Capítulo 3 #2
Cuando decidimos irnos de allí volví a sentir esa mirada en el cogote.
Miré a mi alrededor, había más gente, como es lógico en un sitio así, con lo que no pude saber de dónde venía.
Almudena me tocó el brazo para advertirme de que ella también sentía algo.
Por el momento no quisimos asustar a los demás, pero estuvimos pendientes de nuestros alrededores.
Sin darme cuenta, Erick también estaba observando, algo había notado aunque no supiera qué.
Sin que nos enterásemos, el sol que nos había acompañado toda la mañana había desaparecido y en su lugar unas nubes oscuras cubrían el cielo.
Intentamos llegar a casa de Elena lo más deprisa posible pero, aun así, cuando cruzamos la puerta íbamos chorreando.
Entramos riéndonos, sorprendidas por el cambio de tiempo.
—Chicas, creo que yo me voy a cambiar, y os sugiero hacer lo mismo ya que a mi madre no le hará tanta gracia como a vosotras que vayáis mojando todo el suelo de parquet.
— Su voz se perdió según subía las escaleras hacia su cuarto.
Miré a las demás y volvimos a reírnos. Este chico siempre piensa en todo.
—Tiene razón, vamos, os dejaré algo para poneros. Menos mal que es verano y con pantalones cortos lo hacemos que si no alguna iría en bragas.— Subió delante de nosotras y nos metimos en su habitación esperando encontrar algo con qué vestirnos.
Elena salió un momento y volvió con toallas para todas. Recogió nuestra ropa y la metió en la secadora.
—Si queréis quedaros a comer podemos pedir unas pizzas, hacemos tarde de pelis porque no sé si volverá a salir el sol.— Miraba por la ventana según dijo esto y efectivamente seguía diluviando.
—¡Venga, yo me apunto!— El verano eran planes improvisados y estar con los amigos.
Teníamos que aprovecharle, porque aunque sí que iba a ir a la misma universidad que Almudena y Manuela, Elena había pedido plaza en otra, que si bien estaba cerca, no sería lo mismo.
Nos quedaban dos meses para disfrutar de nuestra compañía.
El hermano de Elena bajó con nosotras cuando pedimos las pizzas y nos sentamos en el salón a esperar que llegaran.
Se había dado una ducha y no pude evitar quedarme mirándolo.
Almudena, sentada a mi lado, me dio un codazo tapándose la boca con la mano para que no la vieran reírse.
Cuando sonó el timbre ya nos rugían los estómagos de hambre.
Erick fue a abrir y cuando volvió no traía buena cara.
—Chicas, aquí pasa algo. No soy mucho de creer en cosas extrañas, pero esto no es normal.
El repartidor me ha dicho que solo llueve en esta calle.
Según dice ha dejado atrás un sol radiante para meterse en un aguacero.
Lo ha querido disimular como si fuera una nube de verano pero se le notaba asustado.
Es como si lloviera solo encima de esta casa y algunas más de alrededor.
— Dejó las cajas de pizzas en la mesa y se sentó enfrente nuestro como si pudiéramos darle una explicación.
—No sé qué quieres que te diga. Podemos salir a comprobar si dice la verdad, igual te ha gastado una broma o vete a saber. Hay gente muy rara por ahí.— Elena se encogió de hombros.
—Voy a salir hasta la tienda que hay al lado de la gasolinera. Son dos calles más allá. Lo comprobaré.— Cogió las llaves y se fue.
Miré seria a las chicas, respiré hondo y dije lo que todas estábamos pensando.
—Muy bien, si eso es cierto, creo que tenemos un problema. Y sabemos perfectamente quién es la causante. Siempre nos ha hablado de su atracción por la brujería, no sería raro que esté intentando hacer algún hechizo para dañarnos.
—Bueno, Hiedra, una cosa es que le atraiga la brujería y otra muy distinta que exista. Yo también leo muchos libros con historias donde aparecen brujas, y hasta vampiros y hombres lobos. Pero no por eso existen.— Elena era reacia a creer que fuera ella.
—Yo siento cosas, ya lo habéis comprobado.
Y eso es parte de algo mayor. Estoy segura.
Cada vez noto más esas sensaciones, es como si con la edad estuviera despertando algo en mí.
Sé que es difícil de asimilar, para mí también lo es, pero sé lo que estoy viviendo y eso es real.
— Almudena tenía razón. Ella misma era la prueba.
—A ver, yo tengo que decir que no soy como mi hermana, no tengo esas visiones, pero sí noto una conexión con el viento.
Es algo que no sé explicar muy bien, mejor os lo demuestro.
— Cerró los ojos, levantó las palmas de las manos hacía arriba y según soltaba el aire de sus pulmones un viento nos envolvió dentro de la habitación, hizo un remolino alrededor de nosotras que levantó nuestras melenas y cuando ella bajó sus manos y abrió los ojos paró.
— He estado practicando al darme cuenta de lo que podía hacer.
—Vale, esto no me lo esperaba.— Me había quedado medio en shock, una cosa eran las premoniciones de su hermana, pero verlo así, ver magia, era increíble.
