Helena: Un territorio de secretos y promesas (Entre dos mundos 1) Capítulo 4
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Capítulo 4

«Conociendo a la familia Von Zeschau»

N uevamente Viktor esperaba en la biblioteca de Otto Von Zeschau.

La demora de su anfitrión le permitió pasear la vista por la amplia sala.

Ayer había quedado tan impactado por su encuentro con Helena que, aunque se esforzara, no lograría recordar si habían estado reunidos en la cocina, el salón o en el vestíbulo.

Ahora veía los detalles de la habitación, detalles que hablaban de la posición social y económica de la familia que moraba allí.

La decoración clásica, sin detalles estridentes que llamaran mucho la atención, realizada con materiales nobles, era de un gusto exquisito.

La boiserie de las paredes estaba hecha de roble pulido que contrastaba con el papel tapiz en color marfil con pequeñas flores de lis en beige dorado.

Anaqueles de la misma madera se alzaban hasta el techo en dos de las cuatro paredes llenos de volúmenes ricamente encuadernados.

Grandes ventanales dejaban entrar la luz a la estancia, un escritorio a un lado y cómodos sillones al centro completaban el mobiliario de la sala que era usada como biblioteca y despacho.

La puerta se abrió y Otto entró. El hombre se veía como siempre, para nada nervioso pese a que Viktor sabía que tendría que excusar a su hija frente a él.

―¡Mi querido Viktor! ¿Cómo ha estado? ―saludó extendiendo su mano―.

Espero que haya tenido un agradable viaje desde Misiones.

¿Ha venido en el Ciudad de Salzburgo? Como habrá podido observar es uno de los vapores más modernos que encontrará navegando la ruta Asunción Buenos Aires.

No hace ni un año que lo incorporamos a la compañía. Es la joya de la Nueva Esperanza.

Viktor tomó la mano que le ofrecía y la estrechó.

―Muchas gracias, Señor. El viaje ha sido excelente y sin duda la incorporación del nuevo barco ha sido un gran acierto para la empresa, la competencia tendrá que hacerlo mejor para superar el servicio.

―Ni lo diga. Tenemos lista de espera para viajar en la nueva nave, tal lujo y comodidad no son habituales en el litoral; y no voy a desestimar la capacidad de carga, el comercio desde y hacia las provincias no ha hecho más que aumentar y, por supuesto, el Paraguay depende de los ríos para exportar cualquier mercancía.

Con o sin ferrocarril la navegación sigue siendo primordial.

―Ese es el motivo por el cual me interesó la propuesta que me hizo en mi último viaje, como le adelante por carta tengo intención de aceptarla. No veo la hora de pertenecer a la compañía… y a la familia.

Si Otto Von Zeschau estaba nervioso, Viktor no lo notaba. Ninguna expresión delató su rostro que seguía mostrándose amable y serio, sin rastros de tensión. Viktor admiró esa cualidad. Desde luego, este hombre no llegó tan lejos en los negocios mostrando debilidad.

Antes de que su padre pudiera contestar, Helena entro como tromba en la habitación.

―¡ Papa ! ―exclamó asombrada―. No sabía que tenías visitas; venía a traer estos libros y pensaba encontrar algo para leer antes de la cena.

La cara de sorpresa y arrepentimiento que puso hizo pensar a Viktor en lo buena actriz que era; sin duda Helena lograría engañar a quién quisiera .

―Viktor ―dijo Otto―, permita que le presente a mi hija Helena. En su anterior visita no pudo asistir a la cena que compartimos.

Helena dejo los libros sobre el escritorio y extendió su pequeña mano. Viktor no pudo evitar una pequeña sonrisa al recordar la misma escena, pero el día anterior.

―Un placer conocerla por fin, señorita Von Zeschau ―dijo Viktor mientras tomaba su mano y la miraba a los ojos.

Helena se ruborizó; su mano era grande y cálida, ayer no lo había notado debido a los nervios. Hoy era totalmente consciente de que sostenía la suya. Tardó unos segundos en responder.

―Encantada, señor ―habló al fin―. ¿Se quedará a cenar?, ¿verdad?, debería avisar a mamá y a la cocinera ―dijo, pidiendo permiso a su padre con la mirada.

―Claro ―aceptó este―, ve a avisar mientras Viktor y yo tomamos una copa de oporto y hablamos de negocios. ―Con esas palabras la despidió, Helena asintió y salió a buscar a su madre.

