Capítulo 43
B arnaby estaba tocando de nuevo lo que fuera que tuviera oculto bajo el jersey.
Frank se frotó el pecho, no por nada que llevara puesto, sino porque la acidez provocada por el whisky le estaba dando problemas otra vez.
—Ojalá pudiera hacer más —dijo Frank—. Pero su alzhéimer está muy avanzado. No está capacitado para ser interrogado. Nunca podrá haber una confesión.
—Yo… —Barnaby asintió—. Entiendo.
—Lo siento de verdad.
Barnaby cogió uno de los cuadernos de hule que tenía al lado, sobre el catre, y un lápiz. Fue directo a la parte de atrás del cuaderno y escribió algo. Se lo mostró a Frank.
A veces, me cuesta mucho sacar las palabras. Especialmente cuando me emociono. Sigues culpándote. Ya puedes dejar de hacerlo.
Después de que Frank hubo leído aquellas palabras, levantó la vista hacia Barnaby y vio que le ofrecía una sonrisa tranquilizadora.
—Yo estuve allí —dijo Frank—. En 1993, le interrogué en su salón.
—Lo sé.
—Por la fotografía que nos trajiste.
Barnaby asintió esta vez. Aquello no era nuevo para él, pero Frank quería soltarlo todo.
—Se mostró afable… encantador… y yo estaba bajo el maldito hechizo de Brennan.
Me comporté como una marioneta, y debería haberme esforzado más.
Haber sido mejor. Por Lilly… por ti. —Frank hizo una mueca.
Se frotó la frente, manteniendo sus emociones a raya.
Quería expresar aquella disculpa, pero no quería perder el control.
Cuando volvió a levantar la vista, Barnaby lo observaba con ojos compasivos. Le ofreció su cuaderno.
Seguías órdenes. Eras joven.
Frank sacudió la cabeza. —Por favor, no sientas lástima por mí.
El fuego chisporroteó unas cuantas veces, pero no se apagó.
Barnaby no habló.
—Deberías estar enfadado conmigo. Quiero que estés enfadado conmigo.
Barnaby negó con la cabeza. Luego, escribió.
Frank lo leyó.
Solo hay una persona con la que estoy verdaderamente enfadado. Y, por lo que me has dicho, ese hombre ya no existe. Quizá no físicamente, pero se ha ido de todos modos.
Después, Frank suspiró. —Ojalá pudiera ofrecerte más, Barnaby… Sus padres han muerto. Brennan se ha ido. Eres la única persona que queda para cargar con el peso de lo que hizo.
Él volvió a coger el cuaderno y escribió.
Se lo entregó a Frank para que lo leyera.
Ella me dio esto el día que rechazó mi propuesta, en un banco sobre Saltwick. El que está cerca del límite del parque de caravanas. No me lo he quitado desde entonces.
Frank levantó la vista para ver a Barnaby llevarse la mano a la cadena que rodeaba su cuello. Sus manos estaban firmes. Encontró el cierre en la parte posterior.
La cadena se soltó.
La extrajo de debajo de su jersey, palmo a palmo; la cadena asomaba fría y fina del calor de su ropa.
—Treinta…
De la cadena colgaba un pequeño relicario ovalado de plata.
—Tres…
Lo sostuvo en la palma de la mano abierta como un objeto que estuviera devolviendo a la persona que lo había fabricado. Luego lo extendió a través del pequeño espacio que los separaba. —Años.
Frank lo cogió y lo sostuvo con cuidado. Se quedó mirando a Barnaby, con la boca ligeramente entreabierta.
—Ábrelo —dijo Barnaby.
Frank se bajó las gafas de la frente. Luego, con mucha cautela, abrió el pequeño cierre del relicario.
Dentro, sobre un trocito desgastado de papel de seda azul doblado, reposaba un fino mechón de pelo castaño.
A Frank se le agrandaron los ojos. Volvió a levantar la vista. —¿Pelo? ¿El pelo de Lilly?
Barnaby asintió.
—Sí.
Frank cerró el relicario.
Él escribió.
Dijo que no podía entregarse a mí… y que esto era todo lo que podía ofrecerme.
Cuando Frank lo leyó, la mano que sostenía el relicario le tembló. Sintió como si estuviera sujetando algo de un valor incalculable. Instintivamente, se lo tendió de nuevo a Barnaby, a pesar de que aquello ofrecía mucho para la investigación.
—No. —Barnaby hizo un gesto con la mano.
—No puedo —dijo Frank, aunque sabía que en realidad debía aceptarlo.
Barnaby garabateó tres letras. En mayúsculas. Las levantó para mostrárselas a Frank a cierta distancia.
ADN .
Pelo de un relicario sellado. El folículo. Tenía todo el sentido del mundo. Pero también sabía, sentado allí, que el análisis no dejaría el pelo como estaba. El folículo sería procesado. La hebra no sobreviviría intacta.
¿Y qué les diría que no supieran ya?
Frank observó cómo Barnaby escribía.
Solo para estar seguros. Solo para que nunca pueda haber ninguna duda sobre lo que hizo él.
—Gracias, Barnaby —dijo—. Le daré prioridad absoluta. Lo enviaré esta misma noche. Haré lo que sea necesario para devolvértelo lo antes posible.
Barnaby asintió.
Frank vio cómo una lágrima corría por el lateral de la cara de Barnaby y se posaba en la parte superior de su barba.