Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 6
23%

Capítulo 6

No podemos bajar la guardia.

Una semana después de que hubiéramos descubierto nuestra magia, me dirigía a casa de Elena para recogerla a ella y a su hermano.

En el camino volví a notar esos ojos clavados en la nuca y la sensación de maldad que los acompañaba siempre.

No me gustó nada y apreté el paso todo lo que pude.

Cuando estaba casi en la calle de Elena sentí el golpe pero no lo vi venir.

Caí al suelo con más fuerza de la que debería y sentí cómo mi hombro cedía de una forma rara.

No estaba roto, eso lo noté, me levanté todo lo rápido que pude, miré a mi alrededor y no había nadie.

Salí corriendo y llegué a la puerta de su casa, llamé incesantemente hasta que me abrieron y entré dentro como una exhalación.

—¡Hiedra! ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?— Elena tenía una cara de susto tremenda.

—Sí, estoy bien. Bueno, creo que tengo el hombro dislocado pero aparte de eso estoy bien. Ha sido Valeria, estoy segura. No he visto a nadie pero he sentido su presencia. Me ha tirado al suelo. No sé si me hubiera hecho algo más de no haber salido corriendo y estar tan cerca de tu casa.

—Tenemos que llevarte al hospital a que te coloquen ese hombro. Ya me está cansando esa tipa.— Erick me ayudó a levantarme, nos metimos en el coche y en cinco minutos estábamos en urgencias.

Me colocaron el hombro y salí de allí con una venda de sujeción y con instrucciones de no hacer esfuerzos durante unos días.

Nunca me había pasado algo de esto, pero duele muchísimo.

Los hermanos me estaban esperando fuera y cuando llegué a su altura Elena me cogió del lado bueno y me dio un abrazo.

—Está consiguiendo que todas pasemos por aquí, y no es agradable. ¿Cómo estás?

—Bien, tranquila, vamos a casa de Luján que estarán diciendo que dónde nos hemos metido.

—Pero tú tienes que descansar, no puedes hacer cosas con ese brazo así que no sé si es buena idea ir. Igual te convenía quedarte en casa.

—No, ni de broma.— Me negué con todas mis fuerzas. Los miré a ambos.— Cuanto más practiquemos mejor, no voy a dejar que me inutilice algo así.

—Eres muy bruta, pero vale. Solo porque tienes razón, que cuanto más tiempo perdamos peor.— Erick me miraba con cara de no poder conmigo, y esa sonrisa que sacaba estaba empezando a parecerme preciosa.

Cuando llegamos allí, todas estaban preocupadas.

Las intenté tranquilizar, pero aun así me dejaron en el banquillo, al menos ese día.

Solo podría observarlas desde el sofá y estudiar.

Además, no solo era estudiar hechizos y pociones, si no que todo esto traía detrás que debíamos de conocer qué hacía cada ingrediente y dónde podíamos o no utilizarlo.

Por un lado me iba a venir de perlas para el curso que viene porque el tema de las plantas ya lo iba a llevar bastante trabajado.

Me pasé la mañana buscando remedios para que me aliviaran el dolor y preparándolos en bebida y emplastos.

Nos quedamos allí a comer pues era el día libre de Luján.

No pude evitarlo y me quedé dormida en el sofá, en parte gracias a alguna de las plantas relajantes que había utilizado.

Cuando a media tarde me desperté apenas me dolía.

—Parece que le voy cogiendo el tranquillo a esto. No hay mejor que practicar en una misma para comprobarlo.

—Hombre, yo preferiría que no te hubiera pasado eso, y desde luego que no tengamos que sufrir el tormento de esa chica, pero es verdad que estamos aprendiendo a marchas forzadas.— Almu se acercó a mi para comprobar el hombro.

—Desde luego que si no hubiéramos tenido este aliciente, por llamarlo de alguna manera, lo hubiéramos tomado con más tranquilidad, pero creo que con lo que nos está gustando a todas hubiese sido un verano parecido.

Cuando llegué a casa intenté buscar en los papeles que tenía del libro que sospechábamos que utilizaba Valeria, cual podría haber sido el hechizo que utilizó.

