Capítulo 78
A través de la ventana, Esther vio cómo el Insignia gris señalizaba a la izquierda y desaparecía tras la hilera de casas adosadas de enfrente.
Aquí.
Y luego se ha ido.
Todo en un instante.
Y todo ha cambiado.
Tocó la mano de Neil, que descansaba sobre su hombro.
Él no dijo ni una palabra.
Nada de lo que pudiera decir sería lo correcto en este momento. Pero él lo sabía, porque la amaba. Ahora le tocaba a ella hablar, contarle qué había cambiado en su interior. Si es que algo lo había hecho.
Para eso, necesitaría algo de tiempo. —Voy a subir un momento a solas.
—Por supuesto.
Se giró y lo miró. Le acarició el rostro.
—Te quiero, Esther.
Ella sonrió. —Sí. Soy Esther.
Él asintió.
—Dilo.
—Eres Esther.
—Y mientras viva, siempre lo seré.
Una lágrima le rodó por la mejilla. Ella se la secó y luego subió las escaleras.
Se sentó en el borde de la cama, en la habitación de invitados, con el frasco de Spring Violets de Hatty sobre la mesita de noche.
Abrió el puño. El anillo que le había entregado un hombre llamado Barnaby Scaife descansaba en el centro de su palma. Aún podía sentir en los labios el beso del sueño. Le producía un hormigueo interior.
Con un suspiro, alargó la mano hacia el frasco. Lo abrió y el aroma impregnó el aire.
Siento calor.
Me siento… amada.
Todos los sentimientos que había estado experimentando últimamente cobraron de pronto algún tipo de sentido.
Se volvió hacia la ventana.
Hacia el norte.
En una ciudad costera de Yorkshire.
Whitby.
Un lugar en el que nunca había estado; al menos, no como Esther.
¿Debería dejarse llevar por estos sentimientos?
Posiblemente.
¿O bastaba con sentirse agradecida por haber encontrado un rumbo?
Al fin y al cabo, era más de lo que tenía hace una hora.
Supuso que el tiempo lo diría.