Capítulo 7
Excursión al campo, tiro con arco y sorpresas.
Dos días después habíamos ido de excursión al descampado donde Val atacó a Elena.
Nos llevamos una diana para que Erick practicara con el arco y útiles varios para poder hacerlo nosotras sin destrozar la casa de Luján con los hechizos más poderosos.
Ya estábamos logrando controlar mejor nuestra magia, y eso conllevaba subir el nivel de dificultad.
Mientras Erick colocó la diana y se puso a tirar flechas, que por cierto, tenía un don, no puede ser que sin coger un arco en tu vida aciertes todas las flechas en la diana.
Vale que no dio con todas en el centro, pero no se le fue ninguna al bosque.
Bueno, a lo que iba, mientras el hacía de arquero profesional, nosotras fuimos guiadas por Luján.
—Chicas, colocaos en un círculo. Cerrad los ojos e intentad conectar con vuestro elemento principal.
Respiré hondo con los ojos cerrados y me agaché tocando la hierba con las palmas extendidas.
No vi lo que estaban haciendo las demás, pero me lo imaginaba por las veces que las había visto en casa de Luján.
Imaginé a Manuela abriendo sus brazos hacia el cielo, a Almu moviéndose como una serpiente, yo lo digo así, ella me dice que son olas en el agua, y a Elena con las palmas hacia arriba y los brazos extendidos enfrente de ella.
—Ahora, daos las manos.
Sentí las manos de mis amigas agarrándome con fuerza.
Luján comenzó a recitar un cántico que nos había enseñado antes de ir y nosotras la seguimos.
Esto era nuevo, algo creado por ella que las cuatro podríamos entender y utilizar.
Y efectivamente así fue. A medida que el conjuro iba saliendo de nosotras sentía que la naturaleza cobraba vida a mi alrededor proporcionando a mi ser más poder.
Lo que estábamos haciendo era la primera conexión que nos recogía como aquelarre, una vinculación mágica que nos uniría entre nosotras hasta que decidiéramos romperla.
La verdad es que tenía una serie de ventajas que no me esperaba, tipo «contrata esta línea y además te ofrecemos todo esto gratis», no te rías, me parecía algo así.
Pero a lo que vamos, aparte de ser más fuertes al realizar hechizos cuando estuviéramos juntas, con esta vinculación sentiríamos cuando otra de nosotras esté en peligro, nos podemos llamar mentalmente, invocar los poderes de las otras aun estando lejos de ellas si los necesitáramos, localizarnos sin necesidad de hechizos de seguimiento, y seguramente más cosas porque cuando la prima de Almu lo estuvo explicando creo que mi cabeza estaba algo perdida.
La conexión no era solo entre las cuatro, le pedimos a la prima de estas chicas que se uniera a nosotras, pues estaba sola y no había tenido ningún problema en enseñar a cuatro brujas primerizas y a un guardián.
Nos sentíamos en deuda con ella, y creo que sería algo positivo para todas que se nos uniera.
No solo por seguir entrenando nuestras capacidades, si no por estar juntas.
Una vez realizada la unión, cuando el remolino que se había formado a nuestro alrededor paró, miré a mis compañeras y sonreí.
—No olvidéis que esto también vincula al guardián a este aquelarre. No era necesario que se uniera al hechizo ahora, pero al estar presente en la realización le he introducido en el circulo donde hemos estado nosotras.
—Tienes que enseñarnos mucho todavía Luján.— Esta mujer nos sorprendía cada día, pero creo que se ha guardado el lazo que une al guardián realmente con este aquelarre para que las otras no se enteren por ella.
A todo esto Erick seguía practicando. Se había fabricado unas cuantas flechas que recogía y volvía a tirar. Cada vez tenía mejor puntería y ahora ya apenas se desviaba del centro.
—Es impresionante lo que se puede mejorar en un rato de práctica.— Me acerqué a él intentando no hacer demasiado ruido, le veía tan concentrado que ya el hecho de hablar me daba apuro.
—Pues sí, aunque he de decir que me he visto algunos vídeos antes de venir para saber cómo tirar en condiciones, algunos trucos.— Se giró mientras bajaba el arco y destensaba la flecha que tenía colocada en él.
—Ya, claro, y viendo vídeos consigues esa puntería. Si los hubiera visto yo sería igual de mala que sin verlos.— Me eché a reír, vaya ocurrencias tenía, desde luego que hay gente muy autodidacta y enseguida pillan las cosas, pero no creo que el tiro con arco se aprenda en diez minutos.
—En serio, no es tan complicado. ¿Quieres probar? No sería mala idea que vosotras también aprendierais a defenderos por si algún día yo no estoy cerca.
—En eso tienes razón, haber, dime cómo se hace.— Yo ahí, mostrándome toda segura de mí misma mientras me temblaban las piernas por dentro. Qué quieres, no podía negar esas mariposas que estaban apareciendo cada vez que le tenía cerca.
