Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 3
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Capítulo 3

Todo esto es muy raro, ¿qué está pasando?

Al día siguiente, cuando llegamos al hospital, Elena estaba contenta pues le darían el alta esa mañana.

Nos quedamos con ella hasta que fue un celador a buscarla con una silla de ruedas para llevarla al coche.

Tenía varias costillas rotas, así que debería limitar sus movimientos y no hacer esfuerzos.

La acompañamos a casa y la dejamos al cuidado de su madre y su hermano, que por cierto, ¡cómo estaba el hermano de Elena!

La sacaba dos años y acababa de llegar de la universidad para pasar el verano.

Era alto, fibroso, moreno con unos ojos oscuros que te atravesaban al mirar y con una expresión pícara que te dejaba sin saber qué decir.

Almudena me tuvo que empujar para hacerme reaccionar y que mis piernas se movieran y colocaran un pie delante del otro para irnos de allí.

No sé cómo a ella no la afectaba, tendría otros gustos.

Estuvimos unos días del principio de verano con la rutina de ir a visitar a Elena por las mañanas.

Pasábamos allí tres o cuatro horas con ella mientras veíamos como se iba recuperando poco a poco.

Y si durante esas visitas veíamos a su hermano mejor.

No sé en qué momento ocurrió que Erick decidió quedarse con nosotras, pero yo estaba tan nerviosa que no sabía ni hablar.

Elena se reía y lo pasaba mal porque le dolía al hacer esfuerzo.

—Chicas, no sé si os habéis dado cuenta, pero llevo dos o tres días viendo a esa chica con la que ibais antes rondando por aquí.— Nos dijo señalando la ventana disimuladamente.

—¿Quién, Valeria? No puede ser. Coincidirá que tenga que pasar por estas calles para llegar a algún sitio.

—En serio Elena, eres muy confiada. Os lo digo por la actitud tan rara que tiene.

No hace más que observar la casa, y no es que pase una vez y ya está, es que la llevo viendo desde que habéis llegado como tres veces, dos hacia un lado y otra en el contrario.

No es normal, creo que os está vigilando.

—No quiere que estemos juntas, nos ve divertirnos y no le hace ninguna gracia que no sea ella la cabecilla.

Siempre ha sido así, pero ya llega un punto que da miedo si se dedica a vigilar a la gente.

— Sentí que un escalofrío me recorría la piel, no me gustaba esta situación.

Iba a conseguir que la tuviéramos miedo.

Parece que Erick notó cómo me estremecía y me pasó un brazo por los hombros pues le tenía sentado al lado.

Te juro que dejé de respirar. Almu tuvo que carraspear para que me acordara de cómo volver a hacerlo.

—No os preocupéis, mientras yo esté aquí no dejaré que os haga nada. No me gusta esa expresión de maldad que veo en su cara. No sé cómo podíais ser amigas de alguien así.— Miró a su hermana quien se encogió en el sillón como si quisiera meterse bajo tierra por ser tan ilusa.

Yo me quedé algo intranquila. Cuando llegó la hora de irnos a casa no pude evitar mirar a mi alrededor por si se la ocurría hacer algo.

Era improbable que nos atacara, pero no podía ser buena la obsesión que había cogido con nosotras.

Dejé a Almu en su portal y me dirigí al mío, que no caía lejos, solo algo más adelante en la misma calle.

No sé si eran paranoias mías o que, pero sentí que algo clavaba la mirada en mí.

No sé si me entiendes, esa sensación que tienes en el cogote cuando alguien está mirándote fijamente, solo que por más que miré a un lado y a otro no había nadie en la calle.

Di gracias de que no fuera de noche, porque entonces sí que estaría totalmente acojonada.

Pasaron otros cuatro días hasta que ocurrió algo que nos resultó raro, digámoslo así.

Nosotras seguimos manteniendo la misma rutina, solo que Elena ya se encontraba mejor y podíamos salir a tomar el aire al jardín.

Ya no tenía la cara tan hinchada, apenas le quedaban unas sombras de los moretones que había tenido en los ojos.

Su hermano seguía pasando algo de tiempo con nosotras, pero estaba serio por momentos, era como si tuviéramos un guardián.

Estábamos en la mesa del patio colocando el desayuno-almuerzo que nos habíamos preparado cuando un pájaro se posó en la mesa.

Y dirás que no es raro que un pequeño ave se pose para ver si consigue algo de comer, pero es que no era un pájaro precisamente pequeño, sino un cuervo o algo parecido, no entiendo yo mucho de subclases, que sin graznar se me quedó mirando fijamente durante los segundos que tardaron en espantarle.

—Hiedra, ¿estás bien?— me preguntó preocupada Elena.