— Yo aparte de la conexión que siento con animales y plantas no tengo nada que decir.
Pero vamos, no es nada sobrenatural ya os lo digo. Simplemente me encanta todo ese mundo.
—Por mi parte tampoco noto nada de ese estilo. Soy una humana normal y corriente.— Elena se encogió de hombros y puso cara de pena.— Eso que hacéis mola mucho, ojalá tuviera yo algún poder.
Su hermano entró por la puerta en ese momento y efectivamente había comprobado que el repartidor decía la verdad.
Le contamos lo que había pasado en su ausencia y no acababa de creérselo, así que Manuela volvió a hacer su exhibición.
Se quedó pálido, pero reaccionó a tiempo para que no pensáramos que nos dejaría y saldría huyendo.
—Después de comprobar todo esto de que existe lo sobrenatural, tenemos que hacer algo. Hay que buscar a esa chica y ver cómo podemos convencerla para que deje de espiarnos y hacernos la puñeta.
—Ya lo intentamos Erick, recuerda la grabación del hospital reconociendo lo que me había hecho.
—Pues, Elena, mandemos esa grabación a la policía. No ha cumplido su palabra, que se atenga a las consecuencias.
—No lo veo tan fácil. Ahora sabemos que no es solo con fuerza como puede atacarnos.
Según parece, puede convocar a los elementos, eso no es buena señal.
En todos los libros que he leído sobre el tema, y son unos cuantos desde que empecé a notar todo esto, es síntoma de que tiene bastante poder.
Puede ser un hechizo, pero para hacerlo se necesita magia, yo ahora mismo no sé si podría llevarlo a cabo y menos durante tanto tiempo.
—Pero, Manuela, entonces, ¿qué hacemos?
—Pues buscar otra manera, Elena. De momento hay que salir y dividirnos. Quizá así no consiga dividir el hechizo entre todas y se rompa. No sé, es lo primero que se me ocurre, no digo que funcione, pero no soy experta en esto. Ensayo y error, no nos queda otra.
—Venga, cada una para un lado de la calle, y doblando por las colindantes.— Me levanté del sofá.— Y luego volvemos aquí, que tengo el estómago rugiendo cada vez más alto y esas pizzas están pidiendo ser comidas.
Salimos por la puerta, Almudena y yo hacia la izquierda y Elena y Manuela a la derecha.
Luego nos volvimos a dividir al encontrar calles que cruzaban.
Efectivamente, notamos que la lluvia iba siguiéndonos hasta cierto punto y luego paraba en una y seguía a la otra.
En mi caso, me siguió a mí, como era lógico, pero también al llegar a cierto punto tampoco pudo seguir.
Cuando ya vi que no había ni rastro de lluvia me di la vuelta y volví a la casa.
Almudena y Manuela ya estaban allí, y Elena llegó justo detrás de mí.
—Muy bien, está comprobadísimo. Ahora por favor, si a alguna se la ocurre una idea brillante que lo diga.— Elena se desplomó en un sillón con cara de cansada.
—Lo cierto es que somos nuevas en esto, así que habrá que buscar en libros o preguntar a gente pero, ¿a quién?— Almu me miró sin saber muy bien qué hacer.
—Si vosotras dos sois las que tenéis poderes, seguramente os venga de familia, ¿no podéis preguntar a vuestra madre?— Elena miró a Almudena y a su hermana esperando una respuesta.
—Nuestra madre murió hace unos años, nosotras éramos pequeñas.
Nos crio nuestro padre con ayuda de su familia.
— Elena se hundió un poco más en el sillón según dijo esto Manuela.
— Deberíamos buscar parientes que nos queden por parte de nuestra madre, igual ellos sí que saben algo.
Mi padre ya os digo que no tiene ni idea.
—Perdonadme, no lo sabía chicas. Pues decidnos que hacemos nosotras mientras. Tenemos que encontrar alguna manera para deshacernos de Valeria.
—No sé si ha sonado bien o mal, porque realmente es lo que queremos hacer, pero parece que vayamos a darle con una pala en la cabeza y enterrarla en el jardín de atrás.— Me eché a reír para liberar tensión. Creo que últimamente lo hacía bastante.
Estuvimos un rato más pensando qué hacer, nos comimos las pizzas y después cada una a su casa.
Las hermanas con la misión de preguntar a su padre por su abuela materna o alguna hermana o prima de su madre.
Yo iría al día siguiente a la biblioteca antes de quedar con las chicas, y Elena buscaría en internet para ver si encontraba algo de provecho y no solo cosas inútiles y fantasiosas.
Es curioso cómo aceptamos la existencia de la magia sin ponernos a gritar.
Cuando me iba para casa noté algo extraño, no era la sensación de que me estuviera vigilando Valeria, era otra cosa, no tan mala como cuando sabía que era ella.
Miré a mi alrededor y no había nadie. Creo que me estaba volviendo paranoica.
Llegué a casa sana y salva, pero sin perder esa idea de que alguien me seguía o me observaba.