Herederas de la magia: La obsesión de la bruja Capítulo 2
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Capítulo 2

Cuando estás a punto de soltar una hostia pero te frenas.

Nos fuimos cada una a su casa y al día siguiente en cuanto me desperté, desayuné y fui caminando hasta el hospital para ver cómo se encontraba Elena.

Por el camino recogí a Almu, que había querido venir conmigo.

Cuál no sería nuestra sorpresa cuando al llegar allí vimos a Valeria esperando en el pasillo.

—¿Se puede saber qué narices haces tú aquí?— Estaba cabreada con ella, y me salió un poco rasposa la frase.

—Pues preocuparme por mi amiga.— Se me encaró y me cortó el paso.

—Sí, como te preocupaste anoche ¿verdad? Que si no llega a ser por nosotras allí seguiría.

—Si no se hubiera ido con quien no debe, no la hubiera pasado nada.— Su gesto de superioridad pudo conmigo.

—¿Qué quieres decir, que fuiste tú quien la hizo esto por venganza?— Si ella atacaba, yo también.

—¡Qué dices! Claro que no, ¿cómo voy a hacer algo así? Pero se lo merece, eso sí lo pienso.

—Eres despreciable.— La empujé hacia un lado para que me dejara pasar, pero se seguía interponiendo.

—No vas a pasar a verla.

—¡Que te lo crees tú que no! Aparta.

—Chicas, creo que ya es suficiente, estamos en un hospital y esta gente necesita silencio.

Parad de pelearos.— Almu se metió en medio para poner un poco de orden, y con razón.

No era lugar para peleas.— Por favor, déjanos pasar.

Elena tiene todo el derecho a visitas, y si el propio hospital o su familia nos dejan pasar, no está en ti el pararnos.

Valeria se apartó con toda la rabia reflejada en la cara.

Sinceramente, no entiendo por qué no quiere que pasemos, o tiene algo que ocultar o sigue necesitando hacerse la dueña del lugar que pisa.

Seguí a Almu por el pasillo y, cuando llegamos a la puerta de su habitación, vi que había una mujer con ella, estaba sentada en una silla cerca de la cama mirando a Elena, que estaba dormida.

—¡Hola, buenos días! Somos amigas de Elena, veníamos a ver que tal está. Ella es Almudena y yo soy Hiedra.— La mujer nos miró y vi restos de lágrimas en sus ojos.

—Hola chicas, soy Elisa, la madre de Elena.

Ahora está dormida, le han puesto un calmante muy fuerte porque cuando despertó estaba muy alterada y asustada.

No sé qué le ha pasado aún, alguien la atacó eso está claro, de ahí que tenga dos costillas rotas, el brazo derecho, un golpe muy fuerte en la cabeza y la cara destrozada a golpes, puñetazos, patadas o lo que hicieran.

No sé qué animal ha hecho esto, pero mi hija no se lo merecía.

— La mujer se tapó la cara con las manos para ocultar más lágrimas.

—Ayer estuvimos casi toda la noche con ella, solo fueron unos diez minutos como mucho sin verla, pero fue suficiente.

Alguien estaba esperando que nos apartáramos de su lado.

No sabemos quién pudo ser. Estuvimos preguntando a la gente y nadie vio nada extraño.

Fuimos nosotras las que la encontramos y nos quedamos con ella hasta que llegó la ambulancia, pero estaba inconsciente y no pudo decirnos nada.

— Hablaba sin parar mirando a Elena en la cama, era como si tuviera que pedirle perdón por verla así.

—Al menos no la violaron, la policía dice que no era algo que quisieran hacer por como tenía la ropa, aunque estaba rota, pero era sobre todo de la paliza que le dieron.

Creen que fue algo intencionado, como si la otra persona sintiera mucho odio hacia ella.

No lo entiendo, mi hija es un sol. Vosotras sois sus amigas, ¿sabéis de alguien que quisiera hacerle daño?

— Nos miró a una y a otra interrogándonos con la mirada.

Ansiosa porque le dijéramos que sí, que sabíamos quién podía haber sido.

—Lo siento, pero no sabemos quién puede haberle hecho daño.

Como usted ha dicho, su hija no se metía con nadie, no se buscaba enemigos.

— Almudena me miró desde la espalda de la madre, me insistía con la mirada en que sí sabíamos de alguien, pero no podía creer que hubiera sido ella.

Todavía no pensaba desatar los siete infiernos sobre Val sin tener pruebas de nada, por mucho que me apeteciera.

Salimos de la habitación pidiendo a su madre que si despertaba nos avisara para ir a verla de nuevo.

Cuando cerramos la puerta, Almu me llevó al otro extremo del pasillo, donde no podían escucharnos ni la madre ni Val, que seguía rondando como un felino haciendo guardia mientras esperaba a su presa.

—¿Qué pasa?

—¿Qué va a pasar? Sabes de sobra que esa tía no está bien de la cabeza, y si no mírala.— Señaló a Val con un gesto.— Está nerviosa, yo para mí que intenta estar la primera cuando despierte para amenazarle y que no diga que fue ella.

