Helena: Un territorio de secretos y promesas (Entre dos mundos 1) Capítulo 3
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Capítulo 3

«La propuesta»

D os días después Viktor se anunciaba ante el mayordomo de la residencia que los Von Zeschau ocupaban en el elegante barrio de la Recoleta.

Helena, que conocía todo lo que ocurría en la casa, sabía que sus padres estaban ausentes en ese momento y, al entender que no tendría otra oportunidad, decidió poner en marcha su loco plan.

Había pasado los últimos días sin dormir, preguntándose si realmente se atrevería llegado el momento.

Lanzó una oración silenciosa e interceptó al sirviente para indicarle que llevara al visitante a la biblioteca.

No conocía en persona a Viktor y su hermana no se había mostrado entusiasmada como para describirlo en profundidad la única vez en que le pregunto por su futuro prometido.

Ella dijo que era guapo y no mucho más, no hubo ningún entusiasmo o curiosidad en su hermana; ahora entendía por qué.

Josefina tenía otros planes que no incluían un marido, al menos no al marido que sus padres eligieron para ella.

Minutos más tarde, Helena estaba paralizada en la puerta de la biblioteca mirando las anchas espaldas de un hombre altísimo.

Viktor esperaba a Otto, al menos él esperaba verlo, cuando la puerta se abrió con tanta suavidad que ni siquiera se dio cuenta de que alguien entraba en la habitación.

―¿Señor Böhm ?

Viktor se giró sorprendido por la suave voz femenina que lo llamaba y respondió con brusquedad―: Sí. ¿Y usted quién es?

―Helena Von Zeschau ―anunció ella extendiendo una pequeña mano enguantada.

―La hermana enferma… ―susurró él.

―¿Perdón?

―Disculpe decía que usted debe ser la segunda hija de Otto ―aclaró Viktor al tomar la mano que ella ofrecía. Era una mano firme, la calidez de su piel se filtraba por la delgada tela de los guantes de muselina que llevaba puestos.

―Esa soy yo ―bromeó.

―Vine a ver a su padre.

―Lo sé.

Viktor frunció el ceño, la conversación no avanzaba mucho. No entendía que hacía la muchacha en la biblioteca o porqué su anfitrión se demoraba.

―Usted quiere casarse con Josefina ―afirmó la joven sin vueltas y en un tono acusatorio.

Viktor se conmocionó con la brusca declaración.

¿Quién era esta pequeña mujercita con rostro de duende que lo increpaba?

Sin responder la observo por unos segundos.

Era bajita, tendría unos treinta centímetros menos que su metro ochenta y cinco de estatura.

De figura menuda y proporcionada, o eso parecía; hoy en día era imposible saber en verdad como lucía una mujer con la cantidad de ropa y accesorios que llevaban.

Tenía el pelo de un rubio casi dorado, ojos verde agua y la piel pálida.

Las mejillas eran pálidas y afiladas, con los pómulos altos y el óvalo de la cara en forma de corazón.

Una boca pequeña de labios regordetes y una nariz respingona completaban el rostro de finas facciones.

Era bonita, pero se veía delicada y hasta en cierto punto frágil; su mirada era decidida y parecía esconder una fuerza latente, a la espera de ser despertada .

Viktor la examinó y reveló―: Es una posibilidad.

―¿Usted la ama? ―La joven soltó la pregunta de manera directa, para nada lo acostumbrado en las conversaciones de las clases acomodadas, donde los rodeos eran lo común.

―Bueno, apenas conozco a su hermana como para hablar de amor. ―Viktor no supo que lo llevó a responder una pregunta tan personal e impertinente con la misma sinceridad. La miró y notó el alivio en su rostro, lo que le pareció insólito.

―Josefina no quiere casarse con usted ―advirtió tajante. Viktor levantó una ceja, la conversación era cada vez más extraña.

―¿Y su hermana la envió para informarme de tal decisión?

―¡Por supuesto que no!, mi hermana ni siquiera está en la casa ―reveló ella―. Viajó al campo a pasar unos días con nuestra abuela ―recitó mientras bajaba la vista.

―¿Entonces? ―preguntó Viktor―. Usted decidió informarme que su hermana no desea casarse conmigo. ¿No le corresponde a su padre anunciar que el compromiso no se llevará a cabo?

―Yo… ―Titubeó Helena― Yo quería llegar a un acuerdo con usted. Quería proponerle que se case conmigo en lugar de con mi hermana ―dijo de un tirón.

Helena nunca había estado tan nerviosa en su vida.

Cuando ideó su plan no pensó en lo difícil que sería expresarlo en voz alta, ni en lo intimidante que sería Viktor.

Para empezar, era enorme; le sacaba más de una cabeza de altura obligándola a levantar la vista para hablar con él y eso la hacía sentir diminuta e impotente.

Además, era demasiado buen mozo. Tenía el pelo rubio oscuro y los ojos de un azul sombrío.

La profundidad de su mirada que parecía ver a través de ella la inquietaba.

Se tomaba el tiempo para responder mirándola con una atención que la ponía nerviosa.

Sí, decididamente era un hombre guapísimo, con la nariz recta, la mandíbula amplia y una boca de labios carnosos.