—Coge el arco así, con esta mano, bien firme, con esta otra tensas la cuerda, ten cuidado de la postura para no hacerte daño en el hombro.
Levanta el codo, lleva la mano un poco más atrás.
— Me ayudaba a sujetarlo por detrás como la típica escena de película de amor, y entre lo nerviosa que estaba por no quedar como una inútil y saber gestionar este momento sin que pareciera que estaba interesada en él, estaba perdiendo la capacidad de respirar.
— Tranquila, respira hondo un par de veces, apunta y con la tercera espiración sueltas la flecha.
Intenté dar en el blanco, te lo juro, pero el único recorrido que hizo esa flecha fue de donde estaba colocada en el arco a veinte centímetros de mis pies, en la hierba. Un ridículo terrible, vamos. Las chicas se habían acercado para ver qué hacíamos y no pudieron evitar soltar alguna risilla.
—No pasa nada, es el primer intento, seguro que con algo de práctica consigues dar en la diana. Inténtalo otra vez.— Le miré como si tuviera tres cabezas y me eché a reír.
—Seguramente acabe en el mismo sitio.— Dije mientras me agachaba a recoger la flecha.
— Pero vamos a probar.— Volví a colocar la flecha en el arco y a ponerme en posición.
Cuando me vi lista lancé la flecha y esta vez ya no fueron veinte centímetros pero treinta sí.
Me reí de nuevo y le di el arco a Erick.
— Creo que esto no es para mí. Quizá una ballesta que es más sencilla de disparar o algo así.
—¿Cuándo has disparado tú una ballesta?— Elena me miró con cara de asombro.
—Nunca, pero en las pelis se ve muy fácil, es recargar y disparar. Y es más pequeña, no hay que tener tanta clase como con el arco.
—Permítame que me ría, pero si te fías de las pelis, el arco también parece super fácil.
Al menos a los elfos se les da genial, es como si hubieran nacido enseñados.
— Almu se acercó, cogió el arco y se dispuso a lanzar.
No hizo falta decirle cómo tenía que colocarse, ella misma mantuvo la postura bastante correcta para ser la primera vez que probaba.
Soltó la flecha con elegancia, y aunque no llegó a dar en la diana quedó bastante cerca.
—¡Muy bien, Almu! ¿Es la primera vez que disparas?— Erick se había quedado un poco sorprendido.
—Sí, aunque siempre me ha gustado mucho el tiro con arco y practicaba la postura en casa con una réplica que tengo de un arco para las ferias medievales.
—Bueno, pues mira, de algo te ha servido. ¿Alguien más quiere probar?— Miró alrededor para ver si alguna más se animaba.
Al final probamos todas, alguna con más tino que otras, pero sin duda el que mejor puntería tenía era él.
Eso sí, nos pasamos una mañana muy divertida.
Nos habíamos llevado comida, así que cuando nos cansamos de practicar extendimos una manta en el suelo y atacamos todo lo que pusimos encima.
El campo da hambre, o eso dicen, y el ejercicio también.
Después de recoger todo nos fuimos a los árboles, a Elena no la gustaba recordar donde la había atacado Valeria, pero tenía que superarlo o no volvería a ir por aquella zona.
Así que paseamos adentrándonos un poco en el bosque.
No queríamos despistarnos, no éramos unas exploradoras natas, pero creo que al abrir mi visión, mi orientación en la naturaleza también había mejorado.
Pasaba al lado de los árboles como si les conociera, si cerraba los ojos sentía el sonido del bosque, no lo que escucha toda la gente de animalillos corriendo y hojas moviéndose con el viento, era algo más profundo.
Como si los árboles me hablaran y guiaran mis pies.
Acerqué mi mano a la corteza de uno especialmente alto y fue algo maravilloso.
Sentí una conexión muy fuerte, era un ser antiguo, había vivido mucho, y aunque había calma en él, también sentí miedo.
Eso me asustó. ¿A qué tendría miedo ese hermoso árbol?
Seguimos caminando hasta que llegamos a un claro donde paramos a beber agua y descansar un poco. Mientras estábamos allí, Manuela se tumbó en el suelo a disfrutar de las ramas meciéndose al viento. De repente se incorporó y me llamó por señas.
—Mira allí, en esa rama. ¿Ves algo?— me dijo señalando un árbol de los que estaban a nuestro alrededor. Adecué mis ojos al ensombrecimiento de esa zona y observé con cuidado.
—¿Qué has visto, Manu?
—Céntrate. Seguro que tú también puedes verlo.— La hice caso y extendí mis sentidos hacia donde ella me decía.
—¡Ostras! Sí. ¿Qué narices es eso?
—Parece un duende o un elfo, algo así. No estoy yo muy versada en conocimiento de criaturas todavía. Pero por los dibujos que hemos visto en los libros de Luján creo que es eso.
—¡Qué fuerte! Qué fuerte, qué fuerte. Chicas, venid, no hagáis mucho ruido. Mirad allí.— Las señalé donde estábamos mirando.— Luján, ¿qué crees que es?