No conseguí demasiado pues aún no podía leer bien los demás y este en concreto nos estaba resultando más complicado de entender.

No sé por qué pasaba eso, pero me traía un poco de cabeza.

Después de buscar durante un buen rato no conseguí ver qué hechizo era, ya intentaría buscarlo cuando tuviese más visión.

El de la tormenta tampoco le había visto, sé que la prima de Almu sí que lo había leído pero no quiso decirnos el contenido.

No sé si porque le daba miedo que lo utilizáramos o porque no se atrevía por si nos salía mal.

Durante estos días Erick se había dedicado a estudiar su parte pero también debió de estar construyendo algunas de las armas que había visto en el libro.

No iba siempre con nosotras y yo me imaginé que aprovechaba para eso.

Sé que sabía tallar porque Elena me lo había dicho, le gustaba mucho la madera y había encontrado de su hobby algo más útil.

Hacía encargos para gente y así se sacaba un dinerillo en lo que terminaba la carrera.

Por eso, el día que apareció con un arco absolutamente precioso no me sorprendí, bueno, un poco sí, pero fue de lo bonito que era.

—¡Es una pasada! Pero, no sabía que se te diera tan bien.

— Me acercó el arco para que le viera. Tenía unas tallas tan bonitas, eran hojas como si fueran hiedras recorriendo toda la madera.

Me recordaba a los elfos de «El Señor de los Anillos».

— Es precioso. ¿Para qué criatura sirve concretamente?

Su prima dijo que cada una tenía una utilidad.

—Pues este creo que es sobre todo para seres como arañas gigantes, o cosas así.

Insectos del bosque que hayan sido maldecidos, creo que también pone.

De todas formas, puede ser una de mis armas básicas, depende de la flecha que utilice.

Me siento dentro de un juego de rol.— Miraba el arco con orgullo.

—O una película de «El Hobbit» mezclada con «Harry Potter» y vete a saber qué más universos.— Me reí pensándolo, le miré y ahí estaba esa sonrisa tan bonita.— Pero desde luego, ese arco es maravillosamente perfecto. Y los grabados, son tan finos. Se te da genial trabajar la madera.

—Sí, eso lo hice porque necesitaba algo que le diera dulzura.

No me gustaba cómo se veía sin nada, estaba pensando qué dibujarle en el taller de casa de mis padres y te vi llegar, entonces lo tuve claro.

Y la verdad que ha quedado bonito.— Repasaba el arco con la mirada mientras decía esto y menos mal, porque me puse roja como un tomate.

Igual me lo tomé como no era, pero que dibujara el arco por mi nombre no es algo que te tomes a la ligera.

No sé si él no me miraba porque no se atrevía o porque realmente estaba repasando el arco y no le daba importancia a lo que salía de su boca.

—Vaya, bueno, pues me alegro que me vieras a mí porque las hiedras quedan perfectas.— Me di la vuelta y me metí en la casa. No me dio tiempo ni a llegar al salón cuando Elena me abordó.

—¿Has visto el arma que trae mi hermano?

No me ha dejado verlo, no sé ni qué es.— Miró por encima de mi hombro y vio a su hermano entrando por la puerta con el arco colgado a la espalda.

La empujé delante de mí para hacerla entrar en la habitación que daba al patio que era donde estaban las demás con su prima.

—¡Espera! ¡Pero déjame verlo!

—Ahora lo ves, ya te voy diciendo que tu hermano tiene mucho talento. Bueno, imagino que tú lo sabrías, claro.— Abrí la puerta y salimos con su hermano detrás de nosotras. Me senté en una de las sillas y dejé que le rodearan.

Vi a Luján que alabó el trabajo de Erick. Le cogió para estudiarlo detenidamente y me echó una mirada algo extraña. Le devolvió el arco y se sentó en la silla que estaba a mi lado.

—¿Qué te ha parecido el trabajo de Erick?— Me preguntó como si nada.

—Es precioso, tiene un don.

—Creo que es algo así. Los antiguos guardianes podían fabricar armas de varias maneras, unas con madera, otras con hierro, bueno, lo más normal era eso.

