Capítulo 8
De visita a una tienda de antigüedades.
Al día siguiente habíamos quedado para ir a visitar una tienda de antigüedades y brujería que había en una ciudad cercana a donde vivía Luján.
En un principio solo iba a ir el hermano de Elena con ella para ver si encontraba un arma, pero al final nos apuntamos todas. Queríamos ver lo que era una tienda así, no solo las típicas tiendas de cristales, inciensos y velas. Así que nos montamos en dos coches y allá que fuimos.
Cuando aparcamos y vi el exterior ya me dio algo de yuyu.
La tienda en si estaba en un barrio algo alejado y maltrecho, el exterior era de madera con dos cristales uno a cada lado de la puerta.
Digo cristales porque imagino que debajo de toda esa suciedad se pretendía que fuera el escaparate.
Y el letrero estaba medio caído de un lado y sin luz.
Ante este panorama nos miramos entre nosotras, respiramos y vimos que Luján se metía en la tienda sin dudar, así que la seguimos.
Por dentro no cambiaba mucho la historia, parecía sacada de una película, me recordaba al Callejón Knockturn de Harry Potter.
Estantes llenos a rebosar de cosas que apenas se veían por la cantidad de polvo que tenían encima.
Enseres por el suelo que tenías que esquivar para poder llegar al mostrador que veías al fondo de forma muy tenue, pues no estaba bien iluminado.
Todas nos quedamos mirando según pasábamos sin atrevernos a tocar nada. Había un estante con libros antiguos que se veían algo ajados, me llamó la atención y me acerqué. Alargué la mano para tocarlos como si una energía me absorbiera, sentía que tenía que coger esos libros.
—¡Quieta!— La voz de Luján me sacó de la burbuja en la que estaba metida mi mente.
Y la fuerza con la que me agarró el brazo también.
— No sabemos que tienen esos libros, y por la energía que desprenden no me parece que sean muy buenos.
Intentad manteneros alejadas de todo esto.
No sabemos que puede haber sido hechizado para algo o incluso contener una energía poderosa que no me gustaría que os poseyera.
—Lo cierto es que no sé por qué me he acercado. Era como si algo me llamara y me instara a tocarlos.— La dije algo asustada.
—En serio, no toquéis nada.— Me miró también algo nerviosa. Siguió su camino al fondo de la tienda.
Cuando vi al dependiente pensé que no podía ser de otra manera.
Un hombre mayor pero sin ser viejo, algo misterioso pero sin dar demasiado miedo, con una barba canosa descuidada y una especie de turbante a medio colocar en la cabeza.
Cuando sonrió me puso los pelos de punta, si antes no daba miedo, con una simple sonrisa hacía sentir pánico.
—¿En qué puedo ayudarles?— Su manera de hablar melosa y pausada tampoco es que fuera muy tranquilizadora.
—Estábamos buscando algún arma antigua que sea más o menos real. Es para una recreación histórica que vamos a hacer en el pueblo y nos gustaría meter algún verdugo. Si tuviera algún hacha o algo por el estilo estaría genial.— Desde luego Luján se había llevado bien preparada la excusa.
—Pues igual sí puedo encontrar algo.— Se giró para salir del mostrador y acercarse a un lateral de donde sacó un hacha bastante nueva que le mostró a Luján.— Esto os puede servir.
—Verá, nos gustaría que fuera más real, antiguo si puede ser.
Esa se ve muy nueva, la podría comprar perfectamente por internet en cualquier tienda de cosplay.
— Ella también tenía ese tono meloso, no igual que el del hombre, pero sí lo suficiente para llamarle más la atención. Desde luego sabía actuar.
—Bueno, ya veo que busca algo diferente.
— Se metió por una puerta que apenas se veía, si no sabías que estaba ahí ni la intuirías.
Al cabo de un momento salió con una espada de una mano y un hacha en la otra.
— Estas dos armas tienen más de cien años.
