Helena: Un territorio de secretos y promesas (Entre dos mundos 1) Capítulo 26
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Capítulo 26

«Noticias confusas»

E n un momento hablaba con su hermana y al otro la inquietud lo llenó todo; como si algo invisible se hubiese manifestado mientras aseguraba a Erika que no amaba a su mujer.

Así eran las cosas, ¿verdad?, ¿no estaba su corazón resguardado de cualquier cariño posible?

, ¿no había hecho un gran trabajo al escapar y al negar de cualquier tipo de sentimiento?

Viktor estaba seguro de que esa era la realidad.

No la amaba. No recordaba al detalle cada uno de sus rasgos ni su imagen lo ocupaba todo.

No, no era así en absoluto. Estaba convencido de haber separado bien las cosas.

Había deseo; muy bien eso era normal, ¿no?

Él vivía su vida, separado de su esposa, solo tenían consuelo en la cama, como debía ser un matrimonio de ese tipo.

No importaba que ella fuera toda alegría y vivacidad, o que mostrara esa pasión en todas las cosas nuevas, no solo en el lecho.

No importaba, porque el amor no entraba en la ecuación, esa fue su regla a seguir desde el principio.

A pesar de reafirmar sus convicciones, la inquietud lo envolvió como si un hecho fundamental le hubiese pasado por al lado sin que se hubiera dado cuenta.

―Gracias.

Las palabras de su hermana lo trajeron de regreso. La miró desconcertado. Definitivamente no había escuchado lo último que le dijo .

Le sonrió como si entendiera a que se refería. No era un gran actor, esperaba que la propia confusión de Erika alejara las sospechas. Sobre todo, que no analizara más su relación con Helena o sus propios sentimientos.

De la entrada de la casa llegaron ruidos de un caballo, escoltado por los ladridos de los perros. Al salir se encontraron con el empleado de la casa de remates al que Viktor solicitó la información sobre la estancia en su viaje a la capital.

―Buenos días señor Böhm ―saludó el hombre apeándose de su montura―. Me complace informarle que pese a tomar un tiempo considerable, la pequeña investigación que me encomendó ha dado sus frutos ―continuó excitado.

―Señor Bernard ―contestó al saludo y estrechó la mano del recién llegado, mientras un joven peón tomaba las riendas del caballo para atenderlo―. No era necesario que usted mismo trajera la información, de haberme avisado yo hubiera pasado por sus oficinas.

―Lo sé, lo sé. Pero debo reconocer que todo este misterio terminó por envolverme. Debo decir que es lo más emocionante que he hecho en años. Vengo de Candelaria, ni siquiera pude esperar que un barco me trajera hasta aquí.

―Por favor entre, así puedo ofrecerle un refresco mientras me cuenta lo que descubrió.

Pasaron a la biblioteca, donde minutos antes había conversado con su hermana. Erika los acompañó, como era de esperarse. La muchacha estaba tan impaciente por develar el misterio como él mismo.

―Debo decirle, que no fue fácil descubrir todo. Algunas personas estaban muy interesadas en que todo se mantuviera en la oscuridad .

―No entiendo por qué ―dijo Viktor sorprendido―. ¿Qué interés habría en ocultar información sobre una subasta de tierras?, recuerdo que el proceso fue transparente cuando las adquirí.

―Le aseguro, que ese fue un hecho fortuito. A raíz de esta pequeña pesquisa para usted se descubrió todo un escándalo. Sepa que se han iniciado investigaciones tanto en el banco como en las oficinas de varios martilleros.

Viktor no ocultó su sorpresa. ¿Qué cosa podía haber sacudido tanto el avispero en una ciudad tan tranquila e impasible cómo Posadas?

,¿Qué habría llevado a las autoridades a realizar una investigación de ese calibre?

No recordaba nada extraño en los pocos remates a los que asistió antes de comprar Santa Teresa, la única constante fue que nunca había encontrado nada interesante para adquirir.

―Díganos, Bernard ―interrumpió Erika, quién no se caracterizaba por su paciencia―. ¿Piensa contarnos lo que descubrió o va a seguir haciéndose el misterioso?

―¡Erika! ―regañó Viktor, sorprendido por la falta de educación de su hermana ―. Deja que termine la historia.

Ella bufó en respuesta. Indicaba sin palabras, que bien podría terminar todo de una buena vez sin tanto misterio.

―Disculpe señorita Böhm, entienda que esto ha sido muy excitante para nosotros. Nunca nos habíamos topado con un fraude de estas características.

―¿Fraude? ―preguntó Viktor.