Para Otto el intercambio entre su hija y su invitado no pasó desapercibido.

Extraño. Si bien compartía con su esposa la preocupación por la salud de Helena, hacía mucho tiempo se había dado cuenta de que su hija no era la flor delicada que su Marie veía.

La chica poseía temple y valentía, pese a que no eran muchas las oportunidades que se le presentaban para demostrarlo.

¿Pero la encerrona para que invite a Böhm a cenar?

, muy extraño. Vigilaría a esos dos de cerca, tal vez la solución a uno de sus problemas pasaba justamente por ese par.

Ya vería. Por lo pronto pensaba aprovechar el tiempo hasta la cena para trata con Viktor todas las ideas que tenía para la Compañía.

La cena transcurrió agradablemente, la familia de Helena era divertida, todos eran grandes conversadores y se notaba el cariño que fluía entre ellos.

Los más jóvenes participaban de la charla, si bien eso no era lo habitual en casi ningún estrato social.

Generalmente los niños y adolescentes no cenaban con la familia entre las clases altas; y entre las bajas que, por cuestiones de espacio, sí lo hacían, no opinaban ni intervenían en las conversaciones.

Era evidente que Otto era un hombre moderno y un padre amoroso con sus hijos.

Le explicaron la ausencia de Josefina recurriendo a la misma mentira que Helena le había arrojado antes de confesar la verdad; una visita a casa de su abuela.

El argumento era sólido y no dejaba espacio para preguntar mucho más.

Luego de comer todos pasaron al salón de música, sirvieron café con dulces y jerez.

La sala era grande, con sillones mullidos y un gran piano de cola junto a otros instrumentos musicales.

Sobre un mueble bajo, destacándose en el ambiente como un tesoro, había un gramófono, todo un símbolo de estatus y dinero, eran aparatos muy caros y novedosos.

―Carolina ¿Por qué no tocas alguna pieza en el piano antes de retirarte?

Emilio puede pasar las hojas para ti―ordenó la matriarca.

Era su forma de indicar con claridad y firmeza que, luego del concierto, el tiempo de la adolescente entre los adultos llegaría a su fin.

Vera, la hermana más pequeña, ya había sido despachada anteriormente, ni bien terminó la cena.

―Claro, mutti ―obedeció la niña sentándose al piano mientras su hermano se paraba a su lado para pasar las hojas de la partitura. La música era agradable, la chica era talentosa y, por su expresión, se notaba que disfrutaba al ejecutar la pieza elegida.

Todos escucharon absortos la melodía envolvente que salía del piano bajo los hábiles dedos de Carolina.

Cuando la música terminó y mientras la niña revolvía partituras para tocar algo más ―y, sin duda pensó Viktor, para extender su estancia en la velada―, la madre habló .

―¿Cómo tiene pensado pasar sus días en la ciudad, Señor Böhm? Seguramente tendrá muchas reuniones de negocios que atender.

―Por suerte, ya pude concretar muchas de ellas.

En el tiempo que tengo libre esperaba disfrutar un poco de las atracciones que la capital ofrece.

Pensaba conocer el jardín zoológico. ―Luego miró a Helena ofreció―: ¿Tal vez, las Señoritas Helena y Carolina quisieran acompañarme?

Si mañana hace buen tiempo podríamos dar un paseo por allí.

También me gustaría pasar por el botánico para obtener información sobre el proceso de germinación de la yerba mate ideado por el señor Thays.

Antes de que su madre pudiera objetar nada Helena accedió―: Nos encantaría acompañarlo. Yo tampoco he visitado nunca el Zoológico.

―Helena, ¿te parece prudente salir? ―objetó Marie―. Los días han estado fríos.

Otto intervino antes de que su esposa avergonzara a su hija delante de Viktor como si fuese una criatura.

―Marie, creo que deben ir. Recién comienza el otoño, por la tarde el clima será de lo más agradable.

Viktor ―dijo girándose hacia él―, muchas gracias por invitar a las chicas, pese a vivir en la ciudad aún no han visitado el zoológico ni el jardín botánico, de seguro será un paseo muy educativo para ellas.

Para sorpresa de Helena su padre rechazó sutilmente, pero con firmeza, los deseos de su madre; eso no había pasado antes.

En todo lo que estaba relacionado a la salud de Helena la voz de su madre era ley.

Quizás su padre ya veía la solución a sus problemas, a pesar de la angustia por su hermana era un hombre práctico.

