Capítulo 5 #2
—Fue una casualidad. Estaba con tu madre de excursión por una ruta que nos habían recomendado, ya sabes que la gustaba andar por montañas, y hacía poco que habíamos despertado la visión.
No teníamos mucha idea de nuestros poderes porque no le habíamos dicho a nadie que los teníamos, queríamos que fuera algo entre nosotras.
Nos daba un poco de miedo todavía. Y en una parte de la caminata cuando ya estaba puesto el sol y estábamos buscando sitio para acampar, vimos a lo lejos algo que se movía muy lento.
Ya desde nuestra posición era enorme y no quisimos acercarnos mucho.
Cogimos los prismáticos que llevábamos y pudimos ver una criatura grande y no muy bonita.
Nos imaginamos que era un ogro por esos cuentos que habíamos leído de niñas, pero no fue hasta que llegamos a casa y se lo contamos a mi tía cuando nos dijo que sí era real.
Así que menos mal que no se nos ocurrió acercarnos porque son criaturas peligrosas.
—¿Y dónde pasasteis la noche? Si hubierais acampado podía haberos encontrado ¿no?
—Sí, Almu, pero tuvimos la grandísima suerte de encontrar una cueva y nos escondimos allí. Además creo que se dirigía hacía el otro lado del monte porque no le volvimos a ver.
—¡Qué guay! Yo quiero ver alguna criatura así. ¿Dónde fue? Podemos hacer una excursión.
—Almudena, son peligrosos. Además, no es tan bonito ver esas criaturas, no suelen ser amigables.
Los gnomos tampoco lo son, por cierto. Las hadas son más agradables, aunque depende de a quién te cruces.
Y pensad que suelen estar escondidas para que no las encontremos, que aunque los humanos no puedan verlas, hay seres mágicos que las utilizan y las hacen daño.
—Vaya, me haría ilusión verlos. Tengo tantos recuerdos de los cuentos que nos leían de pequeños que estoy deseando comprobar si realmente son como me imaginaba.
—Ya tendrás tiempo, seguramente veas alguno, pero no tiene por qué ser ahora.
Tú céntrate en que tienes que aprender primero a controlar tus dones.
Volviendo al tema, eres un guardián. Eso también implica que tienes que aprender a lanzar hechizos básicos, no tienes tanta magia como ellas, pero sí la suficiente para poder hacer esas cosas.
Con lo cual, ese libro te va a venir de perlas para poder llevar a cabo tu cometido.
Aunque no esté entero hay páginas suficientes para ir empezando.
Lo de las armas ya es otro tema, porque encontrar esos artilugios ahora mismo es algo complicado.
Podemos hacer búsquedas por tiendas de antigüedades o casas de empeños que se dediquen a temas de este estilo y los tengan como artículos raros. El caso es encontrar alguno.
—También podemos construir algo.— Dijo Erick mirando alguno de los dibujos.— Este no parece muy complicado, con un poco de tiempo podría hacerlo.
—Bueno, si sabes, adelante. Para mí sería complicadísimo, prefiero mil veces aprenderme hechizos y pociones.
Pero me parece bien que te quieras implicar tanto.
Normalmente los guardianes aparecen por relación con alguna bruja, vosotros sois hermanos así que imagino que él ha desarrollado la visión al verte a ti en peligro.
Si no hubiera sido así, probablemente no lo hubiera hecho, o habría tardado más tiempo hasta que a ti te hubiera ocurrido algo.
—Pues me alegro de que haya sido ahora, porque si hubiera tenido que esperar, no sé si lo hubiese conseguido. No me he dado cuenta hasta que he visto estos papeles, con lo que hubiera seguido intentando proteger a mi hermana pero sin conocer todo esto, y seguramente no hubiese sido de gran ayuda.
—Pero como no ha sido así, tú de momento a estudiar esos hechizos. ¿Te has entrenado en algún arte marcial? Lo pregunto para saber si te hace falta también empezar.
—Sí, por eso no te preocupes. Llevo practicando desde niño Karate, Taekwondo, Jiu-jitsu, he pasado por varias cosas y se defenderme. No tengáis problema.— Hizo un barrido por la habitación para asegurárnoslo con la mirada.
—Muy bien, uno listo entonces. Ahora las demás deberíais practicar.
Vamos a hacer una cosa, de una en una para ver como vais, intentad hacer alguno de los hechizos que vienen en esas hojas.
Algo no muy complicado y que no sea peligroso.
Por lo que veo no creo que lo sean, aunque toda magia mal utilizada puede llegar a serlo. Debéis tener mucho cuidado.
—Empiezo yo, que más o menos lo tengo controlado, o al menos más que ellas.
— Manuela se puso en el centro del salón donde estábamos y comenzó a recitar palabras que yo no conseguía comprender.
La vimos cómo hacía movimientos con las manos parecidos a los que la vi en casa de Elena, y de repente una ráfaga de viento abrió la ventana, se coló dentro y fue poco a poco pasando por todas moviéndonos el pelo y haciéndonos cosquillas.
— ¡Lo he conseguido! He controlado una pequeña ráfaga para que hiciera lo que yo quería.
—Muy bien hecho. Has escogido algo sencillo pero a la vez muy útil. No olvides ese hechizo. En cuanto a las demás, ¿alguna ha entendido lo que ha dicho? A las palabras del hechizo me refiero.
—No. Solo la escuchaba murmurar palabras que no tenían sentido para mí.— Miré a las demás y asintieron de acuerdo conmigo.
—Eso es porque todavía no tenéis práctica y los hechizos de otras brujas se os escapan.
Por eso tampoco podéis ver más que vuestro propio grimorio.
Bueno, el que perteneció a otra bruja como vosotras.
Pero no os preocupéis porque con el tiempo y la práctica podréis entenderlos.
Solo tenéis que cerrar los ojos y abrir más todavía la mente.
Vamos a probar otra vez, Almudena, te toca.