—Sí, sí tranquila estoy bien. Solo ha sido raro. Era como si me quisiera decir algo.

—En serio, Hiedra, cuando se ha posado delante de ti era como si te hubiera paralizado. Te has quedado totalmente inmóvil con la mirada perdida en el pájaro.— Almu estaba asustada, y eso no era bueno.

—Estoy bien, no ha pasado nada, era un pájaro. Las aves son buenas, son animales sabios y nobles que no hacen daño a nadie.

—Dile eso a mi padre, que tiene una lucha con las palomas que destrozan la azotea. Pero en este había algo extraño. No sé explicarme, pero no me gusta un pelo.— Había algo que no nos quería contar, eso se notaba.

—Esto no me gusta, chicas. Aquí está ocurriendo algo que no es normal. Hiedra, te has quedado como ida, Almudena es como si supiera algo que no nos dice. ¿Qué me estoy perdiendo?— Nos miró a una y a otra esperando respuestas.

—Está bien. Te parecerá extraño lo que te vamos a contar, pero Almu ve cosas.

A ver, no es que vea exactamente, son más bien sensaciones.

La noche que atacaron a tu hermana ella había sentido que algo malo, muy malo más bien, iba a ocurrir.

Le pasa a veces, tiene como premoniciones de desgracias.

— Vi cómo se le quedaba una cara de incredulidad.

— Y en cuanto a mí, no tengo nada extraño, no soy bruja.

Simplemente noto una conexión con la naturaleza, o me atrae porque no es que haya estado yo mucho en el bosque.

Y los animales también me quieren mucho.

— Me eché a reír por darle algo de relajación al momento.

—Vale, me queréis decir que tú eres bruja.— Señaló a Almu y se dio la vuelta hacia mí.— Y tú eres una hippie rara que le gustan las hierbas. No es tan malo. Yo soy normal por si os lo preguntáis. Pero vamos, que aun así, creo que ese pájaro no se posó aquí por voluntad propia.

—¿Estás diciendo que estaba controlado por alguien?— Almu le preguntó sorprendida por la actitud de Erick.

—Desde luego, solo había que verlo. Y ya que comentáis todo esto, era solo atar cabos.

—Creo que vas muy rápido, hermano. No todo tiene que ser sobrenatural porque Almu sienta cosas.

— Elena no se había pronunciado aún. Creo que a ella la costaba comprender las sensaciones de Almudena.

— Mirad, vamos a dejar el asunto, todo ha sido una terrible coincidencia y ya está.

Hiedra se ha quedado fija mirando al cuervo por la sorpresa y punto.

Vamos a comer algo que se me está bajando el azúcar.

Todos la miramos cómo se sentaba y en acuerdo tácito dejamos el tema aparcado, al menos luego lo volvería a hablar con Almu.

Cuando unas horas después salimos de la casa, intenté preguntarle, pero no quiso decirme nada concreto.

No había tenido las sensaciones de otras veces, era algo diferente que no le daba buena espina, pero que no aseguraba que aconteciera un mal.

Creo que estaba aumentando su poder de premonición en otros aspectos más suaves.

Al día siguiente fuimos caminando a casa de Elena y, como ya estaba mejor, la propusimos irnos a dar una vuelta hasta el centro, a la zona verde que era bastante grande y podríamos pasear por entre la sombra de los árboles, que no olvidemos que era verano y ya empezaba a hacer bastante calor.

Vinieron los dos hermanos y en un momento estábamos allí.

Quise parar en una tienda a comprar algo de comida para los animalillos que nos pudiéramos encontrar, ya que otras veces solía olvidarlo y luego veía cómo me pedían y me sentía triste.

Prácticamente nada más entrar y comenzar el camino del centro apareció una pequeña ardilla que vino directa hacia nosotros.

Sonreí para mí misma al sacar la bolsa con los frutos secos que llevaba, cogí un puñadito y se lo acerqué.

Enseguida se hizo nuestra amiga y nos siguió por el camino durante un rato, seguramente para ver si conseguía más comida.

Pero ya solo con verla a nuestro lado yo era feliz.

Vi que Erick me miraba y sonreía. Pasamos una mañana agradable dando de comer a los patos en el estanque, comiéndonos un helado y viendo como extendían su cola los pavos reales.

Cada vez me encontraba más cómoda con el hermano de Elena, aparte de guapo era muy simpático, tenía su punto pillo y eso le hacía mucho más interesante todavía.

Almudena había cogido mucha confianza con Elena, y Manuela, que venía de vez en cuando, siempre estaba alegre y nos hacía reír.

A veces tenía comentarios raros a los que yo estaba ya acostumbrada pero que los hermanos veían como una chica extravagante y alocada.