—¿Tú crees? En serio, es mala, pero no creo que sea capaz de dejar a una persona inconsciente a golpes. No la veo yo dando semejante paliza.

—Pues yo sí. La adrenalina del momento muchas veces convierte a una persona sin fuerzas en alguien que puede levantar un camión, está comprobado. En muchos casos de asesinato, el culpable resultó ser la persona que menos se esperaba.

—Creo que ves demasiados documentales de true crime Almu, pero vale, te lo compro. Aunque no es de las que se manchan las manos, quizá estaba tan cabreada que no se pudo controlar. Yo la vi una cara algo extraña toda la noche.— Me quedé algo pensativa mientras la observaba de lejos.

—Sí, y no os quitaba ojo, así que ten cuidado porque ayer atacó a Elena, pero la próxima puedes ser tú.

—¡Anda, exagerada! Llevo meses sin estar cerca de ella, solo en clase, y ahora no creo que la vea mucho más. Si Val hubiera querido yo ya estaría apaleada.— me reí solo de pensarlo.

—Puede que no encontrara el momento propicio.

Anoche en la fiesta era lo suyo, había mucha gente y nadie pensaría que fue ella.

Tenía la oportunidad y las ganas porque pudo sentirse despreciada al verla irse contigo.

Y ahí, en ese punto, creo que cambiaron las tornas y decidió atacar a Elena, porque estoy segura de que su objetivo ayer eras tú.

—Tía, vales para detective.— Me quedé mirándola asombrada por todas las conclusiones a las que había llegado en un momento.

— A ver, que igual tienes razón, que me hubiera tocado a mí si no se hubiera ido Elena.

Pobre, ahora me siento fatal por verla así, es mi culpa, yo la animé a dejarla. — Dije mirando al suelo con voz triste.

—Tú solo le dijiste lo que pensabas, no la diste una orden.

— Me agarró la cara con las manos para que levantara la mirada.

— Lo que sí tenemos que hacer es vigilar a esa chica.

Que igual me equivoco en todo y no ha sido ella, pero por si acaso estamos ante una persona peligrosa, creo que deberíamos cubrirnos un poco las espaldas.

—Y no solo las nuestras, tenemos que proteger a Elena. No creo que le haga nada más, considerará que ha aprendido la lección, pero no está de más vigilarla.

—No tengo ninguna prisa esta mañana, podemos quedarnos aquí. Bajo a la cafetería a por unos cafés y vuelvo enseguida.— Vi cómo se giraba para salir por la puerta que teníamos detrás y así no tener que pasar por delante de Val otra vez. Yo me senté lo más cerca de la habitación que pude.

Al cabo de un rato vi a Val mirando en mi dirección y acercándose a mí.

—¿Qué te crees que haces? ¡Largaros de aquí!

Ya la habéis visto, dejadla tranquila.— Me la imaginé como una locomotora echando humo por las orejas.

No pude evitar reírme, y creo que no la sentó demasiado bien, pero que le vamos a hacer.

— ¿Encima te estás riendo de mí? Te voy a partir la cara, de mí no se ríe nadie.

Se giró toda digna y puso rumbo a la otra parte del pasillo. Entonces sí que me reí con más ganas, y Almu, que llegaba en ese momento, me tuvo que chistar para que me comportara.

—¿Qué me he perdido? Porque esas carcajadas no son de que te haya dado un tirón precisamente.— Me preguntó mientras me pasaba el vaso de café que me traía.

Le conté lo que había pasado y hasta ella se echó a reír.

—Bueno, cada vez estamos más cerca de confirmar mi teoría, y es ella solita la que se está hundiendo en el fango. Por cierto, el curso que viene me dijiste que ya no coincidíais con ella, ¿verdad?

—No, por lo que yo sé, tanto Elena como yo vamos a ir a una universidad aquí en la ciudad y ella se va a otro sitio, no tengo muy claro dónde porque lo ha querido mantener en secreto, pero recuerdo que siempre presumía de que ella en esta, espera como decía, ¡ah, sí!

«triste, ruinosa y poco cool ciudad, no se quedaba. »

—Espero que no se eche para atrás y decida quedarse. En fin, a ver que dice Elena cuando se despierte.

Esperamos durante más de dos horas hasta que me sonó el teléfono.

Era su madre, no nos había visto quedarnos y nos vino bien, porque así pudimos levantarnos sigilosamente sin que Val nos viera y entrar en la habitación antes que ella.

Elena se alegró de vernos e intentó sonreír como pudo, pero enseguida le dio un tirón de dolor.

Su madre salió para dejarnos un poco de intimidad y así aprovechar a tomar un café.

—Hola chicas. ¿Qué os parece? ¿Estoy guapa?— Tenía buen humor, eso era bueno.

—¡Hola, Elena! Siempre estás guapa, hasta con varios huesos rotos y la cara amoratada.— Me acerqué a ella y le cogí la mano.— ¿Cómo estás? Sé que es una pregunta tonta viéndote, pero me refiero a tu ánimo.