―Si Señor, toda una estructura de fraude armada entre empleados del banco y algunos martilleros inescrupulosos. Incluso sospechamos que alguien de la mesa topográfica o de la escribanía de gobierno del territorio debió estar involucrado.

―Eso no parece ser un delito menor ―dijo Viktor .

―No lo era. Tenían todo bien armado. En el banco detectaban las propiedades con deudas, próximas a terminar en un remate judicial y seleccionaban las que podrían ser lucrativas.

Buscaban deudas de larga data, con propietarios que estuvieran muertos o de los que no se supiera en mucho tiempo.

Entonces pasaban esas propiedades a martilleros amigos, así remataban las propiedades a precios muy bajos.

El comprador siempre era un miembro de la organización.

―¿Organización?

―Así es, eran más que una banda, una verdadera organización con miembros en todas partes.

―Pero, ¿cómo?, se supone que en los remates hay una puja, un precio de base. ¿Cómo se aseguraban que el precio no subiera?, ¿qué no apareciera algún otro comprador en la subasta?

―Porque no hacían publicidad de las propiedades elegidas.

Se realizaban casi a escondidas, eran clandestinos, cambiaban las carpetas con la información de las tierras, Así la puja arrancaba a un precio menor.

Incluso creemos que alguien en la escribanía de gobierno, después de completar el trámite de propiedad en tiempos acelerados, archivaba la información con datos falsos.

―Increíble, o sea que tenían todo pensado y cubierto. Lo que no me explico es que tiene que ver eso con Santa Teresa o la información que yo buscaba.

―Ah, esa es la gran revelación. ¿Recuerda que el precio de puja empezó muy por debajo de lo habitual y no había nadie más interesado por las tierras?

―Lo recuerdo, fue una sorpresa. ¿Entonces, por qué escapó esta propiedad al sistema de fraude montado?

―Su estancia estaba destinada a ser parte de uno de esos remates.

Solo que cometieron un error. Enviar la carpeta a mis oficinas.

Recuerdo que la información llegó tarde, la propiedad se agregó a último momento, así que nos limitamos a completar la venta con el precio proporcionado, sin saber con exactitud cuál era la calidad de las tierras.

―Era una subasta menor, de tierras pequeñas y maquinaria agrícola. Yo mismo me sorprendí al descubrir que la estancia era parte del remate, estaba allí de casualidad. Pujé porque conocía la zona, no por la información proporcionada ―recordó Viktor.

―Y así se suponía que fuera ―completó el martillero―, todo cambió con el error.

Usted compró la estancia y a la organización solo le restó ocultar las pruebas para que no saliera a la luz todo lo anterior.

Por eso no se encontraban papeles. Pero ahora todo ha sido resuelto ―indicó orgulloso―, incluso descubrimos que el remate se produjo dos días antes del plazo en que vencía la deuda.

Sin que nadie lo anticipara, el antiguo propietario intentó saldarla, pero ya no pudo.

De hecho, el Banco le dio una enorme indemnización para que nada se sepa, en todos estos años se lo atribuyó a un error en los envíos de carpetas.

―¿Y quién era ese propietario? Siento ahora que le robé sus tierras, si es que llegó con el dinero antes del vencimiento de su deuda.

―Aquí lo tengo todo ―reveló Bernard, luego sacó unos papeles de su portafolios―, el banco indemnizó por el error de la subasta anticipada a un tal Martín Medrano ―afirmó.

―¿Medrano dice?

―¡Oh! ―el chillido de sorpresa de Erika recorrió la habitación.

―Diablos ―escupió Viktor con sorpresa y furia.

Había tenido una serpiente en su propia casa.

Lautaro gozaba de su confianza y hospitalidad.

Miró a su hermana, la palidez de su rostro le decía que incluso el joven pudo haber disfrutado de más que de un alojamiento y consejos gratuitos.

Maldijo por dentro, tanto al hombre, como a él mismo por su estupidez.

―Mis disculpas ―dijo Bernard confundido―. ¿Son acaso estas malas noticias? No sabía que conocían a esta familia. No sé si la información sea fidedigna, tengo entendido que Martín Medrano murió hace unos cinco o seis años, tiempo después de intentar recuperar Santa Teresa.

―No se preocupe Bernard, la información que nos trae es muy valiosa ―Viktor se recuperó rápidamente de la sorpresa y procedió a calmar al hombre. Nada bueno saldría de decir más de lo justo. Al menos hasta que toda la información estuviera sobre la mesa.

Un tumulto afuera los distrajo.

―¡Patrón, Patrón! ―gritaba Ramón en la entrada de la casa.

Cuando salió a recibirlo, el hombre le tendió un papel. Erika pudo ver todo el color desaparecer del rostro de su hermano mientras lo leía.