Su rostro bronceado y sus anchos hombros hablaban de una vida de trabajo al aire libre, no parecía haber nada blando en él.

De repente se sintió pequeña, poca cosa para un espécimen así.

En su cabeza lograba verlo con Josefina, serían una pareja despampanante, ¿pero con ella?

, por un momento pensó con seriedad dar marcha atrás.

«¿Por qué ese hombre tan magnífico querría casarse con la enfermiza Helena? », pensó.

Ahora ya lo había dicho. El tiempo pareció detenerse mientras esperaba su respuesta. Viktor Böhm no hablaba y Helena esperaba que se echara a reír. Si eso ocurría no sobreviviría a semejante mortificación.

Viktor estaba impactado. No solamente no esperaba que su futura prometida lo rechazara sin siquiera darle una oportunidad de conocerse o al menos decirlo a la cara; además la muchacha lo dejó sin habla. En un segundo entendió que lo que dijera a continuación marcaría toda su vida.

―¿Por qué? ―preguntó suavemente―, ¿por qué quiere casarse conmigo?

Helena lo miró a los ojos en silencio. Viktor pudo ver la decisión en su mirada y la fuerza que irradiaba esa pequeña mujer. El tiempo se detuvo mientras se miraban a los ojos, cada uno sumido en sus pensamientos, sin ceder o bajar la vista.

―Quiero irme de mi casa.

Viktor se tensó.

―¿Sus padres…, ellos son crueles con usted? ―preguntó Viktor con sutileza. No sería el primer caso en el que un progenitor maltratara a sus hijas, o incluso a su esposa. Era algo que Viktor no soportaba. No después de Sofía.

―¡No!, por supuesto que no. Ellos me aman. Son los mejores padres que podría pedir, Solo que… Yo quiero tener mi propia casa.

Aliviado, Viktor observó a la joven. No conocía tanto a Otto, no lo veía como un hombre cruel, aunque era imposible saber eso a ciencia cierta desde fuera de un hogar.

Helena era una muchacha hermosa, casi etérea.

Se veía pequeña, le recordaba un poco a su hermana muerta al dar a luz, diez años atrás.

Resultaba desconcertante que una mujer tan bella tuviera que ofrecer casamiento a un desconocido; y la excusa de querer ser dueña y señora de su casa, le parecía muy poco creíble.

―Ya veo ―confirmó Viktor con la mirada clavada en sus ojos―. ¿Y cómo es que una jovencita tan bonita y de buena familia como usted no ha recibido innumerables propuestas de matrimonio? Me resulta un tanto extraño que robar el pretendiente de su hermana sea su única opción.

Helena se congeló. «¿Cómo se atrevía este hombre a sugerir que trataba de quitarle el novio a Josefina?

», para empezar su hermana huyó. Bueno no es que Viktor lo supiera, le había dicho con claridad que Josefina no quería casarse con él.

¿Pensaba acaso que ella mentía? ¿Qué buscaba adelantarse y proponerse sin el conocimiento de su hermana?

Era, sin duda, una cosa ruin. La furia comenzó a adueñarse de ella y a gestar una réplica hiriente; estaba ofendida.

Tampoco era justo culparlo por pensar así.

Él no sabía la historia completa. «Pero eso no es algo que puedas decir, a menos que consideres que el señor Böhm es confiable, cosa que no sabes», especuló para sí misma.

Helena suspiró. No tenía muchas opciones, era confiar en él o dejar las cosas como estaban y eso la aterraba.

Su único temor era que si se equivocaba el desastre lo pagaría su familia, en especial Josefina.

Si Viktor no guardaba su secreto la reputación de su hermana desaparecería y con ella la de Carolina, e incluso la de la pequeña Vera de apenas diez años.

Tomó una respiración profunda y decidió que podía confiar en él.

―Voy a contarle algo. Es importante. Voy a confiar en su discreción y espero no equivocarme. Mi hermana… Mi hermana escapó de casa .

―¿Qué dice?

Viktor recibió la noticia como un balde de agua fría cayendo sobre su cabeza.

Podía entender que la mujer no lo quisiera, después de todo apenas se conocían.

Tal vez estuviese enamorada de otro, o solo no quería casarse.

Pero, ¿escapar?, eso era definitivamente un movimiento desesperado.

Podría haber hablado con él, la hubiese liberado de inmediato del compromiso contraído con su padre.

No era un bárbaro después de todo. Ahora entendía la razón por la que Helena dijo que su hermana no se casaría con él.

Difícil concertar un matrimonio sin novia.

Lo que lo traía de regreso a la oferta de la muchacha.

Todos sus planes dependían de la alianza con esa familia.

Miró a la pequeña mujer que esperaba su respuesta.

En ese momento odió a ambas hermanas por poner todo su futuro y el de las personas que amaba en riesgo.

―¿Usted se ofrece para ocupar el lugar de su hermana? ¿Sacrificándose por los negocios familiares?

―No me estoy sacrificando ―dijo indignada―. Yo pensé que al ser este un acuerdo comercial a usted le daría igual cualquier hermana mientras sea una Von Zeschau. ¿O va a decirme que languidece de amor por Josefina? ―preguntó con sorna.

― Touché.