—Bien, algo cabreada, pero contenta de que solo sea esto y nada más grave. Podía haber sido peor. Por cierto, gracias por encontrarme.— Me apretó la mano que le tenía agarrada.

—No teníamos que habernos separado, pero bueno, al menos estás viva y eso es lo que cuenta. Por cierto, ¿sabes quién fue?

—Creo que todas lo sabemos, pero no quiero meter a nadie en líos.— Me miró y luego pasó la vista a Almu.— Se la fue la cabeza y ya está. No vamos a volver a verla.

—Eso lo dudo, lleva haciendo guardia en el pasillo toda la mañana.— Almu señaló la puerta con la cabeza.— No sé qué pretende, pero no creo que sea pedirte perdón. A nosotras casi no nos deja pasar cuando hemos llegado.

La cara de Elena, o bueno, lo poco que podíamos ver de su expresión normal, mudó en miedo al escucharla decir esas palabras.

—Hiedra, no dejéis que entre. No quiero verla. Decidle que se vaya.

—Va a ser complicado si no quieres que tu madre sospeche. Y la policía no creo que tarde en venir a hablar contigo. Quizá lo que busca es que no les digas que fue ella. Pero te aseguro que va a ser difícil pararla.

—¿Y si os quedáis conmigo? Así, al menos no creo que se atreva a hacerme nada.— Nos miró suplicante con el único ojo que no tenía totalmente hinchado.

—Está bien, voy a buscarla.— Almu salió a por ella. No quiero ni imaginarme como se pondría al saber que nosotras estábamos dentro del cuarto, pero era eso o nada. Miré a Elena y le pregunté de nuevo.— ¿Estás segura de que no quieres decir que fue ella?

—Sí, espero que no lo vuelva a repetir, que no le dé una paliza a nadie más.— Se calló en cuanto entró Valeria con Almu detrás.

—Hola, Elena, no tienes muy buen aspecto. No creo que cuentes lo que pasó de verdad, igual tu memoria no funciona bien por el shock.— Hablaba con superioridad pero también dejaba entrever un pequeño matiz de miedo en sus ojos.

—Creo que tú no eres quién para decidir lo que ella debe contar y lo que no.— Almudena me sujetó el brazo para frenarme.

—Valeria, no voy a decir que fuiste tú la que me atacó, así que estate tranquila. Pero sí que te digo una cosa, no vengas amenazando porque no estás en posición de hacerlo. Y como vuelva a pasarme algo a mí o a cualquiera de ellas— dijo señalándonos con la mano—, iremos a la policía.

—No os veo capaces, y de todas formas no tenéis cómo demostrar que fui yo.— Seguía con esa chulería que me sacaba de quicio.

—En eso te equivocas, tenemos tu confesión.— Almudena levantó la mano y enseñó el teléfono en modo grabación.— Por si acaso lo dudas ahora mismo voy a enviar esto a Hiedra, a Elena y a otra persona que estará al corriente, por si decides atacarnos a la vez.

Valeria se quedó blanca. Se sentía acorralada, nos miró con odio a cada una de nosotras lentamente y salió de allí sin decir una palabra más. Me di la vuelta hacia Almudena y me eché a reír mientras la abrazaba.

—¿En qué momento se te ha encendido la bombilla de grabar la conversación? Ahí, en plan chantaje, no se me hubiera ocurrido a mi en la vida.

—Bueno, creo que también se te hubiera pasado por la cabeza si llegas a salir a buscarla tú.

Cuando me he dirigido a decirle que entrara, me ha amenazado con que la dejáramos estar a solas con Elena o montaba un número aquí en el hospital.

La he dicho que ni de broma, que si lo hacía llamaba a la policía y les decía que había sido ella quien la atacó.

Me contestó que no tenía pruebas y en ese momento se me ocurrió que quizás las necesitaríamos, así que la dejé pasar primero para que no me viera conectar la grabadora.

Por cierto, os la voy a pasar ahora mismo.

— Nos envió el archivo a nosotras y a Manuela.

— Se lo he enviado a mi hermana también, para curarnos en salud.

— No te lo había dicho, pero Almu y Manuela son hermanas, no se parecen demasiado, una rubia con el pelo largo, alta y delgada, otra morena con melena, algo más bajita y con curvas, eso sí, las dos súper espabiladas y rápidas de mente. En eso sí se parecían.

Nos quedamos un rato más con Elena hasta que subió su madre de la cafetería.

Prometimos volver al día siguiente a verla y nos fuimos a comer.

Nos montamos en el coche tranquilas sin saber que alguien nos estaba vigilando.

Nos dirigimos a mi casa, pues quería prepararla unas hierbas para tomar, que seguro le aliviarían el dolor.

Sé cómo suena, pero no es lo que piensas, simplemente me llama mucho la atención el tema de la herbología, siempre ando con infusiones y emplastos para sentirme mejor en lugar de tirar tanto de pastillas como el resto de la gente.

Tengo mi propia estantería en un apartado de la cocina, donde están colocados unos cuantos botes con hierbas secas que recojo en temporada.

Es una afición sana y que además ayuda a la salud.