Tal vez no tendría que conspirar tanto para lograr su objetivo, puede que su propio progenitor fuera un aliado en sus planes.

Incluso puede que estuviera viendo lo mismo que ella, que sin Josefina la asociación con Viktor podía realizarse a través de Helena .

―Entonces no hay más que decir. Mañana pasaré por las señoritas Helena y Carolina. Por supuesto, señora Von Zeschau, si quiere unirse a nosotros es bienvenida, ¿quizás el joven Emilio también podría venir?

Emilio frunció el ceño. Acompañar a sus hermanas no era exactamente su idea de diversión, pero su madre frustró sus planes de rechazar la invitación.

―Muchas gracias. Mañana es mi reunión mensual con el comité del colegio que apadrinamos en el norte. Milo estará encantado de acompañarlos, ¿verdad hijo? ―afirmó Marie comprometiendo a su reticente hijo para el paseo.

―Claro madre. Gracias por la invitación, señor Böhm.

―Pasaré mañana a las tres a buscarlos, si están de acuerdo.

―De acuerdo, lo esperaremos a la tres ―aceptó Helena complacida con el giro de los acontecimientos.

Si todo salía como estaba planeado ese sería el primero de varios paseos y visitas y, al terminar la semana, a nadie extrañaría que Viktor le pidiera matrimonio.

Con el breve cortejo todo se vería más real y a sus padres no les extrañaría que tomara la oferta.

Al fin y al cabo, Helena no quería lastimarlos al decir que se casaba para escapar de sus cuidados y limitaciones, verla encantada con Viktor sería más fácil de aceptar para ellos.

Tampoco es que tuviera que fingir tanto, el hombre ya la fascinaba y solo lo había visto dos veces.

Carolina toco una pieza más al piano y se retiró como había indicado su madre, Emilio se excusó y abandonó la reunión minutos después para ir a algún club donde jugar y beber.

Viktor no demoró mucho más la visita, tras de una media hora más de charla anunció su partida.

Otto lo acompañó a la salida. Helena quedó sola con Marie.

Su madre no se hizo esperar para protestar sobre el paseo planeado.

―¿Helena, estás segura de que deseas salir? Quizá podríamos ir en primavera, cuando los días sean más cálidos .

―Mamá, quiero ir, sabes que hace mucho que quiero conocer el zoológico y los parques de Palermo.

No aceptaré la excusa del clima, sabes que los días han sido agradables, además en primavera tengo muchos más episodios de asma debido al polen.

Iré muy abrigada si esto te deja más tranquila.

Además ―continuó―, sería descortés cancelar la invitación.

―Es solo que no sé, todos esos animales. Seguro tienen enfermedades y con tu salud tan delicada…

Helena puso los ojos en blanco.

― Mutti, querida ―La tranquilizó con paciencia.

Tomó a su madre de las manos y dijo―: Solo es un paseo, no creo que un animal me contagie nada a menos que me muerda.

―Al ver la cara de horror de su madre se arrepintió de su broma―.

Era una broma mamá, no voy a acercarme a ninguna bestia. Lo prometo.

Su madre suspiró. Helena sabía que luchaba con la preocupación y que la sobreprotección era la forma que su madre tenía de expresar su cariño.

Era hora de que toda su familia entendiera que era una mujer adulta.

Únicamente esperaba que lo notaran antes de su partida a Misiones.

Si el zoológico asustaba a su madre no quería ni pensar en lo que sucedería cuando anunciara su intención de casarse e irse a vivir con Viktor a un territorio tan lejano y agreste.

Su madre colapsaría, ella era después de todo su pequeña guerrera y Marie Von Zeschau estaba dispuesta a todo con tal de protegerla.

Con este pensamiento abandonó el salón rumbo a su cuarto.

Esa noche no se durmió rápidamente, estaba tan excitada por el paseo como si tuviera ocho años.

A eso se reducía su vida pensó con vergüenza, a emocionarse por una salida al zoológico.

Si era sincera consigo misma, no era solo el paseo, era con quién irían.

Viktor la inquietaba y, a pesar de que estarían sus hermanos, sabía que era la oportunidad de demostrar que podían ser compatibles y eso era algo que la agitaba más que todas las bestias del mundo.

Su madre se equivocaba, las fieras del zoológico no representaban una amenaza para la salud de Helena, el hombre que la llevaría sí.