Le advierto que no son baratas, y están afiladas, si ocurre algo con ellas no quiero saber nada.
—No se preocupe, no diremos de dónde han salido. De todas formas, solo las queremos de atrezo.— Le dedicó una sonrisa calculada.— Y ¿no sabe decirnos de dónde proceden?
—Hasta ahí no llego. Me dijeron que eran de un feroz guerrero que también era brujo.
Sinceramente lo del guerrero me parece más factible, no creo que un brujo dejara sus armas tiradas por ahí para que las encontrara cualquiera.
— Hablaba de brujería como si tal cosa, este hombre tenía muy claro lo que queríamos.
—O puede que sea cierto y se las diera a la persona equivocada que no sabía lo que tenía entre manos. Por eso acabaron aquí.
—Lo que fuera realmente no me importa.— El tono de voz ya no era tan meloso, sabía que tenía la venta hecha.— Si las quiere puede llevárselas. Venga conmigo y hablemos de precio, creo que es la persona que va a pagar, por lo que veo.
—Así es.— Hizo un gesto con la mano.— Por favor, detrás de usted.
— Le hizo un gesto a Erick para que la siguiera.
— Ven, no compraré nada antes de que tú las pruebes.
— Se acercó a él para decirle sin que la oyera el tendero.
— Tócalas, si notas una energía extraña que no te de buena espina las dejas.
Si ves que no, nos las llevamos.— Erick asintió y la siguió.
Nosotras nos quedamos mirando de nuevo las estanterías, esta vez con más cuidado que antes.
Había algo en ese sitio que hacía que quisiera salir de allí lo más deprisa posible.
Cuando Luján y Erick volvieron con nosotras traían las armas y además una bolsa con dos botes extraños y tres libros viejos.
—Sí que ha sido provechoso el viaje. ¿Cuándo te ha dado tiempo a comprar eso?— Le dijo Almu a su prima señalando la bolsa.
—Ha sido cuestión de regateo. Pedía un precio tan alto por la espada y el hacha que le he insistido hasta que he conseguido que me diera algo más.
—Y se notaba que tenía ganas de deshacerse de esto.— Dijo Erick levantando el mango de la espada.— No sé por qué, pero creo que no le gustaba que estuvieran allí.
—Los libros son para vosotras, estos son buenos, tranquila.
— Me dijo al ver mi cara de miedo al recordar lo que ocurrió antes.
— Sobre todo, hechizos— Dijo señalando el primero—, y conocimiento del mundo, criaturas mágicas en este, y lugares mágicos y seres malignos en el otro.
Os vendrán bien. No son como los que leéis de la biblioteca.
Lo otro son ingredientes para pociones que no es fácil encontrar en una tienda normal. No preguntéis.
Seguimos caminando hasta donde estaban aparcados los coches, llevábamos las armas guardadas en una bolsa pero, de todas maneras, se veían, y como no habíamos hecho nada para que no fuera así, la gente con la que nos cruzábamos se nos quedaba mirando de una manera un poco rara.
Cuando ya subimos y encendió Erick el motor respiré tranquila.
No sé las demás, pero yo me pongo nerviosa con estas cosas.
Será por haberme criado en un sitio más o menos monótono donde pocas veces ocurre algo fuera de lo normal.
—Muy bien Erick, ahora tienes que hacer tuyas esas cosas.— Empezó a decir Luján cuando llegamos a su casa.— Lo primero es que lances un hechizo para comprobar el poder que tienen y si están dispuestas a cambiar de dueño.
Creo que todas nos quedamos mirándola. Que un objeto pueda decidir si lo utilizas o no era algo que no había valorado, la verdad.
En cuestión de seres vivos por supuesto, pero en algo inanimado no me lo esperaba.
Ante toda respuesta, Erick levantó primero el hacha y lo puso encima de la mesa.
Comenzó con un poco de temblor en la voz a decir las palabras de un hechizo que él podía dominar.
