Helena: Un territorio de secretos y promesas (Entre dos mundos 1) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Helena disimuló una sonrisa. Que agradable era ganar una discusión y que su interlocutor lo reconozca, sin la condescendencia a la que estaba habituada. Eso era porque no la conocía, no sabía de su condición; necesitaba que aceptara sin tener que confesarlo.

―¿Va a considerar mi propuesta entonces?

Viktor pensó un momento, nunca tuvo sentimientos por la otra hermana.

Era un hombre pragmático y la indignación era para quiénes podían darse el lujo de sentirla, no era su caso.

El necesitaba una esposa y una sociedad con la naviera, daba igual con que hermana se casara; mientras fuera una hija de Otto cualquiera de las dos servía.

La culpa le revolvió el estómago al pensar en que las muchachas eran intercambiables.

Él no era así, las circunstancias cambiaban a las personas.

De todas formas, la pequeña mujer lo intrigaba.

Quizá no fuera tan mala idea, al fin y al cabo, bien podría tener la esposa que necesitaba y descubrir eso que lo atraía de ella en el proceso.

Pero tampoco era cuestión de arrojarse a ciegas frente a la propuesta, la cautela se impuso en su respuesta.

―Podría ser. Yo pensaba pasar unas semanas en Buenos Aires para cortejar a su hermana con el fin de conocernos, puedo hacer lo mismo con usted. Si llegamos a un entendimiento volvería en unos meses con mi familia para realizar la boda.

―¡No! ―gritó Helena, el terror teñía su dulce tono de voz―.

La boda debe realizarse cuanto antes ―exigió.

No iba a permitir que sus padres interfirieran, en especial su madre que era la más protectora con ella.

Si no se casaba con Viktor ahora, encontrarían la manera de disuadirla, o peor, de hacer que el hombre la rechazara.

Su madre la mantendría entre algodones y cuidados sofocantes a cualquier precio, lo sabía.

Prefería salir al mundo y enfermar a seguir bajo el amoroso, pero agobiante, cuidado de Marie Von Zeschau.

Viktor frunció el ceño ante la reacción de la chica, ¿por qué el apuro?, ¿Qué ocultaba la mujer y a qué le temía?

―¿No le parece un poco precipitado?, ¿qué pensarán sus padres? No puedo presentarme y exigir una boda apresurada con su hija. Hija a la que, en teoría, nunca vi en mi vida ―le recordó.

Helena suspiró, toda la frustración revelada en su rostro. Viktor tenía razón, no podían casarse mañana. Tendría que disponer de más tiempo y resistir los embates, sobre todo de su madre, para hacerla cambiar de opinión.

―Una semana para conocernos y otra para planificar la boda ―ofreció ella con terca firmeza―. Dispondré de todo mi tiempo para realizar las actividades que crea convenientes para conocernos y saber si un matrimonio sería viable entre nosotros ―agregó .

Viktor lo pensó un momento, si bien sentía que era apresurado, le parecía un trato justo; tampoco es que hiciera una gran diferencia tener una boda en dos semanas o en algunos meses.

Por lo que intuía a partir de los dichos de Helena, la familia no estaría dispuesta a aceptar que se casara con su segunda hija, no entendía la razón.

No veía nada raro en la muchacha. Salvo que estuviera prometida a otro.

―Antes de aceptar tengo una pregunta ―advirtió Viktor después de un largo silencio―. Intuyo por su apuro que sus padres podrían oponerse a un matrimonio entre nosotros. ¿Es así?, ¿por qué sería?, ¿no estará usted comprometida con alguien más?

Helena tragó y bromeó―: Esas son tres preguntas.

Viktor abrió los ojos, la chica poseía sentido del humor después de todo. Arqueó una ceja y la miró fijamente, obligándola sin palabras a responder.

―No hay otro novio ni prometido. Es solo que mis padres no desean que me case antes que mi hermana mayor ―La mentira salió de sus labios sin que su rostro mostrara la más mínima expresión que la desenmascarara―, es importante que sea usted quién se los comunique, que crean que es su idea; debe dejar en claro que no habrá sociedad sin este matrimonio.

«Que extraño» pensó Viktor, no imaginaba a Otto como un tradicionalista tan firme.

Era lo habitual casar a las hijas según su orden de nacimiento, tampoco era una regla social tan fuerte, menos todavía entre hermanas con tan poca diferencia de edad.

Por sus cálculos las muchachas no debían llevarse más de uno o dos años como mucho.

―Si ese es el único obstáculo considero que sus padres no se opondrán, me mostraré firme en mi decisión si usted así lo desea.

Deberíamos que crear una historia sólida sobre la forma en que nos conocimos y tomamos la decisión de casarnos.

¿O desea que diga que me abordó en su biblioteca con una propuesta ?

Helena perdió todo el poco color de su cara.

―No se le ocurriría hacer algo así. ¿no?

Viktor sonrió, como se estaba divirtiendo al fastidiarla; por momentos era crédula e ingenua, inocente pese a su faceta intrigante, pero también se veía que poseía una gran inteligencia.

―Puesto que mi padre no sabe… que usted sabe…

que Josefina escapó, podríamos esperar a ver qué le dice.

Después de todo, usted viene por una novia y esa novia no está disponible.

Pero estoy Yo ―señaló con una sonrisa radiante.

Viktor no estaba preparado para el golpe, la sonrisa había transformado a Helena de una muchacha bonita a una belleza deslumbrante.

El rostro iluminado y un poco sonrojado dejaba atrás toda la palidez y fragilidad, transformándola en una mujer enérgica y decidida.

Quién diría que el ratoncito ansioso que lo acorraló más temprano se vería así.

―Sí ―susurró Viktor embrujado―, está usted.