Capítulo 34
C uando Gerry salió por la puerta principal de Whitby Glades, vio a Frank caminando de un lado a otro junto a un banco mientras hablaba por teléfono, deteniéndose de vez en cuando para frotarse las sienes.
No le sorprendió. Siempre hacía eso cuando estaba estresado. Y últimamente parecía increíblemente estresado, más aún en estos últimos días.
Al principio, ella lo había achacado a Bertha, y luego a su sentimiento de culpa por Hector Dinsdale.
Pero había algo más detrás de todo aquello.
Él era incapaz de sostenerle la mirada.
Sabía que aquello resultaba irónico: la dificultad para mantener el contacto visual era uno de sus propios rasgos. Pero esa conciencia aguda de cuándo lo estaba manteniendo y cuándo la sociedad exigía que lo hiciera era exactamente lo que la hacía notar tan rápido cuando otros lo evitaban.
Mirarla empezaba a causarle una profunda incomodidad. Le estaba ocultando algo.
Además, se frotaba el pecho con demasiada frecuencia para su gusto. Podía ser acidez de estómago, pero también podía no serlo, y si no fuera porque ya parecía a punto de explotar con tanto estrés, ella le habría llamado la atención y lo habría llevado al médico para que le echaran un vistazo.
Él terminó la llamada, se sentó en el banco, resopló hinchando las mejillas y bajó la vista. Ella se acercó y se sentó a su lado.
—Donald no está muy contento —dijo Frank, sin mirarla.
El comisario jefe Donald Oxley rara vez lo estaba.
—¿Qué ha dicho?
—¿Decir? Me ha echado una bronca de espanto.
No sé qué esperaba. Creo que, en su mundo, yo habría entrado allí, Hector se habría levantado de un salto, se habría puesto firme, nos habría llevado de paseo por los jardines, haciendo comentarios sobre las plantas y las flores silvestres, y explicándonos con todo lujo de detalles todas sus transgresiones.
Donald sabría que no serían admisibles ante un tribunal, pero aportaría un elemento de cierre que compartiría con la IOPC y con los medios; lo zanjaría todo con una disculpa por el descuido de sus predecesores, prometiendo que aprenderían de ello.
En cambio, no tenemos nada, tal como esperábamos.
Maldita sea, la única razón por la que conseguimos entrar en la habitación fue porque ese viejo astuto organizó que el doctor Temple hiciera la evaluación.
Seguro que hasta juegan juntos al golf, ¿sabes?
Una paloma torcaz se posó en el seto de hayas junto a la puerta que conducía a la residencia, los miró, decidió que no merecían su atención y se marchó.
—He mencionado lo del muro, pero no le ha parecido que valiera gran cosa. Supongo que la hermana de Hector probablemente tenía razón: es probable que solo estuviera repitiendo algo que había oído en las noticias.
—Se equivoca en eso —dijo Gerry.
Frank la miró de reojo. —¿En qué sentido?
—El comunicado de prensa que salió ayer decía que se habían recuperado restos de la propiedad y que estaban bajo investigación. No se mencionaba ningún muro.
—Quizá el doctor Temple se lo mencionó a su viejo amigo Hector —dijo Frank—. Al fin y al cabo, Donald le había puesto al corriente de todo.
—¿Quiere el comisario jefe Oxley que sigamos investigando? —preguntó Gerry.
—No quería, pero entonces le mencioné que era prudente hacerlo hasta que tuviéramos todos los resultados de la Científica. ¿Qué imagen daría si apareciera algo inesperado y él nos hubiera retirado del caso? Eso le ha metido el miedo en el cuerpo. —Miró a Gerry—. Perdona, le ha puesto nervioso.
Un taxi se detuvo junto a las puertas.
—Este es para nosotros —dijo Frank—. Le he dicho al taxista que nos lleve al concesionario.
Hizo una mueca de dolor y se llevó una mano al pecho.
—¿Deberíamos posponerlo? —preguntó Gerry.
—Qué va. Me vendrá bien un poco de distracción. Además, cuanto antes tenga coche, antes podré volver a conducir en lugar de estar a merced de mi maldito teléfono y de mis pensamientos.
Mientras se acercaban al taxi, Frank le tocó el brazo.
—Cielo santo, casi se me olvida. Han llegado algunos resultados justo antes de la bronca de Donald…
de la Científica, sobre la causa de la muerte.
Con huesos tan viejos, lo cojo todo con pinzas, pero hay una fractura en el cráneo, en el lado derecho.
No hay señales de que llegara a curarse, así que no es un golpe antiguo del que se recuperara.
Y están bastante seguros de que ocurrió cerca del momento de la muerte, no más tarde, en el muro.
Un traumatismo por objeto contundente: un golpe fuerte o una mala caída, no pueden precisar cuál.
En cualquier caso, probablemente habría acabado con ella.
Lo que no pueden darme es una prueba de que eso fuera lo que la mató realmente.
No cuando solo quedan huesos para analizar.