De cuando en cuando miraba a Luján para ver si lo estaba haciendo bien.
Ella asentía con la cabeza y le animaba a seguir.
Una luz verde comenzó a aparecer por encima del arma expuesta y poco a poco se fue convirtiendo en un humo azul claro. Todos mirábamos asombrados lo que estaba ocurriendo, creo que Erick el que más. Cuando terminó de recitar, el humo desapareció y todo quedó como si no hubiera pasado nada.
—Muy bien, está lista.— Luján nos explicó lo que acababa de pasar.
— El hechizo que ha lanzado, con muy buena expresión por cierto, ha salido bien.
El tono verde era el arma dando permiso para ser utilizada de nuevo en la protección de brujas, y el humo azul quiere decir que se ha limpiado de antiguos usos.
Estas armas a veces mantienen dentro de ellas una parte de algún hechizo o maldición en la que se hayan podido ver envueltas, por eso, es mejor limpiarlas antes de ser utilizadas de nuevo.
—Entonces, son armas mágicas en cierto modo.— Elena estaba encantada con esta nueva vida.— Hermanito, no te esperabas esto para tu vida ni de coña.— Le dijo dándole un puñetazo cariñoso en el hombro.
—Sinceramente, no me lo hubiera imaginado nunca.
Pero ya estoy mentalizado de que voy a estar pegado a vosotras una larga temporada.
En fin, tendré que hacer de tripas corazón y aguantar a esta cuadrilla de adolescentes lideradas por la loca de mi hermana pequeña.
— Le guiñó un ojo mientras Elena le daba un topete con cara de enfadada.
—Muy bien, ahora la siguiente. Coge la espada y haz lo mismo que antes.— Le dijo Luján.
Erick hizo lo que le decían. Levantó la espada y la colocó donde antes había puesto el hacha.
Si te fijabas eran preciosas, no era nada tosca, y el hacha tampoco.
Tenían grabadas unas filigranas muy bonitas.
El hacha las tenía en el metal sobre todo y alguna bajando por el mango de madera oscura.
Me recordaba a un hacha vikinga. La espada en cambio, tenía el mango envuelto en cuero con un dibujo alargado y lo que parecían runas, de eso seguro que Almu entendía más, y la hoja tenía un dibujo que la recorría entera como si fueran tentáculos. Eran preciosas.
Todas estábamos esperando que ocurriera lo mismo que antes pero no fue así. En lugar de luz verde apareció un destello plateado que no cambió a otro color, se quedó así un rato y luego desapareció sin más. Erick se calló y miró a Luján nervioso.
—¿Qué ha pasado? Lo he dicho bien, ¿verdad?
—Sí, tranquilo, el hechizo estaba bien. Pero creo que esta espada tenía un dueño algo puñetero. Eso que habéis visto es un escudo de protección. Salta cuando intentan utilizarla.
—Pero no la estábamos usando en realidad. Espera, si esto hubiera sido directamente en una batalla ¿no me hubiera respondido?
—No, hemos tenido suerte porque en ese caso no sabemos que reacción tendría. Podías haber salido mal parado.
—Vaya, menos mal.— Le vi respirar aliviado.— Pero, entonces, ¿qué tengo que hacer ahora con ella?
—Pues buscar un contrahechizo, lo malo es que llevará algo de tiempo encontrar el adecuado. Pero bueno, te ayudaremos entre todas y seguro que en menos de lo que imaginas está lista.
—Luján, ¿tienen algo que ver esas runas que lleva grabadas en el mango? ¿Puede ser eso la protección?— No quería quedarme con la duda, y si podía ayudar mejor.
—No lo tengo claro del todo Hiedra, puede servir de refuerzo, eso seguro, pero que sea solo ese el método de protección lo veo raro. Tiene que haber algo más.— Dijo Luján pensativa.— No os preocupéis, daremos con ello. De momento tienes que practicar con el hacha.