustia a un cabreo descomunal.

—Vamos a pararla los pies como sea. ¡Será mala bruja!— Se echó a reír y todas las demás la seguimos.

Al menos teníamos humor y eso era importante. Val estaba sola y eso cada vez la socavaba más el alma, aunque su forma de estar con gente tampoco era nada buena. No sé si esa chica tendría salvación.

Yo llevaba unos días teniendo unos sueños algo extraños, desde nuestra visita al bosque.

No había comentado nada a estas porque bueno, un sueño no tiene por qué ser malo.

En concreto los míos van relacionados con la naturaleza pero de una manera diferente, no la conexión que había estado sintiendo hasta ahora, sino algo más fuerte.

No estaba asustada y también por eso me los había guardado para mí.

Lo que veía eran mis pies caminando entre los árboles y poco más, como si mi alma se fuera a visitar esa otra parte de mí mientras dormía.

Pero esa noche fue diferente, más intenso. Te lo cuento.

Abrí los ojos y una pequeña voz en mi cabeza me avisó de que tuviera cuidado.

¿Cuidado con qué? Entonces miré a mi alrededor.

Me encontraba subida en las ramas de un árbol.

Ahora tocaba preguntarse cómo había llegado hasta allí.

Yo no era una muchacha ágil ni atrevida para poder escalar fácilmente.

La voz de mi cabeza me volvió a hablar, pero esta vez me dijo «obsérvate bien».

Miré mis brazos, mis piernas, todo estaba en su sitio, pero de repente un destello de color llegó a mis ojos.

Giré la cabeza y vi unas preciosas alas de mil colores que brillaban con los rayos del sol.

No podía ser cierto. Esas increíbles alas no podían salir de mi cuerpo, yo era una humana normal y corriente, una bruja sí, pero humana.

«Eso te crees tú». Vale, la voz de mi cabeza ya me estaba poniendo un poco nerviosa, ¿de dónde salía, y por supuesto, quién era?

«Soy tu parte ninfa, estoy dentro de ti, y a la vez te guardo de posibles ataques.

Nunca más estarás sola.» Bien, lo de la parte ninfa me mola, una ninfa, nunca me hubiera imaginado algo así.

Por otra parte, lo de ‘ nunca volverás a estar sola ’ me gustaba más bien poco.

Soy bastante celosa de mi intimidad y un poco solitaria, así que el tener a alguien o algo hablándome cada tres segundos y siguiendo todos mis movimientos, no es que me hiciera mucha gracia.

Tenía que descubrir qué había pasado. Extendí mis alas nuevas, las movía, con poca gracia todavía, pero eran preciosas, no podía dejar de mirarlas.

Otra cosa que debería de hacer, bajar del árbol.

No quería destrozar las alas nada más empezar a disfrutarlas así que intenté agarrarme como pude a los salientes y huecos de la madera para poder llegar al suelo y sentirme algo más segura.

Le pregunté a la voz muy educadamente qué cojones pasaba, por qué me habían salido alas.

«Ahora mismo no puedo contestarte a eso.

Pero perteneces a los bosques, eso si te lo puedo decir.

» Mi cabeza intentaba poner en orden lo que estaba viviendo, pero era complicado.

Pertenecía a los bosques, pues en mi vida el único contacto con la naturaleza han sido las acampadas de verano con mis amigas.

Mis padres tampoco me habían comentado nada.

Por otro lado no les hubiera creído. Te imaginas a tus padres mirándote y diciendo: «Al llegar a cierta edad te van a salir alas, pero no te asustes, es lo normal.

Ten cuidado con las drogas y no vuelvas sola a casa.

» Ahí pensaría que los que estaban drogados eran ellos.

Aunque visto lo visto, tampoco me comentaron nada de mis poderes de bruja con lo que pienso que me tienen muy desinformada.

Comencé a notar algo en los ojos, o más bien en la forma de ver.

Los colores eran más intensos, y veía sendas en el suelo que antes no estaban allí.

Eran caminos marcados de forma brillante que serpenteaban entre los árboles de manera sinuosa y encantadora.

Los sonidos eran más profundos, escuchaba el trinar de los pájaros, entendía lo que decían, guau, increíble.