Heladas Olvidadas (Las Víctimas Olvidadas de Whitby 7) Capítulo 29
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Capítulo 29

F rank miró de reojo a Gerry. Seguramente ella también pensaba que aquello no servía de nada y que lo mejor era dar el día por terminado.

—De acuerdo —dijo Frank—. Creo que es…

—¿Hola?

A Frank se le fue la mirada al rostro de Hector. Tenía los ojos abiertos de nuevo y la cabeza erguida.

—¿Puedo… ayudar? —La voz de Hector era ronca, pero lo bastante clara.

Sus ojos parecían estar enfocados ahora. Asentados. Un indicio, tal vez, de que todavía quedaba algo de lucidez en el hombre.

—Hola, señor Dinsdale. Soy el inspector jefe Frank Black.

Hector se removió ligeramente en el sillón. No hubo ninguna expresión facial perceptible, pero sus ojos permanecieron fijos. —Frank… Black. —Hablaba despacio—. ¿Una taza de té?

A Frank le dio un subidón de adrenalina. Me recuerda. Recuerda que me dio una taza de té en el salón. Miró a Gerry y a Edith para ver si en sus expresiones había ese mismo reconocimiento repentino.

Ninguna de las dos reaccionó.

Quizá se estaba precipitando; tal vez Hector solo ofrecía té porque creía tener un invitado en su habitación, y no había reconocimiento alguno.

—Los… —graznó Hector. Al anciano se le entornaron los ojos.

—¿Señor Dinsdale?

Se le volvieron a abrir los ojos de par en par. —¿Las barbas de ballena?

Inesperado, potencialmente irrelevante, pero era algo. —Sí, las barbas de ballena… —dijo Frank asintiendo.

—¿No las… echaría de menos? —preguntó Hector.

Frank se dio cuenta de que se refería a la noticia que habían dado antes de que él entrara en la habitación. —Sí, las echaría de menos.

—A través de ellas, miro… el mar.

Frank asintió con entusiasmo. —Sí… y la abadía. Yo también las echaría de menos.

—Echar de menos eso… —Hector cerró los ojos—. Con mi hermana… Edith…

—Está aquí con nosotros —dijo Frank.

—¿Ah, sí?

—Sí.

—Oh, qué bien… ¿una taza de té?

—No, gracias.

Y entonces la luz volvió a desvanecerse y cerró los ojos.

Hector no se desplomó, pero conseguir aquellas pocas palabras se sintió como un logro tal que parecía imposible que volviera a reaccionar.

Sin embargo, Frank esperó, y cuando Hector volvió a abrir los ojos, el pulso se le aceleró.

Hector se giró hacia la ventana. Pareció quedarse mirando durante un minuto más o menos, sumido en sus pensamientos, y Frank se lo permitió, esperando que su presencia como detective lograra de algún modo desbloquear algo.

Durante el minuto siguiente, Hector parpadeó varias veces, pero no llegó a cerrar los ojos.

Finalmente, volvió a mirar a Frank y fijó en él la mirada más clara hasta el momento. —¿Esta vez no quiere té?

¿Esta vez?

Frank intentó no volver a precipitarse.

Quiero decir, ¿de verdad sería capaz de recordar algo de hace tanto tiempo? ¿De verdad vería al joven Frank Black en este rostro cansado y corpulento?

Hector se lamió los labios para humedecerlos. Suspiró. —Supongo que está aquí por el muro.

Frank sintió que todo el cuerpo se le quedaba petrificado.