Pero una vez fabricadas debían potenciarlos con algo, un dibujo, un grabado, algo que simbolizara el poder de la bruja a la que defendían en un principio, aunque lógicamente esas armas luego podían usarlas para defender a más brujas, solo tenían que lanzar un hechizo que las vinculase a las demás.

—No lo sabía, pensé que solo tenía que hacer el arma o adquirirla.

—Puede comprárselas a otros o heredarlas de otro guardián, por eso no pueden servir únicamente para una bruja en concreto, si no quedarían inutilizadas. Pero, no sé si te has dado cuenta de lo que te quiero decir.— Me hablaba mirando al frente, como si estuviera observando al resto.

—¿Qué no va a poder fabricar un hacha porque no creo que sea herrero también?— Me fui por la lógica.— Tendremos que buscar en algún sitio. He encontrado algunas tiendas por internet que venden espadas y armas para recreaciones históricas, seguramente alguna sirva si la afilamos.

—Puede ser, pero prefiero buscar antes por tiendas de antigüedades. Ya he buscado alguna y me acercaré la semana que viene. Pero no era eso a lo que me refería.— Ahora sí se giró en la silla y me miró fijamente.— Has visto el grabado del arco.

—Sí, son hiedras.— Le contesté hundiéndome un poco en la silla.

—Son hiedras. Y eso quiere decir que su hermana no es su bruja principal. Lo eres tú.

—Pero eso no puede ser. Cuando le pregunté por el dibujo me dijo que lo hizo por darle otro toque al arco y fue al verme cuando se le ocurrió.— Mi voz iba perdiendo fuelle con cada palabra que salía de mi boca.— No puede ser, Elena es su hermana, ha despertado su visión por ella.

—Piénsalo. Cuando Elena estaba convaleciente vosotras comenzasteis a visitarla y él pasaba mucho tiempo a vuestro alrededor. Pero le viste cuidar a Elena como cualquier hermano.

—Sí, y cuando realmente se puso manos a la obra para ver que ocurría fue cuando Valeria lanzó el hechizo de la tormenta. Pero estábamos todas afectadas, no solo yo.

—Para él todas estabais en peligro, pero si ha ido desarrollando algún tipo de sentimiento por ti, lo normal es que ahora realce sus armas con tu esencia.

—Por eso no me miraba al contármelo.— No sabía qué más decir. Es cierto que poco a poco había ido viendo al hermano de Elena de una manera especial, nos llevábamos muy bien y ¡qué coño! estaba buenísimo, cualquiera con ojos en la cara lo veía.— Y ahora, ¿qué debo hacer?

—Eso ya lo que tú quieras.— Se echó a reír.

— Yo no puedo decirte con quién estás. Este vínculo es algo bonito, pero piensa que es un guardián.

También protegerá a tu aquelarre, que al fin y al cabo es lo que sois.

Y si viniese otra bruja que estuviera fuera de él pero vosotras quisierais que no la ocurriera nada, también.

No tienes que sentirte rara ni mal, al revés.

Y si aunque exista el vínculo protector, no queréis estar juntos como pareja no tenéis por qué hacerlo.

— La miré como si fuera un perrillo asustado. — Tranquila, en serio.

—Entonces no hace falta que le diga nada ahora. Soy muy joven para atarme a nadie de por vida. O al menos eso creo.— Ya no sabía ni qué pensar después de todo lo que estaba ocurriendo este verano.

—Vamos, no lo pienses, anda. Vete a seguir practicando y olvida lo que te he dicho. Además, si el interesado no ha querido revelarte todo esto, tú haz como que no lo sabes de momento.

—Vale. Creo que voy a tomármelo con relax.

Seguí ahí sentada un rato más, observando a través de mis gafas de sol y pensando.

Vale, esto de las conexiones me resultaba familiar.

En toda buena novela de seres sobrenaturales había cosas así.

De una manera o de otra siempre algún personaje estaba conectado con otro, no es nuevo.

Pero desde el primer momento pensé que en este caso sería con su hermana.

Aún no sé qué quiero en mi vida, pero creo que estamos en un punto de no planificar absolutamente nada.