Heladas Olvidadas (Las Víctimas Olvidadas de Whitby 7) Capítulo 46
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Capítulo 46

D rift guio a Frank dejando atrás los cobertizos en dirección a la verja.

Por el camino, no pudo resistirse a asomarse al interior de uno de ellos.

Utilizó la linterna del móvil y vio cajas de zapatos. Estaban apiladas en secciones debidamente etiquetadas. No quiso entrar, pero supuso que el etiquetado sería fundamental. Había mucha gente en Whitby. Sin un sistema, jamás volverías a encontrar a la misma persona.

Pensar que un hombre pudiera dedicar su vida entera a eso. A recuperar fragmentos de otras vidas de los cubos de basura para luego organizarlos de forma tan metódica.

Pero Barnaby no era una persona corriente, ¿verdad?

Apenas había salido de la adolescencia cuando decidieron que había asesinado a sus padres; y poco después de cumplir los veinte, a su novia.

Se había adentrado en el mar con los bolsillos llenos de piedras y se había dañado el cerebro.

Durante dos generaciones, lo habían ridiculizado y lo habían llamado Barney Bins.

Y, después de todo aquello, le había entregado lo más valioso que jamás había poseído —un guardapelo que contenía un mechón de ella— a la gente que más le había fallado. La policía.

No, Barnaby Scaife no era una persona corriente.

Pero tampoco era quien la gente creía que era.

Era un cronista de las sombras. Registrando vidas en silencio.

Los secretos y las historias de todo el mundo en Whitby —incluyendo los suyos propios, estaba seguro— se encontraban en el interior de aquellos viejos cobertizos.

Junto a la verja, Frank se detuvo. Se puso de cuclillas y le rascó brevemente las orejas al lebrel.

Pensó en el guardapelo que llevaba en el bolsillo y en la necesidad de llevárselo directamente a Helen.

—Y ahora a dar la cara, Drift.

Se puso en pie, convencido de haber visto el parpadeo de una vela en la ventana del cronista, y luego se dio la vuelta para abandonar Hawsker Ironworks por donde había venido: a través de la verja rota.